8 de marzo, rebeldia y hartazgo (fotoreportaje)

A más de un siglo de aquellas históricas protestas que dieron origen al 8 de marzo como “Día Internacional de la mujer trabajadora”, cada año esta jornada se transforma en un momento de visibilización del enorme crecimiento y potencial del movimiento feminista. Las imágenes revelan la interpelación social que demanda profundas y necesarias transformaciones. Los carteles reflejaron las ansias de cambio, que se multiplican y resignifican al calor de las conquistas de una marea que no para de crecer y cuestionarlo todo: “nosotras paramos”, “reforma judicial feminista”, “igual salario por igual trabajo”, “ni una menos”, “nosotras movemos el mundo”, “Basta de femicidios, el Estado es responsable”, “cupo laboral travesti y trans”, “lo que llaman amor es trabajo no remunerado”, entre otras.

En este fotoreportaje nos vamos a Mar del Plata y Rosario desde el ojo del visor de Gabriela Carou* y Sebastián Pancheri*.

GABRIELA CAROU (MAR DEL PLATA)

SEBASTIÁN PANCHERI (rosario)

*Gabriela Carou: Fotógrafa, artista y docente, feminista, marplatense. Egresada de la Escuela de Artes visuales Martín Malharro de las carreras de Fotografía y Profesorado en Artes Visuales. Cursó estudios de posgrado en la UNR (Maestría en Educación Artística) y en la UNLP (Lenguajes artísticos). Profesora de la carrera de Fotografía y Artes combinadas. Investiga los feminismos en el arte, la fotografía decimonónica y el arte contemporáneo. IG: @gabi_carou

*Sebastián Pancheri: Fotoperiodista, Licenciado en Realización Audiovisual, egresado de la Escuela Provincial de cine y TV de Rosario. IG:@Bastian_Baltazar18

Faro verde (fotoreportaje)

Las jornadas del 29 y 30 de diciembre de 2020 quedarán marcadas en la historia.

Tres fotografes. Tres ciudades.

Hebe Rajneri (@hebehache) en Capital, Juan Pablo Matías (@juan.mathias) en Mar del Plata y Sebastian Pancheri (@bastian_baltazar18) en Rosario nos muestran los colores y las emociones cristalizadas en imágenes de una noche histórica. Las luces que encienden el faro para América Latina y el mundo brillaron con más fuerza cuando un anhelo, un sueño, un derecho de igualdad social en clave de género se hizo realidad. A las 4.12 de la madrugada el aborto legal, seguro y gratuito se convirtió en Ley.

Hebe Rajneri. Capital Federal

Juan Pablo Matias. Mar del Plata

Sebastian Pancheri. Rosario

Hebe Rajneri. Ig: @hebehache

Juan Pablo Matías: Ig: @juan.mathias

Sebastián Pancheri. Ig: @bastian_baltazar18

Lagrimas de ceniza (Fotoreportaje)

Fotos: Sebastian Pancheri. Texto: Germán Mangione

Cuando llegan las imágenes del desastre, los mares de ceniza que deja el fuego en su paso por nuestro delta, por nuestras islas, algunos en la desazón que produce ver la destrucción de nuestros ecosistemas pueden olvidarse que allí también se consume la vida, y el modo de vida de los habitantes autóctonos: los isleños.

Una vida oculta muchas veces a la mirada del visitante, a los que vamos “un ratito” de la extensa vida del delta. Pescadores, puesteros de campos ajenos, pequeños productores.


Que aman con profundidad su ambiente, no solo para conservarlo sino porque es su fuente de vida, en el sentido más básico y esencial del término.
Pescadores de toda la vida, testigos fieles de tantas crecidas, ven atónitos la dimensión del fuego devorador que no deja nada vivo a su paso.

El fuego que se devora los humedales que calcina la flora y la fauna, amenaza también llevarse la vida, y lo que es peor, la fuente de vida de decenas de familias asentadas hace décadas en la zona.


El río bajo se llevó la pesca abundante y el fuego ahora se lleva la comida de los animales. Con mirada de plegaria, muchos de ellos nacidos y criados en ese “ecosistema”, repiten como un mantra “todo depende de la lluvia”.


Y para el que vive acompasando los ciclos naturales no es ninguna novedad, que la mano del hombre llega a veces solo para hacer daño. Y la mano del estado que se espera virtuosa y protectora, aparece lejana, ausente y tarde.


En muchos casos el fuego que amenazó los ranchos los agarró solos y desprevenidos. Pispeando de noche por la ventana que el viento no jugara una mala pasado y se llevara de un plumazo el esfuerzo de toda una vida.


Pero a la ausencia del estado en la emergencia la emparcho, como pudo, la solidaridad. La de los vecinos y la de los voluntarios que vinieron de a decenas con baldes, picos y palas a tratar de empatarle a la catástrofe y salvar lo que se pueda.

Todos, propios y extraños, a esta altura están claros que el islero no quema así, ni en esta época. El conocimiento que solo da el tiempo y el trabajo entiende que la llamas tienen su origen en un cóctel indiciario compuesto de un rió con una bajante histórica, una sequía de las bravas, algunos descuidos y también, por supuesto, malas intenciones.

Y ahí andan, con la esperanza de que el delta vuelva como el fénix, resurja como hizo siempre. Asfixiados por el humo, por la ceniza que quema el suelo, y quema el alma, todo el tiempo lagrimeando……y no solo por el humo.

Nos cuentan que el que no conoce la isla, viene cuando está bajo y le da ganas de invertir y hacer cosas. Pero pocos saben que cuando crece el agua los únicos que quedan son los isleños.

Y que cuando el agua baja (o en este caso el fuego se vaya) son los que vuelven a empezar de cero, con la mirada mansa que entiende de tiempo y de perderlo todo más que cualquiera.

*Germán Mangione: periodista, investigador de temas vinculados a la agroindustria y el comercio exterior. Editor del Observatorio de Actividad de los Capitales chinos en América Latina.

*Sebastián Pancheri. IG:@Bastian _ Baltazar

Infancias, al otro lado del mundo (fotoreportaje)

Por Gastón Fournier*

El día de la niñez va más allá de los festejos y regalos a les niñes. De hecho, su origen se remonta a los tiempos posteriores a la Primera Guerra Mundial y sus lamentables pérdidas y a la Declaración de los Derechos del Niño de la ONU, en el ´59. Por lo tanto, principalmente se trata de la promoción de sus derechos.

Si bien cuando viajamos por el mundo, en este caso en el hemisferio sur por el continente africano y el asiático, y observamos a las niñas y los niños jugar, reírse, relacionarse entre sí y con los adultos, claramente vemos similitudes “generales” que sobrepasan cualquier cultura y punto cardinal. Pero no siempre la concepción que se tiene de les niñes es la misma, y por lo tanto tampoco el vínculo con ellos y ellas.

Niñas de zonas rurales del estado de Rajasthan, India.

En la actualidad se intenta, con muchas falencias, que las infancias sean tomadas como sujetos de pleno derecho, tanto en lo jurídico y social, como también en lo subjetivo. Y el desarrollo de este aspecto subjetivo, que muchas veces se lo toma aislado, está íntimamente relacionado a las condiciones concretas de existencia de les niñes, como de su contexto histórico y social.

Brunito saluda en su casa en Uganda durante los festejos de navidad. Una niña de trencitas sonríe en las costas de Kenia en año nuevo. En Rwanda, una pequeña mira con curiosidad. África, 2018.

África, tan diferente y tan parecida a la vez. Eternamente saqueada por el colonialismo de ayer y el neocolonialismo de hoy, deja a millares de niñas y niños huérfanos de futuro. Aunque su alegría y sus sonrisas siempre están presentes, eso no borra el peso de la lucha cotidiana por los más esenciales de los derechos.

Niñes trabajando en una feria vendiendo pulseritas, y otres jugando en el mismo sitio. Rajim, India. 2020

En la India nos encontramos con muchos rostros sucios de trabajo, y sólo aquellos con “suerte”, pueden ensuciarse por jugar con algún camioncito en la tierra. En la gigante Nueva Delhi, Calcuta o en zonas rurales, está totalmente naturalizado que les niñes de edades muy tempranas trabajen a la par con su familia.

Niño de la India. Rajim, India. 2020.

Viajando tal vez estamos más susceptibles a ciertos aspectos de la realidad, pero otras veces nos armamos de una coraza ante las conocidas injusticias y ante culturas tan diferentes, que en ocasiones chocan con nuestros valores que creemos los correctos.

Pero más allá de las fronteras, creo que es peligroso cuando se desdibuja o se borra la dimensión de la infancia, ese tiempo fundante para una persona, en la cual incluso el juego funciona como un medio importante para tramitar y asimilar la realidad.

Hati, hijo de la familia balinesa donde vivo, usando la ropa tradicional. Dos niños pescando con su familia en las costas de Bali, Indonesia. 2020.

Por eso existen niñes, tanto en Indonesia como en el mundo entero, que no tienen la posibilidad de ser niñes, ni la oportunidad siquiera de jugar, por lo que se encuentran sin filtro con una realidad aplastante.

Tres retratos, una feria, un mismo trabajo (vender pulseritas), una infancia que no termina de ser. Estado de Chhattisgarh, India.

Por eso en el día de las infancias, nos debemos replantear las bases de la sociedad que alojan a las y los niños. Como adultos, debemos percatarnos de nuestra responsabilidad con el colectivo más vulnerable, y velar por sus derechos.

Niñxs en distintas escuelas de la India, urbanas y rurales. Varanasi, India. 2020.

Ésta no es una pelea individual y a corto plazo, sino que demanda un cambio social profundo y de conjunto.

“En tiempos de incertidumbre y desesperanza,

es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde

planificar la esperanza junto a otros”

Enrique Pichón-Rivière

Gastón Fournier es Psicólogo (UNR), fotógrafo autodidacta. Desde hace más de dos años se encuentra recorriendo distintos países de cuatro continentes. IG: @gaston_fournier_

La llama que rebalso el vaso (Fotoreportaje)

Fotos: Sebastian Pancheri. Texto: Germán Mangione

Rosario no es en estos momentos, uno de los lugares más fáciles de vivir. Al aumento de los caso de COVID-19, que hasta ahora mirábamos bastante de lejos, el reinicio de la guerra narco policial tras el relajamiento de la cuarentena y el record de femicidios y denuncias de violencia contra la mujer….se le sumó el humo.

Ese humo al que ya estábamos acostumbrados algunos días al año, emanándose desde gigantescas columnas de fuego sobre las islas entrerrianas que pueblan el Paraná frente a nuestras costas.

Pero esta vez fue demasiado. No solo porque en medio del encierro de la cuarentena aparece como un enemigo invasor de los hogares, que hace aún más difícil y menos llevadero ese único remedio que hemos encontrado al coronavirus. Sino porque además se ha prologando al infinito y crece, casi con visos de provocación, a cada semana. Las imágenes de la devastación del ecosistema isleño queman no solo pastizales secos sino las conciencias de cientos de rosarinos y rosarinas, jóvenes en su mayoría, que ven en aquel hecho la prueba más fehaciente de que la lógica del capital puede arrasar con todo, incluso con la casa común que es el ambiente.

Con una mezcla de consignas, sin mucha seguridad de dónde encontrar los responsables, ni como detener lo que consideran un ecocidio, se lanzaron a la calle (esa que hoy nos es esquiva gracias a la enfermedad invisible) para organizarse y decir “acá estamos”.

Cientos de bicicletas se desplazan como un enjambre por la costa rosarina hasta llegar al puente que une la ciudad de Rosario con la localidad entrerriana de Victoria. Allí se planta bandera. O mejor dicho se plantan banderas. Las de Argentina flamean junto a las de los pueblos originarios, y se adosan a los carteles que piden el fin de las quemas, el fin del ecocidio, el fin de un modo brutal de producir. Que piden en resumidas cuentas el comienzo de otro mundo, en el que nuestro ambiente deje de ser vista tan solo como un commoditie.

Entre las incertidumbres crecen algunas certezas. Algunos deciden por lo que es de todos y todas. No tenemos soberanía sobre los bienes comunes. Quienes deciden como producir lo hacen sin tener en cuenta más lógica que la de la ganancia.

Y ahí en las asambleas, sin mate compartido, se comparten y se mezclan ideas sobre las soberanías perdidas comunes.

Vicentin, los chanchos chinos, la hidrovia, la ley de humedales y hasta los cuerpos femeninos que algunos piensan pueden tomar y destrozar como si fuesen de su propiedad.

Lo que se abre paso entre el humo y es cada vez más claro es que “defender el ambiente, es defender la soberanía”. Y hacia allá van organizándose.

LaguNica (FOTORREPORTAJE)

Por Matías Subat*

Las mañanas en Laguna de Apoyo comienzan temprano. Los gallos se levantan con el sol y la comunidad comienza a moverse “al suave”.  Las altas temperaturas, las lluvias y la luna, marcan el ritmo del día y de la noche en estas tierras nicaragüenses.

La llegada del Covid 19 se empieza a sentir. En la salud y en el dinero. La cuarentena mundial dejó sin turismo al país que comanda Daniel Ortega. El referente revolucionario ya no es bien querido por un pueblo golpeado por la pandemia, la crisis económica y la temporada de Dengue, un visitante de todos los años.

Los nicas son unidos, son familia. Muchas generaciones habitaron este paradisíaco cráter volcánico que según algunos, antes de la erupción, se llamó Apoyeque, y otros, pioneros, desconocen su nombre.

La temporada húmeda plancha la laguna. Sin olas y reflejando el Volcán Mombacho, los días para lavar se acortan por las lluvias. Migdalia mira a la cámara y sonríe a la distancia, amablemente. Ya nos hemos cruzado pero sin palabras. Esta vez sí, aunque no se detiene y sigue lavando. El agua en Nicaragua no llega a todas las casas.

Los días en la Escuela continúan para algunos pocos y las seños. La educación siguió su curso a pesar del riesgo de contagio del virus. Si bien son pocos los que asisten, la higiene y las distancias se mantienen. En la puerta-pared se impone la imagen de Martha Navarro, alias Conny, guerrillera de Masaya que defendió los intereses del pueblo en tiempos de revolución.

La lluvia es bienvenida en la Laguna. Los frutos comienzan a caer y la tierra se prepara para la siembra. Los mangos ya maduraron, no hay que ni  siquiera golpearlos para que caigan, aunque algunos sabandijas como Jersan desafíen esos tiempos.

A mano, con la tierra húmeda, se abren las líneas para el maíz y el trigo. En ellos, Chico y su familia confiaran su alimento. La agricultura es su vida.

La luna regula las noches de pesca. Cuando no está sobre la Laguna, las lámparas o bujías, se encienden a penas se esconde el sol. Las líneas vuelan al agua en busca de Mojarras. El otro alimento en la olla nica.

Familias enteras bajan a pescar. Todos tiran su línea. Primero se consiguen las Sardinas que vienen atraídas por la luz. Luego se arroja la carnada en busca de la Mojarra o alguna Guabina. Las horas pasan y el trabajo rindió. Mañana habrá que volver, quizás por la tarde se intente algún pique.

*Matías Subat, fotoperiodista zapalino (IG: https://www.instagram.com/matisubat/)

TRABAJADORAS (Fotoreportaje)

En los últimos años la fotógrafa Hebe Rajneri (@hebehache), recorrió ocho países de América Latina y el Caribe. En su andar se fue encontrando con mujeres realizando las tareas domésticas: ese trabajo no remunerado -y no reconocido como tal- que sostiene la vida diaria.  También las labores remuneradas que completan su doble jornada de trabajo. Una mirada transparente de las mujeres de nuestramerica.

1. Entre tres y seis meses pueden tardar esta doñita en concluir su telar de cintura, hilando y tiñendo artesanalmente. La tortilla de maíz se cocina todos los días a leña en la cocina de adobe y las ollas cubiertas de ollín. Un niño mira con atención a su madre mientras ésta realiza el bordado. En las tierras rebeldes de Chiapas, las mujeres de la comunidad originaria de Zinacantan, continúan a diario con sus tareas productivas. (MEXICO-2019)

2. En un país con mayoría de población afrodescendiente y una larga historia revolucionaria,  la vida doméstica pareciera inmutable. Mujeres cuelgan las ropas en los balcones, otra asiste todo los días a su puesto frente a la máquina de coser en el taller textil.  (CUBA: La Habana Vieja-2019)

3. Las orillas del lago Atitlan son un punto de encuentro diario para estas mujeres que se acercan a lavar la ropa. Mientras ellas realizan su tarea, les niñes aprovechan para entretenerse y refrescarse en el agua. (GUATEMALA: San Pedro La Laguna -2019)

4. Camino al salar de Uyuni, una familia detenida al borde del camino repara su automóvil. En la Isla del Sol, una joven hila el algodón mientras arrea a las ovejas.  Al borde del camino, rumbo al hogar tras hacer las compras. (BOLIVIA-2015)

5. A diario, mujeres de Chinchero muestran el proceso de tintura de la lana de oveja y alpaca. El mantenimiento de las técnicas ancestrales es parte del patrimonio cultural peruano. (PERÚ-2015)