Universidad y ciencia: ¿Al servicio de quién?

*Por Enzo Balbuena

“Hacer que se encuentren los hombres de ciencias con los hombres de negocios” fue la idea que expresó Alejandro Vila, director de la Incubadora UNR en su inauguración en 2021, ante la presencia de toda la cúpula política de la provincia de Santa Fe y de la propia UNR, universidad que atraviesa actualmente un sigiloso alboroto a partir de la denuncia del periodista Mempo Giardinelli sobre su rol en la confección de un estudio de impacto ambiental en torno a la nueva licitación de la Hidrovía y que el Rector Franco Bartolacci extraoficialmente negó.

Según una nota que hablaba sobre la inauguración de la mencionada Incubadora, una de las premisas que daba vueltas era la de que “florezcan mil Bioceres”, firma de considerable peso en la misma y responsable del polémico trigo HB4, famoso por su resistencia a la sequía, pero también por ser fuertemente controversial debido a su origen transgénico en un mercado poco acostumbrado a los mismos. Este descubrimiento fue realizado hace un par de años por la Universidad Nacional del Litoral, y generó fuertes repercusiones incluso en países vecinos como Brasil.

Ésta empresa, la cual hace poco empezó a cotizar en Wall Street, es una de las “niñas mimadas» de toda la política provincial santafesina. En torno a la misma, poco se conoce sobre su relación con la Universidad, a pesar de que probablemente sea una de las pocas empresas privadas de todo el país que tiene un espacio físico dentro de una Universidad pública (ubicado en el predio de la Ciudad Universitaria de Rosario <CUR>, mejor conocido como “La Siberia”). Lo que sí se conoce de Bioceres es que es una empresa crecida al calor del Estado: arrancó hace 20 años asociándose con CONICET para crear INDEAR, un instituto estatal, pero de financiamiento privado, con el cual después se terminó quedando por completo. Además, cuenta con el abrigo de importantes financistas como el banco JP Morgan, el fondo Blackrock o el empresario Gustavo Grobocopatel, fundador y ex presidente de la Compañía, y actualmente parte de su Directorio. Un ejemplo de lo público poniéndose al servicio de lo privado.

Lo que no sabía Vila (y no tenía por qué saberlo) es que unir hombres de ciencias y de negocios no era ninguna novedad en la UNR. Hace unas semanas, en su columna semanal de Página 12, el periodista Mempo Giardinelli denunció distintas versiones sobre el vínculo de las Universidades Nacionales (donde incluye también a la mencionada UNL y a la UNSAM) y en particular de la Universidad Nacional de Rosario con el nuevo proceso licitatorio de la Hidrovía Paraguay-Paraná. La Hidrovía hace referencia al Río Paraná, una de las vías navegables más importantes del mundo, a través de la cual salen aproximadamente el 80% de los productos exportables de nuestro país y también de la región en general, y que fue privatizado en sus tareas de dragado y balizamiento en 1995 por el gobierno de Menem.

La Hidrovia en números (Fuente: Foro por la Recuperación del Paraná)

Entre las versiones de las que da cuenta, hay una que afirma la existencia de un estudio de impacto ambiental realizado por la propia UNR donde se aprobaría el dragado a 40 pies del Río Paraná (según Giardinelli, una catástrofe ambiental) que sería la base de sustentación de lo afirmado por la consultora Latinoconsult, que asesora a la Bolsa de Comercio rosarina y que daría validez al tan controversial decreto 949/20 a través del cual se abría un nuevo proceso de licitación allá por 2020.

Hace un par de semanas, en una reunión que tuvo muy poca difusión, la UNR firmó un Acuerdo de Asistencia Técnica con el Ministerio de Transporte de la Nación pasando a ser contralor de la concesión de la Hidrovía, a la par que esta Universidad junto con otras ya venía formando parte del Consejo Federal de la Hidrovía. Sin embargo, ante consultas realizadas en el Consejo Superior de la UNR, el Rector de dicha Casa de Estudios, Franco Bartolacci, afirmó en una sesión plena ante todo ese cuerpo que “no existe tal estudio de impacto ambiental”, lo que según el periodista de Página 12, generaría que el decreto 949/20 se vaya a pique y que deja al descubierto una profunda serie de irregularidades en torno a dicha licitación. De todas formas, todavía no hubo una presentación formal y plenamente pública por parte de la Universidad de Rosario ni se han expresado públicamente tampoco en torno a dicha acusación el resto de las Universidades implicadas.

Pero más allá de lo afirmado, lo que no puede negar la UNR es su articulación con quienes concesionan actualmente la Hidrovía. Quien maneja los hilos en este caso es Juan Carlos Venesia, hijo de Gualberto Venesia (ex vicegobernador de Santa Fe durante la primera gestión de Obeid, en pleno menemismo), director del Programa de Infraestructura Regional de la UNR, y a la vez, una especie de “monje negro” encargado de todos los temas relacionados a la Hidrovía, al transporte fluvial y a la gestión de puertos en la zona. Existen versiones off the record que afirman que es él quien circula en fotocopia el mencionado estudio de impacto ambiental, negado por el Rector.

Juan Carlos Venesia (Director PIR), el Rector Bartolacci (UNR) y Alberto Padoán (ex CEO de Vicentin y ex Presidente BCR) en 2019.

Este Programa tiene a cargo la Diplomatura en Gestión de Puertos y Vías Navegables, en la cual según se puede ver en distintos videos, la Jan de Nul (multinacional belga, actual concesionaria de la Hidrovía desde su privatización) es bien recibida y prácticamente “da cátedra”; por otra parte ha lanzado recientemente una nueva Diplomatura, esta vez en Gestión del Transporte de Pasajeros y Cargas, a la par que se anuncia otra para más adelante en Seguridad del Transporte Fluvial, en camino a llegar al grado de Maestría. Estas forman cuadros que ocupan puestos claves en torno a lo que significa uno de los mayores embudos de la dependencia argentina, en un complejo agroexportador que representa aproximadamente US$ 35.000 millones al año.

Integrar universidad y modelo productivo no está mal. En todo caso, el problema es el modelo que predomina y consecuentemente, los contenidos que se dictan. En este sentido, Venesia es coherente en los dichos y en los hechos, porque es básicamente el representante de los monopolios extranjeros dentro de la Universidad, a la par que es un fiel defensor del menemismo y no tiene problemas en expresarlo, como puede verse en una charla virtual realizada el 1 de septiembre del año pasado, impulsada por la Facultad de Ciencias Económicas de la UNR y disponible en su canal de Youtube.

En la misma, Venesia no sólo defiende el modelo actual sino que afirma que la Hidrovía es “una de las mejores privatizaciones” que se hicieron en la Argentina, al mismo tiempo que evade hablar de todo el tiempo histórico en que el río y el comercio exterior estuvieron en manos argentinas, teniendo organismos específicos y una de las mejores marinas mercantes del planeta.

Lo que este señor expresa de manera un tanto informal, también puede verse en producciones escritas del Programa de Infraestructura Regional, que en 2018 lanzó un libro llamado “Presente y futuro del transporte por la Hidrovía Paraguay-Paraná: perspectiva económica de su ampliación”, en el que se destacan las “bondades” de la profundización del dragado del Río, enmarcado en el Programa Santafesino de Desarrollo de la Hidrovía Paraguay-Paraná que ya venía desde la gestión del socialista Lifschitz y que “busca fundamentalmente promover Ia profundización a 36/38 pies de calado navegable desde Puerto General San Martín a profundidades naturales del Rio de Ia Plata”.

Venesia, haciendo uso del sello de la Universidad, también es el promotor del Encuentro Argentino de Transporte Fluvial, evento impulsado en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario y la Cámara de Puertos Privados Comerciales. Este Encuentro que se desarrolló en Rosario el 3 de mayo de este año, nuclea desde 2004 a los principales sectores que se han beneficiado a partir de la privatización de la vía navegable, y actualmente aboga para que todo siga igual. En el mismo estuvieron importantes políticos, además de que disertaron varios intelectuales que hacía unos días se habían paseado por el Foro Llao Llao.

Tipos como Venesia no se votan en ninguna elección universitaria, y en la práctica, no están sujetos al control de nadie. Operan desde hace años ante el silencio cómplice de quienes están al tanto de lo que pasa, falsos progresistas a los que se les cae la careta ante la premisa de que el modelo no se toca; por eso, al menos cualquiera que se precie de transparente (¡y en este caso de patriota!) debería por lo menos dar la cara y aclarar qué pasó y que está pasando.

Por otro lado, lo que esto grafica es que Jan de Nul también está prácticamente dentro de la Universidad, y se desconoce (al menos por parte de quien escribe) lo que sucede en el resto de las altas casas de estudio del país. Pero esto ayuda a explicar porqué el rol intelectual de las Universidades (más allá de si existe actualmente o no el mencionado estudio de impacto ambiental de la UNR) ha estado y viene estando en consonancia con una nueva privatización, sin siquiera mencionar una palabra sobre el papel que cumplió el Estado mientras tuvo en sus manos el control de dicha vía y del comercio externo, y da la pauta de que será necesario seguir la pelea por revertir esta tendencia.

A la vez, es necesario dar vuelta una constante aún más fuerte, donde a grandes rasgos, podemos decir que lo público no solo se ha puesto al servicio de lo privado, sino que en esto último se engloba a un reducido sector de grupos monopólicos y extranjeros, con fuerte influencia a la hora de definir, profundizar y perpetuar el modelo productivo actual, que pone a un aparato científico-tecnológico que sostenemos entre todos los argentinos al servicio de la ganancia de unos pocos grupos privados, que por el contrario, cuando no les va bien, son los primeros en pedir ser subsidiados y ayudados por el Estado.

Reaparece, otra vez, un principio básico del modelo: privatización de las ganancias, socialización de las pérdidas. En este sentido, podemos citar al ya mencionado Giardinelli, quien ha afirmado: «La cuestión no pasa por debatir cómo se vinculan lo público con lo privado, sino por el hecho de que se vinculen. Porque son campos representativos de intereses necesariamente contrapuestos. Y está recontraprobado históricamente que esa sola vinculación es y será siempre perdidosa y negativa para los intereses públicos»

No se pretende que la ciencia sea neutral, pero como dijo Ernesto Che Guevara, la técnica se puede usar para domesticar a los pueblos, o se puede poner a su servicio para liberarlos. Existen docentes, estudiantes, profesionales y graduados de la Universidad que pelean día a día para que las cosas sean distintas. Ésta última premisa debería volver a ser el horizonte para las grandes mayorías.

*Enzo Balbuena es estudiante de Ciencia Política en la orientación de Análisis Político, Consejero Superior de la UNR y forma parte de la agrupación estudiantil ALDE.

La Memoria que mueve el piso: excavaciones en el ex CCDTyE “Club Atlético”

Por Paula Mañueco*

En el marco del 46° aniversario del Golpe de Estado que dio inicio a la Dictadura Militar visitamos el “Espacio para la Memoria y Promoción de los Derechos Humanos ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Extermino ‘Club Atlético’”. Bajo la autopista avanzan las obras de excavación que hace veinte años empezaron con un objetivo: develar lo que el subsuelo tiene para decir sobre el funcionamiento del CCDTyE durante la dictadura genocida.


En los 46 años que nos distancian del último golpe de Estado la geografía porteña cambió en infinitos sentidos: menos adoquines, más autopistas y estaciones de subte; menos accesos libres al río. Desde el boom de los metrobuses, las bicisendas y los caminos peatonales que le dan forma a distintos “paseos” impulsados por sucesivas gestiones del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Hoy nos convoca de nuevo lo que está pasando en Av. San Juan (entre Cochabamba y Paseo Colón). Aquella (casi) esquina, que tuvo su primer cambio rotundo en 1978 cuando se demolió un edificio de la Policía Federal Argentina vuelve a ser distinta para cualquier transeúnte o automovilista que circule por allí. Es que la fuerza de la Memoria mueve montañas -o taludes-.

¿De qué se trata todo esto? El CCTyE “Club Atlético” funcionó desde comienzos y hasta fines de 1977 en el subsuelo del inmueble de “Servicio de Aprovisionamiento y Talleres de la División Administrativa de la PFA[1]”. Corrido del mapa, oculto y paradójicamente ubicado en una zona muy transitada, el campo de concentración mantuvo cautivas alrededor de 1500 víctimas del terrorismo de Estado durante su año de funcionamiento.[2] La mayoría permanecen desaparecidas.

Toma de deuda externa mediante, la dictadura definió construir la autopista 25 de Mayo y se derribaron todos los edificios que obstaculizarían la traza de la obra. Antes de demoler éste, los grupos de tareas “trasladaron”[3] a las personas allí secuestradas. A algunas, las forzaron a desmontar la estructura del horror para reubicarla en la “nueva sede” en la que seguirían torturando, violando, robando bebés y deshumanizando un tiempo más. Del edificio de tres plantas que albergaba a “Servicios y aprovisionamiento” no quedó nada. Del centro clandestino, sí.

Primera jornada por la Memoria en el ex CCDTyE Atlético (6 de julio de 1996). Foto: Archivo Sitio Memoria exCCDTyE Club Atlético– recuperada de Revista Haroldo.

Después de demoler el edificio se rellenó con sedimentos y luego con tierra para apoyar la autopista. Desde que el lugar fue identificado se pensó que ahí abajo podía haber evidencia “arquitectónica y artefactual”. Definido como sitio arqueológico, siempre tuvo mucha potencia para aportar nuevas pistas que permitieron seguir reconstruyendo –junto con los indispensables testimonios de sobrevivientes- el funcionamiento del CCDTyE o identificar a otras personas que hubieran estado secuestradas ahí. Desde el año 2005 es, además, un Sitio Histórico de la CABA y actualmente forma parte de la Red Federal de Sitios de Memoria que está a cargo de la Dirección Nacional de Sitios y Espacios de Memoria.

Durante la década del `90, en pleno auge de la lucha contra la impunidad – y estando paralizados los expedientes judiciales por hechos sucedidos en la última dictadura- vecinos y vecinas del barrio de San Telmo, familiares y sobrevivientes del “Club Atlético” junto con organismos de Derechos Humanos empezaron a tomar la calle para visibilizar que en ese lugar había funcionado un CCDTyE. En el año 2002, en el marco del “Proyecto de Recuperación de la Memoria Club Atlético” se logró que comenzaran las excavaciones. Con mucho trabajo arqueológico, no sólo para excavar sino para identificar y conservar, empezaron a rescatarse objetos. Cosas que por sí mismas podrían ser insignificantes permitieron ubicar muchas piezas del rompecabezas: un par de medias, una pelotita de ping-pong, una placa de impresión fotográfica (cliché), una gorra de la PFA. Algunas familias pudieron saber que sus seres queridos habían pasado por ahí; se acallaron ruidos tortuosos de la psiquis de sobrevivientes; se observó gráficamente el contenido ideológico nazi-fascista de los represores del lugar.

Hasta ahora se había desenterrado sólo el 20%. Los hallazgos (que permanentemente son estudiados a la luz de nuevos elementos de contexto) son invaluables. Por eso una de las demandas más insistentes de quienes integran la Comisión de Trabajo y Consenso (CTyT), de les trabajadores de Sitio de Memoria y ahora también de las instancias judiciales intervinientes es que sigan las excavaciones.

El primer paso para pensar la continuidad del trabajo arqueológico y descubrir la totalidad del sótano, era correr el talud de tierra donde estaba apoyado un tramo de la Autopista 25 de Mayo, esa que hizo la empresa AUSA[4] a pedido de la dictadura. Levantar un pedazo de camino de miles de toneladas y apoyarlo en un lugar distinto para luego remover unas cuantas toneladas de tierra y llegar al nivel del piso, de la planta baja. Un trabajo tan complejo como urgente, ya que entre tantas obras que se fueron haciendo (en el marco del “Paseo del Bajo”) el suelo del terreno se fue afectando y se incrementó el riesgo de deterioro del sitio arqueológico por los movimientos del suelo. Y como lo explican las arqueólogas y especialistas en conservación que trabaja ahí “lo que se deteriora no se recupera”.

Plano del subsuelo o sótano donde funcionó el CCDTyE “Club Atlético”. En gris la zona ya excavada (fuente: página de la SDHN).

La planificación urbana popular por Memoria, Verdad y Justicia ganó una primera pulseada contra el avance indiscriminado de las obras que AUSA tiene contratadas para dar continuidad al Paseo del Bajo[5]. Mediante dos convenios firmados por la CTyC con el Gobierno de la Ciudad y AUSA (2016 y 2019), se consiguió que la empresa -que factura fortunas por las obras- asumiera la responsabilidad de seguir con la excavación. El Juzgado que investiga los delitos de lesa humanidad es veedor de que cumpla.

Los trabajos que habían asomado a fines de 2019 fueron interrumpidos sin muchos argumentos durante el primer período de la pandemia. Con empuje y dando pelea, se consiguió que reanudaran. Cada vez que se frena la remoción de tierra se genera un malestar enorme porque la quietud es sinónimo de deterioro y pérdida de información. Quienes trabajan por la Memoria y la Verdad sostienen que los pedacitos de historia recuperados de ahí (y los que vengan) son también una forma de contrarrestar el pacto de silencio que mantienen los genocidas hasta la actualidad.

Fotos: izquierda arriba: Marzo 2022. Las arqueólogas trabajan sobre una superficie que quedó descubierta al correr el talud. Izquierda abajo: Marzo 2022. Están suspendidas las visitas guiadas, pero se pelea para lograr que esté “Abierto por obra” y así mostrarle a la comunidad qué y cómo se sigue trabajando. Derecha: Marzo 2022. Cierre de la marcha de antorchas convocada por la “Asamblea Plaza Dorrego” que recorre San Telmo y culmina encendiendo la silueta.

Tantas aristas de una misma historia y con un mismo objetivo: reconstruir el entramado social que la dictadura genocida vino a destruir. Devolverle la voz a las y los desaparecidos. Duelarlos mientras sostenemos su pelea por una sociedad más justa. Saber dónde están sus restos y dónde estuvieron en cautiverio. Juzgar a los responsables de cada uno de los secuestros y torturas. Restituir la identidad de les nietes. Excavar como una forma más de reparación. Conseguir que los represores sean condenados y cumplan los castigos impuestos, que siempre parecen livianos cuando los contrastamos con su accionar genocida.

Quienes vienen poniéndole el cuerpo a semejante tarea se alegran de que la gente se arrime a preguntar “qué está pasando”. Advierten que la nueva geografía del bajo porteño también les genera entusiasmo e interpelan a difundir lo más posible esta experiencia (que por cierto es la única de estas características en el país). Porque después de veinte años de lucha se consiguió que avance la excavación y cuando se termine de correr esa montaña de tierra se vienen nuevos desafíos para sostener el proceso de Memoria alrededor del “Club Atlético”.

Fotos: Izquierda arriba: Obras de movimiento de la autopista. Foto: Archivo Sitio Memoria exCCDTyE Club Atlético. Izquierda abajo: Diciembre de 2015. Jornada por la defensa de la plaza “30 mil compañerxs”. Luis Polotto (sobreviviente, hoy fallecido) ayuda con el encendido de la silueta a Tere Castrillejo (esposa de Manuel Alberto Guerra, militante del PCR que estuvo secuestrado en el lugar y permanece desaparecido). Derecha: 24 de marzo de 2021. Luego del encendido de la silueta, desde la Comisión de Trabajo y Consenso se insiste con continuar la excavación.

Urge pensar cómo se van a garantizar los equipos de trabajo especializados (arquitectxs, arqueólogxs, conservadorxs), elementos de trabajo necesarios para el “trabajo fino”, la construcción de un espacio adecuado[6] para organizar los objetos, restaurarlos y conservarlos. En paralelo ¿Cómo va a ser el diseño paisajístico de un camino marcado a fuego por el proceso colectivo de memoria, verdad y justicia? ¿Cómo siguen los juicios a los genocidas?

En definitiva, se está moviendo el talud eso es un impulso para seguir avanzando. Como dijo alguna vez Luis Polotto (sobreviviente del Atlético fallecido el año pasado; miembro de la Comisión de Trabajo y Consenso): “Ir al Atlético significa, además de una experiencia muy fuerte, un compromiso para que se conozca lo que pasó allí, por qué ocurrió, y que quede en la memoria del pueblo; por ello entiendo que debe difundirse para que las nuevas y futuras generaciones conozcan esa etapa negra de nuestra historia y que es posible, con proyectos populares y colectivos, transformar la realidad.”[7]

Encendido de silueta del 24 de Marzo día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

La Comisión de Trabajo y Consenso del ex CCDTyE “Club Atlético” junto con quienes sostienen el “Espacio para la Memoria” (que depende de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación” invitan al encendido de la silueta en homenaje a las personas secuestradas-desaparecidas durante la última dictadura.

La cita es a las 20 hs. en el sitio y por primera vez se encenderá, en el marco de un 24/3, la nueva silueta. La anterior, hecha artesanalmente sobre el talud de tierra y que durante años iluminó las luchas, fue desmontada en forma colectiva a fines del 2021 para dar lugar a la excavación.

La convocatoria recuerda que será una oportunidad para continuar alzando nuestras voces EN CONTRA DE LAS SALIDAS TRANSITORIAS otorgadas a los represores KALINEC (alias Doctor K), AVENA (alias Centeno) y DONOCIK (alias Polaco Chico).

Finalmente, al llegar al sitio, habrá una caja de votación para la elección del nombre que le daremos a la parada del “Metrobus”, que se ubicará a metros del ex CCDTyE.

Objetos con memoria del ex Centro Clandestino «Club Atlético»

***

Si sos familiar, amigx, compañerx o conociste a algún/a detenidx-desaparecidx del “Club Atlético”, y querés aportar testimonio/datos/información/fotos/documentos para el archivo de Historias de Vida, contactate con nosotros a: proyectoclubatletico@gmail.com -(011) 4307-3570.

*Paula Mañueco, abogada feminista (UNComahue).

Fuentes:


[1] Policía Federal Argentina.

[2] Este CCDTyE es parte del “Circuito ABO” Atlético, Banco, Olimpo: espacios diferentes en los que tuvo continuidad un mismo grupo de represores. No todas las personas secuestradas estuvieron en cada uno de los lugares. Algunas, porque fueron liberadas antes de que se “mude” de edificio. Otras porque sus “traslados” las llevaron directamente a estar desaparecidas.

[3] Los traslados significaban la mayoría de las veces acercarse al destino final, el momento en que los represores de deshacían de los cuerpos, abriendo ausencias infinitas.

[4] Autopistas Urbanas S.A.

[5] El “Paseo del Bajo” que anunció el Gobierno de CABA hace unos años busca unir las autopistas Illia y Buenos Aires-La Plata. Buena parte de la obra se pensaba realizar sobre el sitio arqueológico. Debió recalcularse.

[6] Los compromisos asumidos incluyen la construcción de un edificio donde funcione entre otras cosas el laboratorio, se puedan continuar las exposiciones de objetos, etc.

[7] Tomado de un tabloide publicado en el año 2014 (disponible en el blog).

Remachar la dependencia

*Por Luciano Moretti

Remachar la dependencia

Actualmente Argentina se encuentra rediscutiendo un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El gobierno argentino sostiene que es “el mejor acuerdo” al que se podía llegar y que esto nos permitirá crecer y exportar más para poder salir de este problema.

Es importante comprender que el FMI, como institución, es la expresión económico-política encargada de garantizar el funcionamiento del sistema financiero internacional. Este correcto funcionamiento posibilita que las empresas monopólicas de los países imperialistas puedan realizar negocios y superganancias en cualquier país, contando con ciertos respaldos o resguardos. Así, el directorio del FMI está bajo control de un conjunto de países imperialistas de los cuales EE.UU. es el socio mayoritario. Para cumplir su misión, el FMI se encarga de que los países posean la “suficiente liquidez” para ser sometidos al saqueo por parte del capital trasnacional. Sin el flujo suficiente de divisas y sin la libertad de circulación de las mismas entre las naciones, los capitalistas corren el riesgo de que sus inversiones y ganancias queden “atrapadas” en un solo país. Es por eso que, en el caso de la renegociación de la deuda argentina el miedo más grande de los empresarios, los terratenientes y de actores políticos de peso en ambas coaliciones, es caer en la “cesación de pagos”.

Reconocer la deuda y sus compromisos implica, inexorablemente, reafirmar el modelo agro-minero-exportador, aumentando las exportaciones (para eso es necesario aumentar la producción de aquellos bienes y servicios que demanda el mercado internacional, en el caso de Argentina mayoritariamente productos primarios como la soja, minerales e hidrocarburos). Esto, junto con el paquete de ajuste de recorte del gasto público, liberará mayores cantidades de materias primas y alimentos para los países centrales en un contexto inflacionario mundial producto de la recuperación económica post-covid y de la guerra en Ucrania. Una mayor presión extractivista implica una depredación mayor de nuestros bienes comunes, una mayor contaminación de nuestros ambientes y la creciente criminalización de las luchas de los pueblos que resisten este tipo de proyectos. Todo esto sumado a una economía mundial al borde del colapso sistémico producto de la creciente externalización de pasivos ambientales que amenaza con terminar con las condiciones materiales de existencia de la civilización humana.

Por el lado de los actores locales, la oligarquía terrateniente, la burguesía intermediaria y financiera, quienes controlan estos segmentos de la producción, celebran el acuerdo con el FMI como una victoria, dado que el mismo les permitirá aumentar la producción (y sus superganancias). La aprobación del acuerdo les garantiza a estos grupos que se reafirma el rumbo económico del gobierno de sostener este modelo productivo. En poco tiempo veremos cómo se direccionan los escasos recursos públicos en obras que esos sectores demandan.

Luego de que el presidente Alberto Fernández anunciara el acuerdo con el FMI, el ministro de Economía, Martín Guzmán, detalló los principales puntos del entendimiento logrado, que demandará un programa de dos años y medio. El Fondo efectuará revisiones trimestrales de las metas acordadas y desembolsos de dinero que la Argentina utilizará para cancelar el acuerdo contraído por el gobierno de Macri y que supone para la Argentina una deuda de alrededor de US$ 44.500 millones. Luego, se abrirá un período de 10 años para cancelar esa refinanciación, que comenzaría en 2026.

Esta renegociación nos somete a revisiones periódicas por parte del FMI (diez visitas del organismo durante los próximos tres años). No se extienden los pagos a futuro, sino que nos otorgan financiamiento a “cuenta gotas” para que podamos hacer frente a los vencimientos por venir, por lo que recién se comienza a pagar los intereses, las sobretasas y el total de la deuda a partir de 2026. Esto tiene el problema que los vencimientos de deuda con el FMI coincidirán con el plazo de renegociación con los bonistas privados, por lo que el problema del default sólo se aplazó por un par de años. El hecho más grave del acuerdo es la convalidación de la estafa (incluso admitida) realizada por la gestión de Mauricio Macri. A su vez, el gobierno ha abandonado la discusión respecto a las sobretasas que el FMI cobra a los países sobre endeudados, mediante las cuales el Fondo se capitaliza como si fuera un banco privado.

Aparentemente el acuerdo (veremos cuando se conozca la “letra chica”) no se realiza a contrapartida de reformas estructurales de la legislación argentina (privatización de activos públicos, reformas laborales y jubilatorias regresivas, desregulación de mercados financieros). Aunque debemos afirmar que ya se hicieron ajustes en la formula jubilatoria en perjuicio de los jubilados ni bien iniciada la actual gestión. La oposición de JxC dice ahora que “ellos hubieran negociado en 5 minutos”. No podemos ni imaginar el nivel de entrega que eso hubiera implicado. Además, ahora se acordaron que debe pasar por el Congreso y agitan esa consigna cuando ellos nos endeudaron con el FMI sin discutirlo con nadie. Es importante saber, que, respecto a la discusión del acuerdo en el Senado, es una exigencia de los negociadores del Fondo que quieren que todos los actores principales de la política convaliden el acuerdo.

El gobierno afirma que esta fue una negociación dura pero exitosa. Sin embargo, en este pre-acuerdo no figuran casi ninguna de las exigencias centrales que el gobierno fue planteando en estos dos años, a saber: No va a existir ningún tipo de quita de capital a pesar de que el mismo Fondo reconoció que el préstamo fue para la fuga de capitales, tampoco habrá condonación parcial, no se logró estirar los plazos a 20 años (como dijo en su momento CFK y Wado de Pedro), no se logró eliminar sobre tasas del 4% que pagamos por recibir un crédito extraordinario, tampoco va a existir ningún tipo de canje de deuda por acción climática, por último se solicitó estirar el plazo de la meta déficit cero a 2027, lo cual no se logró. El FMI y el gobierno habían prometido que habría nuevos desembolsos y préstamos de otros organismos financieros para realizar obras de infraestructura, eso por ahora no se nombró.

Como observamos, las “soluciones” que plantea el gobierno sólo contribuyen a profundizar el problema de fondo que son la dependencia financiera y tecnológica de la argentina como resultado de su estructura productiva desequilibrada. Sin romper con los mecanismos de la dependencia no hay salida posible, y cualquier acuerdo con el FMI sólo pospone un inevitable default. Para comprender esto, proponemos un breve recorrido sobre el funcionamiento de la economía capitalista mundial y del lugar que ocupan los países dependientes y periféricos en la misma.

El sistema imperialista y la deuda

Como punto de partida debemos comprender que, el sistema capitalista es y siempre fue una economía mundo. Una economía-mundo es una gran extensión geográfica en la cual existe una división del trabajo, y, por lo tanto, un nivel significativo de intercambio comercial de mercancías, así como flujos de capital y trabajo (Wallerstein 2004). En su espacio geográfico operan cadenas de producción, las cuales a través del comercio proveen diversas mercancías (tanto insumos como bienes finales) y organizan diferentes dotaciones de recursos naturales, capital y trabajo que explican las desigualdades espaciales económicas y sociales entre los países. Dichas cadenas se dividen en actividades núcleo (o centrales) intensivas en capital y con alto contenido tecnológico, y en actividades periféricas, generalmente intensivas en trabajo y asociadas a la extracción o procesamiento de materias primas (Hopkins and Wallerstein 1994). Así encontramos que existen economías centrales y economías periféricas que cumplen distintas funciones al interior de una sola economía mundial. Una de las características distintivas de una economía-mundo es que no está integrada bajo una estructura política unitaria. Por el contrario, existen multiplicidad de estructuras jurídicas políticas en el sistema. Lo que mantiene unida a esta estructura heterogénea es la división del trabajo que la constituyó en un primer momento.

Esta lógica de centro-periferia opera sobre un eje divisorio de la producción dentro de la economía-mundo capitalista entre los productores dedicados a actividades centrales y aquellos dedicados a actividades periféricas. Centro-periferia es un concepto relacional. Lo que divide a ambas actividades es el nivel de rentabilidad de cada proceso productivo. Dado que la rentabilidad está directamente ligada al grado de monopolización, lo que se entiende por actividades centrales son aquellos procesos productivos controlados por pocos productores, es decir cuasi-monopolios u oligopolios. Por su parte, los procesos periféricos son aquellos verdaderamente competitivos.

Las desigualdades económicas entre los distintos espacios que conforman la economía-mundo se producen en el intercambio comercial, los productos con mucha competencia se encuentran en posiciones de debilidad. Como resultado, existe un flujo constante de excedente desde los productores de la periferia hacia los productores del centro. Esto se llama intercambio desigual y se expresa a través de las diferencias de productividad, la remuneración del trabajo y la atomización de la oferta de los productores de la periferia.

Las economías centrales generalmente son (o han sido en el pasado reciente) países imperialistas. Durante el período colonial los países europeos diseñaron un sistema en el cual dependían de la extracción de riqueza de las colonias para garantizar su crecimiento, desarrollo y su participación en la economía mundial. Por ejemplo, la revolución industrial que tuvo su epicentro en Gran Bretaña necesitó del algodón que se producía en las colonias americanas sobre la base de trabajo esclavo traído del continente africano. Así es imposible entender la industrialización de los países de altos ingresos sin hacer referencia al patrón de extracción de recursos de la periferia que lo apuntaló (Frank 1998).

El sistema colonial imperial era el contexto perfecto para el desarrollo de la economía de mercado capitalista en Europa. Por un lado, proveía de trabajo y mercancías prácticamente gratis a los países centrales, que luego podrían ser utilizadas en el proceso de manufactura reduciendo el costo de los factores de producción, o ser revendidos en el mercado internacional para equilibrar la balanza comercial. Por el otro lado, les garantizaba a los capitalistas europeos el acceso a mercados a disposición en los cuales colocar el excedente de producción que no podían realizar en otros mercados más competitivos. La extracción de materias primas y alimentos gratis desde la periferia permitió la rápida urbanización e industrialización de las naciones europeas mediante el desplazamiento de los trabajadores desde el campo hacia la ciudad. Las colonias de poblamiento en América del Norte, Australia y Nueva Zelanda constituyeron espacios en los que relocalizar población “excedente” que no encontraba trabajo en las nacientes industrias (Patnaik and Patnaik 2021).

Estos “servicios” que prestaban las colonias a los países centrales, tales como mantener o reducir los costos de producción de los suministros necesarios para la producción industrial a la vez que mantener mercados cautivos que funcionaban como mecanismos contra cíclicos frente a la caída de la demanda agregada de los países capitalistas fueron centrales en la acumulación de capital necesaria para motorizar la industrialización. Bien señalaba Rosa Luxemburgo que, la única forma de estabilizar el sistema capitalista era mediante su avance sobre economías pre-capitalistas, de ahí que el imperialismo sea la fase superior del capitalismo como señalara Lenin.

Desarrollo, comercio desigual y deuda externa en el siglo XX

Luego de la descolonización gracias a las luchas de liberación nacional que sacudieron al mundo durante todo el siglo XX, la extracción de riquezas desde la periferia continuó con nuevos mecanismos. El comercio desigual, las inversiones extranjeras directas y la deuda externa son tres de los mecanismos que el sistema posee para continuar con el drenaje de recursos y riquezas en favor del centro. Las economías de ingresos altos continúan apropiándose del trabajo y los recursos de la periferia. En 2015 esto equivalió a 10.1 miles de millones de toneladas de materias primas (un 50% del consumo total de países desarrollados), y 182 millones de años de trabajo por persona. La periferia ha sufrido pérdidas anuales de 14.000.000.000.000 (1.4 billones) a través del comercia desigual, 486.000.000.000 (486 billones) en repatriaciones de ganancias, y 1.1 billones en flujos financieros ilícitos, en total suma 3 trillones. Esto sucede porque los precios son sistemáticamente más bajos en la periferia que en el centro. Los salarios de la periferia son en promedio 1/5 del nivel salarial del centro. Por cada unidad de trabajo incorporado y recursos que el sur importa desde el norte, deben exportar muchas más unidades para pagarlo (Hickel, Sullivan, and Zoomkawala 2021).

Desde mediados de siglo, y luego de la descolonización, los nuevos gobiernos nacionales que se instalaron en las excolonias condujeron políticas de desarrollo económico centrados en la industrialización y en la mejora del ingreso de los asalariados de sus países. Para llevar adelante estas políticas, las economías de la periferia necesitaban generar una enorme cantidad de ahorro para sostener el nivel de inversión de industrias intensivas en capital. Dado que, las economías periféricas están sujetas al mecanismo de drenaje que les impone el intercambio desigual sufren de déficits crónicos y cíclicos en sus balanzas de pagos. Es decir que, las exportaciones no alcanzan para cubrir las importaciones, muchas de ellas insumos claves para los nuevos sectores industriales. Esto es una forma de dependencia financiera tecnológica que se impone sobre las periferias. Para sortear este problema se recurrió al llamado de inversiones extranjeras directas y eventualmente a la toma de deuda externa con organismos internacionales de crédito.  

En su gran mayoría estas estrategias de desarrollo fueron impugnadas por los países imperialistas y por las clases dominantes locales asociadas al comercio y los negocios con las burguesías de los países imperialistas (en muchos casos mediante dictaduras sangrientas o intervenciones militares). Sin embargo, a pesar de esta puja, para la década de 1970 la mayor participación de los asalariados de la periferia en las ganancias y su mayor poder de consumo generaron procesos inflacionarios en los países centrales. Esto fue muy evidente durante la crisis que sacudió a las economías centrales producto del alza en los precios del barril de petróleo. Además, la recuperación de la economía alemana y de los países del Este asiático como Japón y otros, generó una mayor competencia por colocar los productos manufacturados generando una caída de la demanda agregada que, combinada con el aumento de los precios de insumos claves, generó un ahorcamiento de la tasa de ganancia de los grandes monopolios. Al no disponer de insumos gratis desde la periferia por la pérdida del dominio colonial y al no contar con mercados cautivos a disposición las economías centrales entraron en un proceso de estancamiento económico con inflación. La espiral inflacionaria amenazaba con impugnar el predominio del dólar como moneda de reserva internacional.

La respuesta a este problema por parte de los países imperialistas comandados por Estados Unidos fue la ofensiva neoliberal. Debido a la debilidad externa y a los déficits crónicos que presentaban los países periféricos y dependientes, los organismos financieros internacionales pudieron imponer las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estas recetas han implicado el recorte del gasto público, los salarios estatales y la pérdida de derechos laborales, reduciendo la capacidad del sector público para incentivar la demanda. Dichas políticas de ajustes cumplen con dos funciones, por un lado, al reducir el poder de compra del Estado y al recortar los salarios reducen el poder adquisitivo de las economías como un todo por lo que cae el poder de consumo “liberando” una mayor cantidad de bienes para la exportación (que de otra forma habrían sido consumidos por el sector asalariado). Esto se conoce como deflación de ingresos. Por el otro lado, el desmantelamiento de las políticas de incentivo y protección a la industria, así como de los subsidios (debido al recorte del gasto público) generan un proceso de desindustrialización que profundiza la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados y aumenta la demanda de productos que deben ser adquiridos en los países centrales. Así se logra reducir la inflación de insumos y la caída de la demanda agregada en el centro a la vez que se perpetua la extracción de recursos de la periferia.

Conclusiones

El gobierno y el FMI sostienen que al evitar el default y plantear un programa económico “serio” que equilibre los valores macroeconómicos se otorga un sendero de previsibilidad para los negocios y las inversiones. Sin embargo, las revisiones trimestrales a las que nos somete el FMI generaran presiones devaluatorias constantes frente al peligro de que el organismo decida cortar el financiamiento en caso de que no se esté cumpliendo con sus exigencias. La presión devaluatoria proviene de los monopolios exportadores, grandes terratenientes y sector financiero que son quienes determinan el tipo de cambio. Este punto se encuentra ligado directamente al modelo agroexportador como señalamos previamente.

Sin mediadas que apunten a resolver la dependencia financiera y tecnológica que revierta la especialización productiva del país en la exportación de recursos naturales los desbalances en la balanza de pagos continuarán. Las políticas del gobierno y el FMI sólo lograran el superávit a costa de un ajuste y su consecuente recesión económica, materializando la deflación de ingresos de las clases populares y aumentando las exportaciones de recursos naturales. El excedente de esa ecuación ira a parar al pago de la deuda externa.

Este escenario de acuerdo no hace más que remachar la dependencia de la economía argentina con los mercados internacionales, fortalecer el poder de negociación de actores concentrados que controlan palancas claves (como terratenientes o el sector agroexportador) como acabamos de ver con el no aumento de las retenciones, impide al país tener una política soberana respecto al manejo de sus recursos financieros y nos estira la agonía del pago de intereses, sobretasas y capital de la deuda por años lo que constituye un drenaje permanente de riquezas que no podrá ser utilizado para atender la enormes emergencias sociales de nuestro pueblo.

Además, perpetua la extracción de recursos y riqueza de nuestra economía en favor de los países centrales, profundizando la depredación del ambiente y la presión eco-sistémica e impidiendo la implementación de políticas de mitigación de la emisión de gases de invernadero o de transición energética hacia un matriz más limpia, ambas necesarias en términos climáticos-ambientales y en las posibles ramificaciones en empleo que podrían generar.

Si bien, como señalamos anteriormente el gobierno se “comprometería” a no llevar adelante una reforma laboral ni jubilatoria, la piedra de toque sigue estando en el valor de los salarios. Mientras que en 2015 el salario promedio valía U$D 500 hoy se encuentra en valores de USD 233. La clase trabajadora perdió más del 50% del valor de su salario, sumado a la inflación que carcome el poder adquisitivo de los hogares y ese es el problema principal. Llevamos cuatro años de caída sistemática del poder real de los salarios. Las jubilaciones y pensiones atraviesan una situación similar. La mínima está en niveles de indigencia.

Que el FMI entendiera que es importante mantener el gasto social no es un elemento nuevo. Al gobierno de Macri también le permitió aumentar las partidas sociales. Esto generó la idea de que “el Fondo cambió”, que ahora entiende la importancia de la política social. Esto es una vil mentira, lo único que entiende el Fondo es que necesita de “gobernabilidad” (estabilidad política y social) para que el país pueda hacer frente a sus obligaciones y por eso es más laxo con el gasto social. Sin embargo, aunque el gasto social es sumamente importante en el contexto de emergencia en que se encuentra el país, lo que verdaderamente necesita cambiar es el plan económico. Debemos poner en el centro dos elementos: la generación de empleo y la reducción de la desigualdad social. Sin estos dos horizontes podrá haber recuperación económica (como la hubo durante el 2021) pero esta no llegará a la gran mayoría de los hogares.

*Luciano Moretti es Licenciado en Ciencia Política. Doctorando en Estudios Sociales. Universidad Nacional del Litoral.

Referencias:

Frank, André Gunder. 1998. ReOrient: Global Economy in the Asian Age. Berkeley: University of California Press.

Hickel, Jason, Dylan Sullivan, and Huzaifa Zoomkawala. 2021. “Plunder in the Post-Colonial Era: Quantifying Drain from the Global South Through Unequal Exchange, 1960–2018.” New Political Economy 26(6):1030–47. doi: 10.1080/13563467.2021.1899153.

Hopkins, Terrence, and Immanuel Wallerstein. 1994. “Commodity Chains in the Capitalist WorldEconomy Prior to 1800.” in Commodity chains and global capitalism. Praeger Publishers.

Patnaik, Utsa, and Prabhat Patnaik. 2021. Capital and Imperialism: Theory, History, and the Present. Monthly Review Press.

Wallerstein, Immanuel. 2004. World-Systems Analysis: An Introduction. Duke University Press.

Foto: Reuters

Ucrania. imperialismo, geopolítica… y autodeterminación?

5 de marzo de 2022

Por Matías Rodríguez Gianneo*

El 24 de febrero de 2022, Rusia comenzó la invasión a Ucrania que está dejando miles de muertos y más de un millón de refugiados, lo que configura una crisis humanitaria. Imágenes que recuerdan a Siria o la Franja de Gaza, ocultadas por la prensa occidental. Aunque existían indicios y fuentes diversas que anunciaban esta posibilidad, el ataque sorprendió al mundo. En los últimos días, lo que Putin llamó una operación militar para destruir las defensas militares ucranianas se trasladó al bombardeo de poblaciones civiles. La preocupación llegó a todo el mundo por la posibilidad de una reacción en cadena de las acciones bélicas y el choque directo de potencias, y abrió preguntas, algunas las abordaremos en el siguiente artículo: ¿Cuáles son los cambios geopolíticos que operan, pos crisis del 2008 y con la pandemia, sobre este conflicto? ¿Es una guerra justa o una guerra imperialista?

Cambia, todo cambia, menos las viejas costumbres de guerrear

En el viejo mapa de la URSS, una de las repúblicas claves en su poderío estratégico era Ucrania. Su valor es enorme para los planes rusos de volver a ser una potencia de primer orden, su importancia radica en: la extensión territorial y sus 44 millones de habitantes, la ubicación estratégica en el pivote de Europa-Asía, sus tierras fértiles: ambos países en cuestión suman el 78% del comercio mundial de aceite de girasol, el 28% del comercio de trigo y el 19% del maíz[1], la industria naval en Sebastopol (ubicada en la península de Crimea) donde se encuentra el mayor astillero de la ex URSS y la flota del Mar Negro, y el desarrollo de la industria pesada en las regiones que Rusia apoya su autonomía (Donetsk y Lugansk) que fue el centro de la Guerra Civil del año 2014. Por lo tanto, la posibilidad de que Ucrania quede bajo la órbita de la OTAN es una amenaza enorme para la seguridad de Rusia.

Estados Unidos presionó a Rusia rompiendo el acuerdo de “ni un centímetro más al Este” luego de la disolución de la URSS. La OTAN se ha movido hacia el Este más de “un centímetro” con la incorporación de trece países: República Checa, Polonia, Hungría (1999), Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Eslovenia (2004), Albania, Croacia (2009) y Montenegro (2017). Por lo tanto, la actitud de Rusia pareciera lógica, desde el punto de vista de la lucha entre potencias, en no negociar ni aceptar el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania. Europa Oriental dejó gradualmente de funcionar como “escudo” de Rusia. La agresión imperialista de Putin en Ucrania, podría ser aprovechada por la OTAN para avanzar en Europa Oriental y llevar a mayores tensiones en la región y el mundo. El escenario creado, en definitiva, termina aquejando a los pueblos que sufren los conflictos armados y las sanciones económicas. El propio Biden en el discurso en el que anunció las sanciones económicas, como en la apertura del Estado de la Unión afirmó que «Putin pensó que podía dividirnos, pero se equivocó» y que “junto con nuestros aliados, brindamos apoyo a los ucranianos en su lucha por la libertad. Asistencia militar. Asistencia económica. Asistencia humanitaria. Y continuaremos ayudando al pueblo ucraniano mientras defiende a su país”[2]. Estados Unidos se muestra como “protector de la libertad”, ante los invasores. Pero no hay que olvidar que Estados Unidos invadió y bombardeó Yugoslavia, Irak, Afganistán, el norte de África, y estuvo detrás del golpe de Estado en Bolivia y las amenazas recurrentes a países latinoamericanos, y presiona financieramente, a través del FMI, a países como Argentina. Hipocresías que tampoco cambian.   Pareciera que la estrategia de la Casa Blanca es utilizar la escalada bélica para aislar y debilitar a Rusia, fortalecer a la OTAN en Europa en medio de su declive relativo, al mostrarse como protector ante la amenaza rusa. Madeleine Albright (ex secretaria de Estado de EEUU entre 1997 y 2001) en el New York Times[3], afirma que Putin estaría cometiendo un error histórico ya que con “ese acto de agresión llevaría a la OTAN a reforzar considerablemente su frente oriental y a considerar ubicar fuerzas de manera permanente en los Estados bálticos, Polonia y Rumania”. Queda expuesto en la batería de severas sanciones contra Rusia (sin precedentes en relación a conflictos similares llevados adelante por Estados Unidos y sus aliados) que van excluir a determinados bancos rusos del sistema financiero SWIFT, que les imposibilita los movimientos de pagos entre miles de institutos financieros en 200 países; prohibiciones a la exportación de bienes, tecnología y servicios para la industria aeroespacial; se prohibió a los medios estatales rusos RT y Sputnik distribuir su contenido tanto en televisión como en internet dentro de la UE y Estados Unidos; entre muchas más. En la editorial del 1 de marzo del Global Times (perteneciente al periódico Diario del Pueblo del PCCh) afirman que “China está dispuesta a desempeñar un papel constructivo en la búsqueda y realización de la paz, pero nunca bailará bajo la batuta de Washington. A lo largo del desarrollo de la crisis de Ucrania, es demasiado obvio que Estados Unidos ha estado creando la crisis, transfiriéndola y beneficiándose de ella”.

Otro elemento que está jugando un peso importante en el conflicto es el abastecimiento energético de Europa. Rusia destinó en 2020 el 77,65% del total de sus exportaciones de gas y el 53% de su petróleo a Europa, lo que configura una interdependencia, ya que Europa importa alrededor del 40% del gas ruso. El presidente Joe Biden, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen emitieron un comunicado conjunto afirmando que “trabajamos juntos para lograr un suministro continuo, suficiente y oportuno de gas natural a la Unión Europea desde diversas fuentes de todo el mundo para evitar interrupciones del suministro, incluidas las que podrían resultar de una nueva invasión rusa de Ucrania”[4] . Estados Unidos planea suplantar a Rusia como exportador de gas, o buscar otras alternativas para cortar lo principal de las exportaciones rusas, llevándolo a la quiebra económica. La pausa en la construcción del nuevo gasoducto Nord Stream 2, que provee gas a través del Mar Báltico desde Rusia a Alemania coincide con ese objetivo.

Sin embargo, según Gabriel Merino[5], dentro de la UE se encuentran dos proyectos estratégicos que se manifiestan con diferencias en relación con el conflicto con Rusia: el proyecto germano-francés centrado en el Euro y el espacio continental europeo versus el proyecto anglosajón de la UE sin Euro como área de libre comercio subordinada al globalismo financiero angloamericano. Berlín avanza hacia el Este y choca con Rusia, pero también sabe que, sin un mundo multipolar con China y Rusia de contrapeso, queda subordinado al bloque global anglosajón y debe olvidarse de su proyecto europeo. Europa termina pivoteando entre los acuerdos económicos con China y el apoyo militar a Estados Unidos.

Las alianzas fundamentales en las que se ha basado la hegemonía norteamericana durante el siglo XX y principios del XXI estuvo asociada a Europa Occidental, por ello es clave impedir el crecimiento de alianzas “euroasiáticas”. Alianza que tiene la punta de lanza en el proyecto de la “ruta de la seda del siglo XXI” llevado adelante por China, que está ligado a una acumulación de capital a escala global que se orienta cada vez más hacia el Este y el continente asiático requiere movilizar recursos para conectar las cadenas globales de valor con Asia Central, Europa y América Latina.

La alianza Moscú-Beijing, a pesar de la desconfianza histórica, goza de buena salud. Rusia produce la energía que China necesita para apuntalar su rol de fábrica del mundo, en el año 2013 la petrolera estatal rusa Rosneft concretó un acuerdo de 270.000 millones de dólares para duplicar el suministro de petróleo para China[6]. El jefe de Rosneft, Igor Sechin, aliado cercano de Putin, dijo que su compañía se ha comprometido a abastecer a China con 365 millones de toneladas de petróleo durante 25 años a partir de la segunda mitad de la década. En 2014 Gazprom y National Petroleum Corporation firmaron un acuerdo de 30 años para utilizar el gasoducto Power of Siberia para exportar gas ruso a China[7].

Lo que parece una constante, es la vieja costumbre de guerrear. El escenario global cambió cualitativamente con la invasión rusa a Ucrania, crece la inestabilidad y se ahonda la incertidumbre. Quienes afirman que se puede construir un mundo multipolar estable y pacifico a cargo de las instituciones globales, dejan de lado que el capitalismo tiende inevitablemente al conflicto y reeditan una vieja discusión entre Kautsky y Lenin. Kautsky afirmaba que los intereses de las grandes potencias tendían a ir forjando acuerdos que llevarían a la conformación de un “superimperialismo” donde las potencias explotarían de forma conjunta y pacífica a los países atrasados. Lenin polemizó afirmando que la tendencia del imperialismo, más allá de acuerdos coyunturales, llevaba al conflicto y a la guerra. En la trama de cambio histórico que vivimos, las afirmaciones de Lenin cobran mayor fuerza.

Vivimos un momento de transición histórica, el orden mundial fundado posterior a la Segunda Guerra Mundial y reconfigurado luego de la caída del Muro de Berlín entró en crisis sistémica: no sólo económica sino también de legitimidad. La pandemia provocó un enorme golpe recesivo global. La redistribución del poder y las riquezas es el trasfondo. Al ascenso de Asia Pacífico, principalmente de China y, por otro lado, la crisis de hegemonía de Estados Unidos y sus aliados, se le suma la intención de Rusia de volver a ser una potencia de primer orden y el pivoteo de Europa. Sumado a las luchas en los países oprimidos por mayores grados de autonomía en regiones como América Latina. Movimientos que son propensos a mayores escaladas bélicas. La nueva carrera armamentista retrotrae a situaciones similares a la Primera Guerra Mundial, incluso los países europeos están incrementando sus gastos en defensa, el canciller alemán Scholz anunció en un discurso, hace unos días, que triplicará el presupuesto de defensa para rearmarse contra Rusia.[8] Esto se suma a los descomunales gastos de Estados Unidos, China y Rusia. 

El recrudecimiento de conflictos y crisis más recurrentes que son aceleradas por las estelas de la crisis del 2008, el desarrollo desigual y las inéditas consecuencias económicas y sociales de la pandemia, llevan a choques entre potencias imperialistas que traen enormes sufrimientos a los pueblos, que hoy lo vemos tanto en Ucrania como en las guerras en diferentes regiones del mundo. La hegemonía mundial de Estados Unidos está en crisis, pero lo que surge en su lugar no es una alternativa anticapitalista. Al mismo tiempo, el desarrollo de estas guerras puede generar escenarios de debilitamiento de las potencias, y abrir una brecha para que los pueblos irrumpan con la bandera de la paz, de la descolonización, el antiimperialismo y el anticapitalismo. 

¿Guerra justa o guerra imperialista?

Dentro de los innumerables análisis que surgieron, aquí rescataremos algunas voces que pueden ser útiles para pensar este problema.

El Historiador de izquierda, militante del PSOL (Resistencia), Valerio Arcary, en un artículo en Jacobin titulado “Ucrania: ni Putin ni la OTAN son inocentes[9] afirma que la decisión de Putin es defendida por una parte de los sectores más combativos de la izquierda, recordando con razón que la OTAN ha ido cercando a Rusia. Pero que el arsenal nuclear de Rusia sigue siendo más que suficiente para protegerla de cualquier país del mundo. Rusia es una potencia imperialista, aunque en un lugar subordinado, y con esta invasión amplía su área de influencia. Por lo tanto, según el autor, “el programa marxista es el internacionalismo. Hoy, esta bandera se concreta en la defensa de un alto el fuego inmediato, para el fin de la guerra, frente a la presencia de las tropas de la OTAN en Europa del Este y de las tropas rusas en Ucrania.”

El economista argentino Claudio Katz, afirma que “la crítica al operativo de Putin es insoslayable en cualquier pronunciamiento de la izquierda. Pero ese posicionamiento debe ser antecedido por una contundente denuncia del imperialismo norteamericano como principal responsable de la escalada bélica”[10], pero aclara que no justifica la respuesta militar del Kremlin, que es muy contraproducente para todos los proyectos de emancipación, ya que Putin no se limitó a justificar el ataque como una acción defensiva frente a la OTAN, sino que señaló que Ucrania no tiene derecho a existir como nación. Esa caracterización, según el autor, “sitúa su operativo en otro plano más inaceptable de impugnación del derecho de un pueblo a decidir su destino”.

Dentro de las voces que expresaron la caracterización de Rusia como imperialismo se encuentra la de Luis Molinas, del PCR de Argentina, quien sostiene que “se está desarrollando una intensa campaña política e ideológica tendiente a aceptar los crímenes en Ucrania en nombre del enfrentamiento con los EEUU. Pero no vemos que Rusia ataque a ninguna de las tantas bases de la OTAN en Europa y a ningún militar yanqui, sino que usa sus fuerzas armadas para someter y anexar un país lleno de cereales y de gas”[11] e inscribe la actual invasión a un historial de agresión en Chechenia (2000) y (2009), en Georgia (2008), Crimea (2014 y posterior anexión), en Siria desde el 2015 pretextando el combate al “terrorismo”, en Azerbaiyán. Kazajistán y Belarus. Y plantea «la solidaridad activa con el pueblo de Ucrania frente a la invasión rusa, fuera  las bases militares y las tropas de la OTAN y demás imperialismos».

El ex Sec. Gral. de Podemos, Pablo Iglesias, publicó “9 tesis sobre la guerra y la izquierda”[12] acusa a Putin de nacionalista de derecha y señala que las guerras traen fascismo y que “es tiempo de internacionalismo y de antifascismo militante en defensa de la democracia y de la paz. Eso supone poner el foco en la defensa de las poblaciones civiles afectadas hoy por la agresión rusa”, y pone el acento en la crisis de refugiados “a los que se debe atender y proteger. Mañana será la población civil rusa la que será víctima de las sanciones y muy pronto serán las poblaciones europeas las que padezcan el encarecimiento de la energía y el parón de la recuperación económica”.  Al momento de escribir estas líneas, casi un millón de refugiados salen de Ucrania hacia Polonia.

Refugiados ucranianos caminan por la carretera para cruzar la frontera de Ucrania a Moldavia, en el cruce fronterizo Mayaky-Udobne cerca de Udobne.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek[13] afirma que durante las protestas en Ucrania en 2014  los furiosos ataques eran contra las estatuas de Lenin que funcionaban como símbolo de la opresión soviética, y que la Rusia de Putin se percibe como una continuación de la política soviética de someter a las naciones no rusas a la dominación rusa. El autor sostiene que “hubo una profunda ironía en ver a los ucranianos derribar las estatuas de Lenin como una señal de su voluntad de afirmar su soberanía nacional: la era dorada de la identidad nacional de Ucrania no fue la Rusia zarista (donde se frustró la autoafirmación ucraniana como nación), fue en la primera década de la Unión Soviética cuando establecieron su identidad nacional completa”. Žižek nos recuerda que Lenin es “culpable” de tomarse en serio la autonomía de las distintas naciones que componían el imperio ruso, de cuestionar la hegemonía rusa. Putin, también culpa a Lenin: «la Ucrania moderna fue creada en su totalidad por Rusia o, para ser más precisos, por la Rusia bolchevique y comunista. Este proceso comenzó prácticamente después de la revolución de 1917, y Lenin y sus socios lo hicieron de una manera extremadamente dura para Rusia: separando, cortando lo que es históricamente tierra rusa». En realidad, con lo que no acuerda Putin, es que posterior a la Revolución de octubre de 1917, el movimiento revolucionario dirigido por Lenin, se comprometió con el principio de autodeterminación de los pueblos oprimidos. Este derecho se consagró posteriormente en los años de la constitución de la Unión Soviética, como unión de repúblicas socialistas.

Lenin y la autodeterminación de las naciones. Mao y el internacionalismo

Lenin postuló el derecho de cada nación a su autodeterminación, a poder crear su propio Estado. Pero había que advertir en cada situación concreta si ese reclamo iba en sentido de la confluencia de los pueblos oprimidos con la clase obrera. Con la autodeterminación buscaba reducir las contradicciones y tensiones nacionales y étnicas que eran utilizadas por los opresores y explotadores locales y externos. Según Lenin “la tarea consiste en salvaguardar la unidad de la lucha de clases del proletariado por la conquista del socialismo, repeler todas las influencias burguesas y ultrareaccionarias del nacionalismo”[14]. Por ello, estaba de acuerdo en luchar contra el nacionalismo gran ruso y reconocer la igualdad de todas las naciones al derecho de formar un Estado, es decir, el derecho a la autodeterminación, a la separación. Desde este punto de vista, era necesario medir el carácter progresivo o regresivo de cada movimiento nacionalista. La pregunta a responder era: qué movimiento favorecía el objetivo socialista. Para ello debía unir puentes entre el comunismo y el nacionalismo antiimperialista.

Mao Tse-Tung se preguntó si ¿puede un comunista, que es internacionalista, ser al mismo tiempo patriota?[15], su respuesta es útil para pensar el problema. En los países imperialistas el internacionalismo se práctica estando en contra de su nación, y pone el ejemplo de Alemania y Japón en la previa a la Segunda Guerra Mundial: “los comunistas deben oponerse resueltamente al «patriotismo» de los agresores japoneses y de Hitler. Los comunistas japoneses y alemanes son derrotistas respecto a las guerras sostenidas por sus países”. En cambio, en las naciones oprimidas y agredidas por el imperialismo: “la derrota de los imperialistas que la invaden constituirán una ayuda para los pueblos de los demás países. De ahí que, en las guerras de liberación nacional, el patriotismo sea la aplicación del internacionalismo. Por esta razón, cada comunista debe desplegar toda su iniciativa, marchar valerosa y resueltamente al campo de batalla de la guerra de liberación nacional”.

En base a este análisis es importante recuperar los aportes teóricos en torno a la autodeterminación de los pueblos y su derecho a existir como naciones, libre de toda intromisión extranjera. Así como denunciar la invasión rusa a Ucrania, denunciar al mismo tiempo el papel de fogonero de Estados Unidos y la OTAN, y en contra de toda guerra interimperialista que traiga sufrimiento a los pueblos. Ante las crisis y conflictos globales que se avecinan, pelear por un programa antiimperialista y anticapitalista, que promueva la paz de los pueblos recuperando las mejores tradiciones de lucha revolucionaria y emancipatoria.


* Matías Rodríguez Gianneo es profesor de Historia (UNMdP). Co editor de Revista Lanzallamas.

Foto de tapa: Emilio Morenatti

[1] https://www.agrositio.com.ar/noticia/221535-ucrania-rusia-efectos-sobre-los-mercados-internacionales-y-el-agro-argentino

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60582627

[3] https://www.nytimes.com/es/2022/02/23/espanol/opinion/rusia-ucrania-invasion-putin.html

[4] https://elpais.com/internacional/2022-01-28/estados-unidos-y-la-ue-se-alian-para-garantizar-el-suministro-de-gas-a-europa-en-caso-de-bloqueo-ruso.html

[5] ¿Nueva guerra fría o guerra mundial fragmentada?: el resurgir de Rusia, el avance de China, los nuevos bloques emergentes y el desafío a las fuerzas unipolares de Occidente. Gabriel Merino/ Carlos Alberto Rang (comp), EDUNAM, 2016. Pág, 23-24.

[6] https://www.reuters.com/article/internacional-petroleo-rosneft-china-idLTASIE95K00C20130621

[7] https://theconversation.com/oso-y-dragon-el-vinculo-estrategico-entre-rusia-y-china-en-el-nuevo-orden-multipolar-178015

[8] https://www.wsws.org/es/articles/2022/03/03/scho-m03.html

[9] https://jacobinlat.com/2022/02/28/ucrania-ni-putin-ni-la-otan-son-inocentes/

[10] https://jacobinlat.com/2022/03/02/dos-confrontaciones-en-ucrania/

[11] https://pcr.org.ar/nota/la-invasion-rusa-a-ucrania-y-el-acuerdo-con-el-fmi/

[12] https://es.ara.cat/opinion/9-tesis-guerra-izquierda_129_4284614.html

[13] https://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna/2022-02-24/slavoj-zizek-lenin-donbas-ucrania_3380578/

[14] Lenin, Obras escogidas, Ed. Problemas, Bs As, 1946. Pág 363.

[15] https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/CPNW38s.html Mao Tse-tung El papel del Partido Comunista de China en la Guerra Nacional, Octubre de 1938.

Defender la presencialidad es defender la Educación Pública

Por Enzo Balbuena*

“Todos corrieron detrás de sus cadenas, creyendo asegurar su libertad”. Así grafica Rousseau el tristemente célebre pacto que, con la engañosa premisa de una supuesta defensa de “los menos favorecidos”, dio origen a una sociedad civil profundamente desigual. En la historia, los engaños en pos de “las grandes mayorías” se detectan, por lo general, una vez que ya se han efectivizado; y muchas veces, lo que se muestra como “progreso”, es una regresión disfrazada.

En un reciente documento denominado “Universidades argentinas del 2030”[1], emitido por el Consejo Interuniversitario Nacional que reúne a todos los rectores y rectoras de las universidades públicas del país, se afirma “los estudiantes menos favorecidos en términos económicos pueden ver en la virtualidad una opción de mantener su trayectoria, que se vería facilitada por evitar el tiempo de traslado a la universidad, generando mayores oportunidades para cumplir con las obligaciones académicas”, que si bien no es inexacto, evade la raíz de un problema mucho más profundo.

Esto se enmarca en un contexto donde, si bien se retomó levemente la presencialidad en la Educación Superior argentina, esto se ha dado mucho más tardíamente que en el resto de los niveles educativos, y pareciera ser más bien por una especie de efecto de arrastre provocado por la opinión pública “de afuera” de la Universidad que por una discusión más propiamente pedagógica dentro de las casas de estudios, a la par de que no se conocen con exactitud cuáles son los grados de deserción durante la etapa virtual. A su vez, son más fuertes en este nivel las corrientes que plantean la virtualización como una opción permanente para la Educación Superior, lo cual no es un debate menor ni que debe ser subestimado, porque ya existen universidades que han aprobado una virtualización progresiva de sus currículas. Esto se asienta en el hecho de que la presencialidad también tiene problemas y falencias, pero lo que puede parecer “cómodo” puede ser en realidad atarse las manos a uno mismo. Al mismo tiempo, y como dato no menor, el fantasma del Fondo Monetario le pone medida al ajuste sobre el pueblo argentino. El objetivo de este artículo es entrometerse en dicha polémica y abrir un debate necesario, no se busca dejar a la vista ningún “plan macabro” ni es una teoría conspirativa, sino alertar frente a un sentido común que puede engañarnos.

Virtualidad o presencialidad: una falsa contradicción

Durante la etapa de pandemia, han proliferado corrientes de opinión que destacan las “grandes bondades” de una virtualidad supuestamente más “inclusiva”, en detrimento de una presencialidad que ya queda en parte “anticuada” y que se vuelve “excluyente”. La frase arriba citada del documento producido por el CIN es expresión de eso, pero como dije ahí mismo, evade la raíz de un problema muy grave y que ese propio documento reconoce: las causas del altísimo nivel de desgranamiento (la famosa “deserción estudiantil”) entre aquellos que entran y los que logran permanecer y egresar en la Educación Superior argentina.

Por eso, de arranque es necesario comprender y reafirmar el hecho de que aquello que resulta principalmente expulsivo (y que no fue la excepción en estos dos años de virtualidad) de las aulas universitarias fueron, son y serán las condiciones materiales de la vida de cada persona. Esto no se soluciona solamente otorgando computadoras y proveyendo conectividad (lo cual también es importante y fue un problema profundo en todos los niveles educativos durante la pandemia) sino que más bien implica la solución de problemas aún más básicos para cualquier estudiante: el acceso a la comida, a un techo, a las maneras de llegar a los lugares de estudio mientras no para de caer el poder adquisitivo; así como también el empleo y la salida laboral en un país que aparece prácticamente diezmado. La profundización de las políticas de bienestar estudiantil (los comedores, las residencias, el boleto estudiantil, entre otras) son las maneras a través de la cual es posible profundizar la democratización de la educación superior en nuestro país, y se equivocan aquellos que creen que virtualizar los procesos educativos es comparable a una especie de segundo decreto de gratuidad universitaria como el que hizo Perón en 1949. Virtualizar, no hizo ni hará que “las universidades se llenen de hijos de obreros” sino que, por el contrario, hizo retroceder a la educación en términos pedagógicos, político-organizativos y también de inclusión.

Pedagógicamente, la presencialidad es incomparable: se presta más atención, se construyen lazos con otros y se conforma una comunidad que mejora el proceso de aprendizaje. La virtualidad fue un parche importante mientras las restricciones sanitarias imposibilitaban el encuentro presencial, pero esta fue estirada por mucho tiempo casi sin fundamento sanitario, donde era posible ir a un boliche pero no a una Facultad. No debe verse inocentemente que muchas autoridades universitarias retardaron la vuelta porque les significaba un ahorro presupuestario así como también el evitarse problemas que eran comunes en la presencialidad. Frente a esto, existieron sectores que plantearon la idea de la salida colectiva de la pandemia, y que tomando los recaudos necesarios era posible llevar a cabo colectas solidarias, brigadas sanitarias de estudiantes colaborando en la lucha contra el Covid y por la vacunación, así como también brindar apoyo escolar en barrios populares, poniendo la universidad y los conocimientos al servicio de un pueblo con profundas necesidades, pero que ni por asomo fue la tendencia mayoritaria.

Pasado este tiempo, empezamos a ver que los efectos de la misma sobre la educación son más profundos de lo que muchos pensamos, y que volver a llenar las aulas no es algo que se dará de manera automática, sino que deberá ser prácticamente una lucha. En este sentido, hay que destacar que en este tiempo si bien el estudiantado argentino tuvo algunos avances, hay lugares donde prácticamente se ha retrocedido en derechos básicos: comedores universitarios que permanecieron cerrados durante toda la pandemia, colectivos que conectaban barrios con facultades y que ya no circulan, cátedras que por una gran cantidad de tiempo no dictaron clases o no tomaron exámenes, o el recorte sobre el presupuesto y las becas Progresar que se plantea para 2022. La recuperación de estos derechos será una de las bases para poder volver a llenar las aulas, que, si bien tenían muchas deficiencias antes de la pandemia, eran y son (y serán) ampliamente superiores a los ya tediosos “meets”.

La Universidad como polo organizativo y de inclusión

La presencialidad es la condición para un tipo de educación necesaria en un tipo de país como el que vivimos. ¿Por qué? Porque en un país dependiente y oprimido por los imperialismos como el nuestro, no hay chance de una educación que sea liberadora y no esté atada a la dependencia atrás de una pantalla. No quiere decir esto que deben desdeñarse las herramientas de carácter virtual, pero estas deben ser un complemento y no la base de un proceso educativo.

Las Universidades argentinas, otrora polos de resistencia a las reformas neoliberales, parecen ahora (por lo que afirma el documento) promotoras de una profunda atomización del individuo que se educa, aislado de sus pares. Y lo que es aún más grave, se promueve implícitamente una especie de categorización del conocimiento, entre algunos que aprenderían mejor (por el hecho de tener mejores condiciones materiales) y otros que aprenderían peor, ¡y todo esto en nombre de los menos favorecidos!

Por otra parte, se puede aventurar una hipótesis: la virtualización es el paso previo a la privatización de la educación. Y esto porque la Universidad pública (de carácter presencial) no sólo es mejor pedagógicamente y actúa como un punto de inclusión, sino que también es un polo organizativo. La defensa de la Educación Pública, en sus momentos más vulnerables, se dio con un movimiento estudiantil activo, llenando el espacio público de miles de estudiantes, docentes, no docentes y pueblo en general. ¿Cómo se resistiría “virtualmente” frente a alguien que busca imponer un arancel? No es posible defender la gratuidad y el carácter público de la educación, la autonomía de las universidades y todo lo que esto implica detrás de una pantalla o de un hashtag. Desfinanciar las universidades encontraría argumentos más fácilmente en espacio a los que va menos gente. La vida gremial y política de las universidades, muchas veces también cuestionada, ha sido una base principal en su sostenimiento, y esto es irremplazable.

La Universidad como enclave geográfico

Como también afirma el documento, la política de ampliación de las universidades fue correcta y es un hecho que debe festejarse y profundizarse. Virtualizar es ir en contra de esa lógica, porque cada universidad a lo largo y ancho de la Argentina cumple un rol fundamental como polo de inclusión, de cercanía con la comunidad y también de investigación.

Si imaginamos una Universidad virtual, prácticamente es innecesario que exista (por dar un ejemplo) una Universidad de Rosario, una del Litoral, una de la Matanza… simplemente haría falta una única Universidad Argentina, en la que los contenidos sean iguales y la conexión con aquello que “rodea” a esas universidades mencionadas y sus particularidades se perdería. Prácticamente también perdería sentido tener una gran cantidad de docentes desde la Quiaca hasta Usuahia si quien enseña es un video, sería un “gasto excesivo”; e incluso con argumentos meritocráticos cualquiera querría acceder a “lo mejor”, al “mejor docente” y a aquella universidad que esté catalogada como “la mejor”. Volvemos otra vez a la categorización del conocimiento (y si el conocimiento tiene categorías, éstas tendrán distintos valores…).

Por su parte, aquello que ha dado lugar a notables experiencias de extensión universitaria donde la universidad se vincula con lo está a su alrededor, también se perdería: la investigación de los aspectos particulares de la realidad de cada punto de la Argentina quedaría a voluntad de cada investigador, y agudizaría la subordinación de la ciencia a lo que dictamine el mercado, y que en países como el nuestro, se manifiesta en una subordinación de la ciencia a las necesidades de la dependencia.


[1] https://www.cin.edu.ar/download/universidades-argentinas-del-2030/

*Estudiante de Ciencia Política. Consejero Directivo de la Facultad de Ciencia Política y RRII (UNR). Militante del ALDE Rosario

Instagram: @enzo.balbuena

Twitter: Enzo_Balbuena

Terrorismo mapuce: un invento a la medida de la derecha

*Por Sabrina Aguirre

A raíz de los eventos recientes en El Bolsón, en los que una vez más se endilga la responsabilidad por hechos de destrucción al pueblo mapuce, los medios de comunicación se han vuelto nuevamente una caja de resonancia de un conjunto de falacias. El invento del “mapuce terrorista” no es nuevo, pero se reactualiza cada vez que resulta conveniente para la derecha. La negación de la preexistencia y los derechos indígenas van de la mano con la negación de la historia profunda de los conflictos territoriales actuales.

Raíces históricas del conflicto: un juego sucio

En el siglo XIX, la Patagonia no era ni chilena ni argentina, era indígena. Pero el Estado argentino avanzó anexando estas tierras para destinarlas a la actividad ganadera que, para generar mayores ganancias, ya no podía restringirse a la pampa húmeda. Cuando el Estado anexó las tierras patagónicas, estableció nuevas condiciones de juego en un espacio que tenía reglas propias.

Por la fuerza se eliminó y expulsó a una importante porción de la población preexistente. Esta operación se constituyó como un verdadero genocidio. El exterminio físico no solo era uno de los objetivos, sino que se hicieron carne situaciones que hoy claramente podemos caracterizar como violaciones a los derechos humanos: el traslado forzoso, la conformación de campos de concentración, la violencia sexual, el desmembramiento de familias, entre otros. Con la población sobreviviente, se trató de que las familias se volvieran sedentarias y se insertaran como mano de obra barata para los nuevos “dueños” de la Patagonia. Para esto se les dio las tierras más marginales de la época: las de difícil acceso, las faltas de agua, las más yermas.

Se dictaminó así su existencia subordinada. Además, posteriormente se instaló el terror como forma de que la identidad de quienes fueron masacrados o expulsados no pudiera resurgir para aglutinar los remanentes. En este sentido, todo el clima posterior a las campañas militares fue en sí mismo una prolongación del genocidio. La reconstrucción de esa identidad, la reconexión con el pasado del pueblo, fue algo que no se logró con inmediatez luego de la anexión del espacio por parte del Estado argentino, justamente por esta imposición del terror, que se traducía en la persecución, la estigmatización y la exclusión para quienes abiertamente se reconocieran como indígenas.

Esto venía de la mano de estas nuevas reglas del juego que el Estado imponía con su avance. Entre ellas, reivindicarse abiertamente como mapuce significaba virtualmente quedar excluido de la posibilidad de titularizar las tierras habitadas, mientras estancieros extranjeros o amigos del poder no encontraban ninguna traba para privatizar grandes extensiones. Así fueron los indígenas arrinconados a tierras marginales.

Todo esto formó parte de las nuevas reglas de juego impuestas a los pueblos indígenas. A ellos se les dio, para empezar a jugar en este nuevo escenario, una mano de cartas bastante pobre. El juego fue, desde entonces, un juego sucio. Los buenos pobladores eran, en la mente de los sectores dominantes que buscaban ofrecer la Patagonia como destino turístico a los europeos, los blancos.

Para ellos hubo facilidades y agilidades en la titularización de las superficies. Para los indígenas, hubo desplazamientos forzados y casi nulas seguridades legales para el uso de sus tierras. Tierras a las que, recordemos, se los había desplazado antes. Esta desventaja histórica configura de nuestro lado, el de quienes nos identificamos como parte de la nación argentina, una deuda pendiente con los pueblos indígenas. Con el paso del tiempo y el desenvolvimiento de diferentes intereses, estas tierras antes marginales se volvieron el foco de quienes buscaron desarrollar el turismo, o los hidrocarburos allí donde se descubrían. Y allí resurgió la violencia del despojo, aunque también el dolor funcionó como una chispa que animó a algunos a recuperar lo históricamente perdido.

Las sagradas escrituras

Existe una idea bastante arraigada en nuestra sociedad, y es que el título de propiedad individual determina quién tiene “la razón” para ocupar un territorio. No importa el origen, no importa qué había antes. Ese documento se vuelve sacrosanto y nadie osa cuestionarlo. En el caso de las disputas territoriales en las que toma parte el pueblo mapuce, estas sagradas escrituras parecen tener la última palabra.

No es de extrañar que ante la re-emergencia de los conflictos territoriales indígenas, los medios de comunicación manejados por sectores que responden a intereses económicos concretos funcionen como caja de resonancia de argumentos racistas. “Los propietarios versus los usurpadores” parece ser la versión actualizada de “civilización versus barbarie”. Se acusa a los mapuce de reconocerse como nación e inmediatamente de querer construir un Estado dentro del Estado argentino. Se les imputa la “grave falta” de no reconocerse como argentinos e inmediatamente se los señala como chilenos.

En lo primero hay una grave confusión entre nación y estado. No todas las naciones conforman estados y no todos los estados tienen dentro de sus tierras a una sola nación. Los estados y las naciones no son hechos que se dan de una vez y para siempre: en mucho, depende de nosotros construirlos, modificarlos o destruirlos. En lo segundo hay otro problema, que es el mirar al pasado pensando que encontraremos en él una copia del presente. Pensamos que un grupo que dominaba un espacio -antes que el Estado argentino o chileno llegaran- debería considerarse argentino o chileno. Así se está haciendo la vista gorda al hecho de que lo argentino y lo chileno llegaron a este lugar después de que toda una civilización se desarrollara aquí.

De la misma forma se hace la vista gorda en torno a los procesos por los cuales las propiedades se conformaron como tales. Estas auténticas varas para medir la “legitimidad” de la ocupación del espacio tampoco existieron siempre. Ni se construyeron en un juego limpio y democrático. De hecho, durante la última dictadura militar se avanzó bastante en el corrimiento de los mapuce, tanto en la zona de la Cordillera como en la meseta donde hacía poco se había descubierto petróleo y gas.

Mapuce separatistas y terroristas: un invento a la medida de la derecha

Los argumentos que estos días se han vertido en la prensa acerca del conflicto territorial, que más que argumentos son falacias, son enarbolados por sectores para quienes la Argentina ideal es “blanca y pura”. Para estos actores, la Argentina solo puede ser de ellos y para ellos. No es para el pueblo mapuce. Pero tampoco es para nosotros, quienes nos entendemos como parte del pueblo argentino.

En este contexto, hay que pensar en la utilidad que los argumentos racistas contra el pueblo mapuce tiene para estos sectores con posicionamientos políticos reaccionarios. Por una parte, hay una concreta exageración periodística. Mientras se grita a los cuatro vientos que los mapuce son una amenaza mortal para el orden y la seguridad en la Argentina, no se da cuenta en ningún momento de que los referentes de las organizaciones mapuce más importantes de la Patagonia han repudiado estos hechos violentos que se les imputan careciendo de toda prueba que pudiera esclarecer responsabilidades.

Muy por el contrario, los hechos de violencia son presentados en un contexto en el cual resultan sumamente útiles para dar rienda suelta al ataque contra los indígenas. Este proceso ocurre cuando Cambiemos está en plena campaña, buscando ganar los favores de quienes desde siempre reclaman la mano dura como una solución a todos los problemas sociales y de los desprevenidos que crean sus maquinaciones.

En el terreno electoral, esta campaña es funcional a estas expresiones de la derecha que responden a determinados intereses económicos. Sirve como estrategia para acusar al gobierno de defender “terroristas”. Al mismo tiempo resulta en una presión efectiva sobre ese gobierno que inicialmente planteaba que no se iban a enviar fuerzas represivas a Río Negro y que terminó llevando a la Gendarmería.

En el terreno de los intereses económicos defendidos, las falacias sirven para deslegitimar y frenar la prórroga a la ley de relevamiento territorial indígena que incluya un presupuesto propio para ejecutarse eludiendo así las detracciones de algunos gobiernos y sectores reacios a que se conozca la extensión precisa de las tierras reclamadas por los mapuce. Intenta obstaculizar, también, el camino de la aprobación de una ley de propiedad comunitaria indígena.

Además de todo ello, la campaña sirve como espacio de encuentro de diferentes expresiones de la derecha que no necesariamente provienen de idénticos espacios políticos. En este sentido funcionan las expresiones de la gobernadora Arabela Carreras (Juntos Somos Río Negro) de que el pueblo mapuce busca “socavar el orden constitucional” y su reclamo de una mayor intervención nacional, llegando a acusar al gobierno nacional de una supuesta “complicidad” con la “violencia mapuche”.

La hipótesis del “terrorismo” suele venir acompañada de la del “separatismo”, o del crimen de secesión. No existe mejor prueba contra estos argumentos que el derrotero mismo de las organizaciones indígenas en la actualidad. Sin ir más lejos, la Confederación Mapuce de Neuquén viene transitando hace años un camino de progresivo acercamiento intercultural al pueblo argentino con el fin de defender causas que atraviesan a ambos de formas igualmente graves. En palabras de Jorge Nawel, coordinador de esta institución mapuce:

“La bandera argentina representa en el pasado al Ejército de Roca que cometió el mayor genocidio en la historia de la Argentina, pero hoy representa a esa enorme masa popular de argentinos que aspiran a un mundo mejor, a un mundo más justo, por lo tanto, todo nuestro respeto a ese símbolo”.

Así se ha defendido el bosque nativo en la cordillera, y se ha luchado junto a los pueblos como Añelo por la provisión de agua potable y mejor infraestructura urbana. En los barrios populares de las ciudades más grandes de nuestras provincias, el pueblo mapuce tiene una presencia enorme, y tiene su destino atravesado por las mismas problemáticas y carencias que quienes se reconocen como argentinos. Desde allí se han construido luchas por techo, tierra y trabajo, se han levantado comedores para paliar la crisis que la derecha misma nos dejó y se trabaja todos los días por la dignidad de los pueblos.

La división que se quiere propiciar con el pueblo mapuce es una reinvención del mito del enemigo interno, con el cual nos separaría una frontera ideológica que justificaría la represión absolutamente desmedida que reclaman las derechas en los medios. Esta frontera imaginaria busca apelar a lo rancio del nacionalismo argentino, desempolvando argumentos de superioridad racial disfrazados de visiones objetivas sobre la historia. Son “bárbaros”, porque vienen por nuestras propiedades. Quieren “toda la Patagonia”, son “indios al ataque”.

La verdadera frontera ideológica está entre quienes desean el territorio para desarrollarse en convivencia y dignidad, y quienes lo quieren acaparar para colmar sus propios intereses, presentando su defensa como una defensa del bien común. Incluso cuando estos intereses objetivamente están en contra de los del pueblo argentino como tal. Alcanza con recordar la enorme propiedad privada a manos del empresario inglés Lewis en la margen del Lago Escondido que ha anulado el libre acceso a la costa del lago para cualquier otra persona.

El camino de trabajo y lucha intercultural abre posibilidades que, claramente, preocupan a quienes hoy se empecinan por mostrar a los pueblos indígenas como la nueva amenaza interna del país. Lejos del mito del “mapuce terrorista”, los senderos transitados nos llevarán a profundizar la pregunta por la deuda con los pueblos indígenas, y las salidas para reparar una histórica situación de despojo, terror y negación de quienes hoy nos acompañan en la pelea por un país más justo. Los destinos del pueblo mapuce y argentino, como pueblos oprimidos, más que separados, se hallan inexorablemente unidos.

*Sabrina Aguirre: Doctora en Historia. Docente del área de Historia Argentina de la Universidad Nacional del Comahue, Neuquén.

FOTOGRAFÍAS: Juan «Negro» Ramírez. IG: @negrodeneuquen

¿EDUCAR O ADOCTRINAR? UN PROBLEMA TRIDIMENSIONAL

Por Emmanuel Benigni

Una vez más, los y las docentes quedamos en el ojo de la tormenta. En esta ocasión fue por la divulgación de un video filmado a escondidas y luego viralizado, en el que una profesora de historia tenía una discusión política con un estudiante de nivel secundario, en forma bastante acalorada y como si lo hiciera con un par. Al instante, los medios de comunicación hegemónicos convirtieron el caso en el de una “docente K” que estaba adoctrinando a un alumno; Larreta lo tomó para la campaña electoral de Juntos por el Cambio, haciendo gala de ser los que pelean porque los chicos estén en las aulas, y nuevamente todo el modelo educativo pasó a estar en tela de juicio por sus supuestos tintes adoctrinadores.

Si bien el tema dispara toda una serie de ejes para discutir, creo útil que podamos reflexionar acerca de esta palabra que parece haberse puesto de moda durante los últimos años. Resulta que hace un tiempo, un sector heterogéneo de conservadores en lo social, y liberales en lo económico, ha venido difundiendo la idea de que en la escuela los profesores adoctrinamos a los estudiantes, ya sea por una supuesta veneración al Estado, o bien con una imaginaria “ideología de género”, etc. A lo que se sumaron las más recientes declaraciones de la ministra de educación de la ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, que llamó a denunciar a los docentes que expresaran posturas políticas frente a sus alumnos.

Son dos caras de la misma moneda, que se conjugan en el caso de la escuela de Ciudad Evita: no por casualidad la discusión se dio durante la clase de Historia (y no de otra asignatura), y la señalada es la docente (y no los estudiantes). Por lo que me voy a sentar algunas posiciones en dos planos, no para cerrar, sino para poder seguir la discusión, en otros términos:

  1. El ¿problema? de las Ciencias Sociales. Hasta el día de hoy, sigo comenzando las clases en 5° año del secundario, y encontrando que, cuando les muestro a los y las estudiantes un manual de Historia, entienden que ese libro contiene “la Historia” del período que vamos a intentar conocer. Esto es un problemón, y es al mismo tiempo la madre del borrego, que nos tiene que permitir a los docentes seguir interpelándonos para enriquecer nuestras prácticas. Porque resulta que ese libro no contiene “la Historia”, sino que es una producción historiográfica acerca de aquella, para la cual, al mismo tiempo, los autores seleccionaron investigaciones e hipótesis de determinados historiadores, y no de otros, que a su vez prefieren usar determinadas teorías y conceptos, y no otros.

La deformación de la realidad que esto implica, es similar a la de mostrar todo el tiempo un prisma, como si fuera un rectángulo. Es decir, se presentan la Historia -como realidad pasada- y la Historiografía -en tanto estudio científico de aquella- como si fueran una y la misma cosa, pegadas, en dos dimensiones. Siendo que el conocimiento histórico tiene 3 dimensiones, tiene una profundidad, en tanto siempre vamos a aquella realidad a través de lo que investigó alguien, con un determinado bagaje teórico y conceptual. Al negar esto, se crea el mito de la Historia “objetiva” o “neutral”, como si no hubiera en el medio un sujeto con deseos de conocer, movido por problemas, hipótesis, intereses, etc.

Lo que se hace un poco más complejo con una característica que es propia de las Ciencias Sociales: son disciplinas donde no hay un solo paradigma, sino varios; digamos que no hay un acuerdo unánime en la comunidad científica acerca de las explicaciones para los fenómenos en cuestión. Otro ejemplo muy común es el de la Economía: muchos de nosotros tuvimos clases de esta disciplina donde el profesor explicaba el mercado, el Estado, la ley de oferta y demanda, los agentes, dando a entender que eso era “La economía”; siendo que en realidad es: 1. Un intento de conocer aquella, 2. Una construcción que, para hacer eso, selecciona los puntos de vista, en aquel caso, del liberalismo. Pero podría hacerlo con los del keynesianismo, del marxismo, etc.

Con esto vienen aparejados dos problemas. Primero, que abordar el conocimiento de lo social “en dos dimensiones” es ocultador de la realidad. Un ejemplo puede ser lo que pasó con la Historia en nuestro país durante mucho tiempo: la escrita por Bartolomé Mitre se tuvo por relato oficial, objetivo y neutro, durante mucho tiempo, siendo que había sido realizada por un miembro de una familia terrateniente, vinculado al poder estatal, con una visión muy alejada de los padecimientos populares, y que además había sido parte de esa misma Historia. Segundo, que, como el lastre de la “neutralidad” sigue pesando, puede suceder que parezca que enseñamos una Historia “politizada” o “no objetiva” cuando en realidad sólo sinceramos las perspectivas desde las que enseñamos; de ahí sale el famoso “zurdo adoctrinador”.

  • La cuestión del educando. En este plano también arrastramos una “pesada herencia”: la de entender a los y las estudiantes como “tablas rasas” en las que podríamos imprimir nuestros pareceres. A esta altura esto ya es indefendible, y de hecho queda demostrado en el famoso video. Solamente alguien que nunca estuvo frente a un curso con chicos y chicas de 14, 15, 16 años, podría pensar que son esponjas que van a absorber nuestras ideas y pareceres. Ellos piensan, sienten, opinan, acuerdan o no, polemizan, cuestionan, etc. Y es lo mejor que nos puede pasar, ya que esas actitudes, siempre en el marco del respeto mutuo, son también motores de poderosos actos educativos.

Detrás de actitudes como el llamado de Acuña a la delación, entonces, puede haber varias cosas. En primer lugar, un desconocimiento de los diseños curriculares, que señalan que la política es parte del aula, y que los y las docentes tenemos como misión formar ciudadanos críticos, responsables, participativos, que puedan tomar en sus manos la necesidad de transformar esta sociedad para mejorarla. Y, en segundo lugar, podríamos pensar que se halle una subestimación de los adolescentes y sus capacidades; pero quizá no sea tal cosa, y se trate más bien de una política delineada para adoctrinar.

Es que el famoso adoctrinamiento pasa por uno de los carriles del camino que anduvimos a lo largo de esta opinión: el del ocultamiento. Nunca es abierto, ni sincero; siempre es velado. Y pasa por silenciar la diversidad de voces en la monotonía de lo único, por deshistorizar lo que es histórico y presentarlo como natural, para que parezca que no puede ser cambiado. No habría formas de explicar o enseñar la Historia o la economía, sino sólo “Historia” y “Economía”; tampoco docentes que estimulen el debate, promoviendo opiniones sólidas, ayudando a fortalecer la capacidad de argumentar, a partir de sincerar ellos mismo muchas de sus opiniones, sino sólo profesores y profesoras que irían a hacer “lo que tienen que hacer”: transmitir lo que alguien más diseñó; obviamente alguien sin interés político ni partidario…

Entonces, si estamos de acuerdo en que el posible adoctrinamiento debe ser combatido ¿No será mejor tomar, en todos los planos, el camino de las “tres dimensiones”? Sincerar los paradigmas que elegimos para explicar, y al mismo tiempo, dar posibilidades para la contrastación con otras explicaciones, puede dar lugar a argumentaciones mucho más sólidas. Abrir el lugar desde el que hablamos, nuestras opiniones y nuestras posiciones políticas, es sencillamente no mentir, y puede utilizarse como trampolín para debates muy enriquecedores, siempre que entendamos que no somos pares de los estudiantes, y que estamos ahí para ayudar a que desplieguen sus propias capacidades. Para los docentes es más riesgoso, porque perdemos una posición de poder: la que nos da ser los poseedores del conocimiento, el que tiene una apariencia indestructible cuando se presenta como dado e infalible y casi como divino, pero una esencia con pies de barro. Y que al mismo tiempo posee una apariencia más endeble, pero una esencia sólida, cuando se presenta como lo que es: resultado de una construcción, de un proceso de prueba y error que lo fortaleció y que al mismo tiempo es indicador de que puede ser mejorado o superado. Será cuestión de animarse.

Emmanuel Benigni es Profesor de Historia. Docente en nivel secundario y superior.