Universidad y ciencia: ¿Al servicio de quién?

*Por Enzo Balbuena

“Hacer que se encuentren los hombres de ciencias con los hombres de negocios” fue la idea que expresó Alejandro Vila, director de la Incubadora UNR en su inauguración en 2021, ante la presencia de toda la cúpula política de la provincia de Santa Fe y de la propia UNR, universidad que atraviesa actualmente un sigiloso alboroto a partir de la denuncia del periodista Mempo Giardinelli sobre su rol en la confección de un estudio de impacto ambiental en torno a la nueva licitación de la Hidrovía y que el Rector Franco Bartolacci extraoficialmente negó.

Según una nota que hablaba sobre la inauguración de la mencionada Incubadora, una de las premisas que daba vueltas era la de que “florezcan mil Bioceres”, firma de considerable peso en la misma y responsable del polémico trigo HB4, famoso por su resistencia a la sequía, pero también por ser fuertemente controversial debido a su origen transgénico en un mercado poco acostumbrado a los mismos. Este descubrimiento fue realizado hace un par de años por la Universidad Nacional del Litoral, y generó fuertes repercusiones incluso en países vecinos como Brasil.

Ésta empresa, la cual hace poco empezó a cotizar en Wall Street, es una de las “niñas mimadas» de toda la política provincial santafesina. En torno a la misma, poco se conoce sobre su relación con la Universidad, a pesar de que probablemente sea una de las pocas empresas privadas de todo el país que tiene un espacio físico dentro de una Universidad pública (ubicado en el predio de la Ciudad Universitaria de Rosario <CUR>, mejor conocido como “La Siberia”). Lo que sí se conoce de Bioceres es que es una empresa crecida al calor del Estado: arrancó hace 20 años asociándose con CONICET para crear INDEAR, un instituto estatal, pero de financiamiento privado, con el cual después se terminó quedando por completo. Además, cuenta con el abrigo de importantes financistas como el banco JP Morgan, el fondo Blackrock o el empresario Gustavo Grobocopatel, fundador y ex presidente de la Compañía, y actualmente parte de su Directorio. Un ejemplo de lo público poniéndose al servicio de lo privado.

Lo que no sabía Vila (y no tenía por qué saberlo) es que unir hombres de ciencias y de negocios no era ninguna novedad en la UNR. Hace unas semanas, en su columna semanal de Página 12, el periodista Mempo Giardinelli denunció distintas versiones sobre el vínculo de las Universidades Nacionales (donde incluye también a la mencionada UNL y a la UNSAM) y en particular de la Universidad Nacional de Rosario con el nuevo proceso licitatorio de la Hidrovía Paraguay-Paraná. La Hidrovía hace referencia al Río Paraná, una de las vías navegables más importantes del mundo, a través de la cual salen aproximadamente el 80% de los productos exportables de nuestro país y también de la región en general, y que fue privatizado en sus tareas de dragado y balizamiento en 1995 por el gobierno de Menem.

La Hidrovia en números (Fuente: Foro por la Recuperación del Paraná)

Entre las versiones de las que da cuenta, hay una que afirma la existencia de un estudio de impacto ambiental realizado por la propia UNR donde se aprobaría el dragado a 40 pies del Río Paraná (según Giardinelli, una catástrofe ambiental) que sería la base de sustentación de lo afirmado por la consultora Latinoconsult, que asesora a la Bolsa de Comercio rosarina y que daría validez al tan controversial decreto 949/20 a través del cual se abría un nuevo proceso de licitación allá por 2020.

Hace un par de semanas, en una reunión que tuvo muy poca difusión, la UNR firmó un Acuerdo de Asistencia Técnica con el Ministerio de Transporte de la Nación pasando a ser contralor de la concesión de la Hidrovía, a la par que esta Universidad junto con otras ya venía formando parte del Consejo Federal de la Hidrovía. Sin embargo, ante consultas realizadas en el Consejo Superior de la UNR, el Rector de dicha Casa de Estudios, Franco Bartolacci, afirmó en una sesión plena ante todo ese cuerpo que “no existe tal estudio de impacto ambiental”, lo que según el periodista de Página 12, generaría que el decreto 949/20 se vaya a pique y que deja al descubierto una profunda serie de irregularidades en torno a dicha licitación. De todas formas, todavía no hubo una presentación formal y plenamente pública por parte de la Universidad de Rosario ni se han expresado públicamente tampoco en torno a dicha acusación el resto de las Universidades implicadas.

Pero más allá de lo afirmado, lo que no puede negar la UNR es su articulación con quienes concesionan actualmente la Hidrovía. Quien maneja los hilos en este caso es Juan Carlos Venesia, hijo de Gualberto Venesia (ex vicegobernador de Santa Fe durante la primera gestión de Obeid, en pleno menemismo), director del Programa de Infraestructura Regional de la UNR, y a la vez, una especie de “monje negro” encargado de todos los temas relacionados a la Hidrovía, al transporte fluvial y a la gestión de puertos en la zona. Existen versiones off the record que afirman que es él quien circula en fotocopia el mencionado estudio de impacto ambiental, negado por el Rector.

Juan Carlos Venesia (Director PIR), el Rector Bartolacci (UNR) y Alberto Padoán (ex CEO de Vicentin y ex Presidente BCR) en 2019.

Este Programa tiene a cargo la Diplomatura en Gestión de Puertos y Vías Navegables, en la cual según se puede ver en distintos videos, la Jan de Nul (multinacional belga, actual concesionaria de la Hidrovía desde su privatización) es bien recibida y prácticamente “da cátedra”; por otra parte ha lanzado recientemente una nueva Diplomatura, esta vez en Gestión del Transporte de Pasajeros y Cargas, a la par que se anuncia otra para más adelante en Seguridad del Transporte Fluvial, en camino a llegar al grado de Maestría. Estas forman cuadros que ocupan puestos claves en torno a lo que significa uno de los mayores embudos de la dependencia argentina, en un complejo agroexportador que representa aproximadamente US$ 35.000 millones al año.

Integrar universidad y modelo productivo no está mal. En todo caso, el problema es el modelo que predomina y consecuentemente, los contenidos que se dictan. En este sentido, Venesia es coherente en los dichos y en los hechos, porque es básicamente el representante de los monopolios extranjeros dentro de la Universidad, a la par que es un fiel defensor del menemismo y no tiene problemas en expresarlo, como puede verse en una charla virtual realizada el 1 de septiembre del año pasado, impulsada por la Facultad de Ciencias Económicas de la UNR y disponible en su canal de Youtube.

En la misma, Venesia no sólo defiende el modelo actual sino que afirma que la Hidrovía es “una de las mejores privatizaciones” que se hicieron en la Argentina, al mismo tiempo que evade hablar de todo el tiempo histórico en que el río y el comercio exterior estuvieron en manos argentinas, teniendo organismos específicos y una de las mejores marinas mercantes del planeta.

Lo que este señor expresa de manera un tanto informal, también puede verse en producciones escritas del Programa de Infraestructura Regional, que en 2018 lanzó un libro llamado “Presente y futuro del transporte por la Hidrovía Paraguay-Paraná: perspectiva económica de su ampliación”, en el que se destacan las “bondades” de la profundización del dragado del Río, enmarcado en el Programa Santafesino de Desarrollo de la Hidrovía Paraguay-Paraná que ya venía desde la gestión del socialista Lifschitz y que “busca fundamentalmente promover Ia profundización a 36/38 pies de calado navegable desde Puerto General San Martín a profundidades naturales del Rio de Ia Plata”.

Venesia, haciendo uso del sello de la Universidad, también es el promotor del Encuentro Argentino de Transporte Fluvial, evento impulsado en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario y la Cámara de Puertos Privados Comerciales. Este Encuentro que se desarrolló en Rosario el 3 de mayo de este año, nuclea desde 2004 a los principales sectores que se han beneficiado a partir de la privatización de la vía navegable, y actualmente aboga para que todo siga igual. En el mismo estuvieron importantes políticos, además de que disertaron varios intelectuales que hacía unos días se habían paseado por el Foro Llao Llao.

Tipos como Venesia no se votan en ninguna elección universitaria, y en la práctica, no están sujetos al control de nadie. Operan desde hace años ante el silencio cómplice de quienes están al tanto de lo que pasa, falsos progresistas a los que se les cae la careta ante la premisa de que el modelo no se toca; por eso, al menos cualquiera que se precie de transparente (¡y en este caso de patriota!) debería por lo menos dar la cara y aclarar qué pasó y que está pasando.

Por otro lado, lo que esto grafica es que Jan de Nul también está prácticamente dentro de la Universidad, y se desconoce (al menos por parte de quien escribe) lo que sucede en el resto de las altas casas de estudio del país. Pero esto ayuda a explicar porqué el rol intelectual de las Universidades (más allá de si existe actualmente o no el mencionado estudio de impacto ambiental de la UNR) ha estado y viene estando en consonancia con una nueva privatización, sin siquiera mencionar una palabra sobre el papel que cumplió el Estado mientras tuvo en sus manos el control de dicha vía y del comercio externo, y da la pauta de que será necesario seguir la pelea por revertir esta tendencia.

A la vez, es necesario dar vuelta una constante aún más fuerte, donde a grandes rasgos, podemos decir que lo público no solo se ha puesto al servicio de lo privado, sino que en esto último se engloba a un reducido sector de grupos monopólicos y extranjeros, con fuerte influencia a la hora de definir, profundizar y perpetuar el modelo productivo actual, que pone a un aparato científico-tecnológico que sostenemos entre todos los argentinos al servicio de la ganancia de unos pocos grupos privados, que por el contrario, cuando no les va bien, son los primeros en pedir ser subsidiados y ayudados por el Estado.

Reaparece, otra vez, un principio básico del modelo: privatización de las ganancias, socialización de las pérdidas. En este sentido, podemos citar al ya mencionado Giardinelli, quien ha afirmado: «La cuestión no pasa por debatir cómo se vinculan lo público con lo privado, sino por el hecho de que se vinculen. Porque son campos representativos de intereses necesariamente contrapuestos. Y está recontraprobado históricamente que esa sola vinculación es y será siempre perdidosa y negativa para los intereses públicos»

No se pretende que la ciencia sea neutral, pero como dijo Ernesto Che Guevara, la técnica se puede usar para domesticar a los pueblos, o se puede poner a su servicio para liberarlos. Existen docentes, estudiantes, profesionales y graduados de la Universidad que pelean día a día para que las cosas sean distintas. Ésta última premisa debería volver a ser el horizonte para las grandes mayorías.

*Enzo Balbuena es estudiante de Ciencia Política en la orientación de Análisis Político, Consejero Superior de la UNR y forma parte de la agrupación estudiantil ALDE.

¿EDUCAR O ADOCTRINAR? UN PROBLEMA TRIDIMENSIONAL

Por Emmanuel Benigni

Una vez más, los y las docentes quedamos en el ojo de la tormenta. En esta ocasión fue por la divulgación de un video filmado a escondidas y luego viralizado, en el que una profesora de historia tenía una discusión política con un estudiante de nivel secundario, en forma bastante acalorada y como si lo hiciera con un par. Al instante, los medios de comunicación hegemónicos convirtieron el caso en el de una “docente K” que estaba adoctrinando a un alumno; Larreta lo tomó para la campaña electoral de Juntos por el Cambio, haciendo gala de ser los que pelean porque los chicos estén en las aulas, y nuevamente todo el modelo educativo pasó a estar en tela de juicio por sus supuestos tintes adoctrinadores.

Si bien el tema dispara toda una serie de ejes para discutir, creo útil que podamos reflexionar acerca de esta palabra que parece haberse puesto de moda durante los últimos años. Resulta que hace un tiempo, un sector heterogéneo de conservadores en lo social, y liberales en lo económico, ha venido difundiendo la idea de que en la escuela los profesores adoctrinamos a los estudiantes, ya sea por una supuesta veneración al Estado, o bien con una imaginaria “ideología de género”, etc. A lo que se sumaron las más recientes declaraciones de la ministra de educación de la ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, que llamó a denunciar a los docentes que expresaran posturas políticas frente a sus alumnos.

Son dos caras de la misma moneda, que se conjugan en el caso de la escuela de Ciudad Evita: no por casualidad la discusión se dio durante la clase de Historia (y no de otra asignatura), y la señalada es la docente (y no los estudiantes). Por lo que me voy a sentar algunas posiciones en dos planos, no para cerrar, sino para poder seguir la discusión, en otros términos:

  1. El ¿problema? de las Ciencias Sociales. Hasta el día de hoy, sigo comenzando las clases en 5° año del secundario, y encontrando que, cuando les muestro a los y las estudiantes un manual de Historia, entienden que ese libro contiene “la Historia” del período que vamos a intentar conocer. Esto es un problemón, y es al mismo tiempo la madre del borrego, que nos tiene que permitir a los docentes seguir interpelándonos para enriquecer nuestras prácticas. Porque resulta que ese libro no contiene “la Historia”, sino que es una producción historiográfica acerca de aquella, para la cual, al mismo tiempo, los autores seleccionaron investigaciones e hipótesis de determinados historiadores, y no de otros, que a su vez prefieren usar determinadas teorías y conceptos, y no otros.

La deformación de la realidad que esto implica, es similar a la de mostrar todo el tiempo un prisma, como si fuera un rectángulo. Es decir, se presentan la Historia -como realidad pasada- y la Historiografía -en tanto estudio científico de aquella- como si fueran una y la misma cosa, pegadas, en dos dimensiones. Siendo que el conocimiento histórico tiene 3 dimensiones, tiene una profundidad, en tanto siempre vamos a aquella realidad a través de lo que investigó alguien, con un determinado bagaje teórico y conceptual. Al negar esto, se crea el mito de la Historia “objetiva” o “neutral”, como si no hubiera en el medio un sujeto con deseos de conocer, movido por problemas, hipótesis, intereses, etc.

Lo que se hace un poco más complejo con una característica que es propia de las Ciencias Sociales: son disciplinas donde no hay un solo paradigma, sino varios; digamos que no hay un acuerdo unánime en la comunidad científica acerca de las explicaciones para los fenómenos en cuestión. Otro ejemplo muy común es el de la Economía: muchos de nosotros tuvimos clases de esta disciplina donde el profesor explicaba el mercado, el Estado, la ley de oferta y demanda, los agentes, dando a entender que eso era “La economía”; siendo que en realidad es: 1. Un intento de conocer aquella, 2. Una construcción que, para hacer eso, selecciona los puntos de vista, en aquel caso, del liberalismo. Pero podría hacerlo con los del keynesianismo, del marxismo, etc.

Con esto vienen aparejados dos problemas. Primero, que abordar el conocimiento de lo social “en dos dimensiones” es ocultador de la realidad. Un ejemplo puede ser lo que pasó con la Historia en nuestro país durante mucho tiempo: la escrita por Bartolomé Mitre se tuvo por relato oficial, objetivo y neutro, durante mucho tiempo, siendo que había sido realizada por un miembro de una familia terrateniente, vinculado al poder estatal, con una visión muy alejada de los padecimientos populares, y que además había sido parte de esa misma Historia. Segundo, que, como el lastre de la “neutralidad” sigue pesando, puede suceder que parezca que enseñamos una Historia “politizada” o “no objetiva” cuando en realidad sólo sinceramos las perspectivas desde las que enseñamos; de ahí sale el famoso “zurdo adoctrinador”.

  • La cuestión del educando. En este plano también arrastramos una “pesada herencia”: la de entender a los y las estudiantes como “tablas rasas” en las que podríamos imprimir nuestros pareceres. A esta altura esto ya es indefendible, y de hecho queda demostrado en el famoso video. Solamente alguien que nunca estuvo frente a un curso con chicos y chicas de 14, 15, 16 años, podría pensar que son esponjas que van a absorber nuestras ideas y pareceres. Ellos piensan, sienten, opinan, acuerdan o no, polemizan, cuestionan, etc. Y es lo mejor que nos puede pasar, ya que esas actitudes, siempre en el marco del respeto mutuo, son también motores de poderosos actos educativos.

Detrás de actitudes como el llamado de Acuña a la delación, entonces, puede haber varias cosas. En primer lugar, un desconocimiento de los diseños curriculares, que señalan que la política es parte del aula, y que los y las docentes tenemos como misión formar ciudadanos críticos, responsables, participativos, que puedan tomar en sus manos la necesidad de transformar esta sociedad para mejorarla. Y, en segundo lugar, podríamos pensar que se halle una subestimación de los adolescentes y sus capacidades; pero quizá no sea tal cosa, y se trate más bien de una política delineada para adoctrinar.

Es que el famoso adoctrinamiento pasa por uno de los carriles del camino que anduvimos a lo largo de esta opinión: el del ocultamiento. Nunca es abierto, ni sincero; siempre es velado. Y pasa por silenciar la diversidad de voces en la monotonía de lo único, por deshistorizar lo que es histórico y presentarlo como natural, para que parezca que no puede ser cambiado. No habría formas de explicar o enseñar la Historia o la economía, sino sólo “Historia” y “Economía”; tampoco docentes que estimulen el debate, promoviendo opiniones sólidas, ayudando a fortalecer la capacidad de argumentar, a partir de sincerar ellos mismo muchas de sus opiniones, sino sólo profesores y profesoras que irían a hacer “lo que tienen que hacer”: transmitir lo que alguien más diseñó; obviamente alguien sin interés político ni partidario…

Entonces, si estamos de acuerdo en que el posible adoctrinamiento debe ser combatido ¿No será mejor tomar, en todos los planos, el camino de las “tres dimensiones”? Sincerar los paradigmas que elegimos para explicar, y al mismo tiempo, dar posibilidades para la contrastación con otras explicaciones, puede dar lugar a argumentaciones mucho más sólidas. Abrir el lugar desde el que hablamos, nuestras opiniones y nuestras posiciones políticas, es sencillamente no mentir, y puede utilizarse como trampolín para debates muy enriquecedores, siempre que entendamos que no somos pares de los estudiantes, y que estamos ahí para ayudar a que desplieguen sus propias capacidades. Para los docentes es más riesgoso, porque perdemos una posición de poder: la que nos da ser los poseedores del conocimiento, el que tiene una apariencia indestructible cuando se presenta como dado e infalible y casi como divino, pero una esencia con pies de barro. Y que al mismo tiempo posee una apariencia más endeble, pero una esencia sólida, cuando se presenta como lo que es: resultado de una construcción, de un proceso de prueba y error que lo fortaleció y que al mismo tiempo es indicador de que puede ser mejorado o superado. Será cuestión de animarse.

Emmanuel Benigni es Profesor de Historia. Docente en nivel secundario y superior.

¿Existe la escuela sin ideología?

*Por Agustín Moisano

«Nos oponemos a todo tipo de adoctrinamiento (…) Eso no es docencia”

Ministro de Educación Nicolás Trotta

“Que haya tenido el debate es formidable, porque invita a pensar»

Alberto Fernández, sobre la maestra acusada de “adoctrinar” alumnos.

“La ideología dominante no solo opaca la realidad

sino que nos vuelve miopes para no ver claramente esa realidad”.

P. Freire. Cartas a quien pretende enseñar

Laura Radetich se desempeña como profesora en la Escuela Técnica N° 2 María Eva Duarte de Ciudad Evita, partido de La Matanza. Fue la protagonista de una de las noticias más difundidas por los medios masivos de comunicación durante la semana pasada. El video, de poco más de cuatro minutos, muestra una escena en un aula donde la docente expresa un claro posicionamiento político partidario y lo defiende a gritos frente a estudiantes que la estaban filmando a escondidas. Una situación atípica que se suma al inconmensurable mundo de la crisis educativa actual.

Queda claro, a esta altura, que no se harán juicios de valor sobre la situación ocurrida en el video sino que va a ser tomada como una oportunidad para repensar a la tarea pedagógica docente y a la escuela pública actual. Para ello, intentaremos des-cubrir los supuestos político-ideológicos que se expresan en el tratamiento de la noticia, donde las opiniones son fruto de estas propuestas ideológicas subrepticias.

Desde la experiencia a la reflexión…

Intentamos rastrear en la memoria situaciones vividas o escuchadas que se asemejen a la del video. Creemos poder detectar algunas. Hace algún tiempo, un preceptor de una escuela secundaria se había atrincherado en un aula en una crisis de nervios; en otra oportunidad recordamos haber escuchado a compañera que gritaba al borde del llanto a lxs estudiantes, por algo que, fuera de contexto, parecería ser una menudencia. También creemos haber perdido los estribos ante alguna u otra situación, situación ante la que no estábamos formados y la capacidad de respuesta era mínima, como mucho un grito…

Del mismo modo buscamos elementos para poder pensar, interpretar, reflexionar estas situaciones, excepcionales, sí, pero más comunes de lo que parecerían. No significa esto que sean las escuelas lugares de extrema violencia, donde lo cotidiano es el maltrato o el grito pero sí que esas situaciones existen, en menor medida, pero existen…

Lo llamativo del caso es que el motivo que llevó a la docente a expresarse de la manera en que lo hizo fue la defensa de una propuesta política determinada y, en momento de elecciones, eso es sangre para los tiburones mediáticos que defienden la opuesta.

La noticia generó muchos artículos de opinión, horas de programas televisivos, discursos grandilocuentes de opositores, cortocircuitos dentro del frente gobernante, declaraciones presidenciales, enojo de la docencia (por estar a favor o en contra de la docente en cuestión)…

Este artículo tiene como objetivo el de aprovechar la situación descripta como una oportunidad para pensar la educación. Y para hacerlo podemos animarnos a decir que hay que hacerlo en 3 escalas o niveles.

Por un lado lo específico del debate que entendemos que, sin ánimo de quitarle importancia, es una muestra más de algunos debates que se expresan por fuera de la escuela y, lo que es más serio y preocupante, se expresan con la misma liviandad. En este sentido se ha hecho mucho ya: se ha cuestionado la política llevada adelante por el kirchnerismo (así lo expresan los medios) y el macrismo durante sus gobiernos, se ha utilizado el video para atacar directamente a uno u otro sector político, etc. Este nivel, de coyuntura,  es la versión instintiva, superficial, primitiva, vacía  de un debate mucho más profundo que se expresa en cada una de las posiciones políticas.

Nos interesa pensar la situación del video que se viralizó en otro plano, en aquel que hace al de los proyectos políticos que le dan forma a las opiniones y que se instalan en la agenda pública. Por un lado, el accionar, papel, rol o  tarea (o como quiera decírsele) del docente actual  de la escuela pública actual y, por otra parte, sobre la escuela y la educación pública y los proyectos políticos que la definen.

Sintetizando, el debate mediático es para la educación lo que la experiencia sensorial es para el acto de conocer. Un punto de partida que nos permite reflexionar para llegar a generalizaciones y trabajar hacia la transformación de lo concreto tangible. ¿Qué se critica cuando se critica?

De la crítica reaccionaria al posicionamiento conservador

Como quedó expresado en el principio del artículo, no haremos juicios valorativos sobre qué dijo o no dijo la docente en cuestión sino que preferimos repensar las formas en que lo dijo, siendo el pie para una crítica despiadada de los sectores más conservadores de la política. Y justamente porque toman la forma de expresarse de la docente para hacer una crítica implícita a la docencia en su conjunto y a la escuela pública en general. Así entonces, no es de extrañar que sean esos mismos sectores los que hasta hace algunos años pensaban a la escuela pública como un lugar donde se cae, a sus trabajadores como inescrupulosas entidades que tomaban a las infancias de rehenes y a las universidades como algo exclusivo de los que son dueño de todo. El impulso de un anteproyecto de reforma educativa que no prosperó en su totalidad (pero sí que supo consolidar algunos aspectos en la práctica) fue tal vez, la manifestación normativa de esa educación de doble sentidos. El ostentoso título de “Plan Maestr@” expresaba a las claras una reforma educativa que, basándose en las falencias ciertas de un sistema educativo fragmentado y deficiente, proponía una salida por “derecha”. La propuesta era de reestructuración del sistema educativo público tanto en su organización como en su política curricular, que impactaría en todos los actores que participan en la política educativa: estudiantes, docentes, familias, el mismo Estado, los sindicatos y otras instituciones (ONG’s, empresas, etc.). Conceptos propios del mundo empresarial, que se mostraban como nuevos y modernizantes son los mismos que aparecen en la crítica a la docente matancera, en búsqueda de generar consensos sociales sobre la base de presentar a la escuela como la culpable de los problemas estructurales de nuestra sociedad (desempleo, pobreza, desigualdad, populismo, etc.).

Lxs docentes que queremos (y necesitamos)

Todo acto pedagógico es un acto político

Hay que saber distinguir de dónde proviene la crítica cuando se la hace. En una sociedad donde la simplificación es moneda corriente en el debate político, donde lo secundario se vuelve lo principal y donde lo necesario y mínimo se vuelve virtud, es ineludible volver a re-pensar lo importante.

En todo caso, si hay algo que criticar a la docente es que no habilitó el diálogo a partir y desde la pregunta. Si algo podemos afirmar, y en el aula lo reafirmamos diariamente, es que desde el grito no se puede desarrollar el pensamiento crítico. No solo porque se clausura el potencial diálogo sino porque el modo mismo coarta la posibilidad de con-vencer.

El no saber guiar el debate,  tornó a la docente en reproductivista de un discurso, negando la potencialidad de la pregunta para la construcción del conocimiento. Lo reprochable es que no supo utilizar, para construir saber y generar pensamiento crítico, los supuestos “ingenuos” del estudiante (entendiendo a lo ingenuo como la versión también reproductivista del discurso mediático, del sentido común). ¿No es acaso ésta la tarea fundamental de aquel que se considere docente? ¿El saber aprovechar la pregunta para pensar, cuestionar y transformar el mundo de ese estudiante?

¿Qué se tendría que decir entonces cuando afirmamos que todo acto pedagógico es un acto político?

Hacia principios de los ’80 le preguntaban a Paulo Freire qué diferencia existía entre lo político y lo pedagógico. Éste expresaba la interpenetración de lo político en lo pedagógico y viceversa. La especificidad de lo político sería la de vencer la propuesta antagónica de la concepción del mundo de una clase, la especificidad de los pedagógico es la de convencer que nuestra percepción del mundo es la correcta, y, por sobre toda las cosas, el método dialéctico, dinámico y contradictorio que nos permitió pensar el mundo[i].

Ser docente requiere mucho más que técnicas y saberes. Requiere, sobre todo, posicionamientos políticos (que no necesariamente son político partidarios, aunque bien podrían serlos). Y esto, necesariamente implica también que el/la docente, además de comprometidx por las causas populares debe tener humildad; requiere valentía para escuchar y aceptar lo diverso “en el seno del pueblo”, valentía para dar el debate, desafiando el miedo que producen ciertas situaciones. Ser decididx, paciente pero perseverante, segurx, científicx, clarx, determinadx y alegre. Sin duda son cualidades que debe tener aquel/la comprometidx con la tarea de enseñar. Esto es, en sí un acto político.

La escuela como campo de y en disputa

¿Qué subyace detrás del abismo?

La escena escolar viralizada permitió que sectores conservadores impongan, una vez más, su percepción del mundo y de la escuela que necesita ese mundo. Pero existe otra. Tampoco la expresa la docente en cuestión pero consideramos importante remarcarlo ya que ese un punto central: ¿Necesitamos una escuela para reproducir saberes o para generar conocimientos? ¿Para sostener discursos conservadores o  prácticas democráticas? ¿Una que se base en la fuerza o en el consenso? ¿Una escuela que se imponga o se construya? En definitiva, ¿una escuela que tenga como objetivo sostener el statu quo o cambiar la realidad?

Los medios y dirigentes opositores expresaron su posición a lo largo de la semana. A veces de manera explícita, otras veces de manera más cautelosa imponen la idea del espacio exclusivo del puro enseñar y el puro aprender, donde no hay lugar para la política. No hay lugar para los cuestionamientos y las resistencias. Son la negación de la politicidad de la educación. Buscan eliminar las diversidades. Intentan imponer sus absolutas verdades, arrogantes y soberbias.

Analizar a la escuela desde las relaciones dialécticas y no mecánicas, por el contrario,  implica entender al subsistema educacional en tanto subsistema de un orden social global. Así, la tarea principal de la escuela no puede ser otra que la de reproducir su ideología dominante, la de preservar un statu quo. Pero esto no agota el quehacer de la escuela. Hay otra tarea que se manifiesta y se expresa: entre ruido de paquetes de golosinas baratas, estudiantes apáticos, de instantáneas lecciones y dispositivos tecnológicos que irrumpen en el aula, la escuela tiene la misión de desocultar la realidad. La misión de convertirse en desafío y no en un pesar.


[i] Freire, P. Y otros Pedagogía, Diálogo y conflicto. Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1987

Agustín Moisano es Profesor en Historia, egresado de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Participó en diversas cátedras del trayecto de formación docente de la facultad de Humanidades (Sistema educativo y Currículum, Didáctica General, Didáctica de la Historia y Práctica Docente) como adscripto primero y Ayudante después.

Un mundo de gigantes digitales

*Por Joaquín Torres

«Existen diferentes negocios donde el mercado es limitado… pero nosotros simplemente no tenemos ese problema»

«Lo más interesante sobre el aprendizaje de máquinas, en comparación a muchas otras tecnologías, es cuan horizontal va a ser (…) No hay ni una sola categoría de negocios o gobierno u otra cosa, que realmente no pueda mejorarse por sí sola»

Jeff Bezos, CEO de Amazon[1]

Como un tsunami que avanza sin control y todo lo inunda con sus fuertes aguas, las grandes compañías tecnológicas han colonizado extensos campos de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo de bienes y servicios en el mundo. Un aspecto importante que lo refleja es que se han convertido en las compañías más poderosas del planeta en términos de su capitalización bursátil. Mientras hacia el año 2005, entre las 10 de mayor tamaño dominaban las productoras de hidrocarburos y conglomerados bancarios, hoy 7 de las 10 primeras son compañías tecnológicas. Hablamos de Amazon, Microsoft, Apple, Alphabet/Google, Facebook, Tencent y Alibaba[2]. Las 5 norteamericanas juntas valen más que el PBI de Japón, tercera economía mundial.

La crisis mundial generada por la pandemia del Covid-19 ha acelerado a pasos agigantados este proceso de concentración económica, nuestras vidas se basan cada día más en diversas actividades y trabajos digitales que son una fuente de valor fundamental en esta fase del sistema capitalista hegemonizada por estas grandes plataformas.

Un interesante debate se ha desarrollado en estos años buscando descifrar este cambio. Distintas corrientes de pensamiento han aportado su perspectiva con nuevas categorías de análisis y conceptos, se habla de cuarta revolución industrial, capitalismo digital, capitalismo de plataforma, capitalismo de monopolios intelectuales, industria 4.0, tecnofeudalismo, capitalismo de vigilancia, imperialismo de plataformas. En el campo de las ciencias sociales nos encontramos ante el desafío de investigar en profundidad este nuevo contexto para pensar cualquier camino de transformación social. El sociólogo brasileño Ricardo Atunes dice «si en el período de la empresa taylorista y el fordismo la fuerza de las empresas era medida según el número de trabajadores y trabajadoras que actuaban en las mismas; en la era actual de las empresas flexibles y digitalizadas del mundo financiarizado, estas son consideradas más productivas, con mayor proyección global y con perfiles más transnacionales en la medida en que cuenten con menos trabajo vivo»[3]. Esta nueva fase afecta tanto a las potencias que lideran el desarrollo tecnológico, con Estados Unidos y China a la cabeza, como a los países periféricos y dependientes del sur global. Entonces surgen los siguientes interrogantes: ¿cómo funcionan estas grandes empresas? ¿Cuáles son sus elementos constitutivos que les han permitido crecer aceleradamente? ¿Qué efectos están provocando en el mundo del trabajo? ¿Por qué se convirtieron en hegemónicas dentro del contexto neoliberal?

Vamos a buscar dar respuesta a estos problemas a partir del debate en curso. [4]Para entrar en tema vamos a comenzar indagando sobre las primeras cuestiones en la obra «Capitalismo de Plataformas» (2016) [5]de Nick Srnicek, donde realiza una clara síntesis para caracterizar a estas nuevas compañías. Srnicek es profesor de Economía Digital del Departamento de Humanidades Digitales del Kings College en Londres y sus investigaciones están basadas en la interacción de la economía política y la tecnologíaía. Es reconocido por haber publicado junto a Alex Williams el Manifiesto Aceleracionista (2013) con el que despertaron un interesante debate sobre los cambios del capitalismo.

Las crisis crearon a los gigantes

En su libro Capitalismo de Plataformas Srnicek postula que «con una prolongada caída de la rentabilidad de la manufactura, el capitalismo se volcó hacia los datos como un modo de mantener el crecimiento económico y la vitalidad de cara al inerte sector de la producción»[6]. Partiendo de un breve desarrollo histórico, desde la crisis de los años setenta del siglo pasado, junto con la reacción de los capitales industriales y financieros, generaron las condiciones generales de un capitalismo basado en el trabajo flexible y un austero modelo de negocios, donde se reorganizó el proceso productivo para su optimización y economizar en todo tipo de costos. Luego, en los años noventa el sector manufacturero se había estancado, lo que provocó que el mundo de las finanzas en Estados Unidos, incentivara una revolución tecnológica al crear una burbuja de inversiones en la incipiente industria de internet. El nivel de inversión en computadoras y tecnología de la información en el período entre 1995-2000 creció exponencialmente, lo que llevó a establecer la base del funcionamiento de internet y la economía digital del nuevo milenio. Pero ante las señales de fragilidad de esta burbuja, el Estado norteamericano aplicó una política monetaria hiperflexible de bajas tasas de interés, lo que el autor llama «keynesianismo financiero»[7], para impedir el inevitable crash financiero que se produjo en el año 2000. Esta política monetaria impulsó un nuevo modelo de crecimiento que continua hoy en día y que condujo a la crisis del 2008. En ese entonces el gobierno estadounidense salió al rescate financiero de los grandes bancos al mismo tiempo que aplicaba una política de ajuste fiscal para los ciudadanos. Así, el desempleo se disparó sin control creando las condiciones para una mayor precarización laboral. En este escenario, con el estímulo del Estado, las compañías tecnológicas fueron las que lograron usufructuar el exceso de liquidez por las bajas tasas de interés, y el factor de un mercado laboral abatido para imponer sus condiciones.

Fuente: https://es.statista.com/

el poder de los datos

Para el siglo XXI el capitalismo avanzado se centra en la extracción de datos, a los que Srnicek define comouna materia prima que debe ser extraída por medios digitales, y las actividades de los usuarios conforman su fuente natural. Cuanta más información pueda ser extraída de estas actividades, más usos se le puede dar. La comunicación con base digital hizo el registro excesivamente simple. Igualmente debemos tener en cuenta que los datos no son inmateriales, dependen de una vasta infraestructura para detectar, grabar y analizar.

¿Para qué son utilizados estos datos? Con su extracción se educan y dan ventaja competitiva a los algoritmos de inteligencia artificial, posibilitan la coordinación y la deslocalización de los trabajadores, permiten la optimización y la flexibilidad de los procesos productivos, posibilitan la transformación de la producción de bajo margen en servicios de alto margen, y en términos generales, el análisis de datos es generador de más datos. Siguiendo al autor, para realizar todas estas operaciones fue necesario la creación de un nuevo modelo de compañía, la plataforma.

Vamos a ver las 4 características principales de las plataformas que Srnicek plantea. En primer lugar, son infraestructuras digitales, que permiten que interactúen dos o más grupos de usuarios. Cuando hablamos de usuarios nos referimos tanto a individuos particulares, consumidores, anunciantes, productores de bienes y servicios, distribuidores o incluso objetos físicos. Para que se realice esa interacción, las plataformas proveen herramientas que permiten a los usuarios construir sus propios productos, servicios y espacios de transacciones. De esta forma, se posicionan a sí mismas entre los usuarios, y a su vez, como el terreno sobre el que tienen lugar sus actividades, logrando un acceso privilegiado para registrarlas, consiguiendo más datos.

En segundo lugar, las plataformas producen y dependen de efectos de red. Esto significa que mientras más usuarios tenga la plataforma más valiosa se convierte para los demás, mejores se vuelven sus algoritmos y así se generan más usuarios, lo cual lleva a que se registren más actividades y se extraigan mayor cantidad de datos. Es por esto que las plataformas tienen una tendencia hacia la monopolización. Resulta casi imposible para una nueva plataforma competir, por ejemplo, con Amazon o Mercado Libre, la consecuencia de los efectos de red lleva a que los usuarios recurran siempre a estas plataformas consolidadas, la enorme cantidad de datos que ya poseen hace que sus sistemas en base a algoritmos sean por lejos los más eficientes.

Ahora, para conseguirlo utilizan tácticas, la más generalizada es la de subvenciones cruzadas, es decir, una rama de la compañía puede reducir el precio de un servicio o producto o incluso ofrecerlo gratis, mientras otra rama sube el precio de otro servicio. No es común que nos cuestionemos porqué utilizar las redes sociales de Facebook o los servicios de Google como Gmail es gratuito, la mayoría de los usuarios naturaliza el hecho de que así funcionan las aplicaciones. Sin embargo, tiene una explicación, las subvenciones cruzadas. Todas las actividades «gratuitas» que realizamos en estas dos plataformas son trabajadas como datos que luego van a generar ganancias por publicidad.

La última característica de las plataformas que Srnicek identifica es su cualidad política, tiene que ver con las reglas para el desarrollo de sus productos y servicios, y de las interacciones en su espacio de negocios. Son los propietarios de las mismas quienes las establecen, por lo cual no solo ganan con el acceso a más datos, además con el control y gobierno sobre las reglas de juegos. En los casos de las plataformas como Uber o Rappi, que se presentan a sí mismas como simples intermediarias entre clientes y «prestadores de servicios», en la práctica fijan las pautas y reglamentos para los trabajadores que operan para las mismas.

Además de estas características, las grandes plataformas son propietarias del hardware y el software. Esta infraestructura material-digital las convierte, en palabras del autor, en «un aparato extractor de datos».

cinco modelos de plataformas

Continuando con su análisis, Srnicek distingue 5 tipos de plataformas distintas. Las primeras son las plataformas publicitarias, las más comunes utilizadas por los usuarios particulares en todo el mundo. Son las más antiguas y emergieron con la caída de las .com en el 2000. De esa crisis, junto con la inversión de capitales de riesgo, se consolidaron las tendencias monopólicas. Los ejemplos de Google y Facebook son los principales. Los datos extraídos pasaron de ser una manera de mejorar los servicios, a una manera de recolectar ingresos por publicidad. Miles de millones de actividades realizadas por usuarios particulares en todo el mundo cada vez que uno de ellos utiliza el motor de búsqueda de Google, son extraídos y analizados por algoritmos, con el fin de vender espacio publicitario dirigido a potenciales clientes. Aquí surge un debate en torno a la idea de «trabajo gratis» sobre todas las interacciones digitales. Si se considera la actividad de los usuarios como trabajo gratis esto significaría una nueva forma de explotación laboral casi ilimitada para el capitalismo. Por otro lado, si no es gratis, estas empresas podrían ser consideradas parasitarias de otras industrias productoras de valor. Srnicek considera que no es trabajo gratis, sino que las plataformas publicitarias se apropian de los datos como materia prima. Esto quiere decir que las actividades digitales, si se graban y se transforman en datos, se convierten en una materia prima que puede ser refinada y utilizada por las plataformas de distintas maneras. La información debe ser analizada. A través de este proceso se transforman en datos trabajados, ya sea por la labor calificada de un científico de datos o por la operación automatizada de los algoritmos. El servicio que estas plataformas venden a los anunciantes es la garantía de que un software va a conectar de manera eficiente con los usuarios correctos cuando sea necesaria. Para tener una idea del tamaño de ese negocio, en el año 2020, El 81% de los ingresos totales de Alphabet/Google provinieron de la publicidad, monto que se calcula en alrededor de 146.000 millones de dólares.[8]

El segundo tipo son las plataformas de la nube, que representan la tercerización del departamento de tecnología de la información de una empresa. El análisis de datos, el almacenamiento de la información de clientes y el mantenimiento de los servidores de una empresa pueden ser derivados a la nube. Estas plataformas han logrado constituirse en la infraestructura digital que precisan una de cada dos industrias. En este proceso se desplazan a los trabajadores del conocimiento de las empresas particulares a la plataforma, y también se genera la automatización de su trabajo con tecnologías de inteligencia artificial. Este modelo de alquiler de servicios en la nube permite a la plataforma de la nube recolectar datos constantemente. El ejemplo más paradigmático es el de Amazon, que construyó en 2006 la primera plataforma importante de la nube para alquilar medios de producción. Amazon Web Service (AWS) brinda el servicio de mantenimiento on demand de servidores, de almacenamiento y potencia para computadoras, herramientas de desarrollo de software y sistemas operativos y aplicaciones ya listas para usar.

Continuamos con el siguiente tipo presentado por Srnicek, son las plataformas industriales que se han constituido en la infraestructura central básica en el campo de la producción material de bienes para que se vinculen sensores y activadores, fábricas y proveedores, productores y consumidores, y software y hardware. La internet industrial se basa en insertar sensores y chips de computadoras al proceso de producción y de rastreadores al proceso logístico. Cada componente es capaz de comunicarse con máquinas de ensamblaje y a su vez con otros componentes sin la guía de gerentes ni trabajadores. De esta forma los bienes materiales se vuelven inseparables de sus representaciones informáticas, lo que posibilita una optimización del proceso de producción. Por otro lado, la internet industrial estás llevando a una vinculación del proceso de producción más cercana con el proceso de realización y consumo. Las industrias de vanguardia en esta tecnología están desarrollando nuevos productos y diseñando nuevos dispositivos sobre la base del uso de datos extraídos de los productos mismos. Buscan establecer un estándar común para la comunicación entre las distintas industrias y en las cadenas de valor, ya que dependen de la extracción de datos. Los casos más avanzados de este tipo son Predix y MindShpere, las plataformas industriales desarrolladas por General Electric y Siemens respectivamente. Representan la competencia y disputa entre dos potencias industriales, Estados Unidos y Alemania, por construir la plataforma monopólica. Ofrecen servicios de infraestructura, herramientas de desarrollo y aplicaciones para innovar, impidiendo de algún modo que las empresas produzcan su propio software para manejar la internet interna. Como intermediarias entre fábricas, consumidores y desarrolladores de aplicaciones, estas plataformas se ubican estratégicamente para monitorear gran parte de la manera de operar de la manufactura global desde el activador más pequeño hasta las fábricas más grandes.

Una cuarta categoría es la de plataformas de productos, constituyen un modelo on demand (a demanda), donde la compañía alquila sus propios productos que pueden ser software, bienes de consumo o bienes manufacturados duraderos. Los ejemplos más reconocidos son los de Spotify y Rolls Royce. El caso de esta última y la producción de motores a reacción es representativo. Anteriormente esta empresa se encargaba de la producción principalmente, área donde los márgenes de ganancia no son grandes, la mayor diferencia se genera en el servicio de mantenimiento de los mismos. Rolls Royce competía con otras empresas para brindar este servicio. Ahora todos los motores que produce contienen sensores y de cada vuelo extraen datos que son enviados a un centro de monitoreo en el Reino Unido, donde son analizados para programar el mantenimiento. Estos datos se convierten fundamentales para mantener alejados a los competidores y asegurar una ventaja competitiva. Lo mismo que los datos que trabaja Spotify para brindar un mejor servicio de música streaming a todos los usuarios.

La última clase de este modelo de empresas, Srnicek las denomina, plataformas austeras. Son las intermediarias entre usuarios, clientes y trabajadores, y poseen solo el activo más importante, el software y análisis de datos. Se basan en un modelo hipertercerizado donde los trabajadores, el capital fijo, costos de mantenimiento y el training se encuentran deslocalizados. Los casos más conocidos son los de Uber, Airbnb y Mchanical Turk (Amazon). Han extendido a nuevas áreas tendencias preexistentes de precarización laboral. Muchas de ellas surgieron como un fenómeno desarrollado post crisis del 2008, que convirtieron servicios no transables en transables, expandiendo de manera efectiva el suministro de trabajo a un nivel prácticamente global, generando una mayor división internacional del trabajo. Estas empresas han logrado explotar trabajo barato recortando costos a lo largo y ancho del mundo.

pelea de gigantes, desafio para la periferia

La investigación de Srnicek es valiosa para entender el funcionamiento de este nuevo modelo de empresas que, por su tendencia a la monopolización, les ha permitido a un puñado de ellas convertirse en hegemónicas en el mundo. A su vez, se ha producido una suerte de fusión entre el capital financiero internacional y estas plataformas que está reconfigurando el poder económico en todo el globo. Éstas se habían presentado en un inicio como expresión de un modelo económico distinto al neoliberal, sin embargo, a esta altura ya es posible reconocer que han profundizado el neoliberalismo. Por otro lado, esto no significa que hayamos llegado a la era de un gran leviatán que todo lo controla. La competencia entre ellas por dominar distintas áreas de producción, infraestructura y distribución, es agresiva. Sumado a ello, hay que considerar el trasfondo de la disputa entre las grandes potencias, nos referimos a EE.UU. y China. El texto de Srnicek se centra sólo en los casos de las compañías occidentales. Las grandes plataformas norteamericanas contaban con ventaja hace más de 10 años por sobre sus competidoras chinas, sin embargo, no lograron penetrar en su mercado por la política proteccionista de censura y vigilancia del Partido Comunista que erigió la llamada «gran muralla digital» China, prohibiendo el desarrollo de aquellas en su territorio y espacio digital. Esto le permitió al gigante asiático ganar tiempo para desplegar su potencial científico tecnológico y consolidar sus propias plataformas monopólicas como Alibaba, Tencent y Baidu. Son las ganadoras del mercado nacional más grande del mundo, y sus usuarios las utilizan para todo tipo de actividades y operaciones. Además, estas compañías ejercen su influencia por todo oriente e incluso algunas llegan a Europa.

Fuente: https://es.statista.com/

En medio de esta pelea de gigantes surge la cuestión sobre sus efectos en los países dependientes. Volviendo a las categorías de Srnicek, tenemos que investigar sobre la subordinación que las grandes plataformas industriales y de la nube están causando sobre nuestras industrias y proyectos de desarrollo. En América Latina no contamos con plataformas semejantes, por lo tanto, la información y datos generados por nuestras industrias, son extraídos, apropiados y analizados por los gigantes tecnológicos, de cuyos servicios dependen. En relación a este problema es muy importante el trabajo de investigación realizado por Cecilia Rikap [9] en su reciente libro «Capitalism, Power and Innovation: Intellectual Monopoly Capitalism Uncovered» (2021)[10]. Desde un marco teórico diferente al de Srnicek, en un artículo reciente explica, «En las periferias, los monopolios intelectuales pasan sistemáticamente por encima de los Estados menos poderosos (…) Para dar cuenta de los efectos específicos del capitalismo de monopolios intelectuales en las periferias, propongo los conceptos de extractivismo de conocimientos y de datos, dos formas específicas de lo que puede denominarse extractivismo de intangibles (…) que se traduce en una mayor concentración de activos intangibles en manos de unas pocas corporaciones del centro, que amplían sus rentas a costa del conocimiento y los datos producidos en las periferias»[11]. El desarrollo de su teoría del capitalismo de monopolios intelectuales es un gran aporte para estudiar críticamente este cambio económico y político.

Por otro lado, en Latinoamérica se desplegaron rápidamente las plataformas austeras, como Mercado Libre, Uber, Rappi, ifood, Loggi, Workana, Pedidos Ya, Kavak, que han extendido la precarización laboral y desplegado una nueva forma de sujeción sobre los trabajadores a través de las aplicaciones. El sociólogo brasileño Ricardo Antunes ha explorado esta problemática en su libro «O Privilégio da Servidão. O Novo Proletariado de Serviços na Era Digital» (2018), donde sostiene que nos encontramos ante el crecimiento de nuevas formas de realización de la ley del valor, configurando mecanismos complejos de extracción de más valor, tanto en las esferas de la producción material como en las de actividades inmateriales. Discutiendo con posiciones teóricas eurocentristas que se olvidan que la mayor parte de la fuerza de trabajo del mundo se encuentra en los países del sur global, argumenta que con las nuevas cadenas productivas de valor de la era digital, los algoritmos diseñados por las plataformas digitales para controlar los tiempos, ritmos y movimientos de todas las actividades laborales, fueron el elemento que faltaba para desplegar, dirigir e inducir modalidades intensas de extracción de plustrabajo, donde las jornadas de 12, 14 o más horas son la regla:

«Al contrario de la eliminación completa del trabajo por la maquinaria informacional-digital, estamos presenciando el advenimiento y la expansión monumental del nuevo proletariado de la era digital, cuyos trabajos, más o menos intermitentes, más o menos constantes, ganaron nuevo impulso con las TICs, que conectan, por los celulares, a las más distintas modalidades de trabajo. Por lo tanto, en vez del fin del trabajo en la era digital, estamos vivenciando el crecimiento exponencial del nuevo proletariado de servicios, una variante global de lo que se puede denominar esclavización digital.».[12]

Desde el sur global tenemos el desafío de crear nuestro lugar en el mundo digital ante este tsunami que nos tomó desprevenidos. ¿Cómo podríamos apropiarnos de los conceptos y el trabajo de inteligencia artificial (IA), la internet de las cosas (IoT), el Big Data, la impresión 3D? La lucha por el conocimiento, la información y los datos se vuelve fundamental para liberar al trabajo. Las investigaciones de Rikap y Antunes son buenos ejemplos de que el camino de la crítica al mundo de gigantes digitales está comenzando a dar pasos importantes en la región. Cualquier crítica de la dependencia de las potencias centrales, en particular de Estados Unidos, que no tenga en cuenta el poder e influencia de estas plataformas se queda coja para recuperar nuestro futuro.

*Joaquín Torres: profesor en Historia egresado de la UNMdP, viene recorriendo América Latina y el mundo desde hace una década. Actualmente residente en Irlanda e investiga el desarrollo del capitalismo digital.  


[1] https://www.forbes.com/sites/randalllane/2018/08/30/bezos-unbound-exclusive-interview-with-the-amazon-founder-on-what-he-plans-to-conquer-next/?sh=174858dd647b

[2] https://www.bloomberg.com/graphics/2021-biggest-global-companies-growth-trends/?srnd=premium-europe

[3] Ricardo Antunes, ¿Cuál es el futuro del trabajo en la era digital?, OLAC, 2020.

[4] El presente texto formará parte de una serie de artículos que tendrán continuidad en futuras publicaciones.

[5] Srnicek, Nick. Capitalismo de Plataformas, Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2018.

[6] Ibídem, pág. 13.

[7] Ibídem pág. 37

[8] https://es.statista.com/estadisticas/635557/google-ingresos-totales-anuales-por-publicidad/

[9] Investigadora de CONICET, UBA y Université de París.

[10] Rikap, Cecilia. Capitalism, Power and Innovation: Intellectual Monopoly Capitalism Uncovered, Cecilia Rikap, Routledge Ed. 2021

[11] https://developingeconomics.org/capitalismo-de-monopolios-intelectuales-y-sus-efectos-en-el-desarrollo

[12] Antunes, Ricardo. O privilégio da servidão [recurso eletrônico] : o novo proletariado de serviços na era digital, Pag 35. 1°. ed. – São Paulo : Boitempo, 2018. ( Mundo do trabalho) recurso digital

WhatsApp y aceleración de la vida cotidiana

A propósito de la nueva funcionalidad para “acortar” el tiempo de los audios de WhatsApp, reflexiones sobre el posible impacto subjetivo y comunicacional.

Notas sobre la aceleración en la vida cotidiana y el desarrollo tecnológico.

*Por Nahuel Baresi


La “novedad” técnica funcional que WhatsApp ha largado recientemente sobre su plataforma, ha generado reacciones dispares en todos nosotros, que conviven con otras impresiones y sensaciones que hemos compartido estos días con nuestras relaciones vinculares cercanas. Como suele suceder, en el mismo grupo de pertenencia existen semejanzas y diferencias en cuanto a la percepción que hemos tenido de este fenómeno que se nos presenta como natural, universal y eterno.

Partimos de entender su inscripción en el orden social actual, su sentido y direccionalidad. A menudo desconocemos la forma de movimiento de la tecnología, sus leyes de desarrollo y su implementación en nuestra vida cotidiana: simplemente nos enteramos que la aplicación hizo determinada actualización, como lo es ahora WhatsApp. En tanto, dichas tendencias nos son negadas, y la estructura económica en la que está inmerso ese desarrollo es a menudo ocultada; en consecuencia también lo están los intereses objetivos que la hacen posible. La división social del trabajo y los discursos adaptacionistas dificultan y tienen como sentido impedir la posibilidad de conocer en profundidad la cadena de producción planetaria. Se nos está velado, al menos parcialmente, este proceso en su conjunto y en su total complejidad. Aparecen, entonces, estas herramientas como “lo dado”, y en las sociedades toma forma la  representación social vehiculizada por el pensamiento mágico y alentada por los tecnólogos de moda, llegando a imponerse, por ejemplo, la fantasía que la inteligencia puede estar generada artificialmente por fuera de los sujetos que materialmente la producen.

Es pertinente preguntarnos: ¿qué es lo que incentiva el constante desarrollo de estas APPS y la tecnología? En términos estrictos, esta nueva funcionalidad de WhatsApp no ha hecho más que explicitar una tendencia a la búsqueda de una supuesta “eficacia” de la que se hace eco el discurso hegemónico actual. Eficacia falsa, pero necesaria como horizonte ‘en la tarea de producir’, que recibe su jerarquía social plena como categoría en cuanto está inscripta en el sistema productivo capitalista en crisis, ya que necesita contrarrestar la ley decreciente en la tasa de ganancia incorporando una mayor aceleración de la circulación mercantil. Tendencia que se viene expresando en la apariencia diaria, que se nos enfrenta a veces imperceptible, pero que determina aspectos fundantes de nuestra comunicación en la vida social y familiar. Esta aceleración se reproduce como una ‘urgencia imperativa’ en el ámbito de la vida cotidiana, ámbito donde casualmente se implementa en mayor medida la (mal llamada) Inteligencia Artificial y estos nuevos desarrollos tecnológicos.

En la misma herramienta de WhatsApp podemos ver graficado con exactitud un mecanismo previo que se desplaza en las relaciones sociales y vinculares: se intensifica la idea del panóptico, ahora el otro es quien me controla con una precisión milimétrica (actualización de último horario de conexión y posibilidad de verificación de vista o escucha). Esto es coherente de acuerdo a la forma en que se organiza el trabajo en la sociedad actual y se internaliza al otro dominante en el proceso de alienación. No es ninguna novedad que con el uso constante de las APPS de mensajería desaparece diametralmente el espacio para lo íntimo y el ocio. Se busca un “otro siempre presente”, que toma forma luego en el Mundo Interno de manera persecutoria internalizado, intentando una adhesión total acrítica del sujeto a la tarea de intensificar la productividad a todo costo para lograr una mayor ganancia ajena.

Cuando abordamos la problemática del desarrollo tecnológico específicamente en relación a los vínculos, la salud mental y las relaciones sociales debemos dejar de lado las categorías dicotómicas y dilemáticas“bueno/malo”. Propongo a partir de aquí delinear algunos primeros posibles efectos subjetivos de estos instrumentos, teniendo en cuenta que el proceso mismo está en desarrollo y es contradictorio, no antagónico. Esto consiste en que resultan instrumentos nocivos para nuestra comunicación al mismo tiempo que la fomentan y la desarrollan. Comprendidos dialécticamente, esta función es en apariencia solo un instrumento técnico de comunicación que permite ahorrarnos tiempo. Pero junto a esta caracterización se manifiesta un aspecto a la par, indisoluble, que es determinante en dichas herramientas, ya que no se limitan a su mero valor instrumental: pues condiciona objetivamente cada vez más la estructura vincular y el lugar que ocupa el otro constituyente y fundante en nuestro psiquismo; modificando consecuentemente nuestra percepción de ese sostén, generando disposiciones asimétricas en la posibilidad de aprehender la realidad con otros y por ende también incidiendo en nuestro proceso de salud-enfermedad.

Si se acepta acríticamente estos desarrollos sin reflexión y sin continencia, se visualiza una sensación mayor de aumento en la aceleración del ritmo de vida, se produce una re significación radical del tiempo y la espera. Esta aceleración parecería estar dada por acontecimientos extraños a la voluntad de quien los vivencia y se evidencia en una forma disruptiva: el presente es continúo y paralizante para quienes deben hacer las actividades virtualizadas, escuchar los WhatsApp acelerados es un combo que puede derivar en estados de cansancio y confusionales agudos, propios de realizar diferentes tareas en el mismo espacio y sin tiempos claramente delimitados. Lo que comúnmente se resolvía en una relación bi-corporal ahora queda comprimido en un mismo escenario diminuto con múltiples relaciones irresueltas. La velocidad se hace carne en nuestra vida cotidiana y el vínculo -lo intrínsecamente humano- se vuelve un intercambio a resolver más parecido a una transacción veloz que un momento de encuentro y reflexión de superación.

También se evidencia constantemente que el uso de esta funcionalidad técnica (y otras) produce un descenso del umbral en la tolerancia a la frustración en relación a los tiempos del otro, y variaciones en la atención, en detrimento de la calidad del contenido del mensaje; esto es acompañado a una tendencia de abreviación del vocabulario, donde la necesidad de resolver la conducta y ser decodificado por el otro se supone erróneamente reemplazable por un audio acelerado para acortar el espacio temporal que ocupa en la mismidad; aparece objetivamente anulado además la posibilidad de un lenguaje no verbal y corporal para decodificar al otro. Es deficitario entonces la posibilidad de escuchar el tono de voz que marca angustia o alegría, los silencios que son marca insignia de la identidad particular de cada sujeto.

El proceso de resignificación que ha vivido la subjetividad en el intento forzoso para que pasemos de ser de sujetos a “usuarios”, es una forma en que la ideología dominante actual busca seriar al sujeto. Es importante que visualicemos -sobre todo quienes trabajamos en el ámbito de la salud mental- que este intento no es total ni determinista, pero se evidencia en el establecimiento parcial de rasgos deficitarios y frágiles constitutivos del yo, especialmente en una parte de la juventud que somos hijos/as generacionales de estas herramientas.

*Nahuel Baresi: Presidente de la Asociación de Profesionales de la Psicología Social Argentina.

¿EDUCACIÓN VS SALUD? 0 ¿EDUCACIÓN CON SALUD?

Puntos de vista sobre la vuelta a la presencialidad en un año electoral

*Por Agustín Moisano

El debate sobre la vuelta a clases presenciales recorre la pesada agenda política de los últimos meses. La mezcla de pandemia mundial y año electoral agudizan la polarizada discusión política argentina. Pero por fuera de los eslóganes existe una realidad concreta que dista de soluciones marketineras y de efecto de shock en la opinión pública. “Volver o no volver” fue la simplificación que utilizó Macri y Larreta en la Capital para quedarse como abanderados del regreso a la presencialidad, mientras el Concejo Federal Educativo con todos los Ministros estaban consensuando la organización para el retorno.

Al mismo tiempo, el sistema educativo cumple un rol de organizador de las actividades cotidianas de las familias que establece tiempos y dinámicas que se vieron alteradas por la cuarentena y el dictado de clases virtuales del 2020. La preocupación por la educación es, al mismo tiempo, la preocupación por el funcionamiento de lo social y lo económico.

Con la pandemia se evidenciaron las enormes desigualdades económicas y sociales. A pesar del esfuerzo de maestros y maestras y docentes, se evidenció una mayor deserción producto de las desigualdades tecnológicas y socio-económicas existentes.  

La vuelta a la presencialidad implica una nueva forma de organización institucional, con el desafío del respeto a los protocolos que den seguridad a la comunidad, el debate por qué contenidos deben ser prioritarios de cara a otro año con enormes dificultades y cómo implementar políticas educativas que tengan en cuenta la realidad y los cambios originados por la pandemia, y sus efectos sociales y psicológicos, agudizados por el aislamiento y los miedos ante la amenaza sanitaria.

También abre la posibilidad de discutir las condiciones del trabajo docente y su remuneración acorde, la recomposición salarial urgente, la generación de dispositivos que permitan la concentración horaria para evitar la lógica del docente taxi y la formación y capacitación para los desafíos de la era digital.

En efecto, la vuelta a la presencialidad es un hecho. Desde el 17 de febrero en casi todo el país comenzaron las clases presenciales con los y las alumnas que adeudaban contenidos del 2020. Y el 1 de marzo se daría comienzo al ciclo lectivo 2021.

En este artículo analizaremos como se desarrolla este debate dentro de la docencia.

Hace un tiempo ya, en plena vigencia de la ASPO, el debate educativo se centró en la continuidad pedagógica a partir de la labor docente a distancia (educación virtual). Desde Lanzallamas repensábamos el problema en función de las distintas dimensiones docente: como educador, como trabajador y como sujeto político. Cada una de ellas estaba atada a concepciones implícitas sobre el conocimiento, la posición de clase y filosofía para la praxis (o ideología que responde a esa misma clase en la que uno se referencia). Concluíamos que estas dimensiones estallaban en contradicciones al privilegiar una u otra faceta respecto al teletrabajo. También definíamos que

“La innegable necesidad de la presencialidad para la enseñanza y el aprendizaje nace de una concepción del conocimiento como síntesis de la práctica y la reflexión de la misma. Y como tal, su fin último es la transformación de la realidad del/ la que aprende”.[1]

Hoy el debate se renueva a partir de los pedidos, las exigencias y las concesiones, desde los distintos sectores de poder, sobre la vuelta a las clases presenciales: sí está bien o si está mal, si es necesario o si no lo es, cuándo y en qué condiciones, a todos, a algunos, a ninguno. Muchas formas de decir lo mismo y, a la vez, permitiendo a cada sector elogiar tal o cual aspecto para dar un plafón de argumentos respecto a la vuelta a clases presenciales ya definida previamente.

Y si se renueva el debate, consideramos necesario retomar aquellas mismas “dimensiones del docente”, no solo con la intención de encontrar coherencia en el argumento sino, y, sobre todo, porque nos permitió en su momento, despejar la ecuación del teletrabajo en la educación. Es decir, sostenemos el marco teórico nacido de la práctica para repensar los nuevos desafíos de la realidad que por dinámica no deja de ser factible de síntesis.

¿EDUCACIÓN VS SALUD 0 EDUCACIÓN CON SALUD?

Recapitulando. Decíamos meses atrás que como docentes nos vemos interpelados en tanto educadores, trabajadores y sujetos políticos.

En primer lugar, implica un posicionamiento en torno al conocimiento. Es decir, de cómo contribuimos a la generación de aprendizajes a partir de una relación dialéctica entre la experiencia práctica y la reflexión teórica, entre la etapa sensorial y la racional del conocimiento, que envuelve, de por sí, la contrastación de lo aprendido con y en la realidad.

En segundo lugar, debemos tener un posicionamiento ante el pueblo y en la defensa de la educación pública como un derecho a garantizar. Y esto solo puede ser posible si pensamos a la escuela como un espacio de debate abierto, donde sean las preocupaciones y las sensibilidades, los intereses y los proyectos de cada unx los que llenen de propuestas para hacer del mundo (o los mundos) un lugar mejor para ser vivido. Y dentro de esta dimensión se incluyen la defensa de los derechos en tanto y en cuanto el docente como trabajador.

Así, los docentes debemos serlo a partir de un posicionamiento político/ideológico que nazca de los aportes filosóficos para una práctica docente seria y comprometida […]. Es decir, implica una concepción de clase.

Las diferentes posiciones dentro de la docencia, muestran antagonismos y puntos de encuentro. Como síntesis de ellas encontramos tres que pueden ayudar a ordenar el debate:

“VOLVER A COMO DÉ LUGAR”

Lo importante es volver. La autoría de esta afirmación podríamos encontrarla tanto en el oficialismo como en la oposición al gobierno. Transformada en una medida electoralista de corto plazo, la meta es “abrir las escuelas”[2] dado que “la vacuna no es indispensable para volver a la presencialidad”[3]. Si bien es cierto que en la práctica el proyecto político que enarbola M. Macri como aquel que defiende N. Trotta son profundamente disímiles, en lo que respecta a la carpeta educativa y la vuelta a la presencialidad no parecieran ser tanto. La afirmación del presidente Alberto Fernández, «Sin salud no hay presente y sin educación no hay futuro»[4], debe ser acompañada de un aumento de las partidas presupuestarias que se puedan aplicar con efectividad y rapidez, y no con la lenta marcha de la burocracia.  

Distinguiendo este trasfondo, la docencia queda entrampada en estas afirmaciones. Un sector profundamente conservador y reaccionario ante cualquier cambio (que de manera simplista podemos definir como de derecha) expresa su necesidad de volver a la escuela no porque crea que las medidas adoptadas en el contexto de pandemia sean erradas sino, en muchos casos, porque han descreído de la pandemia como tal. La impronta ideológica política se impone frente a la identidad educadora y trabajadora del docente. Y esa impronta tiene su referencia concreta política partidaria en Juntos por el Cambio.

Pero esta cara del docente no solo se expresa por derecha. Dentro de la docencia también hay muchos que, en sus aspiraciones por vencer a la derecha macrista, han definido creer (¿o reventar?) en el oficialismo. O mejor dicho: han preferido creer o creer en el oficialismo. Adoptan al pie de la letra el discurso de la presencialidad gestado, comunicado y reproducido desde los ministerios, por los gestores de la educación. Niegan la identidad como educador y como trabajador o, en ocasiones, se empeñan en declarase incansables trabajadores de la educación por la educación de los pibes, dando muestras férreas de un voluntarismo/paternalismo inigualable. Pero este sector de la docencia, seguidista sin quererlo del discurso oficial, choca contra el duro y áspero concreto de la realidad, de las escuelas que se caen a pedazos, de las injustas condiciones a los que la presencialidad los va a someter, de las terribles situaciones que deberán enfrentar cuando uno solo se encuentre con sus compañeros de escuela. Quedan paralizados ante la realidad que viven día a día en cada establecimiento donde intentan enseñar.

“NO VOLVER”

Lo antedicho da paso a la opción contraria. La negación. La expresión de otro sector de la docencia, donde se expresa una preocupación cargada de miedo, en la que la concepción del docente como trabajador opaca las otras facetas (su dimensión como educador y sujeto político). En una idea casi defensiva, la propuesta es no volver a la presencialidad hasta que se mejore integralmente la infraestructura y organización escolar que asegure las condiciones de salud de los trabajadores de la educación. Pero no se agota allí porque también reclama otras tantas acciones al gobierno que por justas no dejan de ser de difícil cumplimiento en lo concreto, por ejemplo, volver a la presencialidad cuando esté vacunado hasta el último docente. Las finalidades son justas, pero carecen de asidero en la realidad concreta. Es el idealismo expresado en el debate de la presencialidad (porque parten de ideas y no de realidades concretas). Es un proyecto de mejoramiento educativo que nace muerto. Olvida que las mejoras se obtienen a partir de acciones en el mundo de lo real a partir de una praxis transformadora y no negando la realidad. Así, la continuidad del trabajo virtual o a distancia no permite, en el nuevo contexto de DISPO, generar más de lo que no ha permitido generar ya. Más sabiendo que este mismo sector es el que muchas veces renegaba de ese trabajo a distancia. También esta idea habita en los que tienen un miedo sincero al contagio.

“VOLVER A LA PRESENCIALIDAD CON ESCUELAS SEGURAS”

La síntesis, en este caso, estaría expresada en la idea de volver a la presencialidad (dado que es lo que permite el mejor desarrollo del proceso educativo) en las condiciones necesarias para la seguridad todas y todos los integrantes de la comunidad educativa. Es decir, desarrollar un equilibrio de las distintas dimensiones docentes (educativa, laboral, política).

La dimensión educadora del docente se expresa en la necesidad de la presencialidad como forma innegable del encuentro de la práctica y el proceso de síntesis en la teoría, que se nutre y reelabora a partir de la practica social de estudiantes y docentes, con sus experiencias, puntos de vista, opiniones y realidades objetivas. Es allí donde surge el debate, el intercambio, la empatía y el valor del saber. La experiencia educativa 2020 fue una muestra de que hay otras formas de enseñar y de aprender, pero el costo de la misma fue el de altos porcentajes de abandono y deserción, incomunicación, pérdida de interés en el conocimiento. Las desigualdades se ampliaron.

Pero esa presencialidad no puede ser a cualquier precio. Merece la garantía de que no se va a poner en riesgo la vida de ningún miembro de la comunidad educativa. Para ello, hoy más que nunca, debemos tener conciencia de cuáles son las condiciones necesarias para el cuidado de la salud. Una educación de calidad solo es posible si partimos de esta premisa. En definitiva, es el cuidado de la salud de estudiantes y familias, pero también del docente en su faceta de trabajador. En este sentido, debemos entender que la comunidad de cada escuela debe afrontar la coyuntura con protagonismo y organización, ser los responsables de pelear y exigir por una escuela en condiciones seguras, democratizando el debate a partir de un diagnóstico detallado de la situación escolar (infraestructura, personal de la institución, elementos de higiene y seguridad, etc.) para avanzar en la consecución de los objetivos propuestos. La docencia debe ser parte de este debate, debe ser una definición política. Para ello es importante rescatar las experiencias de elaboración y defensa de los protocolos o Plan Jurisdiccional para la vuelta segura a la presencialidad, que sirve de herramienta para lograr mejoras en la infraestructura, higiene y elementos de cuidado para los y las trabajadoras de la educación, así como para planear la gradualidad necesaria para que la presencialidad sea el punto de llegada y no de inicio, una vuelta gradual, progresiva y segura para que el conjunto de la comunidad puede adaptarse a esta nueva realidad y al mismo tiempo generar un ámbito pedagógico propicio para la enseñanza. También dando tiempo a la vacunación y que la vuelta sea en camino ascendente y no que por volver a como dé lugar, frenar todo rápidamente.

La pandemia como posibilidad para algo mejor

La situación de la infraestructura escolar es heterogénea. Una gran partede ella está en un estado verdaderamente crítico, sobre todo en las grandes urbes.[5] Se distinguen problemas de larga data que se profundizaron con la desinversión macrista y la paralización de “el” año de la pandemia. Otros establecimientos están relativamente mejor pero así y todo no garantizan una vuelta segura. También están aquellos que no tienen dificultades en recibir a estudiantes y docentes, ya que cuentan con lo necesario para hacerlo.[6]

Esta situación dificulta la posible organización para la presencialidad. Da lugar a que la docencia esté muy preocupada y en un gran desconcierto. Aun así, expresa una necesidad de volver a la presencialidad (luego de una difícil tarea de educación a distancia del 2020).

Así las cosas, las miradas sobre la vuelta a las clases presenciales generan un profundo debate político y educativo. Mientras que los sectores más reaccionarios menosprecian los efectos de la pandemia en pos de una vuelta a las aulas, el oficialismo quiere quedarse con la foto del inicio de clases en tiempo y forma. Para ello invierte recursos en adecuar la infraestructura y generar normativa que permita una vuelta segura, pero, en su carrera contra reloj, resulta insuficiente. La docencia “oficialista” queda paralizada entre los dichos y las realidades. La desvinculación de los estudiantes es el argumento para la vuelta, aunque se ponga en riesgo la salud de ellos, sus familias y los trabajadores de la escuela.

En el debate intervienen también aquellos que, con el argumento del cuidado del docente, niegan por completo la vuelta a las escuelas. Las reivindicaciones por justas no dejan de desconocer la realidad concreta de las escuelas, los docentes y las familias. Invisibiliza a gran parte de la comunidad, imposibilita el debate democrático, y reduce la política a un pequeño grupo de interesados. O, expresado de otra manera, la preocupación por la educación pública pasa a ser la preocupación por el docente de esa educación.

Como contrapartida a las opiniones de “vuelta como sea” y “no volvemos” surge la necesidad de presencialidad, pero en condiciones seguras. Esta propuesta solo es viable si tiene su correlato en la organización de toda la comunidad educativa (familias, estudiantes, gremios y trabajadores de la escuela) no solo para pelear por las condiciones necesarias sino para ganar esa pelea. Y solo es posible si se tiene la voluntad y la capacidad de generar un debate democrático que permita construir medidas para cumplir objetivos en el camino del mejoramiento de todo el sistema educativo.  Un desafío que en tiempo de pandemia debemos encarar con seriedad y esfuerzo, algo que los docentes sabemos hacer.


Agustín Moisano es Profesor en Historia, egresado de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Participó en diversas cátedras del trayecto de formación docente de la facultad de Humanidades (Sistema educativo y Currículum, Didáctica General, Didáctica de la Historia y Práctica Docente) como adscripto primero y Ayudante después.

[1] https://revistalanzallamas.com/2020/07/06/educacion-virtual-o-educacion-de-emergencia/

[2] https://www.telam.com.ar/notas/202101/541531-macri-apertura-escuelas.html

[3] https://www.telam.com.ar/notas/202101/541867-la-vacuna-no-es-condicion-presencialidad-aulas.html

[4] https://www.argentina.gob.ar/noticias/el-consejo-federal-de-educacion-establecio-como-sera-el-regreso-las-clases-presenciales-en

[5] Solo para tener una idea, desde Nación, la inversión prevista para 2021 supera los 50 mil millones de pesos para obras y equipamiento de escuelas de todo el país.

[6] https://www.telam.com.ar/notas/202102/544433-provincia-de-buenos-aires-ciclo-lectivo-2021-clases-presenciales.html

El medio es el fin: la conexión como barrera

“[…] Lo más importante que podemos hacer en Facebook es desarrollar la infraestructura social para dar a la gente el poder de construir una comunidad global que funcione para todos nosotros.”
Mark Elliot Zuckerberg

Por Javier Lede*

En las últimas dos décadas hemos sido protagonistas pasivos de un cambio cultural que ha resignificado profundamente nuestras cotidianeidades, de la mano de una disrupción tecnológica y un puñado de startups que se eyectaron para convertirse en las corporaciones más valoradas de la actualidad.[1]

Aún así, nos resulta difícil comprender cómo estos fenómenos están vinculados y tendemos a perder de vista el entramado de las nuevas estructuras de poder que se tejen en la nube, por encima los estados nacionales.

¿Qué implica que la infraestructura social se convierta en un producto privado? ¿Son las plataformas online un medio o un fin?

Una breve historia de amor

Entre mediados y finales de los 90s internet era todo romance y optimismo. Ante los usuarios se proponía como el summum de la democratización del conocimiento y la libertad de expresión; mientras que para los emprendedores se había desatado un frenesí, en la que los especuladores financieros catapultaban a los nerds en la bolsa.

Pero esta euforia no estaba destinada a perdurar y con el cambio de milenio se produjo lo que se conoció como la explosión de la burbuja de las punto-com. Ante la ausencia de retorno de inversión, el capital especulativo comenzó a retroceder y los emprendedores que no lograron rentabilizar sus servicios empezaron a caer en quiebra.

Sergei Brin y Larry Page en la primera cede de Google, un garaje en los suburbios del Silicon Valley.

En este contexto de monetizar o morir, una incipiente empresa emergió con un modelo inédito de negocios. Un par de estudiantes de Stanford, Larry Page y Sergey Brin, entendieron que su proyecto de motor de búsqueda no sólo permitía navegar el conocimiento online, sino que esa misma puerta posibilitaba acceder al pensamiento de sus usuarios. Habíamos comenzado a preguntarle a Google lo que no nos atrevemos a revelarle a nuestra madre, mejor amigo, ni terapeuta.

Desde aquel momento, la información de los usuarios, que hasta entonces había limitado su destino a retribuir sus experiencias, pasó a ser utilizada para el usufructo de terceros.[3] Google se convirtió rápidamente en la primera aplicación de citas entre anunciantes y consumidores.

La consolidación de este nuevo mercado se sella el 31 de diciembre de 2003, con la presentación de la patente “Generación de información de los usuarios para su uso en la publicidad dirigida”[4], que registra esta técnica a manos de un grupo de ingenieros jerárquicos de Google. Este negocio, de cupidos tendenciosos, iba a ser el alma de la gran fiesta del Silicon Valley.

1948

Hasta este punto, todo es color de rosas. Los usuarios navegan la web mientras reciben publicidad “relevante”, en lugar de aquellos estridentes banners y pop-ups del internet de la primera hora.[5] Un win-win, “todos ganan” en la jerga del marketing.

Sin embargo, la semilla de la explotación de datos se había sembrado en suelo desregulado y la lógica del máximo beneficio convertiría lo que se había propuesto como un romance en una relación tóxica, en la que las plataformas iban a pelear celosamente por acaparar toda nuestra atención.

Así, el éxito que Google logró al rentabilizar nuestra huella digital motivó a una nueva generación de emprendedores a salir a cosechar datos. Los usuarios nos encontramos repentinamente ante una catarata de aplicaciones online gratuitas, bajo la sospechosa generosidad de estas startups.

Ingenuamente, en un principio muchos confiamos en estas compañías, al reportar a la publicidad como su principal fuente de ingresos, sin alertarnos que nunca antes ninguna corporación mediática, ni modelo de negocio financiado por anunciantes, había alcanzado jamás a capitalizarse de semejante manera.

¿Cómo es posible que en apenas unos años hayamos vuelto multimillonarias a estas corporaciones consumiendo sus servicios gratis?

El meteórico ascenso de las Big Tech, ingresos en billones de dólares.

***

Desde la segunda postguerra, la saturación de los mercados en los países centrales, como consecuencia de la producción en masa, precipitaron a la industria en la imperiosidad de buscar nuevas estrategias para colocar productos que la sociedad no encontraba necesarios. Esta urgencia por estimular el consumismo dio origen a una nueva generación de expertos del marketing enfocados en estudiar la conducta humana.

Las primeras investigaciones arrojaron la sólida conclusión de que las decisiones de consumo rara vez están motivadas por la lógica. Así fue como los psicólogos conductistas se incorporaron a las filas de la industria publicitaria para estudiar las emociones que operan a nivel inconsciente, con el propósito de entender y dirigir el comportamiento del consumidor.  

Como un destino disléxico, el nacimiento de este –proto– Gran Hermano que todo lo observa se formaliza en 1948, a partir de la publicación del trabajo de los psicólogos Cheskin y Ward, “Aproximación indirecta a las reacciones de mercado”, considerado piedra fundamental en la implementación de técnicas psicológicas para la investigación de mercado.[7]

No obstante, los métodos analógicos mostraban claras limitaciones. Los estudios tradicionales se conducían a través de muestras, conjuntos reducidos de individuos representativos estadísticamente; en condiciones de “laboratorio”, que intervenían la realidad de los participantes; a la vez que la cantidad y calidad de datos recopilados dependían de las habilidades del investigador; y la interpretación la información está limitada por las facultades de procesamiento del propio cerebro humano.

Con el advenimiento de las tecnologías digitales, este laboratorio se extendió hacia cada rincón donde haya un smartphone, una cámara de seguridad o una aspiradora autómata; renderizando nuestra conducta a escondidas de nuestra percepción y, por tanto, sin despertar timidez alguna que nos condicione. Todo es susceptible de ser registrado para alimentar el Big Data, un volumen de información tan ininteligible en términos humanos, que nos ha llevado a tercerizar incluso la construcción de conocimiento, a partir del procesamiento de datos con Inteligencia Artificial.

La emergencia de la extimidad

Estas nuevas posibilidades tecnológicas, permitieron al arte de la publicidad devenir en ciencia. El modelo de negocios de perfilado y publicidad dirigida, consiste en la recolección de datos para generar perfiles comportamentales que permiten anticipar la conducta de sus usuarios y operar sobre ella a través de contenidos personalizados.[8] En otras palabras, el negocio de las tecnológicas consiste en subastar el comportamiento futuro de sus usuarios. A mayor volumen de datos mejores predicciones, lo que convierte en una necesidad competitiva el extraer más y más información.

El origen de estos datos, contrariamente a lo que podemos presuponer, no provienen sólo del contenido que subimos voluntariamente, sino que surgen del cómo utilizamos estos servicios. A modo de ejemplo, aún así adoptemos una actitud stalker, en la que visitamos perfiles de otros usuarios sin comentar ni reaccionar a ninguna publicación, las plataformas pueden recolectar un gran volumen de información sobre nuestro comportamiento. Shoshana Zuboff, la socióloga que ha acuñado y popularizado el término Capitalismo de Vigilancia, denomina a esta materia prima para la predicción plusvalía comportamental. [9]

Sin embargo, este mercado no hubiera sido sostenible sin individuos dispuestos a compartir su abiertamente lo que hasta entonces nos era íntimo, lo que hizo necesario diseminar un analfabetismo de privacidad. Este giro cultural que alentaría a los usuarios exponer nuestras vidas online se impondría en forma de redes sociales.

Un pequeño Zuckerberg, pensando como monetizar tus datos personales.

La antropóloga Paula Sibilia, ha resignificado oportunamente un término del psicoanálisis para explicar este fenómeno, la extimidad: una urgencia por espectacularizar lo íntimo para exponerlo en internet.[11] Entra aquí en cuestión si esta es causa o consecuencia de las plataformas online.

¿Son las redes una respuesta a la necesidad de una coyuntura social o responden a un dogma impuesto por el mercado?

La socialización de diseño

Ya en tiempos de la Antigua Grecia, Aristóteles formuló que el hombre es por naturaleza un animal social[12]. La realidad es que este animal no ha cambiado mucho desde entonces. Por el contrario, en un lapso ínfimo en términos evolutivos, nos encontramos frente a un sistema que se desarrolló exponencialmente para ponernos a prueba.

¿Cómo no ceder ante sus peticiones si las redes tienen cautivos a nuestros amigos?

Lo que lograron las redes fue extraer valor económico sintetizando una socialización artificial. De la misma manera que las drogas de diseño nos pueden hacer experimentar sensaciones de placer a partir de sustancias análogas a las que nuestro propio organismo produce, estas plataformas lograron recrear estímulos digitales semejantes a los que alguna vez nos sirvieron sostener la cohesión social.

Los animales humanos estamos repletos de estos mecanismos que alguna vez nos sirvieron para perpetuar la continuidad de nuestra especie. Están grabados en los genes que heredamos de aquellos individuos que evolucionaron secuencialmente desde nuestro origen en la sabana africana. En este proceso, podemos deducir que ante el ataque de un depredador los especímenes que sobrevivieron fueron aquellos capaces de actuar de inmediato. En cambio, los que se detuvieron a pensar seguramente fueron devorados, sin oportunidad de traspasar su carga genética a la generación siguiente.

Por motivos como este, nuestra evolución dio forma a cientos de sistemas de estímulo-respuesta-recompensa que puentean nuestro razonamiento. Estos motores de comportamiento constituyen lo que ahora llamamos sesgos cognitivos.[13]

A nuestro pesar, hoy nos encontramos en un mundo drásticamente distinto al que modeló nuestro cerebro por miles de años, y nos sitúa frente a tecnologías capaces de identificar estas pulsiones y utilizarlas en su provecho.

En 1971 Herbert Simon, más adelante laureado nobel en economía, articuló por primera vez la idea de que, en un mundo en el que abunda la información, la atención se torna un recurso escaso.[14] En otras palabras, el límite que encuentran las plataformas para expandir sus ganancias está fijado por como los usuarios repartimos nuestra atención entre consumir contenido y satisfacer nuestra biología, en el lapso de un día que siempre tendrá la misma cantidad de horas. Por este motivo es que a este modelo también se le llama Economía de la Atención.[15]

En su camino por absorber plenamente nuestro interés, las plataformas pusieron Inteligencia Artificial a minar nuestra psique. El mecanismo recurre a un testeo continúo en el que nos expone a grupos de contenidos. En un proceso evolutivo, las alternativas mas efectivas son seleccionadas y a partir de ellas se crean nuevas variaciones, que se vuelven a poner a prueba para reiniciar el proceso. Esta es la lógica detrás de los algoritmos que gobiernan nuestra atención al crackear nuestros sesgos paleolíticos.

Así, nos encontramos bajo monitoreo constante por medio de una tecnología de punta, desarrollada por compañías que se disputan nuestra atención, en un ciclo infinito que afila constantemente una aguja capaz de penetrar hasta el tallo de nuestro cerebro e inseminarnos deseos a su voluntad.[16]

La conexión como barrera

Como resultado, estos mismos medios que se nos ofrecieron para salvar las distancias, terminan imponiendo un obstáculo que nos hace cuasi imposible relacionarnos en la cercanía. Esto nos sucede a diario, resulta cada vez es más fácil conectar con alguien en el otro extremo del globo, pero se nos hace más difícil iniciar una conversación con el vecino.[17] Estamos desarrollando una inhumana habituación a la distancia.

La ilusión de proximidad que se produce a través de estos medios, se rompe al entrar en contacto real. Muchos de los vínculos que gestamos en redes sociales, como aplicaciones de citas, no pueden sobrevivir más allá de la artificialidad de su entorno, lo que nos lleva a crear relaciones de corto plazo para luego volver a sumergirnos online en una fútil búsqueda por conectar.[18]

Estas tecnologías no median, sino que modelan la manera en que nos vinculamos, están dictando las nuevas normas de aceptación social. Ofrecen una representación filtrada de la realidad que presenta una amenaza en cada extremo del cable que une lo individual con lo colectivo.

Por el lado del individuo, las imágenes distorsionadas que construimos de nosotros mismos y los demás en forma avatares, que responden a la plantilla que impone cada plataforma, han demostrado crear grandes niveles de depresión. En el tráfico de envidias, el jardín del vecino siempre parece más verde.

En el extremo del colectivo, los algoritmos nos exponen a versiones personalizadas de la información, que constituyen burbujas informativas y polarizan nuestra sociedad en representaciones incongruentes que nos dividen en odio.[19]

El modelo de negocios que se originó para manipular nuestra motivación de compra, ya ha demostrado un alto rendimiento para operar también sobre nuestra intención de voto, tal como ha revelado el escándalo de Cambridge Analytica.[20] Puede sonar algo lejano, pero sus propios ejecutivos declararon ante la ley que operaron en nuestro país.[21]

Existe un abismo entre el valor que los usuarios le damos a nuestros datos y el capital que las compañías extraen de ellos. Esta brecha permite una acumulación de conocimiento desmedida que construye una profunda desigualdad epistemológica: la concentración en manos privadas de los medios de producción de significado.[22] Es aquí donde reside el poder de la hegemonía emergente.

Transgredir el fin

Sólo adoptando una postura crítica ante las plataformas online, podemos entender que no son un medio, sino un fin en si mismo. Un fin que ni siquiera nos pertenece, obedece al usufructo de terceros. Su mecanismo no intermedia, interfiere, por eso estas redes que nos atraen con la oferta de conectar, terminan obstaculizando.

En la cúspide de este fenómeno se encuentran propuestas como Replika: un bot para conversar con nosotros mismos.[23] Este servicio de Inteligencia Artificial inicia una conversación inofensiva en apariencias, pero con cada pregunta aprende nuestra personalidad para poder mimetizarla. En última instancia, la red social perfecta se constituye de un único usuario, en un autismo inducido.

Mientras exista posibilidad de rentabilizar nuestra información privada, habrá compañías decididas a explotarla, por eso la solución definitiva está en manos del estado, a través de políticas desarticulen este modelo de negocios.[24] Nuestro rol como ciudadanos consiste en reclamar nuestros derechos y manifestarnos mediante el voto.

Retomando el pensamiento de Sibilia, estas nuevas estructuras también dividen y colocan a cada uno en un lugar de la sociedad, como alguna vez lo hicieron las paredes,[25] con la salvedad que estas redes flexibles y transparentes, manifiestan una ilusión de libertad. Muy a pesar de la horizontalidad con la que se anunciaron, terminaron por tenderse de forma vertical.

Algunas ideas para transgredir esta dictadura del algoritmo,[26] son tan mínimas como desinstalar las apps; subir el contenido en diferido; anular sus notificaciones; crear espacios libres de dispositivos dentro de casa; entre miles de etcéteras, pero sobre todo, iniciar una conversación real con nuestros contactos y con nosotros mismos, para visibilizar estas nuevas estructuras de poder que nos dominan desde adentro.

No es cuestión de saltar de la tecnofilia a la tecnofobia, la propuesta consiste en utilizar estas herramientas a contramano de su demanda y a la medida de nuestras necesidades, para recuperar la soberanía, en lo individual y lo colectivo, sobre ellas y no viceversa.

¿Todavía te sentís inmune a estas tecnologías? ¿Cuántas veces chequeaste tus redes mientras leías este artículo?

* Javier Lede  es actualmente estudiante del Master en Comunicación y Gestión de Medios, en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Neu-Ulm (HNU), Baviera, Alemania. Diseñador en Comunicación Visual y Licenciado en Producción Multimedial (UNLP). Tras varios años de trabajar en el área de la comunicación y el marketing, actualmente está centrado en investigar las implicancias éticas en el uso de los medios digitales.

La ilustración que acompaña esta nota es original del autor de la misma.


[1] Swant, M. (2020). The World’s Most Valuable Brands. Retrieved 28.10.2020 from https://www.forbes.com/the-worlds-most-valuable-brands/#2c7f5d3c119c

[2] Google. (1998). From the garage to the Googleplex. https://about.google/intl/en-419/our-story/

[3] Zuboff, S. (2019a). The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power. Profile Books. p. 76-77

[4] Bharat, K., Lawrence, S., & Sahami, M. (2005). Generating user information for use in targeted advertising (United States of America Patent No. US 2005O131762A1). https://patents.google.com/patent/US20050131762A1/en

[5] Google. (02.12.2019). Ten things we know to be true. Google.

[6]  Gaudiaut, T. (2018, 19.11.2019). L’ascension des GAFAM. Statista. Retrieved 28.10.2020 from https://fr.statista.com/infographie/12778/evolution-du-chiffre-affaires-des-gafam/

[7] Packard, V. (1957). The hidden persuaders. McKay New York. p. 29

[8] Bechmann, A. (2013). Internet profiling: The economy of data intraoperability on Facebook and Google [Article]. MedieKultur: Journal of Media & Communication Research, 29(55), 72-912. http://search.ebscohost.com/login.aspx?direct=true&db=cms&AN=96906002&site=ehost-live p.73

[9] Zuboff, S. (2019a). The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power. Profile Books. p. 74-75

[10] Wilson, J. (2018). Mark Zuckerberg in Facebook’s office in Palo Alto, Calif., in 2005. The New York Times. https://www.nytimes.com/2018/11/18/business/media/mark-zuckerberg-facebook-movie-the-social-network.html

[11] Sibilia, P. (2012a). La intimidad como espectáculo. Fondo de cultura económica. p. 

[12] Aristóteles. (1988). Política (Gredos, Ed. Vol. 116). Gredos. p 50

[13] Hilbert, M. (2020b, 25.04.2020). Social Media Distancing Context: Algorithms Found our Weaknesses. Retrieved 28.10.2020 from https://medium.com/@martinhilbert/social-media-distancing-context-algorithms-found-our-weaknesses-a660bd0f3523

[14] Simon, H. A. (1971). Designing organizations for an information-rich world. The Johns Hopkins Press, 37-72. https://digitalcollections.library.cmu.edu/awweb/awarchive?type=file&item=33748 p. 38

[15] Hilbert, M. (2020a). DT&SC 2-3: The Attention Economy. https://www.youtube.com/watch?v=7LMp47mzcZE&t=6s&ab_channel=MartinHilbert

[16] Lede, J. (2020, 19.05.2020). La voluntad inseminada. Lanzallamas. Retrieved 28.10.2020 from https://revistalanzallamas.com/2020/07/20/la-voluntad-inseminada/

[17] Harari, Y. N. (2018). 21 Lessons for the 21st Century. Random House. p. 101-105

[18] Bilinkis, S. (2019). Cómo nos manipulan en las redes sociales. TEDxRiodelaPlata. https://www.youtube.com/watch?v=8nKCA9h-7BA&ab_channel=TEDxTalks

[19] Pariser, E. (2011). The filter bubble: What the Internet is hiding from you. Penguin UK.

[20] Cadwalladr, C., & Graham-Harrison, E. (2018). Revealed: 50 million Facebook profiles harvested for Cambridge Analytica in major data breach. The Guardian. Retrieved 04.07.2019 from https://www.theguardian.com/news/2018/mar/17/cambridge-analytica-facebook-influence-us-election

[21] Alconada Mon, H. (2019). Cambridge Analytica hizo trabajos para el Pro antes de la campaña de 2015. La Nación. Retrieved 29.10.2020 from https://www.lanacion.com.ar/politica/cambridge-analytica-hizo-trabajos-pro-antes-campana-nid2289827

[22] Zuboff, S. (2019b, 11.11.2019). Surveillance capitalism and democracy. Alexander von Humboldt Institut für Internet und Gesellschaft. https://www.youtube.com/watch?v=fJ0josfRzp4&t=34s&ab_channel=AlexandervonHumboldtInstitutf%C3%BCrInternetundGesellschaft 24:45

[23] Inc., L. (2020). Replika – Home. Retrieved 28.10.2020 from https://replika.ai/

[24] Zuboff, S. (2019b, 11.11.2019). Surveillance capitalism and democracy. Alexander von Humboldt Institut für Internet und Gesellschaft. https://www.youtube.com/watch?v=fJ0josfRzp4&t=34s&ab_channel=AlexandervonHumboldtInstitutf%C3%BCrInternetundGesellschaft

[25] Sibilia, P. (2012b). ¿Redes o paredes? La escuela en tiempos de dispersión. Tinta Fresca.

[26] Benasayag, M. (2020). Funcionar o existir. https://www.youtube.com/watch?v=tCKRqwbcFPk&ab_channel=RedEditorial