Femicidios, lucha por justicia y deuda

Por Sofía Sosa*

Son diversas las miradas y reflexiones sobre qué hacer ante un femicidio en un contexto de extrema vulnerabilidad social. Sobre los efectos de orfandad en las niñas y niños ante la perdida por femicidio de su madre, por parte de su padre, aún más. Pero este relato se propone describir, reflexionar y pensar las imágenes sobre el acompañamiento como profesionales, a la lucha por justicia del movimiento de mujeres y diversidades, a instancias del juicio y la condena. Así como el lugar de la mujer en nuestra sociedad, ligado a la vulnerabilidad social en términos de opresión de género y clase social, como herramientas de análisis de nuestra actualidad dentro del campo del movimiento de mujeres.

Desde el Equipo en Emergencia, profesionales frente a la violencia y vulnerabilidad social, reconocemos nuestro origen en la asistencia psicológica a lxs hijxs de Liliana González, su madre y hermanos, ante la perdida, por femicidio, en manos de la pareja y padre biológico de lxs niñxs. Ocurrido en marzo de 2019 en el barrio Mugica, ex villa 31, Retiro, CABA. Cuyo pedido de intervención fuera realizado por la Casa de las Mujeres y diversidades Daiana del barrio, quienes efectuaban el acompañamiento a la familia materna y encabezaron también la lucha por justicia estos años.

JUSTICIA POR LILIANA

De Liliana supimos por La Casa Daiana del barrio. Supimos también por los medios, pero también por el horror de lo sucedido. Cuerpo fragmentado, despedazado. Arrojado a los perros. Desecho. Odio y ensañamiento. Supimos que Liliana sufría una silenciosa agonía de años de sometimiento y violencia. Supimos que el poder que ejerce un varón sobre el cuerpo de una mujer parece no encontrar limitaciones. Supimos que el sistema de opresión no empezó ese día, ni que hoy se va a terminar. Pero hoy supimos que es posible derribarlo hasta desnudar sus entrañas. Como cuando nuestros cuerpos se descarnan sólo para el placer y goce de sus miradas, con sus palabras, con su violencia.

“Gracias a las Mujeres guerreras que acompañaron.” Esas fueron las palabras de Lucy, la mamá de Liliana González al conocer la sentencia para el femicida: cadena perpetua. El grito fue uno solo, allí donde, jornada tras jornada, en la calle, frente a los Tribunales de la Nación y al juzgado interviniente, acompañamos mientras duró el juicio, desde la Casa de las Mujeres y diversidades Daiana, el Equipo en Emergencia, la Asamblea feminista y diversas organizaciones sociales del barrio. “No aflojemos” “Estuvimos desde el primer día” “Justicia para nuestra vecina” “Perpetua para el femicida” “Para que no vuelva a pasar.”

Las fotos de Liliana se multiplicaron, los bombos y el megáfono fueron propiedad colectiva de quien quisiera expresar la lucha que nos convocaba, pero que individualmente resonaba de un modo particular en cada una. “Sufro violencia de género.” Contó una de las mujeres allí, quien encontró entre gritos y silbatazos, el espacio de sostén necesario para expresar su sufrimiento, tantos años silenciado. Momentos privilegiados de apertura, donde, entre compañeras, se abre la posibilidad de algo cualitativamente distinto y puesto a trabajar hacia adelante, acompañando.

PROTAGONIZAR LA LUCHA

Preparar esas jornadas de lucha requirió mucho esfuerzo y organización de parte del movimiento de mujeres y diversidades del barrio. Convocar a las diversas organizaciones sociales por un lado y apoyarse en la propia organización, profundizando los debates sobre la necesidad de luchar. Abrirse al barrio, llenar de carteles y a viva voz denunciar e invitar. Es un camino en construcción que apela a la memoria de una inmensidad de luchas recorridas, tanto por las reivindicaciones propias como mujeres, así como por la lucha contra el hambre, la desocupación y precarización laboral, vivienda digna, salud y educación de sus hijxs. Reivindicaciones que tanto mujeres, diversidades y varones comparten. Por tierra, techo y trabajo.

De esta manera, las luchas colectivas van dejando aprendizajes, movimientos colectivos que promueven movimientos tendientes a ligar aquello con lo que el trauma arrasa. Movimientos instituyentes. La creación de “La Casa de las Mujeres y diversidades Daiana” en el barrio fue uno de ellos. Punto de anclaje identificatorio contra la desubjetivación de la violencia de género y la vulnerabilidad social. A su vez, La Casa lleva el nombre de Daiana Colque y la lucha por justicia frente a su femicidio en el barrio, años atrás, permitió encontrar los modos colectivos de solidaridad y justicia que se enraizaron en su origen y nominación.

LA DEUDA ES CON NOSOTRAS: DOBLE DEUDA, DOBLE OPRESION

En nuestra actualidad, tanto de pandemia como avances en la vacunación, observamos la fragilidad de un sistema mundial que muestra fisuras. Así vemos expuestas la opresión y la desigualdad entre países, entre personas y entre varones, mujeres y diversidades. Si bien los femicidios recorren el entramado social, son los cuerpos que pertenecen a lo más oprimido de nuestra sociedad, las mujeres pobres, quienes nos muestran cómo recrudece la violencia como efecto productivo del poder.

En este contexto, la deuda es con nosotras ¿Qué decimos cuando hablamos de deuda con las mujeres? Existiría una doble deuda. Por un lado, la deuda externa, aquella que nos subyuga como nación dependiente y atada a las ganancias de la usura y especulación financiera y sus organismos, como es el caso del FMI, donde Estados Unidos ejerce poder y dominio. Organismos y sistemas que se sostienen generando deudas impagables, ilegitimas y fraudulentas. Sostenedores de dependencia. Última estafa la realizada por Macri, endeudándonos a cien años para beneficio de unos pocos y generando empobrecimiento en la inmensa mayoría del pueblo.

Pero también hay otra deuda con nosotras, que es la de la historia, la del status quo, la de lo aparentemente inmodificable, la de los mandatos, la de ser una propiedad entre otras, la del sometimiento. La justicia, como parte de las instituciones que representa y sostiene al sistema en el que se basa el patriarcado, en cada fallo, en cada obstáculo, nos disciplina en cuanto al histórico lugar que nos fue y nos es asignado. Allí la profundidad y especificidad de nuestras reivindicaciones. De esta manera, la doble opresión que sufrimos las mujeres, de género y de clase, en la doble deuda se materializa.

Las “Mujeres guerreras,” finalmente, encarnarían la rebeldía y puesta a prueba de las instituciones como la justicia. Como sostenedora de una deuda que es ilegitima y fraudulenta, en cuanto a sus orígenes históricos, ya que no nos pertenece. Generando y sometiendo a mandatos de poder y opresión que culpabilizan nuestro sentir y actuar. Disciplinando a través de sus abogadxs, jueces, leyes, fallos y sistemas. Mujeres Guerreas que abren camino a lo nuevo que está por venir y que será creado con fuerza y sin temor.

Sofia Sosa*. Psicóloga. Docente Facultad de Psicología UBA. Coordinadora Equipo En Emergencia, profesionales.

La fuerza por el acceso a la vivienda y los derechos

Por Sofía Sosa*

El desalojo de la toma Fuerza de Mujeres en el Barrio Múgica (ex villa 31) de Retiro, Ciudad de Buenos Aires, abrió debates e interrogantes. Esta nota parte de las reflexiones del Equipo en Emergencia, profesionales que intervienen en el barrio frente a la emergencia psicosocial y el acceso a derechos ante la vulnerabilidad y violencia en infancias y violencia de género.

De arrasamiento subjetivo: mujeres, diversidades e infancias

“Ver quemándose las casillas fue muy triste”, dice una de las mujeres protagonistas de la toma fuerza de mujeres, al ser entrevistada, luego del desalojo que realizara el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el día jueves 7 de octubre, en el barrio Padre Mugica, ex villa 31, de Retiro, CABA. Mujer, madre, activa, valiente y desobediente. Más de cien familias se lanzaron, tres meses atrás, a la toma de un pequeño pedacito de tierra en el barrio; sin ninguna seguridad, pero ante la enorme necesidad de salir de la situación de encierro y violencia que vivían con sus parejas y ex parejas.

Sabido es que el subsidio habitacional para alquilar, si llegas a obtenerlo, no alcanza. Sabido es que si tenés chicxs no te alquilan. Sabido es que si querés correr no tenés donde. Allí se encontraron en la toma, con sus hijes, con sus historias. No fue fácil ¿Cómo organizarse? ¿Cómo resolver lo mínimo? ¿Con qué levantar unas paredes, un techo, que, aunque mas no sea se parezca a eso? Fueron meses de frio y lluvia, y en pandemia… sin agua, sin luz. Mientras tanto las causas judiciales, el miedo, la falta de respuesta.

La solidaridad de quienes se acercaron no se hizo esperar. Ahí estaba Lore, del comedor Color esperanza, con su vivienda -de esas que los ricos hacen para los pobres- que linda con los terrenos tomados. Lore no podía dejar de ver lo que sucedía. Delegada de género en La Casa de las Mujeres y diversidades Daiana del barrio, luchadora incansable, desde el comedor hacia lo imposible por ayudar. Se acercaba a nosotrxs cada vez que íbamos al barrio y nos contaba sobre la toma, sobre las necesidades que había, los debates. No era fácil ponerse de acuerdo. A veces decía: “falta de todo y no dan nada”. Siempre estaba cuando la necesitaban.

El barrio vio levantarse la toma. No era la primera. El barrio vive y crece alrededor de estos movimientos instituyentes. No sin debates ni contradicciones. “No sufren violencia”, “Tienen otras viviendas”, “En ese lugar dijeron que iban a construir una escuela”, eran algunas de las ideas y afirmaciones que circulaban. Hasta hubo una concentración, dirigida por conocidxs “punteros” del gobierno de la ciudad, en el juzgado interviniente pidiendo el desalojo. Luego nos enteramos que no habría escuela nueva, que ni siquiera estaba licitada su construcción, sino un traslado de otra existente que la comunidad educativa rechaza. De esta manera, los poderosos no se hicieron esperar: “Dijeron que había narcos en la toma”. Es que cuando hablamos de estas cosas, aunque sea un pequeño pedacito de tierra, tomarlo es un acto subversivo, ya que subvierte el orden establecido y el temor al contagio es enorme. Si encabezan las mujeres, aún más.

Tristeza, angustia, vacío. Eso es lo que dejó, ese jueves de fuego, represión y lluvia que arrasó con todo. “Resistimos lo más que pudimos. Luchamos con sangre y sudor. No nos permitieron reaccionar. La nena lloraba y a ellos no les importaba. No pensaban en el futuro”. La angustia e impotencia la sentimos todxs hasta los huesos. Desde el equipo no paramos de pensar y sentir esto. Ese día necesitábamos encontrar respuestas, pero la violencia barre con todo. Imágenes de una niña llorando, con su mochilita del colegio, nos persiguen y arrasan, también, con nuestro sentir. Nos convocan a pensar nuestros modos de percibir y representarnos la vulnerabilidad social en las imágenes del terror.

Las infancias, las mujeres y diversidades violentadas por el patriarcado -que se hace carne en el desalojo brutal, en las topadoras, en el incendio, las amenazas, los golpes, el arrasamiento de todo y las irregularidades legales- dan cuenta de la desigualdad social en la que vivimos. Efectos desubjetivantes, como plantea Silvia Bleichmar. Lo traumático del desvalimiento, en su materialidad psíquica, expresada en el llanto y el sentir de la niña. Cuando es un gobierno el que violenta, como nos dice Beatriz Janin, los efectos se multiplican. La desprotección cobra vida.

De desalojos y negocios inmobiliarios. Dos caras de una misma moneda

Dice Byung-Chul Han en La expulsión de lo distinto: “la proliferación de lo igual se hace pasar por crecimiento.” Para Han, lo igual, en nuestra sociedad y época, se encontraría en concordancia con lo amorfo, ligado al consumo, al modo de atracones que anestesian bajo la premisa del crecimiento y el producir. ¿Acaso las megatorres, los barrios privados, los mega emprendimientos inmobiliarios que desbordan en la ciudad no nos hacen pensar que hay pujanza y desarrollo? Espacios a los que podríamos acceder si tan solo consumiéramos más de ello. Pero con valores inalcanzables y cada vez menos metros cuadrados. Mudarse de la familia de origen, parece ser algo imposible para miles de jóvenes. Armar tu propia historia ¿Dónde? ¿Cuánto? Para la inmensa mayoría de las familias: trabajar como pueden, para pagar lo que se hace imposible de saldar. La vivienda como especulación de pocos.

Crecen los negocios inmobiliarios en CABA y la venta de terrenos con fines especulativos. La urbanización en el barrio Mugica. “La urbanización trucha,” como dicen en el barrio. “No tenés cloacas, luz, agua ni en las casas, ni en las escuelas.” Al compás de la aprobación en la legislatura porteña de proyectos que benefician a unos pocos, la ciudad “crece.” Lo último, la media sanción al convenio entre el GCBA y el grupo IRSA, el grupo inmobiliario más grande del país, para la construcción de un mega barrio privado en la costanera sur. Como “daño colateral”: la depredación de nuestros recursos y el hábitat.

La dificultad principal radicaría en pensar que aquello que sucede a minutos del microcentro, en el barrio Mugica, daría cuenta, también, de aquello que aqueja a miles en todo el territorio de la ciudad. Esto es, la problemática habitacional. En este sentido, las representaciones instituidas provienen, fundamentalmente, de los sectores del gobierno que dominan las políticas públicas. Estas representaciones se ponen en juego frente a conflictos como el de la toma Fuerza de Mujeres y su desalojo. Es, a través de estos mecanismos, que se divide a la población en pos de ubicar a quienes menos tienen como lo distinto. Los iguales serian aquellos que a través de los méritos propios, en libertad, lograrían acceder al consumo. De forma tal que la imaginaria promesa nos igualaría en una falsa expectativa hacia el crecimiento.

En este escenario irrumpen quienes se llaman a sí mismos “los libertarios”, con Milei a la cabeza, sosteniendo la defensa del consumo y el libre mercado, sin estado. Dando aparentemente respuesta, a un problema de miles. Solo que dicha respuesta es una encrucijada más. Sin salida. De fondo, un discurso pseudo anarcocapitalista, que busca generar réditos y ganancias a partir de las políticas públicas que benefician los negocios de unos pocos. ¿Contradicción? ¿Ficción? ¿Maquillaje? … ¿Verso?

Mientras tanto se emparentan las ideologías y proyectos: Larreta, Milei. Negocios inmobiliarios, especulación financiera, desregulación laboral e impositiva, endeudamiento, represión, desalojo, expulsión y descarte. “Tras el espejismo de la libertad se esconde el dominio neoliberal” como bien señala Han.

El después. La fuerza de lo colectivo

Cuando se juntan las mujeres que fueron desalojadas la bronca crece. Por los niños y niñas, por el maltrato y la violencia sufrida, por la falta de respuesta, por ser arrojadas a la calle, a los paradores, “a vivir de prestado” apretadxs en lo de un familiar, por haberlo perdido todo. “Cuando pasamos caminando por acá mis hijxs me dicen: mamá ¿Dónde está la casa nuestra? A mí se me parte el corazón”. “A mí, mi hijo me dice: mamá yo te voy a comprar una casa”. La angustia invade, en ese ratito que compartimos en la asamblea, donde nos acercamos a ofrecer ayuda y acompañamiento psicológico. Al preguntar cómo pasaron esa noche, la del desalojo, el silencio se apodera del grupo. La angustia enmudece, imposibilita el historizar. Algo allí recorre al grupo en tanto vivencia compartida. Futuro trabajo hacia la transformación en experiencia, singular y colectiva. Es decir, significar, otorgar un sentido al terror vivido. Pero aun esto no es posible.

Los traumas de origen psicosocial, como señalan Kordon y Edelman desde el campo de la lucha por los derechos humanos en nuestro país, dan cuenta de la irrupción en el psiquismo y en el entramado social, de elementos desligadores que dejan en la inermidad a quienes lo han sufrido. La imagen de las topadoras arrasando con todo, los gritos y llantos, la represión, inundan dejando en la falta de certeza absoluta, tanto en lo inmediato como en el futuro. En este sentido, la necesidad de reparación también es material y legal. Las mujeres con sus hijxs, no dejan de pensar en ello. Movimiento que dialectiza las condiciones materiales de existencia con la materialidad psíquica, en tanto singular y colectiva, que se debate entre representaciones provenientes de lo instituido y lo instituyente.

Los interrogantes se multiplican en base a una sola fuerza: la de las mujeres, por vivienda digna. Como mojones en el proceso de elaboración, la concentración que se realizó en estos días, en el Ministerio de educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sede del gobierno de Larreta en el barrio. Esto permitió poner de relieve los actores y responsables de lo sucedido. A su vez, el masivo apoyo de vecinxs del barrio dio cuenta de la posibilidad de identificarse, en lo ajeno, con elementos propios respecto de la enorme necesidad de vivienda que recorre el barrio en su conjunto. Carteles que significaban lo sucedido en términos de “la vivienda es un derecho”, “Larreta golpea a mujeres y ninxs”, “vivienda si, especulación inmobiliaria no.” La fuerza de lo colectivo reparando el entramado social y permitiendo avanzar en los procesos de reparación subjetiva.

Sabemos que la lucha por el acceso a derechos es larga. Que los derechos de las mujeres y ninxs son vulnerados sistemáticamente. Pero también sabemos que la lucha por el acceso a una vivienda digna se emparenta con la enorme necesidad habitacional en toda nuestra ciudad. Vivimos momentos en los que, frente al arrasamiento de los derechos, crecen los movimientos colectivos tendientes a su restitución y ampliación. No sin luchar. No sin la fuerza de las mujeres. 

*Sofia Sosa. Lic. Psicología. Docente UBA. Coordinadora del Equipo de Profesionales en Emergencia.

(Se pueden consultar las entrevistas a vecinas y vecinos de la toma de tierras «Fuerza de Mujer» luego del desalojo del gobierno de Larreta. Radio Viral Comunitaria. Programa PA`QUE ME INVITAN.  https://www.youtube.com/watch?v=mVkR7FZVCoo&t=1355s)

8 de marzo, rebeldia y hartazgo (fotoreportaje)

A más de un siglo de aquellas históricas protestas que dieron origen al 8 de marzo como “Día Internacional de la mujer trabajadora”, cada año esta jornada se transforma en un momento de visibilización del enorme crecimiento y potencial del movimiento feminista. Las imágenes revelan la interpelación social que demanda profundas y necesarias transformaciones. Los carteles reflejaron las ansias de cambio, que se multiplican y resignifican al calor de las conquistas de una marea que no para de crecer y cuestionarlo todo: “nosotras paramos”, “reforma judicial feminista”, “igual salario por igual trabajo”, “ni una menos”, “nosotras movemos el mundo”, “Basta de femicidios, el Estado es responsable”, “cupo laboral travesti y trans”, “lo que llaman amor es trabajo no remunerado”, entre otras.

En este fotoreportaje nos vamos a Mar del Plata y Rosario desde el ojo del visor de Gabriela Carou* y Sebastián Pancheri*.

GABRIELA CAROU (MAR DEL PLATA)

SEBASTIÁN PANCHERI (rosario)

*Gabriela Carou: Fotógrafa, artista y docente, feminista, marplatense. Egresada de la Escuela de Artes visuales Martín Malharro de las carreras de Fotografía y Profesorado en Artes Visuales. Cursó estudios de posgrado en la UNR (Maestría en Educación Artística) y en la UNLP (Lenguajes artísticos). Profesora de la carrera de Fotografía y Artes combinadas. Investiga los feminismos en el arte, la fotografía decimonónica y el arte contemporáneo. IG: @gabi_carou

*Sebastián Pancheri: Fotoperiodista, Licenciado en Realización Audiovisual, egresado de la Escuela Provincial de cine y TV de Rosario. IG:@Bastian_Baltazar18

Estado y Patriarcado, asuntos no-separados

Por Nazarena Galantini*

El 17 de febrero se realizaron masivas movilizaciones a los Tribunales de todo el país para exigir Justicia por Úrsula Bahillo y todas las que ya no están. Anoche conocimos del femicidio de Ivana Módica -quien era buscada hace varios días- en manos de su ex pareja. Muchos son los interrogantes que deja en el movimiento de mujeres y feminista un final que a todas luces podría haberse evitado.

El femicidio de Úrsula revela ante la sociedad toda lo corrompido que está el Estado por las prácticas patriarcales. Lamentamos decir una vez más que Patriarcado y Estado, no son asuntos separados. Y digo una vez más porque somos miles y miles las mujeres que hemos recorrido alguna vez una comisaria, un juzgado, para hacer una denuncia, para acompañar a otra mujer que quiere hacerla o porque militamos en organizaciones feministas que cumplen una función contenedora para las personas en situación de violencia de género. Por experiencia propia sabemos que lo que le pasó a Úrsula no es una excepción, sino más bien la regla: denunciar una y otra vez, reiterar los pedidos de ayuda y asistencia estatal, sin que un ápice del aparato burocrático del Estado se mueva para cuidar esas vidas. No es una sorpresa, hay funcionarios públicos que pese a tener todos los mecanismos, los recursos y las letras jurídicas a su disposición, definen arbitrariamente no proceder ante una denuncia por violencia de género. Fuera por desinterés, fuera por falta de formación o fuera producto de una concepción ideológica que niega y perpetúa la opresión de las mujeres e identidades feminizadas, el resultado es el mismo: un acopio abrumador de denuncias que mueren en los cajones de algún edificio público, sin que nada se transforme para la persona que pide ayuda.

FOTO: Patricia Nasutti, mamá de Úrsula, en la movilización a Tribunales realizada en Capital Federal. Autora: Canela Belén, Galaxia Fotografía.

¿Qué hacemos entonces? ¿Qué reclamar? ¿Qué exigir? ¿A quiénes? ¿Quién es el responsable de semejante impunidad? Son algunos de los debates que atraviesa el movimiento de mujeres por estos días. No es para menos, ya que lo que está en discusión es ni más ni menos que la concepción de Estado como tal: ¿Qué es el Estado? ¿Cuál es su rol? ¿Qué alcance y limites tiene? Desde cada concepción se elaboran diferentes respuestas y estrategias, se ofrecen diferentes “soluciones” (o no se ofrece ninguna…) y posiciones políticas.

Todas coincidimos en que del 2015 en adelante, la Argentina no fue igual: el Ni Una Menos despertó el elefante del feminismo, que se puso de pie y hecho a andar sin parar. Esa marea rebelde fue arrolladora para el patriarcado, las mujeres y feminidades comenzamos a poner en discusión toda práctica machista, desde la más pequeña a la más atroz violencia. Nuestra conciencia se transformó y cientos de miles entendimos, como dice Adrienne Rich, que: “Hay algo más: la confianza de los despreciados y los heridos en que no son sólo la suma de los daños que han soportado”, que no somos lo que nos han hecho creer, y que juntas tenemos un poder que es capaz de hacer tambalear las estructuras más rancias de este sistema. Aquelles que subestimaban el poder de la lucha y organización feminista, o pasaron a los anales de la historia como machirulos y conservadores (digo, en el mejor de los casos) o tuvieron que reinventarse porque la marea se los llevaba. 

Entre la bronca y el dolor de saber que el femicidio de Úrsula es otro final que se podría haber evitado, las pibas, las mujeres, queremos ir por todo, queremos quitar piedra sobre piedra de todo el daño que nos hizo el patriarcado. Si el Estado nos abandona, ¿Qué otra cosa se puede esperar del pueblo más que furia y dolor? Desde este punto de vista, no me asusta que el escrache a los funcionarios públicos que actúan con negligencia, a los violentos y machistas, sea la respuesta de una gran parte de las pibas. El escrache es un medio que aparece como último recurso para salvaguardar la integridad y proteger a las mujeres de la impunidad de sus victimarios, que muchas veces ejercen no sólo un poder patriarcal sobre sus “victimas” sino también de clase y son “intocables”. No es de extrañar que reaparezcan formas de escrache ante el hartazgo de un Poder Judicial que da vuelta la cara sistemáticamente. Es necesario problematizar estas expresiones de la bronca popular y no tildarlas apresuradamente de “punitivistas”, ya que esto sería simplista y volvería a poner el foco en las victimas y no en los victimarios. Rita Segato distingue el “escrache” del “linchamiento” justamente con esta intención. Pese a esta lógica, el escrache por sí mismo no es ni de cerca una solución al problema de la violencia de genero. Proponer hacer listas públicas de los violentos, sin distinción o sin que exista un abordaje integral de los casos de violencia, entiendo que no es la respuesta más acertada, ya que podría convertirse en un verdadero linchamiento público.

Argentina es un país que posee en materia jurídica, leyes de avanzada a nivel internacional para la protección de las vidas de las mujeres ante la violencia por motivos de género. Esas leyes fueron conquistadas por la lucha del movimiento de mujeres y feminista, no fueron dádivas. Por eso muchas nos hemos preguntado si hacen falta “más leyes” o lo que falta es que se apliquen las ya existentes, que se efectivicen. Sin dudas me inclino por esto último. No es simplemente un problema de cuantas leyes haya escritas sino también de quiénes son los responsables de aplicarlas y cómo lo hacen. ¿Qué hacemos cuando el Estado falla en el cumplimiento de sus responsabilidades? Lejos de lo que puedan pensar algunas corrientes dentro del propio feminismo, cuando el Estado falla es cuando más hay que exigirle respuestas porque cuando incumple las responsabilidades que él mismo asume con el pueblo, no es un simple error sino que es el reflejo de sus falencias estructurales, y eso nos señala el camino por el cual tenemos que empezar a transformar la sociedad.

Uno de los problemas más visibles que dejó claro el femicidio de Úrsula es la connivencia de las instituciones del Estado, en particular el Poder Judicial y la Policía, con el patriarcado. Entonces ¿Cómo se rompe esa connivencia, esa suerte de cofradía masculina que anida en el Estado? Lejos de ser coyuntural, esa connivencia es estructural, forma parte de nuestro entramado social. Cada reforma en la que avanzamos desde el movimiento de mujeres es un paso más en dirección a desarticular esa connivencia. Sin embargo hay momentos en los que la realidad nos vuelve imperioso avanzar de a saltos.

Quienes vemos la necesidad de que se declare el estado de Emergencia Nacional en Violencia contra las mujeres y disidencias entendemos que además de las modificaciones de las herramientas jurídicas vigentes, es importante avanzar en un cambio radical de paradigma sobre el cual se sostienen esas fallas en el cómo se aplican las leyes vigentes y quienes las efectivizan. Reconocer que las mujeres y disidencias estamos en emergencia permite transformar el tan añejo y burocrático paradigma de la “no urgencia”, que abunda en las respuestas que se nos dan desde las instituciones y/o políticas publicas cuando acudimos a denunciar una situación de violencia. Respuestas que subestiman la gravedad de lo que denunciamos, que no ven en cada denuncia por amenaza, hostigamiento, golpe o maltrato, el principio potencial de un desenlace peor: un femicidio. Que parecen ciegos ante el hecho de que en el último mes pasamos de contar un femicidio cada 30 horas a un femicidio cada 22 hs. Si el Estado no reconoce la situación de urgencia en la que nos encontramos difícilmente podremos lograr los recursos humanos, económicos e ideológicos que necesitamos para frenar esta violencia. Planificar políticas desde la urgencia, así como aprendimos con la pandemia del covid-19.

Pero si, en el mismo sentido en que lo venimos expresando, Estado y Patriarcado no son asuntos separados, las organizaciones de mujeres, feministas, disidentes y populares, deberían tener un rol fundamental en el control y ejecución de esas políticas, con autonomía e independencia de los poderes de turno, pero siendo reconocida la labor y experiencia de esas miles de mujeres en los territorios. Son cientos los ejemplos a lo largo y ancho del país de mujeres que se organizan contra la violencia machista y para cuidarse, y lo hacen de una manera efectiva, con una comprensión cabal de que nuestras vidas importan y deben ser resguardadas con urgencia.

Nadie mejor que las propias mujeres y disidencias para saber cuáles son las necesidades reales en la vida cotidiana. Probablemente siempre exista una parte que se niegue a escuchar esos reclamos, pero para quienes no comparten la misma necedad, las mujeres venimos diciendo hace ya tiempo que el tiempo nos cuesta la vida, que estamos en emergencia.

*Nazarena Galantini es estudiante avanzada de Filosofía (UNR) y coordinadora de la Campaña por la Declaración de la Emergencia Nacional en Violencia Contra las Mujeres de Rosario.

FOTO: Patricia Nasutti, mamá de Úrsula, en la movilización a Tribunales realizada en Capital Federal. Autora: Canela Belén, Galaxia Fotografía.

Faro verde (fotoreportaje)

Las jornadas del 29 y 30 de diciembre de 2020 quedarán marcadas en la historia.

Tres fotografes. Tres ciudades.

Hebe Rajneri (@hebehache) en Capital, Juan Pablo Matías (@juan.mathias) en Mar del Plata y Sebastian Pancheri (@bastian_baltazar18) en Rosario nos muestran los colores y las emociones cristalizadas en imágenes de una noche histórica. Las luces que encienden el faro para América Latina y el mundo brillaron con más fuerza cuando un anhelo, un sueño, un derecho de igualdad social en clave de género se hizo realidad. A las 4.12 de la madrugada el aborto legal, seguro y gratuito se convirtió en Ley.

Hebe Rajneri. Capital Federal

Juan Pablo Matias. Mar del Plata

Sebastian Pancheri. Rosario

Hebe Rajneri. Ig: @hebehache

Juan Pablo Matías: Ig: @juan.mathias

Sebastián Pancheri. Ig: @bastian_baltazar18

La revancha histórica de las mujeres: el aborto es legal en Argentina

Por Florencia Bark y Belén Spinetta*

La madrugada del 30 de diciembre de 2020 quedará grabada en la memoria colectiva de la Argentina. Con una movilización de masas inédita en el mundo, el Senado de la Nación convirtió en Ley la Interrupción Voluntaria del Embarazo: una pelea histórica del movimiento de mujeres de nuestro país. Dos años después de que el mismo órgano legislativo negara el derecho, se logró dar vuelta la página; es una revancha histórica que se configura además en un faro para toda América Latina, una de las regiones del mundo más atrasadas en materia de legislación que garantice el pleno goce de la salud sexual y reproductiva de las mujeres.

En 2018, el proyecto tuvo 38 votos negativos y 31 positivos. Ahora, en 2020, con 38 positivos y 29 negativos se dio vuelta la historia. La “marea verde” creció y se consolidó en las calles y las plazas, así como también aumentaron las necesidades y padecimientos en medio de una crisis sin precedentes. El resultado de la votación, esos siete nuevos votos positivos, expresa que de 2018 hasta acá no solo creció el reclamo y el movimiento en las calles, sino que el escenario político cambió favorablemente para todo el pueblo, tras la derrota del gobierno de Mauricio Macri en diciembre de 2019 y el triunfo del Frente de Todos.

En la aplastante victoria del voto verde frente a las posturas antiderechos, se expresa claramente una avanzada ideológica sobre ese sector. Así sucedió con tres senadores que cambiaron su posición y con frases que denotaban autocrítica, dieron el necesario “si” tras haber atravesado un aprendizaje. «Hace dos años yo me encontraba en este recinto sosteniendo una posición diferente a la de hoy. Estoy orgullosa de afirmar que hoy la mujer en Argentina es política de Estado. Mi voto es por una mujer libre, mi voto es un voto deconstruido”, expresó Silvina García Larraburu (Río Negro), y en el mismo sentido lo hizo Lucila Crexell (Neuquén) y Sergio Leavy (Salta). Otros, en los últimos meses estuvieron “indecisos” y finalmente levantaron la mano a favor de la justicia social.

La marea que todo lo empuja

En un año signado por la pandemia del coronavirus, una profunda crisis económica y una gran ofensiva de los sectores reaccionarios -factores que agudizaron la división social, política y cultura de la sociedad argentina- la legalización del aborto representa sin dudas un hecho bisagra. Es la consagración de la lucha que lleva más de 35 años (desde la creación de la primera comisión por el derecho al aborto en 1985), el agrupamiento alrededor de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, la continuidad histórica de un movimiento de mujeres único en el mundo que crece exponencialmente y tiene la particularidad de ser muy federal. Aunque la mayoría de las imágenes que circularon en los diarios del mundo de la jornada del 30 fueron tomadas en las inmediaciones del Congreso de la Nación, a lo largo y ancho del país se realizaron más de 121 vigilias – de Ushuaia a la Quiaca literalmente- que duraron hasta que se votó pasadas las cuatro de la mañana.

La marea verde que emergió en 2018 y copó la escena política nacional, poniendo las demandas del feminismo sobre la mesa de cada familia argentina, vino a coronar una de las batallas más cruciales en relación a la autonomía de las mujeres, el derecho a decidir sobre los propios cuerpos y ese derecho silenciado como un tabú: el derecho al goce. Aunque muchas veces hemos dicho que el feminismo en Argentina no nació en 2015 con el primer Ni Una Menos, ni en 2018 con la Marea Verde, nunca está de más enfatizar en que existe un recorrido de años y años que tienen a los Encuentros Nacionales de Mujeres -que se sostienen hace 34 años- como columna vertebral.

A su vez, en un contexto de profunda agitación en América Latina -a partir de derrota del golpe de Estado en Bolivia, el triunfo del pueblo chileno contra la Constitución Pinochetista y luchas popular como las de Perú o Guatemala- enciende un faro para los feminismos de la región. De hecho, hubo movilizaciones de apoyo en distintos países, ya que ganar el aborto legal en la Argentina empuja el conjunto de la lucha feminista latinoamericana.

La pelea por la legalización del aborto tiene un profundo contenido ideológico porque vino a cuestionar nada mas y nada menos que las raíces patriarcales que sostienen el sistema de explotación. La sanción de la Ley no puede entenderse tampoco como un punto de llegada, sino como una estación intermedia donde logramos subirnos al podio, pero que abre nuevos desafíos: en primer lugar, garantizar la plena implementación de la IVE, la Ley de Educación Sexual Integral y no bajar la guardia frente a la ofensiva anti derechos que seguramente va a crecer.

Al repasar la historia, 35 años de luchas no es poco. Sin dudas, fue y sigue siendo, desde nuestra óptica, una larga y dura pelea que tuvo sus costos. En todos estos años ¿cuántas mujeres murieron por abortos clandestinos? ¿Cuántas fueron obligadas a parir en silencio? Debemos decir que, durante años, este Estado patriarcal nos dejó en lo más rezagado de su agenda, pero pudimos ser protagonistas de la transformación de nuestra propia historia.   

Todavía no somos libres, vivimos en un mundo donde reinan los explotadores sobre los explotados y donde la doble opresión (por nuestra clase y por nuestro género) es aún la norma. Nos queda un largo trecho por recorrer en camino a la liberación nacional y social, esa que necesariamente conlleva nuestra liberación como mujeres. Pero después de este 30 de diciembre de 2020, tenemos un faro frente a nuestros ojos: ahora sabemos que juntas, que todas, que organizadas, podemos dar vuelta el viento.

*Florencia Bark es periodista y Lic. en Comunicación Social (Universidad Nacional del Comahue). De Río Negro, Patagonia Argentina. Trabaja en Diario Río Negro y La Comuna e integra la Campaña Nacional por la Emergencia en Violencia contra las Mujeres.

*Belén Spinetta es Comunicadora Social (Universidad Nacional del Comahue) y periodista. Patagónica -nacida y criada- actualmente viviendo en Buenos Aires. Integra la Red Par (Periodistas de Argentina en Red por una Comunicación No sexista). Co editora de Revista Lanzallamas.

Foto: Hebe Rajneri (@hebehache)

¡Al Senado el 29/12 para que sea ley! Qué dice el texto aprobado en Diputadxs

Por Paula Mañueco*

Alrededor de las siete de la mañana del viernes 11 de diciembre, el calor seguía emanando del asfalto sobre Callao mientras miles mirábamos al Congreso Nacional sabiendo que los diarios y radios hablaban de (otra) oportunidad histórica en el recinto. Orgullosas porque esa oportunidad la ganamos en las calles. Porque la historia pasa un momento por las bancas legislativas, pero empieza desde el pie en debates políticos que nos damos mucho más allá (y a pesar) del Estado. Porque al aborto y a la lucha les ponemos el cuerpo.

El “poroteo” tranquilizaba. Era casi un hecho la media sanción a una ley que, tomando los principales puntos del proyecto elaborado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, nos reconocerá por primera vez, en nuestro país, el derecho a decidir integralmente sobre nuestra salud sexual (no) reproductiva.

Quizá por eso -o por el calor o los barbijos y el alcohol en gel- la vigilia no fue como la de junio del 2018. Un contexto político diferente, la crisis profunda generada por la pandemia y un gobierno que, empujado por las acciones militantes, cumplió su compromiso de reabrir el tema imprimen diferencias. Hubo quienes dijeron que no era el momento de debatir (otra vez) la clandestinidad del aborto. Pero nosotras insistimos en que es urgente plasmar en la ley una convicción que ya es de todas y todes: la maternidad será deseada o no será. No hay vuelta atrás.

Años de lucha. De estudiar, debatir ideas, delinear estrategias políticas y construir consensos. De escuchar a las históricas, como Clelia Iscaro -Carmela, quien nos dejó hace un tiempo, pero es guía por su entereza y su convicción-, Nina Brugo -que tiene casi 80 años, pero no se perdió las actividades porque, insiste, “sale si salís”- o Lohana Berkins -quien nos enseñó que el patriarcado oprime a todas las personas que no son el varón hegemónico y que si nos juntamos somos imparables-. Años de Encuentros Nacionales de Mujeres, cabildeos, cátedras libres. Años en los que las feministas en red decidieron acompañar a esas mujeres que el Estado estaba (y estará, hasta que sea ley) abandonando y criminalizando.

La letra de la media sanción

El proyecto que hoy tiene media sanción, que ya se debate en las comisiones del Senado será llevado al recinto el 29 de diciembre, es la mejor síntesis actual de nuestras luchas multisectoriales e intergeneracionales. Podemos discutir algunas cuestiones de su contenido, pero es la mejor porque nos permite, hoy, arribar a los consensos necesarios para #QueSeaLey. La batalla no está ganada y vamos a defender la unidad para que cada Senador y Senadora que vote a favor sepa que tiene apoyo. El dictamen de mayoría se hizo en base al proyecto remitido por el Poder Ejecutivo Nacional, pero debe destacarse que ese proyecto tomó puntos claves del de la Campaña y del proyecto que obtuvo media sanción en 2018.

Como se supo en las últimas semanas los puntos discutibles tienen que ver con la regulación de la objeción de conciencia, la persistencia en la penalización de las mujeres y otras personas con capacidad de abortar, las condiciones en que ejercerán su derecho las niñas y adolescentes.

El debate político-ideológico seguirá a pesar de lo que se consagre en la ley, a continuación, aportare un punto de vista sobre puntos sensibles de la ley. Veamos brevemente:

Penalización: actualmente el aborto es un delito en nuestro Código Penal, salvo que el embarazo sea producto de una violación o que haya peligro para la vida o salud de la mujer. El proyecto de la Campaña no establecía una nueva regulación para el tipo penal de aborto. Al no proponerse una nueva tipificación de la conducta, la practica quedaba completamente despenalizada, porque constitucionalmente no hay delito sin ley previa que lo defina. Como se explicó en las reuniones informativas son muy pocos los países en el mundo que tienen completamente despenalizada la práctica. El resto se maneja principalmente por el sistema mixto de plazos (libre hasta las 14, 20 0 24 semanas) y causales (en general, salud integral y violación).[1]

Sabemos que el derecho penal no sirve para incidir en la decisión de quien no quiere continuar un embarazo; solamente empuja a la clandestinidad y a la culpa. Por eso, como nuestra pelea es por la despenalización total de las mujeres, desde la Campaña no se propuso nueva tipificación. La ley con media sanción sí tipifica (art. 18) la conducta desplegada por la mujer o persona con capacidad de gestar, luego de las 14 semanas y cuando no se den las causales salud integral o violación. Establece una escala penal de 3 meses a un año. La tentativa del aborto no será punible.

Cómo ejercerán su derecho las menores de edad (art. 8 de la ley con media sanción): las mayores de 16 años tienen plena capacidad para ejercer su derecho a la IVE. Las menores de 16 años podrán ejercerlo en los términos del art. 26 del Código Civil y Comercial de la Nación y Resolución 65/15 del Ministerio de Salud de Nación en concordancia con la Convención de los Derechos del Niño, la ley 26.061, el artículo 7° del anexo I del decreto reglamentario 415/06 y el decreto reglamentario 1.282/03 de la ley 25.673.

Esto que parece una ensalada legal significa que ya hay mucha normativa vigente que reconoce la capacidad progresiva de las personas y que la edad no puede ser un obstáculo para el acceso a la IVE. El art. 26 del CCCN establece[2] -en lo pertinente- que: “(…) Se presume que el adolescente entre trece y dieciséis años tiene aptitud para decidir por sí respecto de aquellos tratamientos que no resultan invasivos, ni comprometen su estado de salud o provocan un riesgo grave en su vida o integridad física (…)”. Por su parte la Resolución 65/15 del MSN[3] explica que las prácticas relativas al acceso a salud sexual y reproductiva son, en general, no invasivas. El aborto seguro es una práctica no invasiva dado que no provoca en sí riesgo ni daño en la salud; menos aún si nos referimos a abortos medicamentosos (con mifepristona y misoprostol) cuya realización puede ser ambulatoria, con el debido acompañamiento, y luego controlada en el sistema de salud.

Objeción de conciencia: esla estrategia más aceitada de los sectores antiderechos para obstruir abortos que, por causales, son legales desde 1921. Su consecuencia directa son graves daños en la salud de las gestantes y, muchas veces, partos forzados de niñas de 10, 11 o12 años. Suele venir acompañada de judicializaciones ilegítimas y amenazas a efectores de salud que garantizan derechos. En definitiva, es una forma de instrumentar la tortura para quienes hace casi 100 años tienen derecho a abortar.

En el proyecto de IVE de la Campaña no se la regulaba; en 2018 la ley que obtuvo media sanción la regulaba aclarando que está prohibida la “objeción de conciencia institucional”. El proyecto que ahora tiene media sanción la (art. 10) y, en su art. 11 -agregado durante el debate en comisiones-, pareciera dejar abiertas puertas y ventanas para que hospitales o clínicas privadas completas carezcan de profesionales que garanticen la práctica.

Pero ¿es negativa la posibilidad de objetar por conciencia? No debemos confundir la reivindicación profunda de convicciones con la obstrucción de derechos; no les regalemos eso a los odiadores de mujeres. Si hilamos finito, lo que han logrado esos sectores es tapar sus acciones violentas e incumplimiento de deberes legales con un supuesto ejercicio del derecho a la objeción de conciencia. Negar el derecho a la información y a la salud es y seguirá siendo delito, como se explicó -una vez más- en las reuniones informativas.[4]

Entonces ¿hay que oponerse a la objeción de conciencia? En mi humilde opinión, no.

Cuando en la tragedia griega Antígona dio sepultura a su hermano desoyendo el edicto del Rey, lo hizo en el ejercicio de sus más íntimas convicciones. En esa historia los hermanos de Antígona se habían enfrentado por el trono de Tebas, dándose muerte mutuamente. Eteocles, quien se había negado a cumplir los acuerdos con su hermano, provocando el conflicto, fue sepultado. Pero Creonte, su tío y nuevo Rey de Tebas, impuso la prohibición de hacer ritos fúnebres al cuerpo de Polinices, como castigo ejemplar por traición. La sepultura era un ritual sagrado y la falta ella la mayor deshonra a la que podía exponerse a una persona. Antígona consideró que la falta de sepultura era un castigo ilógico y desproporcionado; su profunda determinación moral la llevó a enterrar simbólicamente a su hermano, desafiando el edicto de Creonte.

Así, la primera objetora de conciencia de la que podemos hablar, resistió frente a la irrazonable definición del soberano, poniendo en juego su propia vida. En esa historia puede ubicarse lo que luego en los Estados Modernos se llamó “objeción de conciencia” y actualmente consiste en la posibilidad de resistir el acatamiento de una ley, en base a profundos sentimientos individuales y razones íntimas y personalísimas que la hacen intolerable. Queda claro, entonces que no existe la supuesta “objeción de conciencia institucional”. Las instituciones no tienen sentimientos ni conciencia.

Por eso entiendo que puede ser bueno regular la manera en que se nos garantizará la práctica, para el caso de existir personal médico cuya conciencia le impida practicar directamente un aborto. Quizá en el futuro tendremos que ajustar los términos de la regulación. Advierto que ni brindar información ni recetar medicamentos para abortos ambulatorios podrían considerarse como prácticas médicas capaces de generar un grado de violencia moral que choque irreconciliablemente con la conciencia íntima, empujando al ejercicio de ese derecho. Por otro lado, la interpretación del mismo debe ser restrictiva por su excepcionalidad y por las particulares condiciones en las que se podría llegar a dar.  

Más allá de las concepciones iusfilosóficas, es clave que escuchemos lo que nos dicen desde la Campaña en tanto la mal-invocada objeción de conciencia es, según lo indica la experiencia, “la puerta de entrada del incumplimiento de la ley”. Tendremos que estar muy alerta. Seguramente danto fuertes batallas en ciudades de tradición católica y conservadora; y ante tribunales que, al día de hoy, siguen llamando “asesinos” a profesionales de salud que garantizan derechos.

Como dije antes estamos logrando que el Estado reconozca un derecho que viene a destrabar una serie de derechos que hoy están limitados para nosotras.

Nuestra potencia es ilimitada. Eso es lo que tanto temen los sectores reaccionarios que defienden el statu quo y se oponen a la ley. Claro que hay quienes se oponen por convicciones religiosas y confunden sus templos con el Congreso, pero, en general, la negativa es sólo para desconocer nuestros derechos. No les importa la legalidad; les preocupa hasta dónde podemos llegar. Se llenan la boca hablando de vida, pero nos tienen terror porque no toleran que se redefinan tan profundamente los alcances de nuestra autonomía. Y no conciben de ninguna manera que la marea verde haya crecido para marcarles la agenda de aquí en adelante.

* Paula Mañueco, abogada feminista (UNComahue). Con curso de actualización en Género y Derecho (UBA).

FOTO: Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito

Otras fuentes:

Proyecto de ley con media sanción remitido al Senado Nacional en diciembre de 2020.

http://www.abortolegal.com.ar/consideraciones-sobre-el-proyecto-del-pen-es-ahora-abortolegal2020/


[1] Ver la intervención de la abogada especialista Paola Bergallo de diciembre 2020.

[2]http://servicios.infoleg.gob.ar/infoleg

[3] Marco interpretativo del Código Civil y Comercial vigente. Documento de acuerdos elaborado en la “Mesa de Trabajo: Nuevo Código Civil y Comercial, lectura desde los Derechos Sexuales y los Derechos y Reproductivos” (año 2015).

[4] Ver intervención de Natalia Gherardi, abogada directora del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, en las reuniones informativas diciembre 2020.