Ucrania. imperialismo, geopolítica… y autodeterminación?

5 de marzo de 2022

Por Matías Rodríguez Gianneo*

El 24 de febrero de 2022, Rusia comenzó la invasión a Ucrania que está dejando miles de muertos y más de un millón de refugiados, lo que configura una crisis humanitaria. Imágenes que recuerdan a Siria o la Franja de Gaza, ocultadas por la prensa occidental. Aunque existían indicios y fuentes diversas que anunciaban esta posibilidad, el ataque sorprendió al mundo. En los últimos días, lo que Putin llamó una operación militar para destruir las defensas militares ucranianas se trasladó al bombardeo de poblaciones civiles. La preocupación llegó a todo el mundo por la posibilidad de una reacción en cadena de las acciones bélicas y el choque directo de potencias, y abrió preguntas, algunas las abordaremos en el siguiente artículo: ¿Cuáles son los cambios geopolíticos que operan, pos crisis del 2008 y con la pandemia, sobre este conflicto? ¿Es una guerra justa o una guerra imperialista?

Cambia, todo cambia, menos las viejas costumbres de guerrear

En el viejo mapa de la URSS, una de las repúblicas claves en su poderío estratégico era Ucrania. Su valor es enorme para los planes rusos de volver a ser una potencia de primer orden, su importancia radica en: la extensión territorial y sus 44 millones de habitantes, la ubicación estratégica en el pivote de Europa-Asía, sus tierras fértiles: ambos países en cuestión suman el 78% del comercio mundial de aceite de girasol, el 28% del comercio de trigo y el 19% del maíz[1], la industria naval en Sebastopol (ubicada en la península de Crimea) donde se encuentra el mayor astillero de la ex URSS y la flota del Mar Negro, y el desarrollo de la industria pesada en las regiones que Rusia apoya su autonomía (Donetsk y Lugansk) que fue el centro de la Guerra Civil del año 2014. Por lo tanto, la posibilidad de que Ucrania quede bajo la órbita de la OTAN es una amenaza enorme para la seguridad de Rusia.

Estados Unidos presionó a Rusia rompiendo el acuerdo de “ni un centímetro más al Este” luego de la disolución de la URSS. La OTAN se ha movido hacia el Este más de “un centímetro” con la incorporación de trece países: República Checa, Polonia, Hungría (1999), Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Eslovenia (2004), Albania, Croacia (2009) y Montenegro (2017). Por lo tanto, la actitud de Rusia pareciera lógica, desde el punto de vista de la lucha entre potencias, en no negociar ni aceptar el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania. Europa Oriental dejó gradualmente de funcionar como “escudo” de Rusia. La agresión imperialista de Putin en Ucrania, podría ser aprovechada por la OTAN para avanzar en Europa Oriental y llevar a mayores tensiones en la región y el mundo. El escenario creado, en definitiva, termina aquejando a los pueblos que sufren los conflictos armados y las sanciones económicas. El propio Biden en el discurso en el que anunció las sanciones económicas, como en la apertura del Estado de la Unión afirmó que «Putin pensó que podía dividirnos, pero se equivocó» y que “junto con nuestros aliados, brindamos apoyo a los ucranianos en su lucha por la libertad. Asistencia militar. Asistencia económica. Asistencia humanitaria. Y continuaremos ayudando al pueblo ucraniano mientras defiende a su país”[2]. Estados Unidos se muestra como “protector de la libertad”, ante los invasores. Pero no hay que olvidar que Estados Unidos invadió y bombardeó Yugoslavia, Irak, Afganistán, el norte de África, y estuvo detrás del golpe de Estado en Bolivia y las amenazas recurrentes a países latinoamericanos, y presiona financieramente, a través del FMI, a países como Argentina. Hipocresías que tampoco cambian.   Pareciera que la estrategia de la Casa Blanca es utilizar la escalada bélica para aislar y debilitar a Rusia, fortalecer a la OTAN en Europa en medio de su declive relativo, al mostrarse como protector ante la amenaza rusa. Madeleine Albright (ex secretaria de Estado de EEUU entre 1997 y 2001) en el New York Times[3], afirma que Putin estaría cometiendo un error histórico ya que con “ese acto de agresión llevaría a la OTAN a reforzar considerablemente su frente oriental y a considerar ubicar fuerzas de manera permanente en los Estados bálticos, Polonia y Rumania”. Queda expuesto en la batería de severas sanciones contra Rusia (sin precedentes en relación a conflictos similares llevados adelante por Estados Unidos y sus aliados) que van excluir a determinados bancos rusos del sistema financiero SWIFT, que les imposibilita los movimientos de pagos entre miles de institutos financieros en 200 países; prohibiciones a la exportación de bienes, tecnología y servicios para la industria aeroespacial; se prohibió a los medios estatales rusos RT y Sputnik distribuir su contenido tanto en televisión como en internet dentro de la UE y Estados Unidos; entre muchas más. En la editorial del 1 de marzo del Global Times (perteneciente al periódico Diario del Pueblo del PCCh) afirman que “China está dispuesta a desempeñar un papel constructivo en la búsqueda y realización de la paz, pero nunca bailará bajo la batuta de Washington. A lo largo del desarrollo de la crisis de Ucrania, es demasiado obvio que Estados Unidos ha estado creando la crisis, transfiriéndola y beneficiándose de ella”.

Otro elemento que está jugando un peso importante en el conflicto es el abastecimiento energético de Europa. Rusia destinó en 2020 el 77,65% del total de sus exportaciones de gas y el 53% de su petróleo a Europa, lo que configura una interdependencia, ya que Europa importa alrededor del 40% del gas ruso. El presidente Joe Biden, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen emitieron un comunicado conjunto afirmando que “trabajamos juntos para lograr un suministro continuo, suficiente y oportuno de gas natural a la Unión Europea desde diversas fuentes de todo el mundo para evitar interrupciones del suministro, incluidas las que podrían resultar de una nueva invasión rusa de Ucrania”[4] . Estados Unidos planea suplantar a Rusia como exportador de gas, o buscar otras alternativas para cortar lo principal de las exportaciones rusas, llevándolo a la quiebra económica. La pausa en la construcción del nuevo gasoducto Nord Stream 2, que provee gas a través del Mar Báltico desde Rusia a Alemania coincide con ese objetivo.

Sin embargo, según Gabriel Merino[5], dentro de la UE se encuentran dos proyectos estratégicos que se manifiestan con diferencias en relación con el conflicto con Rusia: el proyecto germano-francés centrado en el Euro y el espacio continental europeo versus el proyecto anglosajón de la UE sin Euro como área de libre comercio subordinada al globalismo financiero angloamericano. Berlín avanza hacia el Este y choca con Rusia, pero también sabe que, sin un mundo multipolar con China y Rusia de contrapeso, queda subordinado al bloque global anglosajón y debe olvidarse de su proyecto europeo. Europa termina pivoteando entre los acuerdos económicos con China y el apoyo militar a Estados Unidos.

Las alianzas fundamentales en las que se ha basado la hegemonía norteamericana durante el siglo XX y principios del XXI estuvo asociada a Europa Occidental, por ello es clave impedir el crecimiento de alianzas “euroasiáticas”. Alianza que tiene la punta de lanza en el proyecto de la “ruta de la seda del siglo XXI” llevado adelante por China, que está ligado a una acumulación de capital a escala global que se orienta cada vez más hacia el Este y el continente asiático requiere movilizar recursos para conectar las cadenas globales de valor con Asia Central, Europa y América Latina.

La alianza Moscú-Beijing, a pesar de la desconfianza histórica, goza de buena salud. Rusia produce la energía que China necesita para apuntalar su rol de fábrica del mundo, en el año 2013 la petrolera estatal rusa Rosneft concretó un acuerdo de 270.000 millones de dólares para duplicar el suministro de petróleo para China[6]. El jefe de Rosneft, Igor Sechin, aliado cercano de Putin, dijo que su compañía se ha comprometido a abastecer a China con 365 millones de toneladas de petróleo durante 25 años a partir de la segunda mitad de la década. En 2014 Gazprom y National Petroleum Corporation firmaron un acuerdo de 30 años para utilizar el gasoducto Power of Siberia para exportar gas ruso a China[7].

Lo que parece una constante, es la vieja costumbre de guerrear. El escenario global cambió cualitativamente con la invasión rusa a Ucrania, crece la inestabilidad y se ahonda la incertidumbre. Quienes afirman que se puede construir un mundo multipolar estable y pacifico a cargo de las instituciones globales, dejan de lado que el capitalismo tiende inevitablemente al conflicto y reeditan una vieja discusión entre Kautsky y Lenin. Kautsky afirmaba que los intereses de las grandes potencias tendían a ir forjando acuerdos que llevarían a la conformación de un “superimperialismo” donde las potencias explotarían de forma conjunta y pacífica a los países atrasados. Lenin polemizó afirmando que la tendencia del imperialismo, más allá de acuerdos coyunturales, llevaba al conflicto y a la guerra. En la trama de cambio histórico que vivimos, las afirmaciones de Lenin cobran mayor fuerza.

Vivimos un momento de transición histórica, el orden mundial fundado posterior a la Segunda Guerra Mundial y reconfigurado luego de la caída del Muro de Berlín entró en crisis sistémica: no sólo económica sino también de legitimidad. La pandemia provocó un enorme golpe recesivo global. La redistribución del poder y las riquezas es el trasfondo. Al ascenso de Asia Pacífico, principalmente de China y, por otro lado, la crisis de hegemonía de Estados Unidos y sus aliados, se le suma la intención de Rusia de volver a ser una potencia de primer orden y el pivoteo de Europa. Sumado a las luchas en los países oprimidos por mayores grados de autonomía en regiones como América Latina. Movimientos que son propensos a mayores escaladas bélicas. La nueva carrera armamentista retrotrae a situaciones similares a la Primera Guerra Mundial, incluso los países europeos están incrementando sus gastos en defensa, el canciller alemán Scholz anunció en un discurso, hace unos días, que triplicará el presupuesto de defensa para rearmarse contra Rusia.[8] Esto se suma a los descomunales gastos de Estados Unidos, China y Rusia. 

El recrudecimiento de conflictos y crisis más recurrentes que son aceleradas por las estelas de la crisis del 2008, el desarrollo desigual y las inéditas consecuencias económicas y sociales de la pandemia, llevan a choques entre potencias imperialistas que traen enormes sufrimientos a los pueblos, que hoy lo vemos tanto en Ucrania como en las guerras en diferentes regiones del mundo. La hegemonía mundial de Estados Unidos está en crisis, pero lo que surge en su lugar no es una alternativa anticapitalista. Al mismo tiempo, el desarrollo de estas guerras puede generar escenarios de debilitamiento de las potencias, y abrir una brecha para que los pueblos irrumpan con la bandera de la paz, de la descolonización, el antiimperialismo y el anticapitalismo. 

¿Guerra justa o guerra imperialista?

Dentro de los innumerables análisis que surgieron, aquí rescataremos algunas voces que pueden ser útiles para pensar este problema.

El Historiador de izquierda, militante del PSOL (Resistencia), Valerio Arcary, en un artículo en Jacobin titulado “Ucrania: ni Putin ni la OTAN son inocentes[9] afirma que la decisión de Putin es defendida por una parte de los sectores más combativos de la izquierda, recordando con razón que la OTAN ha ido cercando a Rusia. Pero que el arsenal nuclear de Rusia sigue siendo más que suficiente para protegerla de cualquier país del mundo. Rusia es una potencia imperialista, aunque en un lugar subordinado, y con esta invasión amplía su área de influencia. Por lo tanto, según el autor, “el programa marxista es el internacionalismo. Hoy, esta bandera se concreta en la defensa de un alto el fuego inmediato, para el fin de la guerra, frente a la presencia de las tropas de la OTAN en Europa del Este y de las tropas rusas en Ucrania.”

El economista argentino Claudio Katz, afirma que “la crítica al operativo de Putin es insoslayable en cualquier pronunciamiento de la izquierda. Pero ese posicionamiento debe ser antecedido por una contundente denuncia del imperialismo norteamericano como principal responsable de la escalada bélica”[10], pero aclara que no justifica la respuesta militar del Kremlin, que es muy contraproducente para todos los proyectos de emancipación, ya que Putin no se limitó a justificar el ataque como una acción defensiva frente a la OTAN, sino que señaló que Ucrania no tiene derecho a existir como nación. Esa caracterización, según el autor, “sitúa su operativo en otro plano más inaceptable de impugnación del derecho de un pueblo a decidir su destino”.

Dentro de las voces que expresaron la caracterización de Rusia como imperialismo se encuentra la de Luis Molinas, del PCR de Argentina, quien sostiene que “se está desarrollando una intensa campaña política e ideológica tendiente a aceptar los crímenes en Ucrania en nombre del enfrentamiento con los EEUU. Pero no vemos que Rusia ataque a ninguna de las tantas bases de la OTAN en Europa y a ningún militar yanqui, sino que usa sus fuerzas armadas para someter y anexar un país lleno de cereales y de gas”[11] e inscribe la actual invasión a un historial de agresión en Chechenia (2000) y (2009), en Georgia (2008), Crimea (2014 y posterior anexión), en Siria desde el 2015 pretextando el combate al “terrorismo”, en Azerbaiyán. Kazajistán y Belarus. Y plantea «la solidaridad activa con el pueblo de Ucrania frente a la invasión rusa, fuera  las bases militares y las tropas de la OTAN y demás imperialismos».

El ex Sec. Gral. de Podemos, Pablo Iglesias, publicó “9 tesis sobre la guerra y la izquierda”[12] acusa a Putin de nacionalista de derecha y señala que las guerras traen fascismo y que “es tiempo de internacionalismo y de antifascismo militante en defensa de la democracia y de la paz. Eso supone poner el foco en la defensa de las poblaciones civiles afectadas hoy por la agresión rusa”, y pone el acento en la crisis de refugiados “a los que se debe atender y proteger. Mañana será la población civil rusa la que será víctima de las sanciones y muy pronto serán las poblaciones europeas las que padezcan el encarecimiento de la energía y el parón de la recuperación económica”.  Al momento de escribir estas líneas, casi un millón de refugiados salen de Ucrania hacia Polonia.

Refugiados ucranianos caminan por la carretera para cruzar la frontera de Ucrania a Moldavia, en el cruce fronterizo Mayaky-Udobne cerca de Udobne.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek[13] afirma que durante las protestas en Ucrania en 2014  los furiosos ataques eran contra las estatuas de Lenin que funcionaban como símbolo de la opresión soviética, y que la Rusia de Putin se percibe como una continuación de la política soviética de someter a las naciones no rusas a la dominación rusa. El autor sostiene que “hubo una profunda ironía en ver a los ucranianos derribar las estatuas de Lenin como una señal de su voluntad de afirmar su soberanía nacional: la era dorada de la identidad nacional de Ucrania no fue la Rusia zarista (donde se frustró la autoafirmación ucraniana como nación), fue en la primera década de la Unión Soviética cuando establecieron su identidad nacional completa”. Žižek nos recuerda que Lenin es “culpable” de tomarse en serio la autonomía de las distintas naciones que componían el imperio ruso, de cuestionar la hegemonía rusa. Putin, también culpa a Lenin: «la Ucrania moderna fue creada en su totalidad por Rusia o, para ser más precisos, por la Rusia bolchevique y comunista. Este proceso comenzó prácticamente después de la revolución de 1917, y Lenin y sus socios lo hicieron de una manera extremadamente dura para Rusia: separando, cortando lo que es históricamente tierra rusa». En realidad, con lo que no acuerda Putin, es que posterior a la Revolución de octubre de 1917, el movimiento revolucionario dirigido por Lenin, se comprometió con el principio de autodeterminación de los pueblos oprimidos. Este derecho se consagró posteriormente en los años de la constitución de la Unión Soviética, como unión de repúblicas socialistas.

Lenin y la autodeterminación de las naciones. Mao y el internacionalismo

Lenin postuló el derecho de cada nación a su autodeterminación, a poder crear su propio Estado. Pero había que advertir en cada situación concreta si ese reclamo iba en sentido de la confluencia de los pueblos oprimidos con la clase obrera. Con la autodeterminación buscaba reducir las contradicciones y tensiones nacionales y étnicas que eran utilizadas por los opresores y explotadores locales y externos. Según Lenin “la tarea consiste en salvaguardar la unidad de la lucha de clases del proletariado por la conquista del socialismo, repeler todas las influencias burguesas y ultrareaccionarias del nacionalismo”[14]. Por ello, estaba de acuerdo en luchar contra el nacionalismo gran ruso y reconocer la igualdad de todas las naciones al derecho de formar un Estado, es decir, el derecho a la autodeterminación, a la separación. Desde este punto de vista, era necesario medir el carácter progresivo o regresivo de cada movimiento nacionalista. La pregunta a responder era: qué movimiento favorecía el objetivo socialista. Para ello debía unir puentes entre el comunismo y el nacionalismo antiimperialista.

Mao Tse-Tung se preguntó si ¿puede un comunista, que es internacionalista, ser al mismo tiempo patriota?[15], su respuesta es útil para pensar el problema. En los países imperialistas el internacionalismo se práctica estando en contra de su nación, y pone el ejemplo de Alemania y Japón en la previa a la Segunda Guerra Mundial: “los comunistas deben oponerse resueltamente al «patriotismo» de los agresores japoneses y de Hitler. Los comunistas japoneses y alemanes son derrotistas respecto a las guerras sostenidas por sus países”. En cambio, en las naciones oprimidas y agredidas por el imperialismo: “la derrota de los imperialistas que la invaden constituirán una ayuda para los pueblos de los demás países. De ahí que, en las guerras de liberación nacional, el patriotismo sea la aplicación del internacionalismo. Por esta razón, cada comunista debe desplegar toda su iniciativa, marchar valerosa y resueltamente al campo de batalla de la guerra de liberación nacional”.

En base a este análisis es importante recuperar los aportes teóricos en torno a la autodeterminación de los pueblos y su derecho a existir como naciones, libre de toda intromisión extranjera. Así como denunciar la invasión rusa a Ucrania, denunciar al mismo tiempo el papel de fogonero de Estados Unidos y la OTAN, y en contra de toda guerra interimperialista que traiga sufrimiento a los pueblos. Ante las crisis y conflictos globales que se avecinan, pelear por un programa antiimperialista y anticapitalista, que promueva la paz de los pueblos recuperando las mejores tradiciones de lucha revolucionaria y emancipatoria.


* Matías Rodríguez Gianneo es profesor de Historia (UNMdP). Co editor de Revista Lanzallamas.

Foto de tapa: Emilio Morenatti

[1] https://www.agrositio.com.ar/noticia/221535-ucrania-rusia-efectos-sobre-los-mercados-internacionales-y-el-agro-argentino

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60582627

[3] https://www.nytimes.com/es/2022/02/23/espanol/opinion/rusia-ucrania-invasion-putin.html

[4] https://elpais.com/internacional/2022-01-28/estados-unidos-y-la-ue-se-alian-para-garantizar-el-suministro-de-gas-a-europa-en-caso-de-bloqueo-ruso.html

[5] ¿Nueva guerra fría o guerra mundial fragmentada?: el resurgir de Rusia, el avance de China, los nuevos bloques emergentes y el desafío a las fuerzas unipolares de Occidente. Gabriel Merino/ Carlos Alberto Rang (comp), EDUNAM, 2016. Pág, 23-24.

[6] https://www.reuters.com/article/internacional-petroleo-rosneft-china-idLTASIE95K00C20130621

[7] https://theconversation.com/oso-y-dragon-el-vinculo-estrategico-entre-rusia-y-china-en-el-nuevo-orden-multipolar-178015

[8] https://www.wsws.org/es/articles/2022/03/03/scho-m03.html

[9] https://jacobinlat.com/2022/02/28/ucrania-ni-putin-ni-la-otan-son-inocentes/

[10] https://jacobinlat.com/2022/03/02/dos-confrontaciones-en-ucrania/

[11] https://pcr.org.ar/nota/la-invasion-rusa-a-ucrania-y-el-acuerdo-con-el-fmi/

[12] https://es.ara.cat/opinion/9-tesis-guerra-izquierda_129_4284614.html

[13] https://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna/2022-02-24/slavoj-zizek-lenin-donbas-ucrania_3380578/

[14] Lenin, Obras escogidas, Ed. Problemas, Bs As, 1946. Pág 363.

[15] https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/CPNW38s.html Mao Tse-tung El papel del Partido Comunista de China en la Guerra Nacional, Octubre de 1938.

Cumbre del Clima: “La naturaleza es un campo de batalla de la lucha de clases”

Por Facundo Arzamendia *

Desde el pasado 31 de octubre hasta el 14 de noviembre, se desarrolla en Glasgow (Escocia) la COP26 (Conferencia de las partes o “Cumbre del clima”) en la cual se reúnen mandatarios, empresarios y militantes ambientalistas de todo el mundo. En cada una de las ultimas 25 ediciones, negociadores de todo el planeta han buscado la manera de llegar a acuerdos para frenar el impacto de la crisis climática.

En el año 2015 los países firmaron en Paris rebajar las emisiones de CO2, para evitar que la temperatura del planeta aumente mas de 2º. Seis años después de este acuerdo, los científicos afirman que se han quedado cortos. Desde Lanzallamas dialogamos con Rodolfo Kempf -físico, investigador, trabajador de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CoNEA) y miembro de la CTA Autónoma- quien estuvo presente en el evento.

¿Cómo llegamos a la COP26?

Hay escepticismo en el esquema de ordenanza mundial y de la ONU, en poder dar una transición a la descarbonización. Hace unos meses se publicó el informe del IPCC (Instituto de Cambio Climático) diciendo que las temperaturas son mas extremas y hay eventos mas extremos como lo vimos en Australia, Grecia o en Córdoba misma. Desde la ultima cumbre hasta la fecha se mantiene el escepticismo de que se pueda llegar a acuerdos que mitiguen este efecto.  Pero lo que también aparece es que la naturaleza es un campo de batalla de la lucha de clases. Hay un movimiento ambientalista que tiene posiciones avanzadas, radicales, de izquierda, antiimperialistas, anticapitalistas. De hecho la consigna que se cantaba en la marcha del 5 de Noviembre era “rebelión o extinción”. Hay un espacio de batalla política donde la clase obrera y los pueblos dependientes del mundo debemos jugar para que no descarguen la crisis climática sobre nosotros.

El pasado viernes 5 de noviembre se realizó una marcha organizada por la organización ambientalista “Fridays For Future” (FFF – Viernes por el futuro). ¿Cómo se vivió y cual fue su composición?

La movilización fue muy grande. Participaron mas de 100.000 personas. La composición de la marcha fue de un movimiento internacional. Se marchaba por bloques. Bloques de originarios, de sindicatos, fuerzas políticas. La movilización la encabezó una bandera escocesa repudiando las políticas de Boris Johnson con el Brexit. También estaba encabezando la bandera de Palestina. Se han visto pueblos oprimidos de la India, una delegación de Latinoamérica en la Confederación sindical de las Américas. La CUT de Chile, la CUT de Brasil, la CTA Autónoma y un compañero de la CGT vinculado a la UOCRA. Frente a los acuerdos que se cerraban la última semana, la marcha fue la previa para presionar en la negociación.

Se dice que esta cumbre es un fracaso porque países como Rusia o China, que son los principales productores de CO2 a nivel mundial, no participan. ¿Cómo repercute la ausencia de estos países en la COP26 y cual es el papel que juega EEUU?

En relación a eso, hay mucho en juego en cuanto se imponen en bajar las emisiones mas allá de China o Rusia. Ni China, ni Rusia se quieren suscribir a que le acoten la tasa de desarrollo. A la vez China es uno de los países que mas trabajo tiene vinculado a las energías renovables.  Lo que si conozco del movimiento sindical latinoamericano es lo que se llama “transición justa”.  Estuve en una charla que se llamaba “Encuentro de transición justa”, ese concepto quedó como un lema que también lo usa la ONU para engañar. Quedó como un lema porque si bien debe haber una transición energética que migre a minimizar la emisión de carbono y gases invernadero, tiene que ser justa en el sentido que no se pierdan los puestos de trabajo y fundamentalmente en nuestro continente que no sea una excusa para meter tecnologías con monopolios que desplacen a puestos de trabajos actuales. Esa transición justa es una forma de la cual se podría ver que enfrenta lo que decía el macrismo, de comprar paneles de sol o molinos eólicos llave en mano tanto a China o Italia. Ningún trabajador argentino participó ni siquiera en la instalación. A Argentina le tocó hacer la red de alta tensión en los parques. Ese esquema es el que criticamos.

¿Qué repercusiones hubo del discurso de Alberto Fernández en la cumbre?

Las declaraciones de Argentina no son satisfactorias. Además de ratificar la deuda externa, hay una mercantilización de la naturaleza en nuestro territorio. Se ofrece cambiar bonos verdes por deuda. Aparece no solo la convalidación de una deuda externa odiosa, fraudulenta y además salvaje -una deuda que incrementó el macrismo- sino también la mercantilización de la naturaleza, bonos verdes a cambio de deuda. Imagínate con esa posición de Argentina, ¿Bolsonaro que posición puede llegar a tener? Si bien Bolsonaro campea tranquilo en el terraplanismo negacionista del cambio climático, la posición de Argentina ha sido criticada porque toda la región esta en contra de esta postura. Bárbara Figueroa (CUT Chile) y Daniel Gallo (CUT Brasil) fueron críticos con la postura del presidente argentino.

 ¿Qué se puede aportar a esta lucha contra el cambio climático desde Latinoamérica?

En principio hay una lucha de conceptos y de significantes sobre la transición justa que es donde orbita y pivotea gran parte del debate. Si bien para mi esa postura tiene patas cortas, alrededor de eso implica que debe haber un desarrollo autónomo de tecnologías que impliquen trabajo de calidad, calificado para nuestros países y que el principal punto es la desigualdad en el mundo y el sistema imperialista. Hay una especie de metáfora donde hablan de la desigualdad entre hemisferio norte y hemisferio sur pero el punto es la desigualdad en los crecimientos. Los países imperialistas son los que producen la mayor cantidad de emisiones. Encima de saquearnos, quieren acotar los grados de desarrollo que puedan satisfacer las necesidades populares en nuestros territorios.

Desde el continente se pelea una transición justa que ponga las responsabilidades de los efectos invernadero primero en las potencias imperialistas y en segundo plano que nosotros tengamos posibilidades de desarrollo para satisfacer necesidades. Al mismo tiempo de negar inversiones que signifiquen mayor degradación ambiental, mayor expoliación y dominación sobre nuestros países 

Hoy la energía es una commodity pero vos planteas que la energía debe ser de propiedad publica. ¿En que consiste ese planteo?

Se presentó el pasado 4 de noviembre un programa que pone el centro en la propiedad. Avanzar en la propiedad pública de empresas de energías de nuevo tipo que permitan avanzar en minimizar las emisiones de carbono y gases de efecto invernadero. Tiene un punto fundamental: reconocer la emergencia climática y energética. Como primer punto debemos declarar la energía como un derecho humano y de libre acceso para el conjunto de la población. Virar hacia un sistema de energía que tenga un enfoque público y no privado, en el sentido de la propiedad y en el sentido de la taza de ganancia. Eso nos permite dar una lucha política por ejemplo en Argentina a 30 años de los primeros tratados de libre comercios y las privatizaciones de nuestras empresas hidroeléctricas en la cordillera, avanzar para que esas concesiones pasen a un enfoque de propiedad pública. Donde las comunidades, la población, el pueblo formen parte de las decisiones.  No solamente de una mirada por arriba. Esto implica cambiar los directorios. Es una perspectiva que compartimos varios sindicatos a nivel mundial y da en el meollo. En lugar de poner el centro en la tecnología, pone el centro en la propiedad y la organización de la sociedad.

Cuando decís que la naturaleza es un campo de batalla, hablas de tres corrientes. ¿Cuáles son?

La primera es el ecocapitalismo, que en Argentina lo llevó adelante Macri y La Nación. Era común ver notas inmensas de los molinos de viento y los paneles solares donde no había  ningún desarrollo nacional, ningún trabajador comprometido en eso. Ni siquiera discusión de donde ponerlos. Fueron acuerdos que los hizo en sus primeros días de gobierno. Es una corriente internacional que lo ve como un nicho de negocios.

El segundo punto, son los que tienen planteos con buenas intenciones pero no van al debate de la propiedad y tampoco buscan hacer confluir y converger a los sectores trabajadores con los movimientos ambientalistas. Es una dislocación de los movimientos populares hacia propuestas que no ponen el centro en la propiedad y se les corre el sujeto social. Entonces aparece que la naturaleza tiene mas derechos que los propios sujetos sociales.

La tercer corriente, son las corrientes emancipadoras. Una corriente que plantea una nueva forma de organización de la sociedad. Confluir con esta propuesta de la propiedad pública nos da una llave para discutir eso, antagonizar con el avance de los monopolios y las empresas de potencias imperialistas en nuestro territorio. Nos pone en una confrontación política con perspectiva para dar una resolución al cambio climático que es objetivo.

¿Cómo viste el anuncio de inversión respecto al hidrógeno verde que hizo el gobierno nacional en medio de la cumbre?

Para inscribirlo en estas tres corrientes, es ecocapitalismo marca ACME. Si, tenemos muy buenos campos de vientos en la Patagonia, se precisan centenares de kilómetros cuadrados para tener este tipo de emprendimientos. Ya Macri dolarizó el viento y el sol. Si es volver en esa línea, no tiene sentido. Hay que reconocer que no son solo los molinos de viento, sino el proceso de electrolisis en una molécula de agua, recuperando hidrógeno en energía renovable pueden generar un mayor rendimiento, almacenar en garrafas y servir para el transporte de barcos.

Pero en definitiva el INVAP no entra, la CNEA no entra, el Conicet no entra, Astilleros Rio Santiago no entra y podrían hacer  las torres y los molinos. Pescarmona podría hacer las aspas y las torres, tampoco entran. Nuestros cuadros técnicos, científicas y científicos expertos en el mundo tampoco han sido convocados para definir ningún tipo de lineamiento. Donde juega el protagonismo de tecnólogos y tecnólogas, para poner todo el área de los que hacen ciencia básica en una planta piloto, si no participan, no es un buen emprendimiento. Hay que reconocer que no es un verso. El hidrógeno por igual volumen genera más energía que el metano o el petróleo. En el enfoque finito, es criticable y se inscribe en el ecocapitalismo.

Debemos poner el centro en la propiedad pública y considerar la energía como un derecho humano. Hay que lanzarse a discutir en política el sistema energético en general que es algo fundamental en el sistema capitalista y en un país dependiente como Argentina, que tengamos un movimiento que ponga en tensión, debate y lucha esta área. Eso va a motorizar al campo popular.

Facundo Arzamendia es periodista. Lo encontrás en Instagram y Twitter como @arzafacu. Es autor del Podcast «Nada para ver».

Las primeras vacunas soberanas son cubanas

*Por Matías Maciel

“¿Para qué, sino, para poner paz entre los hombres,

han de ser los adelantos de la ciencia?”

José Martí

De Milán a la Habana…

Los científicos cubanos del Instituto Finlay (IFV)[1] y Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB)[2], han superado en tiempo récord todos los obstáculos. Abdala,  ya es vacuna. Su eficacia comprobada es noticia mundial y asombra. Una pequeña nación, hostigada y sin recursos, es capaz de un hecho científico de escala mundial: obtener las dos primeras vacunas de Latinoamérica contra el COVID-19.  

El anfiteatro del CIGB de Cuba fue el escenario de la noticia. La foto de los investigadores de delantal blanco saltando de sus bancos al ver el 92,28% en la pantalla recorrió el mundo. No es para menos. Cuba ha creado una de las inmunizaciones más eficaces del mundo. Sólo otras cuatro vacunas alcanzaron una eficacia superior al 90%: Sputnik V, Pfizer, Moderna y Novavax. La imagen de la bandera cubana recorrió las redes y los medios internacionales. Los hashtags #MasQueUnaVacunaEsUnPaís #EliminaElBloqueo fueron ordenando los mensajes de alegría y felicitaciones. Claramente el avance científico se leyó en un doble frente de batalla: pandemia y bloqueo.   

Si juntamos esta imagen con otra que tuvo mucho impacto: la brigada médica cubana que arribó a Milán, Italia, el 22 de marzo del año pasado, integrada por 52 profesionales de la salud para ayudar en el peor momento de la pandemia en ese país, nos dan un pantallazo de la potencialidad que demostró Cuba en el campo de la salud durante la pandemia. Quizás le podríamos – o mejor dicho deberíamos –  sumar a este cuadro una tercera imagen: el abordaje territorial que desplego la isla para abordar en forma integral la pandemia, el trabajo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y del programa médicos y enfermeros de familia para la detección temprana de los casos y su pronta atención. Estrategia que permitió ralentizar los contagios y ganar tiempo hasta la llegada de la vacuna[3]. Tres elementos centrales: Atención Primaria de la Salud (APS), desarrollo científico autónomo y solidaridad internacional.       

La isla caribeña tiene cinco Candidatos Vacunales (VC) contra el covid-19, todos con nombres patrióticos: Abdala (con 92,28% de eficacia en tres dosis) y Mambisa (esta última tiene la peculiaridad de ser administrada mediante un espray nasal), creadas por el CIGB; Soberana 01, Soberana 02 (con un 62% de eficacia con solo dos dosis) y Soberana Plus, que son desarrollados por el IFV. Los prototipos cubanos son vacunas de subunidad proteica, que se basan en inocular una proteína de la espícula del coronavirus, la parte que se une a las células que infecta, para producir una respuesta inmunológica. Una plataforma muy utilizada y probada por la ciencia cubana.

La noticia, además de importante, fue un alivio. Tengamos en cuenta que Cuba no pidió formar parte del mecanismo Covax de la Organización Mundial de la Salud creado para que los países de ingresos medios y bajos accedan a las vacunas, ni tampoco ha establecido contratos para adquirir vacunas en el mercado internacional (tenía posibilidades ciertas de acceder a las vacunas chinas y rusas). Apostaron todo al éxito de las investigaciones nacionales en curso. Una actitud, sin lugar a dudas, muy valiente y decidida.  

 

Foto: Ramón Espinosa. AP

Colón, espejos y sorpresas

En 1961, un millón de cubanos aprendieron a leer y a escribir y miles de voluntarios borraron las sonrisas burlonas y las miradas compasivas que habían recibido cuando anunciaron que lo harían en un año. Algo similar sucedió cuando decenas de investigadores/as estallaron frente a la pantalla que indicaba que el Candidato Vacunal Abdala tenía la misma efectividad que las vacunas «tops» del mundo. El ritmo de vacunación que está teniendo la isla muestra que el objetivo de inmunizar a toda la población antes del mes de diciembre, empieza a dibujarse en el horizonte. Eduardo Galeano escribió en la «ventana» dedicada a Cuba en su libro Espejos. Una historia casi universal, un pasaje que puede brindarnos una guía para comprender las raíces históricas de la reiterada «sorpresa» que generan los avances en materia de salud, educación y ciencia de la isla. Escribe el escritor uruguayo: «Como no entendía lo que esos nativos decían, Colón creyó que no sabían hablar; y como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón».[4]

Estados Unidos intenta, con restricciones y bloqueos, cercar y frenar el desarrollo cubano que actúa, en los hechos, como espejo -continuando en la línea de Galeano- que le devuelve a la superpotencia un contraste demoledor. Michael Moore utiliza este método comparativo en su documental Sicko. Relata una historia simple pero muy potente.  Una mujer estadounidense profesional de capas medias entra en quiebra debido al costo de los servicios médicos y de los medicamentos. Tiene que pagar por una de las pastillas para el cáncer 250 dólares mensuales, pastillas que luego obtendrá en Cuba por 5 centavos de dólar. El bloqueo funciona como asfixia económica y encubrimiento del funcionamiento no mercantil de la salud.

El bloqueo, que fue nuevamente repudiado por la comunidad internacional en la última Asamblea de Naciones Unidas, restringe el acceso a equipos de alta tecnología, materias primas y reactivos de buena calidad, generando muchas dificultades y un incremento de los costos de producción de vacunas y medicamentos. El Alto Comisariado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas subraya que «las restricciones impuestas por el embargo han contribuido a privar a Cuba de un acceso vital a los medicamentos, las nuevas tecnologías médicas y científicas».[5]

El anuncio se produce en momentos en que la isla vive un fuerte rebrote de la enfermedad. Desde el inicio de la pandemia se contabilizaron 190.993 casos y 1284 fallecidos, al momento de escribir esta nota. Más allá de la gestión exitosa de la pandemia que ubica a la isla entre las mejores experiencias del mundo, el cansancio de la población por los impactos económicos y sociales comenzaron a sentirse significativamente. Y a medida que los casos comenzaron a incrementarse a fines de enero, Cuba necesitaba implementar vacunas con urgencia.

18 meses y 500 noches.

Es interesante sobrevolar, al menos rápidamente, algunas opiniones que dan muestra de lo vertiginoso que fue la carrera por la vacuna.  Cuba logró en 18 meses algo realmente impactante si tenemos en cuenta las dificultades presupuestarias y de insumos que señalamos al comienzo de la nota. La investigación fue realizada por institutos públicos que colaboran con científicos de institutos de otros países. El esfuerzo de cientos de profesionales fue inmenso para llegar al objetivo. Así recuerda estos meses el licenciado Yury Valdés Balbín, director adjunto del Instituto Finlay de Vacunas: “sin descanso, sin no hacer más nada que no sea trabajar con esta intensidad que hemos hecho y siempre con la mira puesta en poder darle salud a nuestra gente”.

El 31 de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan (provincia de Hubei, China) notifica un conglomerado de casos de neumonía en la ciudad. Posteriormente se determina que están causados por un nuevo coronavirus. Cinco meses después un grupo de científicos y científicas cubanas proponen el diseño de las primeras vacunas contra el COVID-19.

Vicente Vérez Bencomo, director general del Instituto Finlay de Vacunas, recuerda de la siguiente manera uno de los momentos iniciales del proceso “el 19 de mayo (2020) tuvimos un encuentro con el presidente, teníamos varios proyectos, se los presentamos, y quedó satisfecho, pero nosotros no. Nos dijo que la tarea de los científicos no había terminado, que no iba a terminar hasta que no tuviéramos la propia. Otras podrán llegar primero, pero nosotros necesitábamos nuestra vacuna porque necesitábamos tener soberanía» y continúa “De allí salimos, nos sentamos, y en tres días ya teníamos un diseño de vacuna. Tuvimos que diseñar un proyecto muy rápido que tuviera el menor por ciento de incertidumbre con la mayor posibilidad de innovación posible. La Soberana 1, la 2, incluso lo que es la Plus hoy, nacieron en esos tres días”.

Los ensayos clínicos de intervención comenzaron entre los trabajadores de la salud y el personal de biotecnología. Después de analizar los datos del ensayo de fase 2 de Abdala y Soberana 02 y establecer su seguridad para uso humano, en mayo, se dio lanzamiento a la vacunación a mayor escala, en un mes después, el sistema de salud cubano efectivizo la vacunación de casi 3,5 millones de personas.

Otro testimonio que ayuda a retratar el intenso trabajo realizado es el del director de Investigaciones Biomédicas del CIGB Gerardo Guillén, “Desde febrero del año pasado no se ha dejado de trabajar un día, venimos aquí todos los días, desde las 7:00 a.m. hasta las 11:00 p.m. o 12:00 pm, y eso sería imposible sin la comprensión y el respaldo de la familia. Los procesos biológicos no se ajustan a un horario de trabajo, no puedes ponerle horario a la célula, hay que trabajar hasta que termine, y hasta la hora necesaria”.[6]

Vacunas contra las miradas burlonas y las sonrisas compasivas.

La pandemia puso en el centro del debate público el sistema de salud. Las grandes inequidades y desigualdades quedaron al descubierto. También la necesidad de que los Estados recuperen la centralidad en la planificación y la ejecución de las políticas públicas. En este sentido, es fundamental mirar y pensar el ejemplo cubano. Aquí solo nos centraremos en dos aspectos que hicieron la diferencia en el éxito del desarrollo de la vacuna y dejamos pendiente, para un nuevo artículo, lo que refiere al conjunto de los elementos, disposiciones y lineamientos que hacen al sistema en su conjunto.  

Cuba ha invertido fuertemente en el desarrollo de centros de biotecnología. Esto le ha permitido obtener productos de primera necesidad. La articulación de un denso y complejo sistema de dispositivos ha sido una de las claves. Esto es acompañado por algo sustancial: un sistema nacional de propiedad intelectual, que protege los resultados obtenidos para salvaguardar los derechos del país y así adoptar, libre y oportunamente, las medidas necesarias para proteger la salud pública y promover el acceso a los medicamentos. [1] El CIGB, tan famoso por estos días, es uno de los testimonios de esta línea de desarrollo. El mismo fue fundado en 1986 por el entonces presidente Fidel Castro. A finales de siglo XX ya había creado una treintena de productos, sus estudios se centran en la lucha contra enfermedades infecciosas como el Dengue o el VIH.

Cuba tiene una larga tradición de producción pública de vacunas.  Comenzó a desarrollar sus propios medicamentos en la década del ochenta. De las 11 vacunas de su programa de inmunización, 8 son de producción local. En este desarrollo se destaca: la Vacuna Pentavalente (que produce también Francia) y la Vacuna Antimeningocócica tipo B, solo producida por la isla. Estas vacunas se comercializan en muchos países de la región y el mundo. La vacuna de antihepatitis B que se aplica 24 horas después del nacimiento, que se cumplió 19 años antes de la meta fijada por la OMS, permite considerar eliminada esta enfermedad en menores de 20 años.

Las autoridades de salud cubanas aseguraron que toda la población, más de 11 millones de habitantes, será inoculada con las vacunas nacionales contra el COVID-19 antes de que termine el 2021. Con un calendario ajustado Cuba ya llego a 5 millones de inmunizados con los candidatos vacunales Soberana 02, Abdala y Soberana Plus. La vacunación vigente es en formato de intervención sanitaria, aprobada a partir de conocer la seguridad y proyectar la performance posible de las vacunas. Se realiza a grupos riesgo y en poblaciones con mayores índices de transmisión. Esto sitúa a la Isla Caribeña en el puesto número uno en el ritmo de inmunización y también en cuento a la cantidad de habitantes que se vacunan diariamente. Avanza también la fase 2 en la población pediátrica de Abdala y Soberana 02. Como dijimos se empieza a dibujar en el horizonte el cumplimiento de los objetivos propuestos.

Colaborar es mejor que competir

El éxito de Cuba en la producción de vacunas COVID-19 es un nuevo testimonio del enfoque político con el que se piensa y se realiza el sistema de salud. Centrar sus objetivos en las personas y no en la rentabilidad empresarial trae consigo utilizar métodos de investigación colaborativos, en lugar de competitivos.

En el modelo de I + D competitivo los grupos que investigan en el mismo campo, no se comunican entre sí, especialmente en el sector privado. Son competidores y mantienen el secreto sobre su trabajo. Esto genera una mayor demora en los procesos y un aumento de los costos. Los monopolios hacen todo lo posible para no compartir tecnología y conocimientos y mantienen la protección de la patente el mayor tiempo que les sea posible, lo que les permite cobrar precios desmedidos y arbitrarios, más allá de los costos de producción.

En los modelos colaborativos el conocimiento se comparte entre muchas personas, científicos e institutos. Estos están liderados por la inversión pública. Por tanto, el motivo de la investigación y el descubrimiento (producto) científico es también un bien público.

Cuba ha compartido su tecnología de vacunas con otros países. Esto cobra mayor valor en un contexto donde «las grandes potencias y sus laboratorios reforzaron las fronteras y el racismo para mantener sus ganancias y espacios de poder al bloquear la propuesta de liberación de patentes o derechos de propiedad que permitirían empezar a pensar una solución global a la pandemia. Los datos son contundentes: 10 países ricos concentran aproximadamente el 75% de las vacunas, y hay 130 países que no han recibido ni una»[7].

Jamaica, México, Vietnam y Venezuela expresaron su interés en comprar las vacunas de Cuba. La República Islámica de Irán comenzó a producir Soberana 2 a principios de este año como parte de los ensayos clínicos de fase tardía. A fines de mayo, al regresar de su viaje oficial a Cuba, la Ministra de Salud de la República Argentina, Carla Vizzotti, había mostrado el interés del Gobierno por obtener las tres vacunas candidatas desarrolladas allí: Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus -las dos últimas comparten el ensayo clínico-.

“Es una excelente noticia y nos llena de optimismo en la región, donde sigue habiendo un gran déficit de vacunas”[8], dijo el representante en la isla de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), José Moya.

Descolonizar la mirada

En un artículo anterior señale «Algunos lectores o lectoras  se estarán preguntando, viendo llegar el final del artículo, cuando llega la crítica, el señalamiento de dificultades y los errores. Y aunque podría señalar fraternalmente algunos juicios y opiniones en este sentido, no creo que estos deban ser ni el tema, ni el tiempo para hacerlo» considero que ese comentario sigue siendo oportuno.

Este artículo no tiene grandes pretensiones, solo propone que pueden buscarse ejemplos del manejo sanitario de la pandemia en este rincón del mundo. Muchos analistas buscan ejemplos en los países “desarrollados”, nos hablan del milagro israelí, australiano o japonés. Siempre mirando afuera, lo más lejos posible, como diría Rodolfo Kusch, buscando la “pulcritud” lejos del “hedor” latinoamericano. Encantamiento “ilustrado” que actúa por un lado ocultando los logros de nuestros pueblos, y por el otro, justificando “demoras” en las respuestas soberanas a los desafíos planteados. El historiador catalán Josep Fontana planteo algo muy esclarecedor “la historia (agregamos el presente) no contiene la semilla de un futuro determinado, sino una diversidad de futuros posibles”. Hacia allí vamos.


*Matías Maciel: Profesor en Historia. Docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Tw: @macielmatiasptp

[1] https://www.finlay.edu.cu//

[2] Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba. https://www.cigb.edu.cu/es/

[3] https://revistalanzallamas.com/2020/09/04/la-exitosa-estrategia-de-cuba-en-la-pandemia-una-revancha-historica-para-latinoamerica/

[4] http://www.cubadebate.cu/opinion/2012/01/17/cuba-en-los-espejos-de-galeano-video/

[5] https://rebelion.org/50-verdades-sobre-las-sanciones-economicas-de-estados-unidos-contra-cuba/

[6] speciales/2021/06/20/desde-que-yo-recuerdo-mi-papa-esta-en-un-laboratorio-video/amp/?__twitter_impression=true

[7] https://revistalanzallamas.com/2021/04/22/capitalismo-vacunas-y-patentes/

[8] https://elpais.com/sociedad/2021-06-24/cuba-logra-la-primera-vacuna-latinoamericana-con-datos-de-efectividad-al-nivel-de-pfizer-y-moderna.html


Un mundo de gigantes digitales

*Por Joaquín Torres

«Existen diferentes negocios donde el mercado es limitado… pero nosotros simplemente no tenemos ese problema»

«Lo más interesante sobre el aprendizaje de máquinas, en comparación a muchas otras tecnologías, es cuan horizontal va a ser (…) No hay ni una sola categoría de negocios o gobierno u otra cosa, que realmente no pueda mejorarse por sí sola»

Jeff Bezos, CEO de Amazon[1]

Como un tsunami que avanza sin control y todo lo inunda con sus fuertes aguas, las grandes compañías tecnológicas han colonizado extensos campos de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo de bienes y servicios en el mundo. Un aspecto importante que lo refleja es que se han convertido en las compañías más poderosas del planeta en términos de su capitalización bursátil. Mientras hacia el año 2005, entre las 10 de mayor tamaño dominaban las productoras de hidrocarburos y conglomerados bancarios, hoy 7 de las 10 primeras son compañías tecnológicas. Hablamos de Amazon, Microsoft, Apple, Alphabet/Google, Facebook, Tencent y Alibaba[2]. Las 5 norteamericanas juntas valen más que el PBI de Japón, tercera economía mundial.

La crisis mundial generada por la pandemia del Covid-19 ha acelerado a pasos agigantados este proceso de concentración económica, nuestras vidas se basan cada día más en diversas actividades y trabajos digitales que son una fuente de valor fundamental en esta fase del sistema capitalista hegemonizada por estas grandes plataformas.

Un interesante debate se ha desarrollado en estos años buscando descifrar este cambio. Distintas corrientes de pensamiento han aportado su perspectiva con nuevas categorías de análisis y conceptos, se habla de cuarta revolución industrial, capitalismo digital, capitalismo de plataforma, capitalismo de monopolios intelectuales, industria 4.0, tecnofeudalismo, capitalismo de vigilancia, imperialismo de plataformas. En el campo de las ciencias sociales nos encontramos ante el desafío de investigar en profundidad este nuevo contexto para pensar cualquier camino de transformación social. El sociólogo brasileño Ricardo Atunes dice «si en el período de la empresa taylorista y el fordismo la fuerza de las empresas era medida según el número de trabajadores y trabajadoras que actuaban en las mismas; en la era actual de las empresas flexibles y digitalizadas del mundo financiarizado, estas son consideradas más productivas, con mayor proyección global y con perfiles más transnacionales en la medida en que cuenten con menos trabajo vivo»[3]. Esta nueva fase afecta tanto a las potencias que lideran el desarrollo tecnológico, con Estados Unidos y China a la cabeza, como a los países periféricos y dependientes del sur global. Entonces surgen los siguientes interrogantes: ¿cómo funcionan estas grandes empresas? ¿Cuáles son sus elementos constitutivos que les han permitido crecer aceleradamente? ¿Qué efectos están provocando en el mundo del trabajo? ¿Por qué se convirtieron en hegemónicas dentro del contexto neoliberal?

Vamos a buscar dar respuesta a estos problemas a partir del debate en curso. [4]Para entrar en tema vamos a comenzar indagando sobre las primeras cuestiones en la obra «Capitalismo de Plataformas» (2016) [5]de Nick Srnicek, donde realiza una clara síntesis para caracterizar a estas nuevas compañías. Srnicek es profesor de Economía Digital del Departamento de Humanidades Digitales del Kings College en Londres y sus investigaciones están basadas en la interacción de la economía política y la tecnologíaía. Es reconocido por haber publicado junto a Alex Williams el Manifiesto Aceleracionista (2013) con el que despertaron un interesante debate sobre los cambios del capitalismo.

Las crisis crearon a los gigantes

En su libro Capitalismo de Plataformas Srnicek postula que «con una prolongada caída de la rentabilidad de la manufactura, el capitalismo se volcó hacia los datos como un modo de mantener el crecimiento económico y la vitalidad de cara al inerte sector de la producción»[6]. Partiendo de un breve desarrollo histórico, desde la crisis de los años setenta del siglo pasado, junto con la reacción de los capitales industriales y financieros, generaron las condiciones generales de un capitalismo basado en el trabajo flexible y un austero modelo de negocios, donde se reorganizó el proceso productivo para su optimización y economizar en todo tipo de costos. Luego, en los años noventa el sector manufacturero se había estancado, lo que provocó que el mundo de las finanzas en Estados Unidos, incentivara una revolución tecnológica al crear una burbuja de inversiones en la incipiente industria de internet. El nivel de inversión en computadoras y tecnología de la información en el período entre 1995-2000 creció exponencialmente, lo que llevó a establecer la base del funcionamiento de internet y la economía digital del nuevo milenio. Pero ante las señales de fragilidad de esta burbuja, el Estado norteamericano aplicó una política monetaria hiperflexible de bajas tasas de interés, lo que el autor llama «keynesianismo financiero»[7], para impedir el inevitable crash financiero que se produjo en el año 2000. Esta política monetaria impulsó un nuevo modelo de crecimiento que continua hoy en día y que condujo a la crisis del 2008. En ese entonces el gobierno estadounidense salió al rescate financiero de los grandes bancos al mismo tiempo que aplicaba una política de ajuste fiscal para los ciudadanos. Así, el desempleo se disparó sin control creando las condiciones para una mayor precarización laboral. En este escenario, con el estímulo del Estado, las compañías tecnológicas fueron las que lograron usufructuar el exceso de liquidez por las bajas tasas de interés, y el factor de un mercado laboral abatido para imponer sus condiciones.

Fuente: https://es.statista.com/

el poder de los datos

Para el siglo XXI el capitalismo avanzado se centra en la extracción de datos, a los que Srnicek define comouna materia prima que debe ser extraída por medios digitales, y las actividades de los usuarios conforman su fuente natural. Cuanta más información pueda ser extraída de estas actividades, más usos se le puede dar. La comunicación con base digital hizo el registro excesivamente simple. Igualmente debemos tener en cuenta que los datos no son inmateriales, dependen de una vasta infraestructura para detectar, grabar y analizar.

¿Para qué son utilizados estos datos? Con su extracción se educan y dan ventaja competitiva a los algoritmos de inteligencia artificial, posibilitan la coordinación y la deslocalización de los trabajadores, permiten la optimización y la flexibilidad de los procesos productivos, posibilitan la transformación de la producción de bajo margen en servicios de alto margen, y en términos generales, el análisis de datos es generador de más datos. Siguiendo al autor, para realizar todas estas operaciones fue necesario la creación de un nuevo modelo de compañía, la plataforma.

Vamos a ver las 4 características principales de las plataformas que Srnicek plantea. En primer lugar, son infraestructuras digitales, que permiten que interactúen dos o más grupos de usuarios. Cuando hablamos de usuarios nos referimos tanto a individuos particulares, consumidores, anunciantes, productores de bienes y servicios, distribuidores o incluso objetos físicos. Para que se realice esa interacción, las plataformas proveen herramientas que permiten a los usuarios construir sus propios productos, servicios y espacios de transacciones. De esta forma, se posicionan a sí mismas entre los usuarios, y a su vez, como el terreno sobre el que tienen lugar sus actividades, logrando un acceso privilegiado para registrarlas, consiguiendo más datos.

En segundo lugar, las plataformas producen y dependen de efectos de red. Esto significa que mientras más usuarios tenga la plataforma más valiosa se convierte para los demás, mejores se vuelven sus algoritmos y así se generan más usuarios, lo cual lleva a que se registren más actividades y se extraigan mayor cantidad de datos. Es por esto que las plataformas tienen una tendencia hacia la monopolización. Resulta casi imposible para una nueva plataforma competir, por ejemplo, con Amazon o Mercado Libre, la consecuencia de los efectos de red lleva a que los usuarios recurran siempre a estas plataformas consolidadas, la enorme cantidad de datos que ya poseen hace que sus sistemas en base a algoritmos sean por lejos los más eficientes.

Ahora, para conseguirlo utilizan tácticas, la más generalizada es la de subvenciones cruzadas, es decir, una rama de la compañía puede reducir el precio de un servicio o producto o incluso ofrecerlo gratis, mientras otra rama sube el precio de otro servicio. No es común que nos cuestionemos porqué utilizar las redes sociales de Facebook o los servicios de Google como Gmail es gratuito, la mayoría de los usuarios naturaliza el hecho de que así funcionan las aplicaciones. Sin embargo, tiene una explicación, las subvenciones cruzadas. Todas las actividades «gratuitas» que realizamos en estas dos plataformas son trabajadas como datos que luego van a generar ganancias por publicidad.

La última característica de las plataformas que Srnicek identifica es su cualidad política, tiene que ver con las reglas para el desarrollo de sus productos y servicios, y de las interacciones en su espacio de negocios. Son los propietarios de las mismas quienes las establecen, por lo cual no solo ganan con el acceso a más datos, además con el control y gobierno sobre las reglas de juegos. En los casos de las plataformas como Uber o Rappi, que se presentan a sí mismas como simples intermediarias entre clientes y «prestadores de servicios», en la práctica fijan las pautas y reglamentos para los trabajadores que operan para las mismas.

Además de estas características, las grandes plataformas son propietarias del hardware y el software. Esta infraestructura material-digital las convierte, en palabras del autor, en «un aparato extractor de datos».

cinco modelos de plataformas

Continuando con su análisis, Srnicek distingue 5 tipos de plataformas distintas. Las primeras son las plataformas publicitarias, las más comunes utilizadas por los usuarios particulares en todo el mundo. Son las más antiguas y emergieron con la caída de las .com en el 2000. De esa crisis, junto con la inversión de capitales de riesgo, se consolidaron las tendencias monopólicas. Los ejemplos de Google y Facebook son los principales. Los datos extraídos pasaron de ser una manera de mejorar los servicios, a una manera de recolectar ingresos por publicidad. Miles de millones de actividades realizadas por usuarios particulares en todo el mundo cada vez que uno de ellos utiliza el motor de búsqueda de Google, son extraídos y analizados por algoritmos, con el fin de vender espacio publicitario dirigido a potenciales clientes. Aquí surge un debate en torno a la idea de «trabajo gratis» sobre todas las interacciones digitales. Si se considera la actividad de los usuarios como trabajo gratis esto significaría una nueva forma de explotación laboral casi ilimitada para el capitalismo. Por otro lado, si no es gratis, estas empresas podrían ser consideradas parasitarias de otras industrias productoras de valor. Srnicek considera que no es trabajo gratis, sino que las plataformas publicitarias se apropian de los datos como materia prima. Esto quiere decir que las actividades digitales, si se graban y se transforman en datos, se convierten en una materia prima que puede ser refinada y utilizada por las plataformas de distintas maneras. La información debe ser analizada. A través de este proceso se transforman en datos trabajados, ya sea por la labor calificada de un científico de datos o por la operación automatizada de los algoritmos. El servicio que estas plataformas venden a los anunciantes es la garantía de que un software va a conectar de manera eficiente con los usuarios correctos cuando sea necesaria. Para tener una idea del tamaño de ese negocio, en el año 2020, El 81% de los ingresos totales de Alphabet/Google provinieron de la publicidad, monto que se calcula en alrededor de 146.000 millones de dólares.[8]

El segundo tipo son las plataformas de la nube, que representan la tercerización del departamento de tecnología de la información de una empresa. El análisis de datos, el almacenamiento de la información de clientes y el mantenimiento de los servidores de una empresa pueden ser derivados a la nube. Estas plataformas han logrado constituirse en la infraestructura digital que precisan una de cada dos industrias. En este proceso se desplazan a los trabajadores del conocimiento de las empresas particulares a la plataforma, y también se genera la automatización de su trabajo con tecnologías de inteligencia artificial. Este modelo de alquiler de servicios en la nube permite a la plataforma de la nube recolectar datos constantemente. El ejemplo más paradigmático es el de Amazon, que construyó en 2006 la primera plataforma importante de la nube para alquilar medios de producción. Amazon Web Service (AWS) brinda el servicio de mantenimiento on demand de servidores, de almacenamiento y potencia para computadoras, herramientas de desarrollo de software y sistemas operativos y aplicaciones ya listas para usar.

Continuamos con el siguiente tipo presentado por Srnicek, son las plataformas industriales que se han constituido en la infraestructura central básica en el campo de la producción material de bienes para que se vinculen sensores y activadores, fábricas y proveedores, productores y consumidores, y software y hardware. La internet industrial se basa en insertar sensores y chips de computadoras al proceso de producción y de rastreadores al proceso logístico. Cada componente es capaz de comunicarse con máquinas de ensamblaje y a su vez con otros componentes sin la guía de gerentes ni trabajadores. De esta forma los bienes materiales se vuelven inseparables de sus representaciones informáticas, lo que posibilita una optimización del proceso de producción. Por otro lado, la internet industrial estás llevando a una vinculación del proceso de producción más cercana con el proceso de realización y consumo. Las industrias de vanguardia en esta tecnología están desarrollando nuevos productos y diseñando nuevos dispositivos sobre la base del uso de datos extraídos de los productos mismos. Buscan establecer un estándar común para la comunicación entre las distintas industrias y en las cadenas de valor, ya que dependen de la extracción de datos. Los casos más avanzados de este tipo son Predix y MindShpere, las plataformas industriales desarrolladas por General Electric y Siemens respectivamente. Representan la competencia y disputa entre dos potencias industriales, Estados Unidos y Alemania, por construir la plataforma monopólica. Ofrecen servicios de infraestructura, herramientas de desarrollo y aplicaciones para innovar, impidiendo de algún modo que las empresas produzcan su propio software para manejar la internet interna. Como intermediarias entre fábricas, consumidores y desarrolladores de aplicaciones, estas plataformas se ubican estratégicamente para monitorear gran parte de la manera de operar de la manufactura global desde el activador más pequeño hasta las fábricas más grandes.

Una cuarta categoría es la de plataformas de productos, constituyen un modelo on demand (a demanda), donde la compañía alquila sus propios productos que pueden ser software, bienes de consumo o bienes manufacturados duraderos. Los ejemplos más reconocidos son los de Spotify y Rolls Royce. El caso de esta última y la producción de motores a reacción es representativo. Anteriormente esta empresa se encargaba de la producción principalmente, área donde los márgenes de ganancia no son grandes, la mayor diferencia se genera en el servicio de mantenimiento de los mismos. Rolls Royce competía con otras empresas para brindar este servicio. Ahora todos los motores que produce contienen sensores y de cada vuelo extraen datos que son enviados a un centro de monitoreo en el Reino Unido, donde son analizados para programar el mantenimiento. Estos datos se convierten fundamentales para mantener alejados a los competidores y asegurar una ventaja competitiva. Lo mismo que los datos que trabaja Spotify para brindar un mejor servicio de música streaming a todos los usuarios.

La última clase de este modelo de empresas, Srnicek las denomina, plataformas austeras. Son las intermediarias entre usuarios, clientes y trabajadores, y poseen solo el activo más importante, el software y análisis de datos. Se basan en un modelo hipertercerizado donde los trabajadores, el capital fijo, costos de mantenimiento y el training se encuentran deslocalizados. Los casos más conocidos son los de Uber, Airbnb y Mchanical Turk (Amazon). Han extendido a nuevas áreas tendencias preexistentes de precarización laboral. Muchas de ellas surgieron como un fenómeno desarrollado post crisis del 2008, que convirtieron servicios no transables en transables, expandiendo de manera efectiva el suministro de trabajo a un nivel prácticamente global, generando una mayor división internacional del trabajo. Estas empresas han logrado explotar trabajo barato recortando costos a lo largo y ancho del mundo.

pelea de gigantes, desafio para la periferia

La investigación de Srnicek es valiosa para entender el funcionamiento de este nuevo modelo de empresas que, por su tendencia a la monopolización, les ha permitido a un puñado de ellas convertirse en hegemónicas en el mundo. A su vez, se ha producido una suerte de fusión entre el capital financiero internacional y estas plataformas que está reconfigurando el poder económico en todo el globo. Éstas se habían presentado en un inicio como expresión de un modelo económico distinto al neoliberal, sin embargo, a esta altura ya es posible reconocer que han profundizado el neoliberalismo. Por otro lado, esto no significa que hayamos llegado a la era de un gran leviatán que todo lo controla. La competencia entre ellas por dominar distintas áreas de producción, infraestructura y distribución, es agresiva. Sumado a ello, hay que considerar el trasfondo de la disputa entre las grandes potencias, nos referimos a EE.UU. y China. El texto de Srnicek se centra sólo en los casos de las compañías occidentales. Las grandes plataformas norteamericanas contaban con ventaja hace más de 10 años por sobre sus competidoras chinas, sin embargo, no lograron penetrar en su mercado por la política proteccionista de censura y vigilancia del Partido Comunista que erigió la llamada «gran muralla digital» China, prohibiendo el desarrollo de aquellas en su territorio y espacio digital. Esto le permitió al gigante asiático ganar tiempo para desplegar su potencial científico tecnológico y consolidar sus propias plataformas monopólicas como Alibaba, Tencent y Baidu. Son las ganadoras del mercado nacional más grande del mundo, y sus usuarios las utilizan para todo tipo de actividades y operaciones. Además, estas compañías ejercen su influencia por todo oriente e incluso algunas llegan a Europa.

Fuente: https://es.statista.com/

En medio de esta pelea de gigantes surge la cuestión sobre sus efectos en los países dependientes. Volviendo a las categorías de Srnicek, tenemos que investigar sobre la subordinación que las grandes plataformas industriales y de la nube están causando sobre nuestras industrias y proyectos de desarrollo. En América Latina no contamos con plataformas semejantes, por lo tanto, la información y datos generados por nuestras industrias, son extraídos, apropiados y analizados por los gigantes tecnológicos, de cuyos servicios dependen. En relación a este problema es muy importante el trabajo de investigación realizado por Cecilia Rikap [9] en su reciente libro «Capitalism, Power and Innovation: Intellectual Monopoly Capitalism Uncovered» (2021)[10]. Desde un marco teórico diferente al de Srnicek, en un artículo reciente explica, «En las periferias, los monopolios intelectuales pasan sistemáticamente por encima de los Estados menos poderosos (…) Para dar cuenta de los efectos específicos del capitalismo de monopolios intelectuales en las periferias, propongo los conceptos de extractivismo de conocimientos y de datos, dos formas específicas de lo que puede denominarse extractivismo de intangibles (…) que se traduce en una mayor concentración de activos intangibles en manos de unas pocas corporaciones del centro, que amplían sus rentas a costa del conocimiento y los datos producidos en las periferias»[11]. El desarrollo de su teoría del capitalismo de monopolios intelectuales es un gran aporte para estudiar críticamente este cambio económico y político.

Por otro lado, en Latinoamérica se desplegaron rápidamente las plataformas austeras, como Mercado Libre, Uber, Rappi, ifood, Loggi, Workana, Pedidos Ya, Kavak, que han extendido la precarización laboral y desplegado una nueva forma de sujeción sobre los trabajadores a través de las aplicaciones. El sociólogo brasileño Ricardo Antunes ha explorado esta problemática en su libro «O Privilégio da Servidão. O Novo Proletariado de Serviços na Era Digital» (2018), donde sostiene que nos encontramos ante el crecimiento de nuevas formas de realización de la ley del valor, configurando mecanismos complejos de extracción de más valor, tanto en las esferas de la producción material como en las de actividades inmateriales. Discutiendo con posiciones teóricas eurocentristas que se olvidan que la mayor parte de la fuerza de trabajo del mundo se encuentra en los países del sur global, argumenta que con las nuevas cadenas productivas de valor de la era digital, los algoritmos diseñados por las plataformas digitales para controlar los tiempos, ritmos y movimientos de todas las actividades laborales, fueron el elemento que faltaba para desplegar, dirigir e inducir modalidades intensas de extracción de plustrabajo, donde las jornadas de 12, 14 o más horas son la regla:

«Al contrario de la eliminación completa del trabajo por la maquinaria informacional-digital, estamos presenciando el advenimiento y la expansión monumental del nuevo proletariado de la era digital, cuyos trabajos, más o menos intermitentes, más o menos constantes, ganaron nuevo impulso con las TICs, que conectan, por los celulares, a las más distintas modalidades de trabajo. Por lo tanto, en vez del fin del trabajo en la era digital, estamos vivenciando el crecimiento exponencial del nuevo proletariado de servicios, una variante global de lo que se puede denominar esclavización digital.».[12]

Desde el sur global tenemos el desafío de crear nuestro lugar en el mundo digital ante este tsunami que nos tomó desprevenidos. ¿Cómo podríamos apropiarnos de los conceptos y el trabajo de inteligencia artificial (IA), la internet de las cosas (IoT), el Big Data, la impresión 3D? La lucha por el conocimiento, la información y los datos se vuelve fundamental para liberar al trabajo. Las investigaciones de Rikap y Antunes son buenos ejemplos de que el camino de la crítica al mundo de gigantes digitales está comenzando a dar pasos importantes en la región. Cualquier crítica de la dependencia de las potencias centrales, en particular de Estados Unidos, que no tenga en cuenta el poder e influencia de estas plataformas se queda coja para recuperar nuestro futuro.

*Joaquín Torres: profesor en Historia egresado de la UNMdP, viene recorriendo América Latina y el mundo desde hace una década. Actualmente residente en Irlanda e investiga el desarrollo del capitalismo digital.  


[1] https://www.forbes.com/sites/randalllane/2018/08/30/bezos-unbound-exclusive-interview-with-the-amazon-founder-on-what-he-plans-to-conquer-next/?sh=174858dd647b

[2] https://www.bloomberg.com/graphics/2021-biggest-global-companies-growth-trends/?srnd=premium-europe

[3] Ricardo Antunes, ¿Cuál es el futuro del trabajo en la era digital?, OLAC, 2020.

[4] El presente texto formará parte de una serie de artículos que tendrán continuidad en futuras publicaciones.

[5] Srnicek, Nick. Capitalismo de Plataformas, Caja Negra Editora, Buenos Aires, 2018.

[6] Ibídem, pág. 13.

[7] Ibídem pág. 37

[8] https://es.statista.com/estadisticas/635557/google-ingresos-totales-anuales-por-publicidad/

[9] Investigadora de CONICET, UBA y Université de París.

[10] Rikap, Cecilia. Capitalism, Power and Innovation: Intellectual Monopoly Capitalism Uncovered, Cecilia Rikap, Routledge Ed. 2021

[11] https://developingeconomics.org/capitalismo-de-monopolios-intelectuales-y-sus-efectos-en-el-desarrollo

[12] Antunes, Ricardo. O privilégio da servidão [recurso eletrônico] : o novo proletariado de serviços na era digital, Pag 35. 1°. ed. – São Paulo : Boitempo, 2018. ( Mundo do trabalho) recurso digital

La Copa América y el precio del show

En el medio de una América Latina encendida de rebeliones populares y un brutal avance de la segunda ola del coronavirus que está dejando el doble de muertos que en 2020, la Conmebol se niega a suspender la Copa América. El show debe continuar, a toda costa, para no perder los millones que deja el espectáculo futbolístico. En el medio, Bolsonaro se apresta a aprovechar el momento para un reelección, mientras la “tercera ola” les sopla en la oreja.

Por Facundo Arzamendia*

No es la primera vez en la historia que un evento deportivo entra en debate por una pandemia o por intereses económicos. En 1918 Brasil era el responsable de organizar el “Campeonato Sudamericano” (Lo que es la Copa América de hoy) pero el impacto de la gripe española -que provocó 50 millones de muertes en todo el mundo y unas 30 mil muertes en Brasil- generó que se suspendiera aquella competencia.

Sin irnos más lejos, la primera ola de la actual pandemia obligó a suspender los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Desde el COI (Comité Olímpico Internacional) plantearon suspenderlo hasta julio 2021 con la esperanza de que la pandemia hubiera sido controlada para aquel entonces. El negocio del    deporte no se puede dar el lujo de suspender sus actividades eternamente. A pesar del rechazo de expertos de salud y de más del 80% de la población, nadie duda de que los juegos olímpicos se llevarán a cabo.

Mientras, en India fue un medio de comunicación el que frenó el cricket. En el país asiático, la Liga profesional de Cricket mueve más de 6.000 millones de dólares. El campeonato se jugó como si nada mientras en el país había 3.600 muertes y 380.000 contagios diarios. Fue recién cuando el “New Indian Expres” definió suspender la cobertura que se planteó darle un freno al torneo.

Cuando comenzaron las manifestaciones en Colombia, hace ya más de un mes, una de las consignas entre los manifestantes era la de suspender la organización de la Copa América y utilizar ese dinero para paliar la crisis económica que atraviesa el país. La Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) se vio obligada a tomar cartas en el asunto luego de que las manifestaciones en las calles se hicieron escuchar en partidos de la Copa Libertadores, torneo de clubes que organizado la misma institución.

Hace unos días, el portal “Carta Maior” publicó que la Conmebol “canceló primero en Colombia por colapso político y luego en Argentina por colapso sanitario” para llevar la Copa América a Brasil, “donde hay colapso político y sanitario”.

La Confederación sudamericana elije a Brasil como organizador del certamen bajo el argumento de que contaba con la infraestructura por haber sido el organizador en el 2019. Los locales se quedaron con el título continental y en la foto de la celebración se pudo ver a Jair Bolsonaro levantar el trofeo junto a los jugadores. En aquel entonces se presentaron denuncias ya que se lo consideró una «injerencia» política, acto que la FIFA prohíbe. Algo similar ocurrió en el 2002, cuando Olimpia de Paraguay ganó la Copa Libertadores y su presidente, Osvaldo Domínguez Dibb, peleó en el palco para besar el trofeo. La Conmebol lo multó a Domínguez Dibb con 50.000 dólares mientras que a Bolsonaro lo premió con la organización del mismo certamen, dos años después.

El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez se pasea orgulloso balanceando que el protocolo anticovid funciona con un 99% de efectividad y que la confederación consiguió vacunas para inocular a los jugadores y cuerpo técnico, pero nada dice de los trabajadores que quedan en el camino. No hubo ni una mención a Gustavo Insúa, chofer de River, fallecido por Covid que se contagió de jugadores “millonarios” a los que la Conmebol obligó a jugar en Colombia a pesar de que en las calles las protestas sociales eran sangrientamente reprimidas por la policía y se rompía el protocolo antipandemia. Los jugadores se contagian y el show debe continuar. Comunicadores venden como “proeza” que un jugador de campo juegue como arquero porque sus colegas están enfermos y no pueden ser de la partida. Al jugador contagiado le buscan reemplazo inmediato. Hay que seguir jugando como sea. ¿Qué hacemos con los Gustavo Insúa que quedan en el camino?

La Copa de la Muerte

Brasil ha superado los 460.000 muertos y los 16,5 millones de infectados de Covid. Se han detectado variantes de las cepas brasileña e india, tiene retrasos en la vacunación y una subida de la ocupación en los hospitales. Los expertos prevén la inminencia de una tercera ola aún más mortífera que las anteriores ¿En estas condiciones se anuncia a Brasil como organizador?

¿Cómo no hacerlo si la Conmebol, según dijo el año pasado el presidente Alejandro Domínguez, espera que la Copa América le deje un ingreso que supere los 200 millones de dólares?

Mientras tanto Bolsonaro, un negacionista de la pandemia, celebra la decisión de ser anfitrión. “La cortina de humo es hacer un evento absolutamente inoportuno en un momento en que el Gobierno está acorralado. Bolsonaro está en campaña electoral y jugará con todo lo que tiene para mantener su popularidad. Es natural que utilice políticamente el deporte más popular del país” señala el historiador Flavio de Campos. Bolsonaro mueve sus fichas mientras que recientes sondeos ubican al expresidente Lula por delante en una posible segunda vuelta para las elecciones del 2022.

Muchas de las críticas a la realización de la Copa América en Brasil vienen por parte de periodistas del grupo Globo. Esto se debe a que Globo era dueña de las trasmisiones de los torneos, pero con la llegada de Bolsonaro esos derechos pasaron a manos de SBT, cadena amiga del popular magnate Silvio Santos (se sumó Disney-Brasil). Bolsonaro se preguntó de manera irónica por cadena nacional por qué tanta indignación si en Brasil, que tiene estadios modernos tras el Mundial 2014, son jugados sin protestas campeonatos locales, Sudamericana y Libertadores. Lo que se protesta es el poder simbólico, la excepcionalidad del fútbol, la burla en medio de casi medio millón de muertos y el anuncio de una tercera ola que estallaría en pleno torneo.

Pero en los últimos días se abrió un frente que ni el mismo Bolsonaro tenía pensado: los jugadores de la selección de Brasil se niegan a jugar. Tenían la impresión de que el certamen seria cancelado debido a la pandemia y pidieron una reunión con Tite (el técnico del seleccionado brasilero) y Rogelio Caboclo (Presidente de la Confederación Brasilera de Futbol)

La reunión fue tan fuerte que Caboclo prohibió a Casemiro, capitán del seleccionado, ir a una conferencia de prensa a exponer su postura lo que agravó la situación. Durante algunas horas se analizaba la posibilidad de que jugadores de otros seleccionados se solidarizaran. Técnicos y dirigentes tomaron nota al respecto. Desde AFA se publicó en redes que “tal como lo refleja nuestro espíritu deportivo” la selección participara de la Copa América en Brasil.

Aunque la revuelta de los jugadores cariocas no terminó desde el Gobierno brasilero buscan tomar cartas en el asunto. Es por eso que el coronel Antônio Carlos Nunes de Lima, dirigente en la dictadura brasileña, remplazara a Rogério Caboclo por 30 días, en la presidencia de la Confederación Brasileña de Fútbol. El ex militar, presidio la CBF entre 2017 y 2019. Caboclo se convirtió en el primer fusible en saltar, pero nadie asegura que sea el ultimo si los jugadores se mantienen firme en su postura de no jugar. Muy lejos quedo aquella declaración de Dani Alves tras celebrar la Copa América 2019: “Ojalá podamos volver a festejar más títulos con él”.

*Facundo Arzamendia es Licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de Córdoba) y Periodista.

Reclamar el futuro

7 de junio de 2021

*Por Matías Rodríguez Gianneo

Domingo 6 de octubre de 2019. Se decreta un nuevo aumento de las tarifas del metro y del sistema de buses de Santiago de Chile. La medida genera hastío en una población cansada de la exclusión, los atropellos y el alto costo de vida: el hastío se vuelve rebelión. Viernes 18 de octubre de 2019, el estallido social, la “invasión alienígena” en palabras de Cecilia Morel, esposa del presidente Piñera, que recuerda a los antiperonistas y el “aluvión zoológico”[1], la consternación de la elite que ve que la nación le pertenece a un grupo, su grupo. La otredad que le es ajena e inhumana. Sin embargo, esos y esas “alienígenas” dieron catedra de dignidad humana y empezaron a escribir en las páginas de la historia, el comienzo del fin del neoliberalismo en Chile.

9 de noviembre de 2020. Con 105 votos frente 19 en contra, el Congreso del Perú destituye al presidente Martín Vizcarra acusado de “incapacidad moral permanente”. Al día siguiente, con un discurso indiferente a las demandas sociales, asume la presidencia Manuel Merino. Pronto, las calles se llenaron de jóvenes, organizados desde las redes sociales. La llamada “generación del bicentenario” enfrenta la represión policial, organiza brigadas para atender heridos y dar soporte legal a los detenidos. Hay una ruptura de representaciones. Una búsqueda de algo nuevo.

Miércoles 28 de abril de 2021. Miles marchan en Colombia en rechazo a la Reforma Tributaria de Iván Duque. El Paro Nacional que tomará la forma de huelga de masas y movilizaciones diarias muestra que la fisura entre las necesidades populares y las practicas del establishment son cada más profundas. Lo que había sido un aviso en 2019 con las movilizaciones y huelgas, este año se ve agravado por las graves consecuencias de la pandemia, nuevamente el hastío se vuelve rebelión, los jóvenes afirman “nos quitaron tanto, que hasta nos quitaron el miedo”.

15 y 16 de mayo de 2021. Mega elecciones en Chile. Se define la Convención Constituyente de Reforma Constitucional y Alcaldías claves. En medio de luchas y pandemia, la estrategia del establishment de frenar las calles con urnas, se encontró con un movimiento popular que entendió la disputa en todos los terrenos. Cuando se empezaron a abrir las urnas se encontraron con la derrota electoral más grande de la Derecha (Chile Vamos) y la ex Concertación (Lista del Apruebo) en los últimos 30 años de “transición democrática”. La sorpresa: la emergencia de las candidaturas independientes y el triunfo de la izquierda articulada en torno al Frente Amplio y el PC.

6 de junio de 2021. Mientras escribimos estas líneas se desarrolla el conteo de votos de las elecciones en Perú. La candidata de la derecha Keiko Fujimori se enfrenta en el ballotage con la sorpresa, el maestro Pedro Castillo del partido de izquierda “Perú Libre”, el tercero de los nueve hijos de una pareja de campesinos del noroeste, quién encabezó una huelga de maestros que sacudió al país, propone Reformar la Constitución y nacionalizar los recursos energéticos y minerales.

El eje Chile-Perú-Colombia tiene hilos en común: la combinación explosiva de políticas de exclusión y pandemia resquebraja a quienes se presentaban como “ejemplos a seguir” en la región.

Foto: EFE/Luis Eduardo Noriega A.

NEOLIBERALISMO PERIFERICO Y PANDEMIA. NADA PUEDE SALIR BIEN

El neoliberalismo no fue un resultado necesario sino una construcción política[2]. Como atestiguó Margaret Thatcher cuando dijo que “la economía es el medio, el objetivo es el alma”, afirmó públicamente que además de transformar profundamente la economía quería construir sujetos y subjetividades propias de una nueva época. A través de su infraestructura ideológica ubicaron cuadros, trabajaron sobre la opinión pública y eligieron a sus enemigos a derrotar. Atacar al poder sindical para atacar las regulaciones y legislaciones laborales, convertir al Estado de Bienestar en una rapiña para las privatizaciones y ajustes fiscales, relajar los controles de capital para dar paso a la hegemonía de las finanzas que con sus organismos de crédito internacional se convirtieron en armas de la desposesión. La particularidad que adquiere el neoliberalismo en la periferia es su origen. En América Latina, tuvo que llevarse adelante a través de dictaduras y terrorismo de Estado, cerrar el auge de luchas obreras y populares, que luego de la Revolución Cubana y las experiencias nacional-populares se convirtieron en una creciente amenaza a los intereses imperialistas en la región. El neoliberalismo no empieza con Thatcher y Reagan, comienza el 11 de septiembre de 1973 en Chile con el golpe a Allende.

El momento de revancha conservadora y destrucción de Thatcher, Reagan y Pinochet le dejó lugar al neoliberalismo “progre” de los noventa de Clinton y Blair, combinación de la receta económica de la ortodoxia con una cultura que absorbía las demandas de pluralismo y modernización, un neoliberalismo “cool”. Son décadas donde intentaron montar, con bastante éxito, comportamientos individualistas, y desde los grandes medios educaron en la idea de que cada individuo se salva sólo y que depende de su “capacidad”, eso que hoy llaman “meritocracia”. Educaron para pensar que la imitación del de arriba es más provechosa que la solidaridad con el de al lado[3]. La crisis del capitalismo en 2008 cortó el triunfalismo capitalista y demostró que sus cimientos tambalean cada vez en ciclos más cortos. Se resquebrajó la promesa de la movilidad social ascendente que vendían, la idea de futuro del neoliberalismo ya no existe. Los nuevos gurús del capitalismo, el “capitalismo 4.0”, o capitalismo de plataformas[4] encarnado en los amos de Silicon Valley, presentan una visión de futuro con viajes espaciales, inteligencia artificial, vehículos autónomos y redes de comunicación global, que no prometen, ni pueden (ni quieren) garantizar empleo masivo, al contrario, crece la automatización y los empleos flexibles y precarizados. Con la conformación de las cadenas globales de valor, la deslocalización de la producción y el afianzamiento de la desindustrialización en América Latina, la salida más común para miles de jóvenes es manejar una moto de pedidos puerta a puerta o la venta, en la calle o en un semáforo, de mercancías baratas manufacturadas en Asia.    

En nuestra región la combinación explosiva de “neoliberalismo periférico” y pandemia crujió en el eje Chile-Perú-Colombia. Los países que en su momento no habían enfrentado al ALCA y decidieron atar su destino al de Estados Unidos, a través de la Alianza del Pacifico (AP) y los Tratados de Libre Comercio, que obturaron la integración regional latinoamericana, que son el núcleo del Grupo Lima y que se mostraron como ejemplos a seguir de la derecha latinoamericana, estallaron en rebelión. La frase repetida por la juventud en Colombia es un síntoma de la época: “nos quitaron tanto, que hasta nos quitaron el miedo”, son generaciones que han hecho la experiencia suficiente para tener conciencia de ello, la brutal represión no los ha podido frenar. Endeudados de por vida en Chile para poder estudiar, las juventudes de Colombia que no estudian ni trabajan, el hastío por el racismo en la región, que se retrotrae al colonialismo, con origen en la esclavitud afrodescendiente y el ataque a las raíces originarias. La irrupción de la marea verde le agrega una potencia que inunda las calles en nuestra América. La crisis abierta en numerosos países de la región, que tiene mucho de acumulación de insatisfacciones por el crecimiento de la pobreza, la exclusión y la desigualdad, se combina con el desprestigio de los arriba, en un marco global de otra crisis mayor: la pandemia y sus efectos mundiales.

La pandemia del covid-19 ha derivado en una sindemia[5] (una crisis general con rasgos sanitarios, económicos, sociales, políticos, vitales) que en el plano geopolítico añade un enfriamiento de las relaciones entre EE UU y Rusia y una guerra tecnológico-comercial-financiera con China. Ha puesto de relieve la fragilidad del sistema en su conjunto. La “diplomacia de las vacunas”[6] ha demostrado que el imperialismo existe, que los Estados–nacionales no desaparecieron, como se afirmaba en las últimas décadas, al contrario, son cada vez más fuertes. En América Latina, la pandemia mostró y potenció los sufrimientos de los sectores más vulnerables y dejó al descubierto la enorme fragilidad estructural.  

No es posible pensar América Latina sin tener en cuenta la dependencia. Es fundamental romper con la idea de que el “subdesarrollo” es una fase en camino al “desarrollo”, una cuestión de tiempo, donde no existen relaciones de poder que potencian este desarrollo desigual y combinado producto de la expansión del capitalismo monopólico e imperialista sobre amplias regiones del globo que transfieren y drenan valor, recursos naturales, trabajo y conocimientos hacia los centros de poder mundial.

Poder incluir en la agenda de las luchas y las políticas la crítica a este rasgo estructural de nuestra región va ser una de las claves para poder romper los obstáculos que nos aquejan. Recuperar la idea de construir un polo regional autónomo donde se puedan construir políticas estratégicas de control de los recursos naturales con perspectiva ecológica. Recuperar el comercio exterior y sus rentas, para potenciar la industrialización. Construir capacidad tecnológico-científica, financiera y de defensa, plataformas de comunicación propias y potenciar nuestras matrices identitarias y plurinacionales. Esta búsqueda de unidad regional puede potenciar las luchas de liberación nacional en cada país. Recuperar la idea de la independencia continental sanmartiniana para el siglo XXI.

A la izquierda: (Foto: AFP) Tacabamba, en la región de Cajamarca, grupos de apoyo a Pedro Castillo. A la derecha: Foto: Martín Obreque – IG: @martin.obreke

RECLAMAR EL FUTURO

Durante la mayor parte del siglo XX la izquierda comunista se pensó como heredera de la historia. La clase obrera representaba la universalidad, sus intereses eran los intereses de todos. Con la caída del Muro y el derrumbe del bloque socialista, se cristaliza una derrota que se venía incubando en las décadas previas. La necesidad de resistir a la ofensiva reaccionaria del capitalismo fue arrinconando a la izquierda y sus movimientos populares en organizaciones sectoriales y acciones defensivas, muy valiosas (como las organizaciones territoriales y de desocupados, comedores, sindicatos y nuevos movimientos sociales) pero alejadas de poder proyectar un futuro, un horizonte alternativo para la sociedad en su conjunto. Sin embargo, en esas experiencias, en esas prácticas de la lucha social, en esas confrontaciones estaban contenidos los elementos para salir de la defensiva. No había (y no hay) creación posible por fuera de este movimiento. Las rebeliones de finales de los noventa y principios del siglo XXI tuvieron una profundidad enorme, voltearon gobiernos y cambiaron el paradigma de la época. Abrieron una nueva etapa que reclamó mayores grados de soberanía, un rechazo a la injerencia de Estados Unidos y el FMI, redistribución del ingreso, políticas de Derechos Humanos y unidad latinoamericana. En este trasfondo surgieron distintos gobiernos que se presentaron como alternativa a las políticas neoliberales. La heterogeneidad, los avances y los límites de estas experiencias las analizamos previamente en el artículo “grietas latinoamericanas”.

El paso de las derechas iniciado en 2015 enfrenta importantes dificultades para sostenerse en el tiempo. Con el triunfo electoral del Frente de Todos en Argentina; el de Luis Arce en Bolivia tras la derrota de los golpistas; Bolsonaro complicado por la terrible gestión de la pandemia, la unificación de la izquierda y los sectores sociales en la calle con la enorme movilización del 29M en Brasil y la candidatura de Lula, se puede abrir un nuevo escenario en la región.

Lo que previamente analizábamos como un “empate”[7],  sobre la base de sociedades fragmentadas y polarizadas[8], pareciera entrar en crisis.  Las crecientes luchas y las graves consecuencias de la pandemia suponen que este “ciclo de las derechas” sea más breve de lo que se pensaba.

El triunfo en Chile en las últimas elecciones abre enormes expectativas y desafíos. La capacidad de lograr los acuerdos necesarios para reformar la Constitución puede ser la herramienta que permita la desmercantilización de enormes esferas de la vida cotidiana al incorporar la garantía de derechos sociales como salud, educación, vivienda, pensiones, acceso a cuidados y trabajo; y sobre los recursos naturales, como el agua, para transformarla en bien nacional de uso público. La representación de los pueblos originarios en la constituyente pondrá sobre la mesa la discusión del Estado plurinacional y la fuerza que tomó el movimiento feminista, con el triunfo de la paridad de género en la representación constituyente, probablemente exija avanzar en establecer los derechos sexuales y reproductivos para las mujeres, prevenciones contra las diversas formas de violencia patriarcal y normas de acción afirmativa para la representación equitativa de género en todo el sistema político[9]. Son reformas que no cambiaran el sistema, pero, en caso de lograrlas, deben considerarse un enorme avance producto de la lucha popular y generan mejores condiciones para ir por más.  Al mismo tiempo, el triunfo en Chile es un triunfo simbólico, potente y peligroso para el poder: porque es ejemplo que con la lucha se avanza.

Esta nueva oleada regional tiene características propias, la irrupción de la juventud como un sujeto político con demandas y formas propias. También con enormes desafíos: conectar con la fuerza y saberes de generaciones anteriores.

La incorporación de los pueblos originarios en las luchas en Chile y la candidatura de Castillo en Perú hacen a reivindicaciones históricas que toman fuerza en la lucha por la tierra y la identidad.

Es clave recuperar el pensamiento estratégico y reclamar el futuro. Romper con las miradas sectoriales y pensarse como un “nosotrxs”, que encarne los intereses de todos y todas, de la clase obrera, el feminismo, el campesinado y los pueblos originarios, los movimientos sociales y ecologistas, pero no como sumatoria sino como articulación y superación de lo sectorial. La historia nos ha enseñado, que a medida que estas luchas tengan conquistas, y se avance sobre el poder real, los choques con quienes no quieren perder sus privilegios van ser cada vez más duros.

Mientras vivamos en sociedades capitalistas, Jean Paul Sartre no se equivocaba al pensar al marxismo como “el horizonte intelectual de nuestra época”[10], pero entendiendo al marxismo como una guía para la acción, una teoría viva y en movimiento, que parte del estudio concreto de la realidad concreta en sentido histórico, abierto y revolucionario. Cuyos fundamentos se enriquecen con la práctica social[11].

A comienzos del siglo XX, el movimiento comunista era un espacio donde se debatía la interrelación de las diversas formas de dominación de clase, género y el colonialismo. La incorporación actual del enorme desarrollo de las teorías feministas en torno a la reproducción social, las críticas a la depredación y destrucción de la naturaleza, el antirracismo y la necesidad de aunar por nuevas formas de democracia, no implica que la cuestión de clase deba ceder su lugar (ni viceversa). La idea equivocada de contraponer a los llamados nuevos movimientos sociales con un marxismo que solo ve a la clase, ignora el hecho de que esos movimientos y el propio marxismo han colaborado formando una fructífera alianza desde hace ya un tiempo considerable[12], que es necesario profundizar. La unidad de estas ricas experiencias prácticas y los crecientes desarrollos teóricos nos entusiasman y nos desafían. 

La idea de Thatcher de “no hay alternativa” se rompió. Nacen nuevos vientos de cambio en medio de una crisis mundial. Podemos animarnos a soñar un futuro de los pueblos y para los pueblos. Hay suficientes razones para ello.


* Matías Rodríguez Gianneo es profesor de Historia (UNMdP). Co editor de Revista Lanzallamas.

[1] Expresión discriminatoria utilizada por el diputado de la UCR Ernesto Sanmartino en febrero de 1947 para descalificar a los simpatizantes del peronismo.

[2] Srnicek-Williams, Inventar el futuro. Poscapitalismo y un mundo sin trabajo, Malpaso Ediciones, 2016. Pág. 92.

[3] Álvaro García Linera-Iñigo Errejón, Qué Horizonte, Hegemonía, Estado y revolución democrática, Ed. Lengua de Trapo, 2019.

[4] Ver Nick Srnicek, Capitalismo De Plataformas, Ed. Caja Negra. Colección: Futuros Próximos.

[5] https://elpais.com/babelia/2021-04-10/el-capitalismo-cambia-de-piel.html

[6] https://revistalanzallamas.com/2021/04/22/capitalismo-vacunas-y-patentes/

[7] https://revistalanzallamas.com/2020/08/11/grietas-latinoamericanas/

[8] No se trata de una polarización exclusivamente política, hay una fragmentación social con concepciones del mundo contrarias, con construcciones discursivas reaccionarias y conservadoras que pregonan el miedo, el odio, la violencia racista, la fobia a los pobres, a la diversidad de género y el anticomunismo.

[9] https://www.nuso.org/articulo/chile-la-constitucion-que-viene/

[10] Michael Löwy, La teoría de la revolución en el joven Marx, Herramienta Ediciones, 2010.

[11] “La práctica social del hombre no se reduce a su actividad en la producción, sino que tiene muchas otras formas: la lucha de clases, la vida política, las actividades científicas y artísticas; en resumen, el hombre, como ser social, participa de todos los dominios de la vida práctica de la sociedad” (Mao Tsetung, Sobre la práctica, 1937)

[12] Terry Eagleton, Por qué Marx tenía razón, Editorial Península, 2015.

Al duque le dijeron que no

Equipo editorial

Las calles de Colombia se encendieron con el proyecto de reforma tributaria del gobierno de Iván Duque, una multitud en las calles, compuesta por millones de personas marchando en la mayoría de las ciudades del país, puso en jaque los planes del gobierno y desató una brutal represión, que fue rechazada por un pueblo que no quiere retroceder más. Las históricas protestas y huelgas de 2019 tienen su continuidad y profundización en las históricas jornadas de fines de abril y principios de mayo. Como un Luis XVI del siglo XXI, de una reforma fiscal profundamente regresiva, nació un movimiento con tintes que lo quieren cambiar todo, que puso de manifiesto, los enormes privilegios de una minoría en contra de millones. El triunfo, con el retroceso al proyecto, abre grandes expectativas.


LA CHISPA QUE ENCENDIO LA PRADERA

El proyecto que pretendía recaudar 6.800 millones de dólares, el 2,2% del PBI, cuyo destino supuesto era para atenuar los efectos de la crisis del coronavirus, desató una movilización popular histórica.

La fuente de esa recaudación era la imposición de una formula regresiva, que recaída el peso en la parte media y baja de la pirámide de ingresos salariales, además se sumaba el aumento del IVA al 19% de la canasta básica (que actualmente están exentos o con un 5%) con lo cual, también golpeaba a los sectores más humildes en los que la mayoría de su consumo es de lo mínimo y necesario para reproducir la vida. Sumadas más gotas a este vaso rebalsado, son los gastos suntuosos de la política, vehículos oficiales y equipo militar, y el aumento de  la pobreza durante el año 2020, que subió “6,8 puntos porcentuales y se ubicó en 42,5%, lo que significa que 21,2 millones de colombianos no tienen suficiente ingreso para suplir sus necesidades básicas, según las estadísticas reveladas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística”[1].

Parte de la bronca acumulada es la represión cotidiana y la violencia policial, que durante las protestas las pudimos ver gracias a los videos que suben les manifestantes por las redes. La lucha contra la violencia estatal-institucional se han convertido en uno de los emblemas de las marchas. Según la ONG Temblores, desde el 28 de abril hasta hoy se han dado al menos 1181 abusos policiales, 26 homicidios, 17 lesiones oculares, 761 detenciones arbitrarias, 56 desapariciones forzadas y 9 casos de violencia sexual cuyos responsables serían uniformados.[2] El rechazo a la violencia es bandera en las movilizaciones y uno de los reclamos en relación a la urgente modificación de las fuerzas de seguridad. Contrario a esto, fue la campaña mediática de las grandes corporaciones para estigmatizar y demonizar a la protesta y, así dar rienda suelta a la más brutal represión. El twitt del ex presidente Álvaro Uribe: “Apoyemos el derecho de soldados y policías de utilizar sus armas para defender su integridad y para defender a las personas y bienes de la acción criminal del terrorismo vandálico”[3], son parte de ese mensaje que parece el común denominador del establishment colombiano.

Foto: Linda Criollo

QUE LA TORTILLA SE VUELVA

El carácter de la movilización parece transversal ya que confluyen: jóvenes, viejos, feministas, sindicalistas, estudiantes, campesinos, indígenas y obreros. Es que el gobierno, con su proyecto, logró unificar a todos estos sectores con una sola medida. En medio de la pandemia, es tal el hartazgo que las multitudinarias marchas se dan a riesgo de padecer la enfermedad y enfrentar la brutal represión.

El forzado retiro del proyecto de ley y la posterior caída del ministro Alberto Carrasquilla, son triunfos de la creciente protesta social y de las enormes luchas callejeras, parte de un movimiento social que se fortalece, desafía al poder de turno y se desafía a sí mismo. El paro y movilización nacional del miércoles 5 de mayo plantea la profundización de la lucha, luego del retiro del proyecto, ya que el estallido es la acumulación de exigencias de las mayorías arrinconadas por la miseria, el hambre, el desempleo y la enfermedad, exigiendo mejoras en salud y educación, seguridad en las regiones más violentas del país y la creación de una renta básica.

Es parte de las experiencias de hartazgo popular que recorren la región. Son imágenes que se repiten en los últimos dos años, es Chile, Ecuador, Puerto Rico…hoy Colombia.

La batalla que se da en Colombia, no es solo en las calles, es además entre dos salidas posibles a las consecuencias de la Pandemia de Covid 19 que ha empeorado las (ya penosas previamente) condiciones de vida de millones de compatriotas de la patria grande.

Ante una crisis sanitaria (y económica) inédita en la historia moderna, el necesario rol de los estados como centro coordinador de las políticas públicas, y sobre todo de la administración de los recursos, por encima del mercado pone al rojo vivo la necesidad de que esa administración tenga una orientación clara.

O se consiguen los recursos desde los sectores que más se han beneficiado en las últimas décadas y que concentran cada vez más riquezas con reformas impositivas, nuevos tributos como el Impuesto a las Grandes Fortunas, o a las grandes propiedades territoriales, o se mantiene el rumbo marcado por el mercado de “ahorrar” ajustando a las grandes mayorías.

Así como en Argentina un 20% de los millonarios judicializo su pago del impuesto a las grandes fortunas y así decidió que no podía aportar un poco más en una situación de extrema necesidad en la que se juega la vida de miles de compatriotas, el debate que se manifiesta en las calles de Colombia nos toca de cerca a todes, y preanuncia que a las minorías privilegiadas eso de “salir mejores” les pasa lejos.

América Latina late al ritmo de Colombia, y en sus calles se sigue escribiendo la historia.


[1] https://www.americaeconomia.com/economia-mercados/colombia-pobreza-monetaria-aumento-68-puntos-porcentuales-y-alcanzo-al-425-de-la#:~:text=El%20%C3%ADndice%20de%20pobreza%20monetaria,Administrativo%20Nacional%20de%20Estad%C3%ADstica%20(DANE)

[2] https://www.infobae.com/america/colombia/2021/05/04/temblores-ong-asegura-que-hay-al-menos-1181-denuncias-por-abuso-policial-en-el-marco-del-paro-nacional/

[3] https://elpais.com/internacional/2021-04-30/alvaro-uribe-llama-al-ejercito-a-que-utilice-las-armas-en-las-protestas-en-colombia.html

Foto de tapa: Ivan Valencia (Diario El País)