Remachar la dependencia

*Por Luciano Moretti

Remachar la dependencia

Actualmente Argentina se encuentra rediscutiendo un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El gobierno argentino sostiene que es “el mejor acuerdo” al que se podía llegar y que esto nos permitirá crecer y exportar más para poder salir de este problema.

Es importante comprender que el FMI, como institución, es la expresión económico-política encargada de garantizar el funcionamiento del sistema financiero internacional. Este correcto funcionamiento posibilita que las empresas monopólicas de los países imperialistas puedan realizar negocios y superganancias en cualquier país, contando con ciertos respaldos o resguardos. Así, el directorio del FMI está bajo control de un conjunto de países imperialistas de los cuales EE.UU. es el socio mayoritario. Para cumplir su misión, el FMI se encarga de que los países posean la “suficiente liquidez” para ser sometidos al saqueo por parte del capital trasnacional. Sin el flujo suficiente de divisas y sin la libertad de circulación de las mismas entre las naciones, los capitalistas corren el riesgo de que sus inversiones y ganancias queden “atrapadas” en un solo país. Es por eso que, en el caso de la renegociación de la deuda argentina el miedo más grande de los empresarios, los terratenientes y de actores políticos de peso en ambas coaliciones, es caer en la “cesación de pagos”.

Reconocer la deuda y sus compromisos implica, inexorablemente, reafirmar el modelo agro-minero-exportador, aumentando las exportaciones (para eso es necesario aumentar la producción de aquellos bienes y servicios que demanda el mercado internacional, en el caso de Argentina mayoritariamente productos primarios como la soja, minerales e hidrocarburos). Esto, junto con el paquete de ajuste de recorte del gasto público, liberará mayores cantidades de materias primas y alimentos para los países centrales en un contexto inflacionario mundial producto de la recuperación económica post-covid y de la guerra en Ucrania. Una mayor presión extractivista implica una depredación mayor de nuestros bienes comunes, una mayor contaminación de nuestros ambientes y la creciente criminalización de las luchas de los pueblos que resisten este tipo de proyectos. Todo esto sumado a una economía mundial al borde del colapso sistémico producto de la creciente externalización de pasivos ambientales que amenaza con terminar con las condiciones materiales de existencia de la civilización humana.

Por el lado de los actores locales, la oligarquía terrateniente, la burguesía intermediaria y financiera, quienes controlan estos segmentos de la producción, celebran el acuerdo con el FMI como una victoria, dado que el mismo les permitirá aumentar la producción (y sus superganancias). La aprobación del acuerdo les garantiza a estos grupos que se reafirma el rumbo económico del gobierno de sostener este modelo productivo. En poco tiempo veremos cómo se direccionan los escasos recursos públicos en obras que esos sectores demandan.

Luego de que el presidente Alberto Fernández anunciara el acuerdo con el FMI, el ministro de Economía, Martín Guzmán, detalló los principales puntos del entendimiento logrado, que demandará un programa de dos años y medio. El Fondo efectuará revisiones trimestrales de las metas acordadas y desembolsos de dinero que la Argentina utilizará para cancelar el acuerdo contraído por el gobierno de Macri y que supone para la Argentina una deuda de alrededor de US$ 44.500 millones. Luego, se abrirá un período de 10 años para cancelar esa refinanciación, que comenzaría en 2026.

Esta renegociación nos somete a revisiones periódicas por parte del FMI (diez visitas del organismo durante los próximos tres años). No se extienden los pagos a futuro, sino que nos otorgan financiamiento a “cuenta gotas” para que podamos hacer frente a los vencimientos por venir, por lo que recién se comienza a pagar los intereses, las sobretasas y el total de la deuda a partir de 2026. Esto tiene el problema que los vencimientos de deuda con el FMI coincidirán con el plazo de renegociación con los bonistas privados, por lo que el problema del default sólo se aplazó por un par de años. El hecho más grave del acuerdo es la convalidación de la estafa (incluso admitida) realizada por la gestión de Mauricio Macri. A su vez, el gobierno ha abandonado la discusión respecto a las sobretasas que el FMI cobra a los países sobre endeudados, mediante las cuales el Fondo se capitaliza como si fuera un banco privado.

Aparentemente el acuerdo (veremos cuando se conozca la “letra chica”) no se realiza a contrapartida de reformas estructurales de la legislación argentina (privatización de activos públicos, reformas laborales y jubilatorias regresivas, desregulación de mercados financieros). Aunque debemos afirmar que ya se hicieron ajustes en la formula jubilatoria en perjuicio de los jubilados ni bien iniciada la actual gestión. La oposición de JxC dice ahora que “ellos hubieran negociado en 5 minutos”. No podemos ni imaginar el nivel de entrega que eso hubiera implicado. Además, ahora se acordaron que debe pasar por el Congreso y agitan esa consigna cuando ellos nos endeudaron con el FMI sin discutirlo con nadie. Es importante saber, que, respecto a la discusión del acuerdo en el Senado, es una exigencia de los negociadores del Fondo que quieren que todos los actores principales de la política convaliden el acuerdo.

El gobierno afirma que esta fue una negociación dura pero exitosa. Sin embargo, en este pre-acuerdo no figuran casi ninguna de las exigencias centrales que el gobierno fue planteando en estos dos años, a saber: No va a existir ningún tipo de quita de capital a pesar de que el mismo Fondo reconoció que el préstamo fue para la fuga de capitales, tampoco habrá condonación parcial, no se logró estirar los plazos a 20 años (como dijo en su momento CFK y Wado de Pedro), no se logró eliminar sobre tasas del 4% que pagamos por recibir un crédito extraordinario, tampoco va a existir ningún tipo de canje de deuda por acción climática, por último se solicitó estirar el plazo de la meta déficit cero a 2027, lo cual no se logró. El FMI y el gobierno habían prometido que habría nuevos desembolsos y préstamos de otros organismos financieros para realizar obras de infraestructura, eso por ahora no se nombró.

Como observamos, las “soluciones” que plantea el gobierno sólo contribuyen a profundizar el problema de fondo que son la dependencia financiera y tecnológica de la argentina como resultado de su estructura productiva desequilibrada. Sin romper con los mecanismos de la dependencia no hay salida posible, y cualquier acuerdo con el FMI sólo pospone un inevitable default. Para comprender esto, proponemos un breve recorrido sobre el funcionamiento de la economía capitalista mundial y del lugar que ocupan los países dependientes y periféricos en la misma.

El sistema imperialista y la deuda

Como punto de partida debemos comprender que, el sistema capitalista es y siempre fue una economía mundo. Una economía-mundo es una gran extensión geográfica en la cual existe una división del trabajo, y, por lo tanto, un nivel significativo de intercambio comercial de mercancías, así como flujos de capital y trabajo (Wallerstein 2004). En su espacio geográfico operan cadenas de producción, las cuales a través del comercio proveen diversas mercancías (tanto insumos como bienes finales) y organizan diferentes dotaciones de recursos naturales, capital y trabajo que explican las desigualdades espaciales económicas y sociales entre los países. Dichas cadenas se dividen en actividades núcleo (o centrales) intensivas en capital y con alto contenido tecnológico, y en actividades periféricas, generalmente intensivas en trabajo y asociadas a la extracción o procesamiento de materias primas (Hopkins and Wallerstein 1994). Así encontramos que existen economías centrales y economías periféricas que cumplen distintas funciones al interior de una sola economía mundial. Una de las características distintivas de una economía-mundo es que no está integrada bajo una estructura política unitaria. Por el contrario, existen multiplicidad de estructuras jurídicas políticas en el sistema. Lo que mantiene unida a esta estructura heterogénea es la división del trabajo que la constituyó en un primer momento.

Esta lógica de centro-periferia opera sobre un eje divisorio de la producción dentro de la economía-mundo capitalista entre los productores dedicados a actividades centrales y aquellos dedicados a actividades periféricas. Centro-periferia es un concepto relacional. Lo que divide a ambas actividades es el nivel de rentabilidad de cada proceso productivo. Dado que la rentabilidad está directamente ligada al grado de monopolización, lo que se entiende por actividades centrales son aquellos procesos productivos controlados por pocos productores, es decir cuasi-monopolios u oligopolios. Por su parte, los procesos periféricos son aquellos verdaderamente competitivos.

Las desigualdades económicas entre los distintos espacios que conforman la economía-mundo se producen en el intercambio comercial, los productos con mucha competencia se encuentran en posiciones de debilidad. Como resultado, existe un flujo constante de excedente desde los productores de la periferia hacia los productores del centro. Esto se llama intercambio desigual y se expresa a través de las diferencias de productividad, la remuneración del trabajo y la atomización de la oferta de los productores de la periferia.

Las economías centrales generalmente son (o han sido en el pasado reciente) países imperialistas. Durante el período colonial los países europeos diseñaron un sistema en el cual dependían de la extracción de riqueza de las colonias para garantizar su crecimiento, desarrollo y su participación en la economía mundial. Por ejemplo, la revolución industrial que tuvo su epicentro en Gran Bretaña necesitó del algodón que se producía en las colonias americanas sobre la base de trabajo esclavo traído del continente africano. Así es imposible entender la industrialización de los países de altos ingresos sin hacer referencia al patrón de extracción de recursos de la periferia que lo apuntaló (Frank 1998).

El sistema colonial imperial era el contexto perfecto para el desarrollo de la economía de mercado capitalista en Europa. Por un lado, proveía de trabajo y mercancías prácticamente gratis a los países centrales, que luego podrían ser utilizadas en el proceso de manufactura reduciendo el costo de los factores de producción, o ser revendidos en el mercado internacional para equilibrar la balanza comercial. Por el otro lado, les garantizaba a los capitalistas europeos el acceso a mercados a disposición en los cuales colocar el excedente de producción que no podían realizar en otros mercados más competitivos. La extracción de materias primas y alimentos gratis desde la periferia permitió la rápida urbanización e industrialización de las naciones europeas mediante el desplazamiento de los trabajadores desde el campo hacia la ciudad. Las colonias de poblamiento en América del Norte, Australia y Nueva Zelanda constituyeron espacios en los que relocalizar población “excedente” que no encontraba trabajo en las nacientes industrias (Patnaik and Patnaik 2021).

Estos “servicios” que prestaban las colonias a los países centrales, tales como mantener o reducir los costos de producción de los suministros necesarios para la producción industrial a la vez que mantener mercados cautivos que funcionaban como mecanismos contra cíclicos frente a la caída de la demanda agregada de los países capitalistas fueron centrales en la acumulación de capital necesaria para motorizar la industrialización. Bien señalaba Rosa Luxemburgo que, la única forma de estabilizar el sistema capitalista era mediante su avance sobre economías pre-capitalistas, de ahí que el imperialismo sea la fase superior del capitalismo como señalara Lenin.

Desarrollo, comercio desigual y deuda externa en el siglo XX

Luego de la descolonización gracias a las luchas de liberación nacional que sacudieron al mundo durante todo el siglo XX, la extracción de riquezas desde la periferia continuó con nuevos mecanismos. El comercio desigual, las inversiones extranjeras directas y la deuda externa son tres de los mecanismos que el sistema posee para continuar con el drenaje de recursos y riquezas en favor del centro. Las economías de ingresos altos continúan apropiándose del trabajo y los recursos de la periferia. En 2015 esto equivalió a 10.1 miles de millones de toneladas de materias primas (un 50% del consumo total de países desarrollados), y 182 millones de años de trabajo por persona. La periferia ha sufrido pérdidas anuales de 14.000.000.000.000 (1.4 billones) a través del comercia desigual, 486.000.000.000 (486 billones) en repatriaciones de ganancias, y 1.1 billones en flujos financieros ilícitos, en total suma 3 trillones. Esto sucede porque los precios son sistemáticamente más bajos en la periferia que en el centro. Los salarios de la periferia son en promedio 1/5 del nivel salarial del centro. Por cada unidad de trabajo incorporado y recursos que el sur importa desde el norte, deben exportar muchas más unidades para pagarlo (Hickel, Sullivan, and Zoomkawala 2021).

Desde mediados de siglo, y luego de la descolonización, los nuevos gobiernos nacionales que se instalaron en las excolonias condujeron políticas de desarrollo económico centrados en la industrialización y en la mejora del ingreso de los asalariados de sus países. Para llevar adelante estas políticas, las economías de la periferia necesitaban generar una enorme cantidad de ahorro para sostener el nivel de inversión de industrias intensivas en capital. Dado que, las economías periféricas están sujetas al mecanismo de drenaje que les impone el intercambio desigual sufren de déficits crónicos y cíclicos en sus balanzas de pagos. Es decir que, las exportaciones no alcanzan para cubrir las importaciones, muchas de ellas insumos claves para los nuevos sectores industriales. Esto es una forma de dependencia financiera tecnológica que se impone sobre las periferias. Para sortear este problema se recurrió al llamado de inversiones extranjeras directas y eventualmente a la toma de deuda externa con organismos internacionales de crédito.  

En su gran mayoría estas estrategias de desarrollo fueron impugnadas por los países imperialistas y por las clases dominantes locales asociadas al comercio y los negocios con las burguesías de los países imperialistas (en muchos casos mediante dictaduras sangrientas o intervenciones militares). Sin embargo, a pesar de esta puja, para la década de 1970 la mayor participación de los asalariados de la periferia en las ganancias y su mayor poder de consumo generaron procesos inflacionarios en los países centrales. Esto fue muy evidente durante la crisis que sacudió a las economías centrales producto del alza en los precios del barril de petróleo. Además, la recuperación de la economía alemana y de los países del Este asiático como Japón y otros, generó una mayor competencia por colocar los productos manufacturados generando una caída de la demanda agregada que, combinada con el aumento de los precios de insumos claves, generó un ahorcamiento de la tasa de ganancia de los grandes monopolios. Al no disponer de insumos gratis desde la periferia por la pérdida del dominio colonial y al no contar con mercados cautivos a disposición las economías centrales entraron en un proceso de estancamiento económico con inflación. La espiral inflacionaria amenazaba con impugnar el predominio del dólar como moneda de reserva internacional.

La respuesta a este problema por parte de los países imperialistas comandados por Estados Unidos fue la ofensiva neoliberal. Debido a la debilidad externa y a los déficits crónicos que presentaban los países periféricos y dependientes, los organismos financieros internacionales pudieron imponer las políticas de ajuste estructural promovidas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Estas recetas han implicado el recorte del gasto público, los salarios estatales y la pérdida de derechos laborales, reduciendo la capacidad del sector público para incentivar la demanda. Dichas políticas de ajustes cumplen con dos funciones, por un lado, al reducir el poder de compra del Estado y al recortar los salarios reducen el poder adquisitivo de las economías como un todo por lo que cae el poder de consumo “liberando” una mayor cantidad de bienes para la exportación (que de otra forma habrían sido consumidos por el sector asalariado). Esto se conoce como deflación de ingresos. Por el otro lado, el desmantelamiento de las políticas de incentivo y protección a la industria, así como de los subsidios (debido al recorte del gasto público) generan un proceso de desindustrialización que profundiza la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados y aumenta la demanda de productos que deben ser adquiridos en los países centrales. Así se logra reducir la inflación de insumos y la caída de la demanda agregada en el centro a la vez que se perpetua la extracción de recursos de la periferia.

Conclusiones

El gobierno y el FMI sostienen que al evitar el default y plantear un programa económico “serio” que equilibre los valores macroeconómicos se otorga un sendero de previsibilidad para los negocios y las inversiones. Sin embargo, las revisiones trimestrales a las que nos somete el FMI generaran presiones devaluatorias constantes frente al peligro de que el organismo decida cortar el financiamiento en caso de que no se esté cumpliendo con sus exigencias. La presión devaluatoria proviene de los monopolios exportadores, grandes terratenientes y sector financiero que son quienes determinan el tipo de cambio. Este punto se encuentra ligado directamente al modelo agroexportador como señalamos previamente.

Sin mediadas que apunten a resolver la dependencia financiera y tecnológica que revierta la especialización productiva del país en la exportación de recursos naturales los desbalances en la balanza de pagos continuarán. Las políticas del gobierno y el FMI sólo lograran el superávit a costa de un ajuste y su consecuente recesión económica, materializando la deflación de ingresos de las clases populares y aumentando las exportaciones de recursos naturales. El excedente de esa ecuación ira a parar al pago de la deuda externa.

Este escenario de acuerdo no hace más que remachar la dependencia de la economía argentina con los mercados internacionales, fortalecer el poder de negociación de actores concentrados que controlan palancas claves (como terratenientes o el sector agroexportador) como acabamos de ver con el no aumento de las retenciones, impide al país tener una política soberana respecto al manejo de sus recursos financieros y nos estira la agonía del pago de intereses, sobretasas y capital de la deuda por años lo que constituye un drenaje permanente de riquezas que no podrá ser utilizado para atender la enormes emergencias sociales de nuestro pueblo.

Además, perpetua la extracción de recursos y riqueza de nuestra economía en favor de los países centrales, profundizando la depredación del ambiente y la presión eco-sistémica e impidiendo la implementación de políticas de mitigación de la emisión de gases de invernadero o de transición energética hacia un matriz más limpia, ambas necesarias en términos climáticos-ambientales y en las posibles ramificaciones en empleo que podrían generar.

Si bien, como señalamos anteriormente el gobierno se “comprometería” a no llevar adelante una reforma laboral ni jubilatoria, la piedra de toque sigue estando en el valor de los salarios. Mientras que en 2015 el salario promedio valía U$D 500 hoy se encuentra en valores de USD 233. La clase trabajadora perdió más del 50% del valor de su salario, sumado a la inflación que carcome el poder adquisitivo de los hogares y ese es el problema principal. Llevamos cuatro años de caída sistemática del poder real de los salarios. Las jubilaciones y pensiones atraviesan una situación similar. La mínima está en niveles de indigencia.

Que el FMI entendiera que es importante mantener el gasto social no es un elemento nuevo. Al gobierno de Macri también le permitió aumentar las partidas sociales. Esto generó la idea de que “el Fondo cambió”, que ahora entiende la importancia de la política social. Esto es una vil mentira, lo único que entiende el Fondo es que necesita de “gobernabilidad” (estabilidad política y social) para que el país pueda hacer frente a sus obligaciones y por eso es más laxo con el gasto social. Sin embargo, aunque el gasto social es sumamente importante en el contexto de emergencia en que se encuentra el país, lo que verdaderamente necesita cambiar es el plan económico. Debemos poner en el centro dos elementos: la generación de empleo y la reducción de la desigualdad social. Sin estos dos horizontes podrá haber recuperación económica (como la hubo durante el 2021) pero esta no llegará a la gran mayoría de los hogares.

*Luciano Moretti es Licenciado en Ciencia Política. Doctorando en Estudios Sociales. Universidad Nacional del Litoral.

Referencias:

Frank, André Gunder. 1998. ReOrient: Global Economy in the Asian Age. Berkeley: University of California Press.

Hickel, Jason, Dylan Sullivan, and Huzaifa Zoomkawala. 2021. “Plunder in the Post-Colonial Era: Quantifying Drain from the Global South Through Unequal Exchange, 1960–2018.” New Political Economy 26(6):1030–47. doi: 10.1080/13563467.2021.1899153.

Hopkins, Terrence, and Immanuel Wallerstein. 1994. “Commodity Chains in the Capitalist WorldEconomy Prior to 1800.” in Commodity chains and global capitalism. Praeger Publishers.

Patnaik, Utsa, and Prabhat Patnaik. 2021. Capital and Imperialism: Theory, History, and the Present. Monthly Review Press.

Wallerstein, Immanuel. 2004. World-Systems Analysis: An Introduction. Duke University Press.

Foto: Reuters

Rosario: ¿De cuna de la bandera a capital de la entrega?

Por Germán Mangione

Ayer en Rosario funcionarios nacionales y provinciales se reunieron con las principales entidades del empresariado agrario e industrial de la provincia de Santa Fe para “dar explicaciones” sobre el rumbo que tomarán las negociaciones por la nueva concesión del Paraná. Pocas veces se ve tan claro el andamiaje de subordinación de la política al poder real como en la foto, y los dichos, que quedaron del encuentro

Cuna de la bandera

La ciudad de Rosario ha sido en nuestra historia protagonista de grandes capítulos en la construcción de nuestra soberanía y en la creación del cuerpo fundamental de las ideas de la nación.

El 27 de febrero de 1812,  cuando Manuel Belgrano inauguró en las costas de la actual ciudad de Rosario una nueva batería, a la que llamó Independencia, formó a sus tropas frente a una bandera que había cosido doña María Catalina Echeverría, una vecina de Rosario.

Belgrano ordenó a sus oficiales y soldados jurarle fidelidad diciendo «Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad.».

La respuesta que obtuvo desde el primer triunvirato asentado en Buenos Aires fue el pedido de “reparación de tamaño desorden (la jura de la bandera)”. El Triunvirato, y sobre todo su secretario, Bernardino Rivadavia, estaba preocupado en no disgustar a Gran Bretaña, ahora aliada de España con ideas sobre independencia y soberanía.

¿Capital de la entrega?

Hoy, 210 años después, Rosario vuelve a ser protagonista del destino del país y es acá donde se desarrolla una nueva batalla por la orientación de nuestros destinos como nación, una similar a la de aquellos años,  que opone dos conceptos y dos intereses contrarios: patria o colonia.

El protagonismo de nuestra región tiene, como en aquel momento, un fundamento económico. Es aquí, en la zona, donde se asientan los principales puertos y empresas multinacionales que hoy tienen en su poder la porción del comercio exterior más importante del país. Por los puertos del gran Rosario, llamados del Up River, sale el 80% de la producción agroindustrial argentina que representa más de la mitad de todo lo que exporta el país.

Y es sobre esa base que cimentan su poder e intentan a través de sus órganos e instituciones orientar las políticas del país hacia sus propios intereses.

Pocas veces en la historia reciente asistimos a actos de coloniaje tan claros como los que estamos viviendo en el marco de la discusión del destino de la administración y control de nuestro río Paraná.

Sin ningún velo (o ya con muy pocos) de soberanía política funcionarios nacionales y provinciales se desvelan por ver quien se muestra más disciplinado, quien es el alumno más aplicado, de los designios de las oligarquías locales y sus socios extranjeros.

“Lo felicito. Estuvo muy bien. Dijo lo que tenía que decir y tiene todo nuestro apoyo”, aseguran los medios locales que le dijo el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Miguel Simioni, al ministro de Producción de Santa Fe, Daniel Costamagna, mientras se retiraba de la reunión que ayer tuvieron empresarios y funcionarios provinciales con los funcionarios nacionales a cargo del flamante Ente de Gestión y Control de la Hidrovía.

La felicitación tenía que ver con que el ministro hizo propia la postura y los reclamos de los hombres de la Bolsa de Comercio rechazando la posibilidad de que el estado reduzca el diferencial de retenciones que pagan hoy las aceiteras multinacionales agroexportadoras y que les permite embolsar millones de dólares mensuales. Un subsidio que hoy hacen indirectamente los productores a las empresas que procesan la soja.

Postura que por otra parte esta semana compartió el mismo gobernador Omar Perotti en sus redes sociales.

Pero eso no es todo. El episodio además se da en el marco de una reunión que deja cada vez más al descubierto una cuestión mucho más lacerante de la soberanía nacional, la posible nueva entrega de nuestro río Paraná a manos privadas y extranjeras, como piden los sectores agroexportadores y de la gran producción agraria agrupados en la Bolsa de Comercio de Rosario.

Y se da en Rosario porque es el lugar elegido para ser la sede del Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable, presidido por Ariel Sujarchuk, que será el encargado de elaborar y lanzar el pliego para la licitación larga de la Hidrovía, que se espera esté listo hacia fin de este año

La reunión de ayer, en la que el ministro Costamagna fue palmeado por el poder real de la provincia, tenía como objetivo que los funcionarios del nuevo ente informen sobre la marcha de las gestiones para la constitución del organismo y que de precisiones sobre cómo será la licitación que decidirá el destino del Paraná, y así de gran parte de la economía Argentina, los próximos 25 o 30 años.

Además de los funcionarios que fueron a “dar explicaciones”,· de la reunión participaron los representantes de la Bolsa de Comercio de Rosario, la Bolsa de Comercio de Santa Fe y la Federación de Industriales de Santa Fe.

Según las notas de prensa Ariel Sujarchuk presidente del Ente “se mostró abierto al diálogo prometiendo estar bien cerca de los intereses de todos los actores”

Ante esto nos preguntamos: ¿Se puede estar bien cerca de los intereses de actores como los que representa la Bolsa de Comercio de Rosario y Santa Fe y a la vez estar cerca de los intereses de la patria y de las grandes mayorías?

En la misma semana que ante el mínimo intento del Gobierno Nacional de capturar, con un cambio impositivo, parte de las ganancias extraordinarias y con récord históricos que están teniendo (y que van a ir teniendo en aumento por la situación mundial) estos sectores, son las mismas entidades las que se niegan rotundamente y amenazan con hacer peligrar la estabilidad laboral en el polo aceitero más grande del mundo ubicado en la zona.

En la misma semana que el gobierno plantea la necesidad de ponerle freno a la inflación, que va sumiendo a millones de argentinos y argentinas bajo la línea de la pobreza cuando no de la indigencia, desacoplando los precios internacionales de los del consumo interno para que las ganancias de esos monopolios exportadores no sea lo único que importe a la hora de ponerle precio al plato de comida local.

En la misma semana los funcionarios nacionales y provinciales hablan de estar cerca de “todos los intereses”.

Es hora de que estén cerca de los intereses de las mayorías, que en temas como las retenciones o la concesión del Paraná, son contrapuestos con los de las entidades que representan a los terratenientes y los agroexportadores.

No alcanza con que la sede “del debate” del destino del Paraná, y de nuestra soberanía sea Rosario, o que las oficinas estén acá y no en Buenos Aires, si el camino elegido va a ser la entrega. O se está con los intereses de la patria y de las mayorías o se está con los intereses de las minorías y los de afuera.

Porque si siguen el camino que vienen transitando solo estarán transformando a la cuna de la bandera en la capital de la entrega.

Y si esto sucede nosotros, los que sentimos la patria bien adentro, los que entendemos que lo principal son los intereses de las mayorías y que vemos en nuestra zona con indignación como las cosechas récord y ganancias récord de unos pocos conviven con la pobreza y la desocupación récord, seguiremos organizándonos y luchando para transformar a Rosario y todo Santa Fe en la capital de la lucha por la recuperación de nuestra soberanía.

Porque como escribió Bernardo de Monteagudo, secretario de San Martín y pluma de la Revolución de Mayo: “sería un insulto a la dignidad del pueblo americano, el probar que debemos ser independientes: este es un principio sancionado por la naturaleza, y reconocido solemnemente por el gen consejo de las naciones imparciales. El único problema que ahora se ventila es, si convenga declararnos independientes, es decir, si convenga declarar que estamos en la justa posesión de nuestros derechos. Antes de todo es preciso suponer, que esta declaración sea cual fuese el modo y las circunstancias en que se haga, jamás puede ser contraria a derecho, porque no hace sino expresar el mismo en que se funda” Mártir o Libre, domingo 29 de marzo de 1812.

*Germán Mangione: Editor de revista Lanzallamas y miembro del Foro por la Recuperación del Paraná

Foto: Rosario3.com

Ucrania. imperialismo, geopolítica… y autodeterminación?

5 de marzo de 2022

Por Matías Rodríguez Gianneo*

El 24 de febrero de 2022, Rusia comenzó la invasión a Ucrania que está dejando miles de muertos y más de un millón de refugiados, lo que configura una crisis humanitaria. Imágenes que recuerdan a Siria o la Franja de Gaza, ocultadas por la prensa occidental. Aunque existían indicios y fuentes diversas que anunciaban esta posibilidad, el ataque sorprendió al mundo. En los últimos días, lo que Putin llamó una operación militar para destruir las defensas militares ucranianas se trasladó al bombardeo de poblaciones civiles. La preocupación llegó a todo el mundo por la posibilidad de una reacción en cadena de las acciones bélicas y el choque directo de potencias, y abrió preguntas, algunas las abordaremos en el siguiente artículo: ¿Cuáles son los cambios geopolíticos que operan, pos crisis del 2008 y con la pandemia, sobre este conflicto? ¿Es una guerra justa o una guerra imperialista?

Cambia, todo cambia, menos las viejas costumbres de guerrear

En el viejo mapa de la URSS, una de las repúblicas claves en su poderío estratégico era Ucrania. Su valor es enorme para los planes rusos de volver a ser una potencia de primer orden, su importancia radica en: la extensión territorial y sus 44 millones de habitantes, la ubicación estratégica en el pivote de Europa-Asía, sus tierras fértiles: ambos países en cuestión suman el 78% del comercio mundial de aceite de girasol, el 28% del comercio de trigo y el 19% del maíz[1], la industria naval en Sebastopol (ubicada en la península de Crimea) donde se encuentra el mayor astillero de la ex URSS y la flota del Mar Negro, y el desarrollo de la industria pesada en las regiones que Rusia apoya su autonomía (Donetsk y Lugansk) que fue el centro de la Guerra Civil del año 2014. Por lo tanto, la posibilidad de que Ucrania quede bajo la órbita de la OTAN es una amenaza enorme para la seguridad de Rusia.

Estados Unidos presionó a Rusia rompiendo el acuerdo de “ni un centímetro más al Este” luego de la disolución de la URSS. La OTAN se ha movido hacia el Este más de “un centímetro” con la incorporación de trece países: República Checa, Polonia, Hungría (1999), Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Eslovenia (2004), Albania, Croacia (2009) y Montenegro (2017). Por lo tanto, la actitud de Rusia pareciera lógica, desde el punto de vista de la lucha entre potencias, en no negociar ni aceptar el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania. Europa Oriental dejó gradualmente de funcionar como “escudo” de Rusia. La agresión imperialista de Putin en Ucrania, podría ser aprovechada por la OTAN para avanzar en Europa Oriental y llevar a mayores tensiones en la región y el mundo. El escenario creado, en definitiva, termina aquejando a los pueblos que sufren los conflictos armados y las sanciones económicas. El propio Biden en el discurso en el que anunció las sanciones económicas, como en la apertura del Estado de la Unión afirmó que «Putin pensó que podía dividirnos, pero se equivocó» y que “junto con nuestros aliados, brindamos apoyo a los ucranianos en su lucha por la libertad. Asistencia militar. Asistencia económica. Asistencia humanitaria. Y continuaremos ayudando al pueblo ucraniano mientras defiende a su país”[2]. Estados Unidos se muestra como “protector de la libertad”, ante los invasores. Pero no hay que olvidar que Estados Unidos invadió y bombardeó Yugoslavia, Irak, Afganistán, el norte de África, y estuvo detrás del golpe de Estado en Bolivia y las amenazas recurrentes a países latinoamericanos, y presiona financieramente, a través del FMI, a países como Argentina. Hipocresías que tampoco cambian.   Pareciera que la estrategia de la Casa Blanca es utilizar la escalada bélica para aislar y debilitar a Rusia, fortalecer a la OTAN en Europa en medio de su declive relativo, al mostrarse como protector ante la amenaza rusa. Madeleine Albright (ex secretaria de Estado de EEUU entre 1997 y 2001) en el New York Times[3], afirma que Putin estaría cometiendo un error histórico ya que con “ese acto de agresión llevaría a la OTAN a reforzar considerablemente su frente oriental y a considerar ubicar fuerzas de manera permanente en los Estados bálticos, Polonia y Rumania”. Queda expuesto en la batería de severas sanciones contra Rusia (sin precedentes en relación a conflictos similares llevados adelante por Estados Unidos y sus aliados) que van excluir a determinados bancos rusos del sistema financiero SWIFT, que les imposibilita los movimientos de pagos entre miles de institutos financieros en 200 países; prohibiciones a la exportación de bienes, tecnología y servicios para la industria aeroespacial; se prohibió a los medios estatales rusos RT y Sputnik distribuir su contenido tanto en televisión como en internet dentro de la UE y Estados Unidos; entre muchas más. En la editorial del 1 de marzo del Global Times (perteneciente al periódico Diario del Pueblo del PCCh) afirman que “China está dispuesta a desempeñar un papel constructivo en la búsqueda y realización de la paz, pero nunca bailará bajo la batuta de Washington. A lo largo del desarrollo de la crisis de Ucrania, es demasiado obvio que Estados Unidos ha estado creando la crisis, transfiriéndola y beneficiándose de ella”.

Otro elemento que está jugando un peso importante en el conflicto es el abastecimiento energético de Europa. Rusia destinó en 2020 el 77,65% del total de sus exportaciones de gas y el 53% de su petróleo a Europa, lo que configura una interdependencia, ya que Europa importa alrededor del 40% del gas ruso. El presidente Joe Biden, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen emitieron un comunicado conjunto afirmando que “trabajamos juntos para lograr un suministro continuo, suficiente y oportuno de gas natural a la Unión Europea desde diversas fuentes de todo el mundo para evitar interrupciones del suministro, incluidas las que podrían resultar de una nueva invasión rusa de Ucrania”[4] . Estados Unidos planea suplantar a Rusia como exportador de gas, o buscar otras alternativas para cortar lo principal de las exportaciones rusas, llevándolo a la quiebra económica. La pausa en la construcción del nuevo gasoducto Nord Stream 2, que provee gas a través del Mar Báltico desde Rusia a Alemania coincide con ese objetivo.

Sin embargo, según Gabriel Merino[5], dentro de la UE se encuentran dos proyectos estratégicos que se manifiestan con diferencias en relación con el conflicto con Rusia: el proyecto germano-francés centrado en el Euro y el espacio continental europeo versus el proyecto anglosajón de la UE sin Euro como área de libre comercio subordinada al globalismo financiero angloamericano. Berlín avanza hacia el Este y choca con Rusia, pero también sabe que, sin un mundo multipolar con China y Rusia de contrapeso, queda subordinado al bloque global anglosajón y debe olvidarse de su proyecto europeo. Europa termina pivoteando entre los acuerdos económicos con China y el apoyo militar a Estados Unidos.

Las alianzas fundamentales en las que se ha basado la hegemonía norteamericana durante el siglo XX y principios del XXI estuvo asociada a Europa Occidental, por ello es clave impedir el crecimiento de alianzas “euroasiáticas”. Alianza que tiene la punta de lanza en el proyecto de la “ruta de la seda del siglo XXI” llevado adelante por China, que está ligado a una acumulación de capital a escala global que se orienta cada vez más hacia el Este y el continente asiático requiere movilizar recursos para conectar las cadenas globales de valor con Asia Central, Europa y América Latina.

La alianza Moscú-Beijing, a pesar de la desconfianza histórica, goza de buena salud. Rusia produce la energía que China necesita para apuntalar su rol de fábrica del mundo, en el año 2013 la petrolera estatal rusa Rosneft concretó un acuerdo de 270.000 millones de dólares para duplicar el suministro de petróleo para China[6]. El jefe de Rosneft, Igor Sechin, aliado cercano de Putin, dijo que su compañía se ha comprometido a abastecer a China con 365 millones de toneladas de petróleo durante 25 años a partir de la segunda mitad de la década. En 2014 Gazprom y National Petroleum Corporation firmaron un acuerdo de 30 años para utilizar el gasoducto Power of Siberia para exportar gas ruso a China[7].

Lo que parece una constante, es la vieja costumbre de guerrear. El escenario global cambió cualitativamente con la invasión rusa a Ucrania, crece la inestabilidad y se ahonda la incertidumbre. Quienes afirman que se puede construir un mundo multipolar estable y pacifico a cargo de las instituciones globales, dejan de lado que el capitalismo tiende inevitablemente al conflicto y reeditan una vieja discusión entre Kautsky y Lenin. Kautsky afirmaba que los intereses de las grandes potencias tendían a ir forjando acuerdos que llevarían a la conformación de un “superimperialismo” donde las potencias explotarían de forma conjunta y pacífica a los países atrasados. Lenin polemizó afirmando que la tendencia del imperialismo, más allá de acuerdos coyunturales, llevaba al conflicto y a la guerra. En la trama de cambio histórico que vivimos, las afirmaciones de Lenin cobran mayor fuerza.

Vivimos un momento de transición histórica, el orden mundial fundado posterior a la Segunda Guerra Mundial y reconfigurado luego de la caída del Muro de Berlín entró en crisis sistémica: no sólo económica sino también de legitimidad. La pandemia provocó un enorme golpe recesivo global. La redistribución del poder y las riquezas es el trasfondo. Al ascenso de Asia Pacífico, principalmente de China y, por otro lado, la crisis de hegemonía de Estados Unidos y sus aliados, se le suma la intención de Rusia de volver a ser una potencia de primer orden y el pivoteo de Europa. Sumado a las luchas en los países oprimidos por mayores grados de autonomía en regiones como América Latina. Movimientos que son propensos a mayores escaladas bélicas. La nueva carrera armamentista retrotrae a situaciones similares a la Primera Guerra Mundial, incluso los países europeos están incrementando sus gastos en defensa, el canciller alemán Scholz anunció en un discurso, hace unos días, que triplicará el presupuesto de defensa para rearmarse contra Rusia.[8] Esto se suma a los descomunales gastos de Estados Unidos, China y Rusia. 

El recrudecimiento de conflictos y crisis más recurrentes que son aceleradas por las estelas de la crisis del 2008, el desarrollo desigual y las inéditas consecuencias económicas y sociales de la pandemia, llevan a choques entre potencias imperialistas que traen enormes sufrimientos a los pueblos, que hoy lo vemos tanto en Ucrania como en las guerras en diferentes regiones del mundo. La hegemonía mundial de Estados Unidos está en crisis, pero lo que surge en su lugar no es una alternativa anticapitalista. Al mismo tiempo, el desarrollo de estas guerras puede generar escenarios de debilitamiento de las potencias, y abrir una brecha para que los pueblos irrumpan con la bandera de la paz, de la descolonización, el antiimperialismo y el anticapitalismo. 

¿Guerra justa o guerra imperialista?

Dentro de los innumerables análisis que surgieron, aquí rescataremos algunas voces que pueden ser útiles para pensar este problema.

El Historiador de izquierda, militante del PSOL (Resistencia), Valerio Arcary, en un artículo en Jacobin titulado “Ucrania: ni Putin ni la OTAN son inocentes[9] afirma que la decisión de Putin es defendida por una parte de los sectores más combativos de la izquierda, recordando con razón que la OTAN ha ido cercando a Rusia. Pero que el arsenal nuclear de Rusia sigue siendo más que suficiente para protegerla de cualquier país del mundo. Rusia es una potencia imperialista, aunque en un lugar subordinado, y con esta invasión amplía su área de influencia. Por lo tanto, según el autor, “el programa marxista es el internacionalismo. Hoy, esta bandera se concreta en la defensa de un alto el fuego inmediato, para el fin de la guerra, frente a la presencia de las tropas de la OTAN en Europa del Este y de las tropas rusas en Ucrania.”

El economista argentino Claudio Katz, afirma que “la crítica al operativo de Putin es insoslayable en cualquier pronunciamiento de la izquierda. Pero ese posicionamiento debe ser antecedido por una contundente denuncia del imperialismo norteamericano como principal responsable de la escalada bélica”[10], pero aclara que no justifica la respuesta militar del Kremlin, que es muy contraproducente para todos los proyectos de emancipación, ya que Putin no se limitó a justificar el ataque como una acción defensiva frente a la OTAN, sino que señaló que Ucrania no tiene derecho a existir como nación. Esa caracterización, según el autor, “sitúa su operativo en otro plano más inaceptable de impugnación del derecho de un pueblo a decidir su destino”.

Dentro de las voces que expresaron la caracterización de Rusia como imperialismo se encuentra la de Luis Molinas, del PCR de Argentina, quien sostiene que “se está desarrollando una intensa campaña política e ideológica tendiente a aceptar los crímenes en Ucrania en nombre del enfrentamiento con los EEUU. Pero no vemos que Rusia ataque a ninguna de las tantas bases de la OTAN en Europa y a ningún militar yanqui, sino que usa sus fuerzas armadas para someter y anexar un país lleno de cereales y de gas”[11] e inscribe la actual invasión a un historial de agresión en Chechenia (2000) y (2009), en Georgia (2008), Crimea (2014 y posterior anexión), en Siria desde el 2015 pretextando el combate al “terrorismo”, en Azerbaiyán. Kazajistán y Belarus. Y plantea «la solidaridad activa con el pueblo de Ucrania frente a la invasión rusa, fuera  las bases militares y las tropas de la OTAN y demás imperialismos».

El ex Sec. Gral. de Podemos, Pablo Iglesias, publicó “9 tesis sobre la guerra y la izquierda”[12] acusa a Putin de nacionalista de derecha y señala que las guerras traen fascismo y que “es tiempo de internacionalismo y de antifascismo militante en defensa de la democracia y de la paz. Eso supone poner el foco en la defensa de las poblaciones civiles afectadas hoy por la agresión rusa”, y pone el acento en la crisis de refugiados “a los que se debe atender y proteger. Mañana será la población civil rusa la que será víctima de las sanciones y muy pronto serán las poblaciones europeas las que padezcan el encarecimiento de la energía y el parón de la recuperación económica”.  Al momento de escribir estas líneas, casi un millón de refugiados salen de Ucrania hacia Polonia.

Refugiados ucranianos caminan por la carretera para cruzar la frontera de Ucrania a Moldavia, en el cruce fronterizo Mayaky-Udobne cerca de Udobne.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek[13] afirma que durante las protestas en Ucrania en 2014  los furiosos ataques eran contra las estatuas de Lenin que funcionaban como símbolo de la opresión soviética, y que la Rusia de Putin se percibe como una continuación de la política soviética de someter a las naciones no rusas a la dominación rusa. El autor sostiene que “hubo una profunda ironía en ver a los ucranianos derribar las estatuas de Lenin como una señal de su voluntad de afirmar su soberanía nacional: la era dorada de la identidad nacional de Ucrania no fue la Rusia zarista (donde se frustró la autoafirmación ucraniana como nación), fue en la primera década de la Unión Soviética cuando establecieron su identidad nacional completa”. Žižek nos recuerda que Lenin es “culpable” de tomarse en serio la autonomía de las distintas naciones que componían el imperio ruso, de cuestionar la hegemonía rusa. Putin, también culpa a Lenin: «la Ucrania moderna fue creada en su totalidad por Rusia o, para ser más precisos, por la Rusia bolchevique y comunista. Este proceso comenzó prácticamente después de la revolución de 1917, y Lenin y sus socios lo hicieron de una manera extremadamente dura para Rusia: separando, cortando lo que es históricamente tierra rusa». En realidad, con lo que no acuerda Putin, es que posterior a la Revolución de octubre de 1917, el movimiento revolucionario dirigido por Lenin, se comprometió con el principio de autodeterminación de los pueblos oprimidos. Este derecho se consagró posteriormente en los años de la constitución de la Unión Soviética, como unión de repúblicas socialistas.

Lenin y la autodeterminación de las naciones. Mao y el internacionalismo

Lenin postuló el derecho de cada nación a su autodeterminación, a poder crear su propio Estado. Pero había que advertir en cada situación concreta si ese reclamo iba en sentido de la confluencia de los pueblos oprimidos con la clase obrera. Con la autodeterminación buscaba reducir las contradicciones y tensiones nacionales y étnicas que eran utilizadas por los opresores y explotadores locales y externos. Según Lenin “la tarea consiste en salvaguardar la unidad de la lucha de clases del proletariado por la conquista del socialismo, repeler todas las influencias burguesas y ultrareaccionarias del nacionalismo”[14]. Por ello, estaba de acuerdo en luchar contra el nacionalismo gran ruso y reconocer la igualdad de todas las naciones al derecho de formar un Estado, es decir, el derecho a la autodeterminación, a la separación. Desde este punto de vista, era necesario medir el carácter progresivo o regresivo de cada movimiento nacionalista. La pregunta a responder era: qué movimiento favorecía el objetivo socialista. Para ello debía unir puentes entre el comunismo y el nacionalismo antiimperialista.

Mao Tse-Tung se preguntó si ¿puede un comunista, que es internacionalista, ser al mismo tiempo patriota?[15], su respuesta es útil para pensar el problema. En los países imperialistas el internacionalismo se práctica estando en contra de su nación, y pone el ejemplo de Alemania y Japón en la previa a la Segunda Guerra Mundial: “los comunistas deben oponerse resueltamente al «patriotismo» de los agresores japoneses y de Hitler. Los comunistas japoneses y alemanes son derrotistas respecto a las guerras sostenidas por sus países”. En cambio, en las naciones oprimidas y agredidas por el imperialismo: “la derrota de los imperialistas que la invaden constituirán una ayuda para los pueblos de los demás países. De ahí que, en las guerras de liberación nacional, el patriotismo sea la aplicación del internacionalismo. Por esta razón, cada comunista debe desplegar toda su iniciativa, marchar valerosa y resueltamente al campo de batalla de la guerra de liberación nacional”.

En base a este análisis es importante recuperar los aportes teóricos en torno a la autodeterminación de los pueblos y su derecho a existir como naciones, libre de toda intromisión extranjera. Así como denunciar la invasión rusa a Ucrania, denunciar al mismo tiempo el papel de fogonero de Estados Unidos y la OTAN, y en contra de toda guerra interimperialista que traiga sufrimiento a los pueblos. Ante las crisis y conflictos globales que se avecinan, pelear por un programa antiimperialista y anticapitalista, que promueva la paz de los pueblos recuperando las mejores tradiciones de lucha revolucionaria y emancipatoria.


* Matías Rodríguez Gianneo es profesor de Historia (UNMdP). Co editor de Revista Lanzallamas.

Foto de tapa: Emilio Morenatti

[1] https://www.agrositio.com.ar/noticia/221535-ucrania-rusia-efectos-sobre-los-mercados-internacionales-y-el-agro-argentino

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60582627

[3] https://www.nytimes.com/es/2022/02/23/espanol/opinion/rusia-ucrania-invasion-putin.html

[4] https://elpais.com/internacional/2022-01-28/estados-unidos-y-la-ue-se-alian-para-garantizar-el-suministro-de-gas-a-europa-en-caso-de-bloqueo-ruso.html

[5] ¿Nueva guerra fría o guerra mundial fragmentada?: el resurgir de Rusia, el avance de China, los nuevos bloques emergentes y el desafío a las fuerzas unipolares de Occidente. Gabriel Merino/ Carlos Alberto Rang (comp), EDUNAM, 2016. Pág, 23-24.

[6] https://www.reuters.com/article/internacional-petroleo-rosneft-china-idLTASIE95K00C20130621

[7] https://theconversation.com/oso-y-dragon-el-vinculo-estrategico-entre-rusia-y-china-en-el-nuevo-orden-multipolar-178015

[8] https://www.wsws.org/es/articles/2022/03/03/scho-m03.html

[9] https://jacobinlat.com/2022/02/28/ucrania-ni-putin-ni-la-otan-son-inocentes/

[10] https://jacobinlat.com/2022/03/02/dos-confrontaciones-en-ucrania/

[11] https://pcr.org.ar/nota/la-invasion-rusa-a-ucrania-y-el-acuerdo-con-el-fmi/

[12] https://es.ara.cat/opinion/9-tesis-guerra-izquierda_129_4284614.html

[13] https://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna/2022-02-24/slavoj-zizek-lenin-donbas-ucrania_3380578/

[14] Lenin, Obras escogidas, Ed. Problemas, Bs As, 1946. Pág 363.

[15] https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/CPNW38s.html Mao Tse-tung El papel del Partido Comunista de China en la Guerra Nacional, Octubre de 1938.

Defender la presencialidad es defender la Educación Pública

Por Enzo Balbuena*

“Todos corrieron detrás de sus cadenas, creyendo asegurar su libertad”. Así grafica Rousseau el tristemente célebre pacto que, con la engañosa premisa de una supuesta defensa de “los menos favorecidos”, dio origen a una sociedad civil profundamente desigual. En la historia, los engaños en pos de “las grandes mayorías” se detectan, por lo general, una vez que ya se han efectivizado; y muchas veces, lo que se muestra como “progreso”, es una regresión disfrazada.

En un reciente documento denominado “Universidades argentinas del 2030”[1], emitido por el Consejo Interuniversitario Nacional que reúne a todos los rectores y rectoras de las universidades públicas del país, se afirma “los estudiantes menos favorecidos en términos económicos pueden ver en la virtualidad una opción de mantener su trayectoria, que se vería facilitada por evitar el tiempo de traslado a la universidad, generando mayores oportunidades para cumplir con las obligaciones académicas”, que si bien no es inexacto, evade la raíz de un problema mucho más profundo.

Esto se enmarca en un contexto donde, si bien se retomó levemente la presencialidad en la Educación Superior argentina, esto se ha dado mucho más tardíamente que en el resto de los niveles educativos, y pareciera ser más bien por una especie de efecto de arrastre provocado por la opinión pública “de afuera” de la Universidad que por una discusión más propiamente pedagógica dentro de las casas de estudios, a la par de que no se conocen con exactitud cuáles son los grados de deserción durante la etapa virtual. A su vez, son más fuertes en este nivel las corrientes que plantean la virtualización como una opción permanente para la Educación Superior, lo cual no es un debate menor ni que debe ser subestimado, porque ya existen universidades que han aprobado una virtualización progresiva de sus currículas. Esto se asienta en el hecho de que la presencialidad también tiene problemas y falencias, pero lo que puede parecer “cómodo” puede ser en realidad atarse las manos a uno mismo. Al mismo tiempo, y como dato no menor, el fantasma del Fondo Monetario le pone medida al ajuste sobre el pueblo argentino. El objetivo de este artículo es entrometerse en dicha polémica y abrir un debate necesario, no se busca dejar a la vista ningún “plan macabro” ni es una teoría conspirativa, sino alertar frente a un sentido común que puede engañarnos.

Virtualidad o presencialidad: una falsa contradicción

Durante la etapa de pandemia, han proliferado corrientes de opinión que destacan las “grandes bondades” de una virtualidad supuestamente más “inclusiva”, en detrimento de una presencialidad que ya queda en parte “anticuada” y que se vuelve “excluyente”. La frase arriba citada del documento producido por el CIN es expresión de eso, pero como dije ahí mismo, evade la raíz de un problema muy grave y que ese propio documento reconoce: las causas del altísimo nivel de desgranamiento (la famosa “deserción estudiantil”) entre aquellos que entran y los que logran permanecer y egresar en la Educación Superior argentina.

Por eso, de arranque es necesario comprender y reafirmar el hecho de que aquello que resulta principalmente expulsivo (y que no fue la excepción en estos dos años de virtualidad) de las aulas universitarias fueron, son y serán las condiciones materiales de la vida de cada persona. Esto no se soluciona solamente otorgando computadoras y proveyendo conectividad (lo cual también es importante y fue un problema profundo en todos los niveles educativos durante la pandemia) sino que más bien implica la solución de problemas aún más básicos para cualquier estudiante: el acceso a la comida, a un techo, a las maneras de llegar a los lugares de estudio mientras no para de caer el poder adquisitivo; así como también el empleo y la salida laboral en un país que aparece prácticamente diezmado. La profundización de las políticas de bienestar estudiantil (los comedores, las residencias, el boleto estudiantil, entre otras) son las maneras a través de la cual es posible profundizar la democratización de la educación superior en nuestro país, y se equivocan aquellos que creen que virtualizar los procesos educativos es comparable a una especie de segundo decreto de gratuidad universitaria como el que hizo Perón en 1949. Virtualizar, no hizo ni hará que “las universidades se llenen de hijos de obreros” sino que, por el contrario, hizo retroceder a la educación en términos pedagógicos, político-organizativos y también de inclusión.

Pedagógicamente, la presencialidad es incomparable: se presta más atención, se construyen lazos con otros y se conforma una comunidad que mejora el proceso de aprendizaje. La virtualidad fue un parche importante mientras las restricciones sanitarias imposibilitaban el encuentro presencial, pero esta fue estirada por mucho tiempo casi sin fundamento sanitario, donde era posible ir a un boliche pero no a una Facultad. No debe verse inocentemente que muchas autoridades universitarias retardaron la vuelta porque les significaba un ahorro presupuestario así como también el evitarse problemas que eran comunes en la presencialidad. Frente a esto, existieron sectores que plantearon la idea de la salida colectiva de la pandemia, y que tomando los recaudos necesarios era posible llevar a cabo colectas solidarias, brigadas sanitarias de estudiantes colaborando en la lucha contra el Covid y por la vacunación, así como también brindar apoyo escolar en barrios populares, poniendo la universidad y los conocimientos al servicio de un pueblo con profundas necesidades, pero que ni por asomo fue la tendencia mayoritaria.

Pasado este tiempo, empezamos a ver que los efectos de la misma sobre la educación son más profundos de lo que muchos pensamos, y que volver a llenar las aulas no es algo que se dará de manera automática, sino que deberá ser prácticamente una lucha. En este sentido, hay que destacar que en este tiempo si bien el estudiantado argentino tuvo algunos avances, hay lugares donde prácticamente se ha retrocedido en derechos básicos: comedores universitarios que permanecieron cerrados durante toda la pandemia, colectivos que conectaban barrios con facultades y que ya no circulan, cátedras que por una gran cantidad de tiempo no dictaron clases o no tomaron exámenes, o el recorte sobre el presupuesto y las becas Progresar que se plantea para 2022. La recuperación de estos derechos será una de las bases para poder volver a llenar las aulas, que, si bien tenían muchas deficiencias antes de la pandemia, eran y son (y serán) ampliamente superiores a los ya tediosos “meets”.

La Universidad como polo organizativo y de inclusión

La presencialidad es la condición para un tipo de educación necesaria en un tipo de país como el que vivimos. ¿Por qué? Porque en un país dependiente y oprimido por los imperialismos como el nuestro, no hay chance de una educación que sea liberadora y no esté atada a la dependencia atrás de una pantalla. No quiere decir esto que deben desdeñarse las herramientas de carácter virtual, pero estas deben ser un complemento y no la base de un proceso educativo.

Las Universidades argentinas, otrora polos de resistencia a las reformas neoliberales, parecen ahora (por lo que afirma el documento) promotoras de una profunda atomización del individuo que se educa, aislado de sus pares. Y lo que es aún más grave, se promueve implícitamente una especie de categorización del conocimiento, entre algunos que aprenderían mejor (por el hecho de tener mejores condiciones materiales) y otros que aprenderían peor, ¡y todo esto en nombre de los menos favorecidos!

Por otra parte, se puede aventurar una hipótesis: la virtualización es el paso previo a la privatización de la educación. Y esto porque la Universidad pública (de carácter presencial) no sólo es mejor pedagógicamente y actúa como un punto de inclusión, sino que también es un polo organizativo. La defensa de la Educación Pública, en sus momentos más vulnerables, se dio con un movimiento estudiantil activo, llenando el espacio público de miles de estudiantes, docentes, no docentes y pueblo en general. ¿Cómo se resistiría “virtualmente” frente a alguien que busca imponer un arancel? No es posible defender la gratuidad y el carácter público de la educación, la autonomía de las universidades y todo lo que esto implica detrás de una pantalla o de un hashtag. Desfinanciar las universidades encontraría argumentos más fácilmente en espacio a los que va menos gente. La vida gremial y política de las universidades, muchas veces también cuestionada, ha sido una base principal en su sostenimiento, y esto es irremplazable.

La Universidad como enclave geográfico

Como también afirma el documento, la política de ampliación de las universidades fue correcta y es un hecho que debe festejarse y profundizarse. Virtualizar es ir en contra de esa lógica, porque cada universidad a lo largo y ancho de la Argentina cumple un rol fundamental como polo de inclusión, de cercanía con la comunidad y también de investigación.

Si imaginamos una Universidad virtual, prácticamente es innecesario que exista (por dar un ejemplo) una Universidad de Rosario, una del Litoral, una de la Matanza… simplemente haría falta una única Universidad Argentina, en la que los contenidos sean iguales y la conexión con aquello que “rodea” a esas universidades mencionadas y sus particularidades se perdería. Prácticamente también perdería sentido tener una gran cantidad de docentes desde la Quiaca hasta Usuahia si quien enseña es un video, sería un “gasto excesivo”; e incluso con argumentos meritocráticos cualquiera querría acceder a “lo mejor”, al “mejor docente” y a aquella universidad que esté catalogada como “la mejor”. Volvemos otra vez a la categorización del conocimiento (y si el conocimiento tiene categorías, éstas tendrán distintos valores…).

Por su parte, aquello que ha dado lugar a notables experiencias de extensión universitaria donde la universidad se vincula con lo está a su alrededor, también se perdería: la investigación de los aspectos particulares de la realidad de cada punto de la Argentina quedaría a voluntad de cada investigador, y agudizaría la subordinación de la ciencia a lo que dictamine el mercado, y que en países como el nuestro, se manifiesta en una subordinación de la ciencia a las necesidades de la dependencia.


[1] https://www.cin.edu.ar/download/universidades-argentinas-del-2030/

*Estudiante de Ciencia Política. Consejero Directivo de la Facultad de Ciencia Política y RRII (UNR). Militante del ALDE Rosario

Instagram: @enzo.balbuena

Twitter: Enzo_Balbuena

Argentina y China, 50 años de una relación asimétrica.

Foto de portada: https://nuso.org/articulo/argentina-y-china-los-actores-del-comercio-sojero-y-el-flujo-migratorio/

Por Germán Mangione

Cuando el imperialismo no recurre a la guerra, sino a medios relativamente moderados, medios políticos, económicos y culturales, para llevar adelante su opresión, la clase dominante del país semicolonial en cuestión capitula ante el imperialismo y forma con él una alianza para oprimir conjuntamente a las masas populares.

Mao Tse Tung, SOBRE LA CONTRADICCIÓN. Agosto de 1937

Febrero de 2022 será un mes en que las relaciones entre Argentina y China vuelvan a estar en boca de todos y todas, más allá de los círculos de poder y los claustros de estudio de las relaciones internacionales. Es que el 19 de febrero se cumplirán 50 años dela normalización de las relaciones diplomáticas y el reconocimiento de la República Popular China por parte de Argentina. Pero además se anuncia que el presidente Alberto Fernández viajará a Pekín  a concretar una serie de acuerdo con impulso de larga data y muy esperado por los inversionistas chinos y los sectores locales que ven en el gigante asiático un pulmotor ante la presión financiera de las potencias occidentales.

Sin embargo, estos nuevos acuerdos vuelven a poner sobre la mesa cuales son los beneficios de la relación para cada nación y si se ajusta a la realidad la caracterización de relación “sur-sur” o “win-win” que pregonan desde los centros de poder chino y repiten (muchas veces acríticamente) los estudiosos locales del tema.

En un mundo multipolar en el cual Estados Unidos sigue siendo la superpotencia militar, económica, política y financiera más agresiva, y con mayor peso en el mundo y en nuestra región, otras potencias disputan activamente su influencia.

En esa disputa China aparece como la potencia emergente de mayor crecimiento económico en los últimos años, que ha penetrado profundamente en África y América Latina.

Para afrontar esa disputa las potencias se asocian a los sectores de terratenientes y del empresario local que tiene sus negocios atados a las potencias extranjeras, y que funcionan de polea de tracción del saqueo y la dominación extranjera. Es por eso que cualquier análisis del movimiento de los capitales e inversiones chinas en el país debe estar enmarcado en la disputa de este naciente imperialismo con los que históricamente han dominado nuestro país.

La disputa por el control del mundo que China lleva adelante con Estados Unidos, enmascarada en una “guerra comercial” (pero que es mucho más profunda que un problema de compras y ventas) pesa enormemente sobre todas las acciones políticas y económicas que la potencia oriental lleva adelante en nuestra patria y en la región.

Sin esa perspectiva es imposible concebir algunas “concesiones” o manifestaciones del “soft power” chino en las relaciones de los últimos 20 años con Argentina y con todas las naciones oprimidas del mundo.

En algunos sectores, como el de los bienes intermedios (maquinarias y herramientas), es notable como China ha logrado desplazar a Estados Unidos como principal proveedor de la Argentina. Sectores estratégicos como la exploración espacial o los puertos agroexportadores son otros de los espacios que la RPCH se ha abierto camino en el pasado reciente.

Sin embargo, por envergadura e historia sigue siendo EEUU quien pesa decisivamente en el control de los resortes claves de la política y la economía argentina, así como en el mundo. Predomina cuantitativa y cualitativamente todavía en el país y posee una larga historia de relaciones e intereses en Argentina, lo que condiciona el avance chino.

El reciente acuerdo de Argentina con el Fondo Monetario Internacional, con el control decisivo de EEUU, que incluye revisiones trimestrales de la economía (y la política) del país es un claro ejemplo de estos condicionamientos que llevan décadas de desarrollo.

50 años de historia (asimétrica)

Desde el comienzo de la relación bilateral el aspecto comercial fue el hilo conductor de una relación que débil al comienzo, fue fortaleciendo un vínculo que se intensificó hasta hacerse central para nuestro país en los últimos 20 años.

El crecimiento de esos vínculos a través del tiempo impone una reflexión sobre el lugar que cada una fue ocupando en relación a los beneficios y necesidades que se fueron priorizando.

Como explica el investigador Eduardo Oviedo en su trabajo “Historia de las relaciones internacionales entre Argentina y China, 1945-2010” la relación entre ambos países pasó  “de una relación favorable a la Argentina respecto de la RPCH (y más aún de la República de China), a una situación de equilibrio en las décadas siguientes, donde el esquema de la “cooperación Sur-Sur” describió con acierto la relación de poder en gran parte del tiempo histórico. Pero la modernización de la RPCH condujo al incremento de sus capacidades de poder y revirtió la situación asimétrica, para mutar hacia el esquema de poder entre una gran potencia (China) y un país en desarrollo (Argentina), es decir, el “modelo Norte-Sur”.

Habría que agregar que paralelamente a la “modernización” en el campo técnico y económico,  la expansión china hacia la categoría de superpotencia, se dio la transformación política que significo la restauración capitalista tras la muerte de Mao Tse Tung y la llegada al poder de los sectores revisionistas y pro capitalistas del Partido Comunista Chino de la mano de Den Xiao Ping, en un recorrido que fue profundizando ese camino hasta nuestros días donde Xi Jimping es el máximo exponente de esa política de dos facetas, “comunista” en los papeles, capitalista en los hechos.

Sin cambiar de nombre ni de color aparente, impulsaron las reformas que transformaron a China en una nueva potencia mundial con su respectiva política imperialista hacía los países con los que estrechó relaciones con el objetivo de aprovisionarse de las materias primas necesarias para sostener su crecimiento.

Esta cuestión lejos de ser anecdótica o accesoria es central a la hora de pensar las asimetrías en las relaciones que la RPCH construyó desde su lugar de imperialismo en ascenso a partir de la década del 80, con países oprimidos como los de los continentes africano y latinoamericano, principales destinatarios de los esfuerzos por desarrollar un comercio fluido apuntado a la captación de materia prima indispensable para el desarrollo chino y de nuevos mercados para mercaderías e inversiones.  Relaciones internacionales diametralmente opuestas a las preconizadas y llevadas adelante durante la etapa socialista.

En la forma en que China se relaciona internacionalmente advertimos varios de los rasgos con los que Lenin caracterizo a la actual fase del capitalismo, el imperialismo:

  • 1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios,  que desempeñan un papel decisivo en la vida económica;
  • 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este “capital financiero”, de la oligarquía financiera;
  • 3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular;
  • 4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo, y
  • 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.

Salir afuera

En el año 2002, luego de una etapa en la que se privilegió y fomentó el consumo interno y el desarrollo industrial (a base de la superexplotaciones de millones de trabajadores para la producción de mercancías baratas), China lanza su estrategia de “Go Out” (salir afuera) dando impulso a la creación de gigantescos monopolios globales en todas las áreas de interés chino (alimentos, químicas, financieros, mineros, energía, transporte, etc)

A partir de esta nueva etapa de desarrollo capitalista chino la exportación de mercaderías fue cediendo lugar a la exportación de grandes masas de capital, con la creación de gigantescas corporaciones financieras, que a diferencia de los de las potencias occidentales, son estatales o controlados por el Estado Chino.

América Latina ha sido una gran receptora de los capitales financieros chinos, utilizados además para solventar en nuestros países la infraestructura necesaria para satisfacer la demanda china, y Argentina no ha sido la excepción.

En las últimas décadas, China ha exportado cantidades récord de capital al resto del mundo. Antes de 2005 casi no se registran prestamos chinos a América Latina, pero desde allí en adelante el Banco de Desarrollo de China (CDB), el Banco de Exportaciones e Importaciones de China (EIBC) y algunos otros otorgaron más de US$1,6 billones. Esta cifra equivale al 2% por ciento del PIB mundial y supera ampliamente los créditos brindados por el Banco Mundial y el BID (Banco Interamericano de desarrollo) históricos prestamistas de la región vinculados a las potencias occidentales.

Gallagher, Kevin P. y Margaret Myers (2021) «China-Latin America Finance Database», Washington: Inter-American Dialogue.‎

China disputa los mercados y ha perfeccionado sus políticas de préstamos y compra de deuda para interferir en los distintos territorios. Los préstamos y las inversiones están atados en la mayoría de los casos a la compra de insumos industriales chinos (caso Belgrano Cargas donde además de las locomotoras y vagones Argentina compró hasta los rieles y durmientes en China), o a condiciones de nuevas inversiones con “prestamos cruzados”.

Un buen ejemplo de la influencia política de esto se dio durante el gobierno de Mauricio Macri, quien si bien en un comienzo orientó su política hacia la alianzas con otras potencias, terminó acudiendo a pedir financiamiento al gigante chino ante la restricción externa, previa al préstamo del FMI que hoy condiciona a la Argentina.

En esa oportunidad y en el marco de la disputa con el kirchnerismo y sus grupos empresario afines, Macri viajó a China. En aquel momento el ex presidente tenía una política de enfriamiento del desarrollo de la construcción de las represas de Santa Cruz, llevadas adelante por el grupo Electroingeniería (afín al kirchnerismo) en sociedad con la China Ghezhouba. Pero al llegar a China las autoridades orientales fueron claras: si no se reactivaba la obra de gran interés para el estado chino no solo no habría nuevo financiamiento sino que se detendría el del Belgrano Cargas ya que los préstamos para ambas obras estaban “cruzados” y dependían uno del otro.

A su regreso al país y tras algunas audiencias formales para escuchar los argumentos ambientales que se oponen al desarrollo de la obra el gobierno volvió a darle impulso.

La historia que vuelve

Para una parte de la gran burguesía local que se desarrolla mirando hacia afuera y atenta a los intereses de las grandes potencias, el acercamiento con China representa una gran oportunidad de negocios, pero repitiendo el histórico patrón de dependencia que ha sumido al país en un crecimiento deformado que no termina de ser.

Como explicitaba con gran entusiasmo hace unos años el canciller de Néstor Kirchner, Rafael Bielsa, las inversiones  chinas son “algo parecido a lo que Gran Bretaña implementó en la Argentina a fines de siglo XIX y comienzos del XX con los ferrocarriles y los frigoríficos”

Algo similar repetiría unos años después el ex embajador Eduardo Sadous, miembro Consejero Argentino para las Relaciones Internacionales y director del Comité de Asuntos asiáticos desde 2011: “Tenemos que pensar en China como nuestra Gran Bretaña del siglo XXI”.

Sin embargo, esta política de acercamiento a países como el nuestro, que durante la pandemia incluyo ayuda sanitaria en lo que se denominó la “política de las mascarillas”, no entusiasma solo a aquellos sectores económicos que ven buenos negocios y un lugar que hoy otras potencias les vedan o disputan localmente, sino que también sectores políticos progresistas y de izquierda ponen la mirada en la potencia asiática como posible contrapeso político a la histórica influencia estadounidense en la región.

A la caza de materias primas para su desarrollo y mercado para su producción

Otra característica de la relación de China con el mundo periférico o “del sur” es el sostenimiento de la inundación de mercancías, lo que refuerza además la división internacional del trabajo, impidiendo el desarrollo soberano de los países dependientes y deformando nuestras economías.

Habría que agregar que no solo provoca el cierre o impide el desarrollo de ramas enteras de la producción por la llegada de sus mercancías sino que la superexplotación de los trabajadores chinos condiciona las relaciones de trabajo de los obreros en el resto de los países, al avanzar las políticas de flexibilización laboral, como una “necesidad” de las burguesías dominantes de compensar la gigantesca tasa de ganancia que obtenían en China.

El repaso de algunos casos concretos de inversiones y relaciones comerciales chinas en el país ayuda a desentrañar como, más allá de los discursos que ubican el ida y vuelta comercial en el marco de las relaciones sur-sur, se va construyendo un vínculo a medida de las necesidades chinas y truncando la posibilidad de un verdadero desarrollo soberano e independiente de nuestro país en áreas claves como la industria, los bienes intermedios o la infraestructura.

En la mayoría de los documentos oficiales chinos sobre las relaciones con América Latina, como los Documentos Blancos emitidos en 2008 y 2016, se impone la idea de una política exterior orientada al beneficio mutuo (o win-win), a la cooperación sur-sur y a una complementariedad armoniosa, ideas que por otro lado son muchas veces absorbidas acríticamente como verdades indiscutibles por los interlocutores locales.

Sin embargo y entendiendo que, como el resto de los estados, China parte de sus necesidades a la hora de entablar relaciones con otros países, es muy importante poder analizar las relaciones reales, en casos de intercambios reales entre nuestros países y el gigante asiático.

Casos que, por otro lado, no se encuentran en el ámbito de las proyecciones, sino que llevan ya varias décadas de desarrollo permitiéndonos hacer algunos balances parciales de sus resultados acercándonos bastante a la esencia de esas relaciones.

Relación que tiene al comprador como el actor más poderoso y que a medida que avanza y se concentra como tal ejerce más poder comercial y político. Como corroboró al inicio de su relación el gobierno de Néstor Kirchner cuando intento cuestionar el dumping (cuando un producto se exporta a un precio inferior al que se vende en el mercado interno del país de origen, en el caso de China la mejora de los precios se da a través de subsidios estatales) a algunos productos que ingresaban a la argentina provenientes desde la RPCH y a cambio recibió “el apriete chino” en forma de devolución de dos buques con aceite de soja argentinos con alguna excusa sanitaria. No se volvió a hablar del tema”

Desde que  en 2004 Argentina firmó el acuerdo de “Alianza Estratégica” con China, elevado a “Alianza Estratégica Integral” en 2014 cuando el presidente chino Xi Jinping visitó oficialmente Buenos Aires, las inversiones asiáticas crecieron remachando la dependencia y el modelo productivo actual.

China se consolidó en los últimos años como principal socio comercial de la Argentina, representando 11,3 por ciento de las exportaciones y 21,9 por ciento de las importaciones totales del país (julio 2020) según informó el Instituto de Estrategia Internacional (IEI) de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA).

El gigante asiático va desplazando incluso a Brasil, principal socio comercial histórico de Argentina, impulsando la competencia intramercosur.

La estatal china COFCO fue creciendo como un jugador en la exportación de cereales y oleagionas hasta transformarse en el mayor exportador en el país de granos de soja, desplazando a la estodunidense Cargill quien históricamente encabezaba el podio. En el camino adquirió la infraestructura necesaria con el puerto de Noble y la compra de Nidera.

Con esta última compra de la empresa holandesa accedió a toda la cadenas de producción (semillas, investigación biotecnológica, agroquímicos, etc) desarrollada hace años en el país. Y con la compra de Syngenta, también con presencia en el país, por parte del gigante estatal ChemChina se aseguró el primer lugar en el mundo de la producción de agroquímicos.

El circulo completo de toda la cadena de producción que se complementa con las inversiones en infraestructura (Belgrano Cargas, Hidrovia, Paso Bioceanico) que intentan abaratar la salida de la producción hacia China.

Pero Argentina y nuestra hidrovia no solo es una puerta de salida para las materias primas rumbo a China sino que como explica Luciano Orellano en su libro “Argentina Sangra por las Barrancas del Río Paraná” también es un “embudo inverso” por donde nos inundan de mercaderías que hechas en las fábricas chinas no son otra cosa que horas de trabajo que no se realizan en Argentina.

Presentación de PowerPoint (inversionycomercio.org.ar)

Las importaciones argentinas de bienes de la República Popular China han aumentado rápidamente, desde poco más de U$S 1.000 millones, a principios de la década pasada, hasta un promedio anual de U$S 10.000 millones en 2011-2012, siendo desde el 2011 el segundo principal origen de las importaciones de nuestro país. El 83,2% son importaciones de bienes de capital y sus piezas y accesorios y bienes intermedios.

Entre los productos más importados desde China se encuentran automóviles, maquinaria pesada y ligera, motores, piezas electrónicas, indumentaria, calzado, productos de computación e informática, partes eléctricas y juguetes; recientemente, debido a la pandemia, aumentó la demanda de accesorios médicos como tapabocas, guantes de látex, entre otros. El total es un aproximado de 5000 productos.

En contrapartida desde Argentina se exportan alrededor de 500 tipos de productos, comenzando por la soja en diferentes presentaciones. Solo los porotos de soja representan un 66% de las exportaciones del país, le sigue el aceite de soja, y en tercer lugar la carne bovina.

El resultado de este intercambio es una balanza comercial que es deficitaria para Argentina desde 2008 y un reforzamiento del lugar de proveedor agrícola para nuestro país que traba el desarrollo en otras áreas como la industria.

Los socios locales

El rol que las grandes potencias imperiales (entre ellas China) asignan históricamente a nuestro país como proveedor de materia prima principalmente agrícola, pero también energética y minera, ha permitido que la relación sobrepase los aspectos partidarios y sectoriales para transformarse en una “política de Estado” impulsada principalmente por los sectores terratenientes y del empresariado local beneficiado por la misma, y llevada a cabo por las más diversas dirigencias políticas de extracciones a veces “opuestas” como es el caso del kirchnerismo y el macrismo. 

Estos sectores encuentran un punto central de coincidencia en impulsar la adaptación de la economía Argentina a la complementación con las necesidades de China. Esto también explica la buena sintonía de los sectores de la gran propiedad de la tierra y de las burguesías exportadoras con el acercamiento a la potencia asiática.

Las instituciones que las representan como la Bolsa de Comercio de Rosario o el Concejo Agroindustrial Argentino son encargados de fomentar y estrechar esas relaciones, sin dejar de impulsar las históricas relaciones de dependencia con potencias como EEUU.

Gustavo Idigoras, representante de las agroexportadoras y uno de los voceros del CAA expresaba hace un tiempo que “es necesario tejer alianza con China, se sabe que no es fácil venderles. Una negociación puede demorarse 5 años, porque las normas son cambiantes y no hay tanta previsibilidad, con lo cual los beneficios son a largo plazo. Vale la pena el esfuerzo de transitar ese camino para tener socios estratégicos en China. Actualmente, las relaciones económico políticas bilaterales entre ambos países, si bien a nivel industrial no son buenas, a nivel agrícola son espectaculares, con gran cantidad de misiones comerciales agroindustriales recíprocas entre ambos países que quintuplican las misiones de Europa y Estados Unidos que han llegado al país en los últimos años”  Argentina y China, una alianza natural – (uba.ar)

Fue la Bolsa de Comercio de Rosario (donde anualmente se realiza el China Day para fomentar la relación) allá por marzo del 2019 la anfitriona del viceprimer ministro de China Hu Chunhua quien mantuvo allí un encuentro con el secretario de Agroindustria del macrismo Luis Miguel Etchevehere, el gobernador Miguel Lifschitz y autoridades de la Bolsa donde se anticipó el creciente interés de una empresa asiática que presentarse a la licitación en 2021 del dragado y balizamiento de la hidrovía Paraná-Paraguay, una de las discusiones centrales de la soberanía por estos días.

El rastro de las continuidades, o de la alianza con China como “política de estado” puede encontrarse en políticas públicas vinculadas a los sectores exportadores, como el desarrollo de la infraestructura ferroviaria al servicio de la agro exportación con el Belgrano Cargas o los proyectos de pasos bioceánicos para abaratar los fletes con una salida por el pacífico, en el impulso al desarrollo de la sojización a cualquier costo para abastecer la necesidad China o en inversiones (que más allá de la discusión de que grupo local de burguesía intermediaria fuese el más beneficiado) continuaron en todos los gobiernos, como el caso de las represas de Santa Cruz.

Y en Santa Fe se mantuvieron después con la salida de Miguel Liftchitz y el cambio de signo del gobierno provincial. Algo que era de esperarse con la asunción del actual gobernador Omar Perotti, quien durante su gestión como diputado nacional tuvo la presidencia del Grupo Parlamentario de Amistad con la República Popular China

¿alianza para el desarrollo o salvavidas de plomo?

El otro lado de la supuesta complementariedad, o relación sur-sur, pregonada por las fuentes oficiales chinas y repetida por obnubilados referentes sociales y políticos locales de las más variadas procedencias ideológicas, ha sido el avance de  las grandes empresas estatales y privadas chinas, que en mayor o menor medida han tomado posesión de algunas de las palancas claves de nuestra economía y han avanzado en su influencia en los círculos de poder y decisión política local, influyendo directamente sobre la orientación del modelo productivo local y las definiciones de políticas públicas. Dejando a Argentina en el lugar de lo que de define comúnmente como un país dependiente.

En estos días con el viaje del presidente Alberto Fernández a China, y la posible firma por parte de nuestro país del mega plan mundial de obras de infraestructura y transporte impulsado por China bajo el nombre de “La Ruta de la Seda”, seguramente se reabrirá el debate sobre qué tipo de relación tenemos con la potencia mundial y quizás (ojalá) también comience a discutirse qué tipo de relación necesitamos y queremos para que nuestro país pueda desarrollarse autónomamente.

Más allá de los discursos y las formas, es fundamental poder analizar en concreto las relaciones comerciales y políticas que  en los últimos 50 años han desarrollado ambas naciones, para poder pensar en el futuro.

La reprimarización de las exportaciones, la degradación ambiental relacionada con el sector extractivo, la competencia intraindustrial con productos manufacturados importados, la competencia entre los precios para el mercado interno y la exportación que impulsan la inflación (caso de la carne), se presentan como las consecuencias de un vínculo que reedita viejas relaciones de dependencia que América ya conoce y ha sufrido a lo largo de su historia.

La vieja relación norte-sur parece querer reeditarse bajo el signo de oriente-occidente. La reedición de lo que Horacio Ciafardini denominaba “complementariedad subordinada”, que no es otra cosa que la relación económica entre naciones basada en la super especialización productiva de los países dependientes en bienes primarios y la de los países desarrollados en bienes industriales.

Algo que los socios locales del saqueo justifican bajo la idea de las “ventajas comparativas” de nuestro país para este tipo de rol, enfoque utilizado también para la alianza histórica con otras potencias como Inglaterra y que oculta la traba y el atraso que implica en lo concreto para nuestro desarrollo pleno como nación independiente.

A esto habría que agregarle que paralelamente a la profundización de estas relaciones y el rol que nos asignan como proveedor de materia primas China impulsa internamente una política que dependa cada vez menos del mercado externo, por razones principalmente geopolíticas (Estados Unidos es hoy uno de sus principales proveedores), lo que hace tambalear a la economía Argentina atada a la especialización agrícola.

El ministro de Agricultura chino, Tang Renjian, anunció este mes que subirá 40% su producción mundial de soja en los próximos cuatro años, pasando de los 16,4 millones a los 23 millones en 2025, con el fin de lograr la autosuficiencia en materia de granos.

A la luz de los hechos, y analizando el desarrollo de las relaciones entre ambas naciones en estos 50 años (pero sobre todo en los últimos 20), es muy difícil pensar que no es la misma dependencia que Argentina sufre con las potencias que históricamente oprimen el país como Inglaterra o Estados Unidos, pero con nuevo socio y mejores modales.

*Editor de Lanzallamas y director del Observatorio de Actividad de los Capitales Chinos en Argentina y América Latina.

Femicidios, lucha por justicia y deuda

Por Sofía Sosa*

Son diversas las miradas y reflexiones sobre qué hacer ante un femicidio en un contexto de extrema vulnerabilidad social. Sobre los efectos de orfandad en las niñas y niños ante la perdida por femicidio de su madre, por parte de su padre, aún más. Pero este relato se propone describir, reflexionar y pensar las imágenes sobre el acompañamiento como profesionales, a la lucha por justicia del movimiento de mujeres y diversidades, a instancias del juicio y la condena. Así como el lugar de la mujer en nuestra sociedad, ligado a la vulnerabilidad social en términos de opresión de género y clase social, como herramientas de análisis de nuestra actualidad dentro del campo del movimiento de mujeres.

Desde el Equipo en Emergencia, profesionales frente a la violencia y vulnerabilidad social, reconocemos nuestro origen en la asistencia psicológica a lxs hijxs de Liliana González, su madre y hermanos, ante la perdida, por femicidio, en manos de la pareja y padre biológico de lxs niñxs. Ocurrido en marzo de 2019 en el barrio Mugica, ex villa 31, Retiro, CABA. Cuyo pedido de intervención fuera realizado por la Casa de las Mujeres y diversidades Daiana del barrio, quienes efectuaban el acompañamiento a la familia materna y encabezaron también la lucha por justicia estos años.

JUSTICIA POR LILIANA

De Liliana supimos por La Casa Daiana del barrio. Supimos también por los medios, pero también por el horror de lo sucedido. Cuerpo fragmentado, despedazado. Arrojado a los perros. Desecho. Odio y ensañamiento. Supimos que Liliana sufría una silenciosa agonía de años de sometimiento y violencia. Supimos que el poder que ejerce un varón sobre el cuerpo de una mujer parece no encontrar limitaciones. Supimos que el sistema de opresión no empezó ese día, ni que hoy se va a terminar. Pero hoy supimos que es posible derribarlo hasta desnudar sus entrañas. Como cuando nuestros cuerpos se descarnan sólo para el placer y goce de sus miradas, con sus palabras, con su violencia.

“Gracias a las Mujeres guerreras que acompañaron.” Esas fueron las palabras de Lucy, la mamá de Liliana González al conocer la sentencia para el femicida: cadena perpetua. El grito fue uno solo, allí donde, jornada tras jornada, en la calle, frente a los Tribunales de la Nación y al juzgado interviniente, acompañamos mientras duró el juicio, desde la Casa de las Mujeres y diversidades Daiana, el Equipo en Emergencia, la Asamblea feminista y diversas organizaciones sociales del barrio. “No aflojemos” “Estuvimos desde el primer día” “Justicia para nuestra vecina” “Perpetua para el femicida” “Para que no vuelva a pasar.”

Las fotos de Liliana se multiplicaron, los bombos y el megáfono fueron propiedad colectiva de quien quisiera expresar la lucha que nos convocaba, pero que individualmente resonaba de un modo particular en cada una. “Sufro violencia de género.” Contó una de las mujeres allí, quien encontró entre gritos y silbatazos, el espacio de sostén necesario para expresar su sufrimiento, tantos años silenciado. Momentos privilegiados de apertura, donde, entre compañeras, se abre la posibilidad de algo cualitativamente distinto y puesto a trabajar hacia adelante, acompañando.

PROTAGONIZAR LA LUCHA

Preparar esas jornadas de lucha requirió mucho esfuerzo y organización de parte del movimiento de mujeres y diversidades del barrio. Convocar a las diversas organizaciones sociales por un lado y apoyarse en la propia organización, profundizando los debates sobre la necesidad de luchar. Abrirse al barrio, llenar de carteles y a viva voz denunciar e invitar. Es un camino en construcción que apela a la memoria de una inmensidad de luchas recorridas, tanto por las reivindicaciones propias como mujeres, así como por la lucha contra el hambre, la desocupación y precarización laboral, vivienda digna, salud y educación de sus hijxs. Reivindicaciones que tanto mujeres, diversidades y varones comparten. Por tierra, techo y trabajo.

De esta manera, las luchas colectivas van dejando aprendizajes, movimientos colectivos que promueven movimientos tendientes a ligar aquello con lo que el trauma arrasa. Movimientos instituyentes. La creación de “La Casa de las Mujeres y diversidades Daiana” en el barrio fue uno de ellos. Punto de anclaje identificatorio contra la desubjetivación de la violencia de género y la vulnerabilidad social. A su vez, La Casa lleva el nombre de Daiana Colque y la lucha por justicia frente a su femicidio en el barrio, años atrás, permitió encontrar los modos colectivos de solidaridad y justicia que se enraizaron en su origen y nominación.

LA DEUDA ES CON NOSOTRAS: DOBLE DEUDA, DOBLE OPRESION

En nuestra actualidad, tanto de pandemia como avances en la vacunación, observamos la fragilidad de un sistema mundial que muestra fisuras. Así vemos expuestas la opresión y la desigualdad entre países, entre personas y entre varones, mujeres y diversidades. Si bien los femicidios recorren el entramado social, son los cuerpos que pertenecen a lo más oprimido de nuestra sociedad, las mujeres pobres, quienes nos muestran cómo recrudece la violencia como efecto productivo del poder.

En este contexto, la deuda es con nosotras ¿Qué decimos cuando hablamos de deuda con las mujeres? Existiría una doble deuda. Por un lado, la deuda externa, aquella que nos subyuga como nación dependiente y atada a las ganancias de la usura y especulación financiera y sus organismos, como es el caso del FMI, donde Estados Unidos ejerce poder y dominio. Organismos y sistemas que se sostienen generando deudas impagables, ilegitimas y fraudulentas. Sostenedores de dependencia. Última estafa la realizada por Macri, endeudándonos a cien años para beneficio de unos pocos y generando empobrecimiento en la inmensa mayoría del pueblo.

Pero también hay otra deuda con nosotras, que es la de la historia, la del status quo, la de lo aparentemente inmodificable, la de los mandatos, la de ser una propiedad entre otras, la del sometimiento. La justicia, como parte de las instituciones que representa y sostiene al sistema en el que se basa el patriarcado, en cada fallo, en cada obstáculo, nos disciplina en cuanto al histórico lugar que nos fue y nos es asignado. Allí la profundidad y especificidad de nuestras reivindicaciones. De esta manera, la doble opresión que sufrimos las mujeres, de género y de clase, en la doble deuda se materializa.

Las “Mujeres guerreras,” finalmente, encarnarían la rebeldía y puesta a prueba de las instituciones como la justicia. Como sostenedora de una deuda que es ilegitima y fraudulenta, en cuanto a sus orígenes históricos, ya que no nos pertenece. Generando y sometiendo a mandatos de poder y opresión que culpabilizan nuestro sentir y actuar. Disciplinando a través de sus abogadxs, jueces, leyes, fallos y sistemas. Mujeres Guerreas que abren camino a lo nuevo que está por venir y que será creado con fuerza y sin temor.

Sofia Sosa*. Psicóloga. Docente Facultad de Psicología UBA. Coordinadora Equipo En Emergencia, profesionales.

El FMI y el chantaje financiero: breve historia de una deuda inmoral

Por Luciano Moretti*

En el contexto de una enorme crisis mundial generada por la pandemia de la Covid-19, Argentina se encuentra renegociando una vez más un acuerdo de refinanciamiento de pagos con el Fondo Monetario Internacional. El contexto no puede ser más desfavorable para el país que viene de cuatro años  de políticas pro-mercados caracterizadas por la “timba de bonos” y “la libre circulación de capitales” del gobierno macrista, que luego de dos corridas financieras, consecuentes devaluaciones y completa liberación de la cuenta capital nos dejara como saldo el salario en dólares más bajo de toda la región, la inflación más alta desde 1989 y un acuerdo “extraordinario” con el FMI por 47.000 millones de dólares a pagar en cinco años. Sobre llovido mojado, en 2020 se desató la pandemia de la Covid-19 y la recesión económica mundial, sumada a catástrofes climáticas extraordinarios producto del calentamiento global.

El gobierno argentino tenía la oportunidad de encabezar los reclamos de un club de deudores internacional para renegociar con el FMI. Sin embargo, esto no parece haber estado entre sus planes, y la derrota electoral de las elecciones de medio término sólo complica el escenario aún más.

En esta situación el gobierno se apronta a cerrar una renegociación con el FMI, lo que está en debate es si como consecuencia de este acuerdo se relegarán las urgencias de las grandes mayorías populares de aprobarse el presupuesto de ajuste del 2022. ¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Por qué cada diez o quince años el país vuelve a repetir siempre la misma historia? ¿Qué elementos estructurales explican esta situación? ¿Qué implica un nuevo acuerdo con el fondo?

El largo fin del siglo XX

El “nuevo” rol del capital financiero

Situaciones extraordinarias requieren medidas extraordinarias. Esto el gran capital financiero lo sabe bien. Han sido expertos en destruir el sistema para salvar al sistema, como hicieran durante la década del 70. El fin del patrón oro, la caída Bretton Woods y la consecuente reforma de los organismos internacionales de crédito, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial, constituyeron una enorme contraofensiva de clase a nivel mundial para recomponer la tasa de acumulación de capital en favor de los grandes monopolios del Norte Global, recuperar la tasa de crecimiento y salvar al sistema. Para ello fue necesario disciplinar a las clases obreras de los países centrales. Las políticas neoliberales fueron el instrumento que empuñara el gran capital financiero para alcanzar dicho fin. Este proceso se profundizó durante la década del 90 con la creación de la Organización Mundial del Comercio. Estas tres organizaciones, creadas y respaldadas por EE.UU. principal potencia hegemónica mundial y garante del sistema imperialista, fueron la triada utilizada por el capital financiero del Norte Global para imponer nuevas reglas en el sistema interestatal.

Como consecuencia, el capital financiero se “liberó” de las ataduras y regulaciones impuestas por los Estados nacionales, sobre los cuales se impone una estricta disciplina fiscal que actúa en favor de los intereses del primero. De lo contrario existe el riesgo de una fuga de capitales que cause una severa crisis interna. El principal objetivo de los Estados es prevenir que esto suceda manteniendo lo que se conoce como “la confianza de los mercados”. Una variopinta calaña de aseguradoras de riesgo y agencias crediticias se han convertido en jueces del buen comportamiento de los Estados, socavando aún más la autonomía estatal y su soberanía. Bajo este tipo de orden, incentivar la demanda agregada mediante el accionar estatal se vuelve imposible, debido a que se imponen políticas de equilibrio fiscal y es muy dificultoso gravar la riqueza de los grandes monopolios para financiar el gasto. Tanto el capital financiero, como los organismos internacionales son reacios a los programas de financiamiento de la demanda agregada. Por demanda agregada entendemos al total de bienes y servicios demandados por un país, a un nivel de precios determinado por el período de un año. Las políticas que incentivan la demanda requieren de un mayor gasto público y tienen como objetivo el pleno empleo de los factores de producción. El rechazo generalizado a este tipo de políticas se explica por la reticencia de los grandes monopolios a pagar impuestos y porque constituyen políticas distributivas en favor del trabajo, es por ello que pregonan “el déficit fiscal cero”, lo que se traduce en mayores medidas de austeridad y recorte de gasto público, a la par que impiden el cobro de impuestos bajo el justificativo de que son una amenaza para la inversión.

América Latina y Argentina: casi un siglo de marchas y contramarchas

Para aquellos que vivimos en Argentina y en los países de la periferia, algunas de estas cosas no nos parecen novedosas. Nuestros Estados nunca fueron plenamente soberanos y su capacidad para financiar la demanda agregada mediante el gasto público ha sido limitada por diversos condicionantes estructurales, siendo el principal de ellos la dependencia económica y el comercio desigual. Si bien, hemos gozado de derechos en el sistema interestatal, esto se ha limitado solamente al plano formal. La independencia política fue lograda durante las luchas anticoloniales del siglo XIX, pero la independencia económica no estuvo en los planes de aquellas elites que se encargaron de construir “Estados naciones” donde previamente hubo colonias. Si bien, durante el siglo XX existieron diversos proyectos populares que buscaron recuperar el control de los recursos económicos y colocarlos al servicio de las grandes mayorías, como por ejemplo el primer peronismo, o previamente de manera más tímida el gobierno de Yrigoyen.

Durante el período de industrialización por sustitución de importaciones la restricción externa aparecía principalmente asociada a desequilibrios en la balanza comercial. El modelo de industrialización motorizada por el Estado se basaba en la protección de la industria nacional mediante la implantación de tarifas a los productos importados y subsidios a sectores industriales claves para destinarlos al consumo interno. Sin embargo, debido a la dependencia tecnológica, muchos de los bienes de capital y los insumos necesarios para la industrialización debían ser importados desde los países desarrollados. Esto significaba un drenaje de recursos y por ende la necesidad de contar con las reservas internacionales suficientes para afrontar estos costos crecientes. Dado que la industria no era competitiva internacionalmente se debía compensar esta necesidad de divisas mediante el fomento de las exportaciones agropecuarias. Para ello, el Estado administraba el comercio exterior mediante la junta nacional de granos y obtenía las divisas necesarias para financiar la industria.

Sin embargo, debido a la caída en los términos de intercambio de los productos primarios y a su baja elasticidad, a medida que la industria demandaba más productos importados la cuenta comercial se volvía más deficitaria. Durante este periodo de desarrollo del capitalismo la cuenta de capital permanecía cerrada, los desbalances en la cuenta comercial solían afrontarse mediante la toma de deuda con el FMI y la implementación de un paquete de ajuste que recortara salarios, redujera la demanda y devaluara la moneda nacional. A pesar de estas restricciones, durante este periodo se registraron las tasas de crecimiento más altas en la historia de la región latinoamericana y se desarrolló una poderosa industria con su consecuente clase obrera urbana y florecieron los sectores medios.

Figura Nº1: Crecimiento del PBI de América Latina
 PeríodoCrecimiento del PBICrecimiento del PBI per cápita
Modelo Agroexportador1870-19293,41,5
Industrialización por sustitución de importaciones1930-19804,92,2
Neoliberalismo1980-20022,40,5
Post-neoliberalismo2003-20133,62,4
Fuente: Gallagher, 2016.

En ese contexto, la crisis económica internacional de la década del 70 implicó una profunda restructuración del sistema capitalista mundial. En el marco de una ofensiva de clase reaccionaria contra los derechos de los trabajadores, las políticas neoliberales desmantelaron la capacidad de los Estados para intervenir en la economía dando fin al sistema de bienestar. Las nuevas formas de acumulación financieras requerían que los países se abrieran a la inversión extranjera por lo que debían eliminar toda restricción a la circulación de bienes y servicios y en particular al capital financiero.  En el caso de la región latinoamericana, los países se encontraban afrontando un proceso de endeudamiento producto del reciclaje de los petrodólares que se generaron luego del shock petrolero de 1973, estas altas tasas de endeudamiento generarían una profunda crisis de deuda que abriría paso a las reformas estructurales propulsadas por el Consenso de Washington. Como consecuencia de esto, Argentina adoptó por completo el paquete neoliberal, que además de las privatizaciones de los bienes públicos a precio vil y la retirada del Estado como administrador de la demanda, desmanteló por completo la estrategia de industrialización y se adoptaron nuevas políticas económicas. Las dictaduras militares jugaron un papel clave en hacer pasar estas mediadas a sangre y fuego. Entre ellas se impuso el conservadurismo fiscal, altas tasas de interés para controlar la inflación, apertura total de la cuenta de capital, tipos de cambio libre y libre comercio e integración al mercado mundial. Este periodo estuvo signado por un crecimiento muy bajo y la región quedo más expuesta a los shocks externos.

Debido a la completa apertura de la cuenta de capital y al nulo control del Estado sobre los flujos de bienes, servicios y capital cuando la tasa de interés global y los bienes primarios tiene precios al alza el capital financiero extranjero fluye hacia el país y la región. Sin embargo el tipo de inversiones suele ser de corto plazo en bonos y mercados derivados, más que a inversión en infraestructura o emprendimientos productivos. Estos flujos suelen apreciar el tipo de cambio volviendo a las exportaciones menos competitivas y fomentando la des-industrialización. Esto genera mayores déficits en la balanza de pagos que lleva a la toma de más deuda externa. Cuando las condiciones externas se vuelven desfavorables, el capital emigra hacia otras regiones, el tipo de cambio se desploma y en algunos casos se genera una crisis financiera. En este momento es cuando interviene el FMI con sus préstamos de “facilidades extendidas”, interviniendo para salvar al capital financiero para que no quede “atrapado” en el país e imponiendo un paquete de ajuste y restricción del gasto que profundiza la crisis. Como resultado la región atravesó el peor período de crecimiento de su historia, alcanzando cifras de pobreza record, destrucción del empleo, pérdida de capacidad industrial y aumento de la deuda externa.

Las diferencias entre ambos momentos son significativas. Mientras que en el periodo de la ISI la restricción externa se generaba por la necesidad de adquirir insumos por parte de la industria en el marco de un proyecto que buscaba el desarrollo y la generación de empleo, en el periodo actual la restricción externa se manifiesta en la cuenta de capital. Esto es producto de la vulnerabilidad externa de la economía nacional que se encuentra a merced de los caprichos del capital financiero que utiliza los países como medio para valorizarse mientras genera desempleo y mayor desigualdad, profundizando la desindustrialización y desincentivando las exportaciones.

El total libertinaje y descontrol de las cuentas nacionales y el desmedido poder que tienen hoy las grandes empresas exportadoras (particularmente aquellas ligadas al sector agrícola) son la causa detrás del constante péndulo en el que vive la economía argentina. Sin controlar lo que entra y lo que sale, asistimos a un saqueo permanente de nuestros recursos, su aprovechamiento por un puñado de empresarios, y la condena a la miseria estructural de millones de argentinos/as.

Debido a las características estructurales de la economía argentina y al rol que la misma ocupa en la división internacional del trabajo esta ha sido vulnerable a los shocks externos. Estos shocks se manifiestan principalmente como escases de divisas conocido como restricción externa. Estos ciclos de crecimiento económico seguidos de endeudamiento, explican las marchas y contramarchas de la economía. Fue así que el endeudamiento durante la dictadura nos llevó a la década perdida de los 80, y se repitió durante la década de 1990, luego el “blindaje” con De La Rúa hasta el estallido social del 2001 que logró imponer el no pago de la deuda que permitió la recuperación de principio del siglo XXI. Sin embargo, si bien esta ha sido una característica que se manifestara durante casi toda la historia contemporánea del país, los endeudamientos cobran diferente sentido dependiendo del modelo de desarrollo imperante en cada momento.

El acuerdo con el Fondo

El gobierno nos repite hoy la frase de Margaret Tatcher “no hay alternativa” más que negociar con el FMI, pagar “lo que se debe” y dejar que el ciclo de crecimiento y endeudamiento vuelva a comenzar.  Hoy el Estado se encuentra limitado en sus funciones y capacidades por la constante amenaza del garrote del capital financiero. El gobierno nacional se presta al juego del gran capital y acepta co-gobernar con el FMI. La reactivación económica que tanto pregona el gobierno, “poner a la Argentina de pie”, va a ser imposible sin librarse de los costos que nos impone pagar la deuda externa. A medida que aumenta la capacidad utilizada de la industria esta requiere de mayores insumos (muchos de los cuales son importados) por lo que los dólares que irán para el pago de la deuda son los que van a faltar para sostener el crecimiento industrial y la generación de empleo. El gobierno busca evitar esto posponiendo los pagos con el FMI para “crecer primero y pagar después”, por lo que, de lograrse este acuerdo, la economía nacional y los trabajadores deberán hacer un esfuerzo desmedido que irá a parar a manos del fondo y de los acreedores externos.

A cambio el FMI demanda déficit primario (sin contar la deuda) cero para el año 2022, lo cual es un objetivo que requiere ajustar las cuentas nacionales, es decir reducir las partidas presupuestarias destinadas al gasto social, educación, salud y seguridad. El gobierno dice que no será necesario dado que la mayor recaudación producto del crecimiento económico compensará el déficit. Sin embargo, mediante esta cláusula el gobierno está resignando la capacidad de estimular la demanda de la economía en un contexto donde más que nunca es necesario aplicar medidas económicas de política expansiva. Con tasas de desempleo del 9,6% y de subempleo del 12,4% y con un 40,6% de la población bajo la línea de pobreza es prácticamente imposible salir de esta situación si el Estado se retira de su función de financiar la demanda. El ajuste ya estuvo en marcha durante el corriente año donde el gobierno sub-ejecutó partidas económicas claves dentro del gasto presupuestado para el corriente año, se negó a continuar con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y en los hechos aplicó una política de recortes que le costó las elecciones de medio término.

La inmoralidad del sistema de la deuda

El gobierno reniega de plantear la inmoralidad que implicó este acuerdo con el FMI, el cual se realizó de manera completamente viciada, incluso violando el propio estatuto del organismo. El ex presidente Macri admitió en diversas ocasiones que el préstamo tuvo fines electorales y que la gran mayoría de esos fondos fueron destinados a pagar la fuga de capitales producto de sus políticas de desregulación. El gobierno de Macri generó un festival de bonos permitiendo el ingreso de capitales golondrinas que aprovechaban las altas tasas de interés en pesos para obtener ganancias extraordinarias, una vez “hecho el negocio” estos capitales se retiraron del sistema drenando los dólares al Banco Central. Fue tan grande la “bicicleta financiera” que para 2018 el FMI tuvo que intervenir para garantizar que los capitales extranjeros que habían ingresado al país pudieran salir, es decir, el FMI fue cómplice del saqueo a las reservas internacionales, algo que su estatuto prohíbe. Sin embargo, el actual gobierno nacional se niega a dar esta discusión y busca negociar “el mejor acuerdo” posible.

En el contexto de la crisis sanitaria y económica mundial el FMI ha decidido mantener y reforzar su yugo sobre las economías más vulnerables del planeta. Para ello posee diversos mecanismos, uno de ellos es el uso de sobretasas. Las sobretasas se imponen a aquellos países que piden fondos por sobre su contribución inicial al organismo. Estas sobretasas buscan que los países paguen sus deudas de manera rápida, sin embargo, en un período recesivo como el actual, el pago de los préstamos, más los intereses más las sobretasas son un instrumento de apalancamiento inmoral que impone severas políticas de ajuste y recorte a economías vulnerables como la de Argentina.

Existen dos tipos de sobretasas, por un lado, están aquellas que se imponen cuando un país solicita un préstamo que supere en un 187,5% la cuota base que aportaron al organismo, por otro lado, se imponen cuotas en base a la extensión temporal del préstamo para aquellos que superen los 36 o los 51 meses dependiendo del acuerdo. La imposición de tasas y sobretasas también depende de cual sea el origen de los fondos. El FMI tiene dos fuentes princípiales la Cuenta de Recursos Generales (CRG) y el Fondo para la reducción de la pobreza y fomentar el crecimiento. La cuenta principal es la CRG y es la que se encarga de los préstamos a los países de ingresos medios y altos, como el caso de Argentina. Los primeros 14 países que aparecen en la figura 2 están sujetos a sobretasas por superar la cuota base, entre ellos Argentina.

Figura Nº2:

Fuente: elaboración propia en base a Eurodad

En este contexto de crisis económica mundial generada por la pandemia del Covid-19 el FMI se prepara para recibir un aluvión de fondos desde los países más endeudados sólo en conceptos de tasas y sobre tasas. Los intereses proyectados para el período 2021-2028 implican que el FMI recaudará un total de 13000 millones de dólares. De este total el 69% provienen de las sobretasas y la mayoría deben ser pagadas durante los años 2022 y 2023, por lo que en los hechos el FMI está dificultando la recuperación de los países más vulnerables en un contexto económico completamente adverso.

Para el caso de Argentina nuestro endeudamiento con el FMI es previo a la pandemia de la Covid-19. En Junio de 2018 el país recibió un préstamo extraordinario de facilidades extendidas por 42776 millones de dólares, lo cual implicó exceder su cuota en un 960% por lo que se encuentra sujeto al cobro de sobre tasas. Estas sobretasas representan el 53% del costo del prestamos por lo que elevan el costo total de endeudarse con el FMI en un 113%. Como se observa en la figura 3, el peso de las sobretasas en los pagos a futuros constituye una carga inmoral sobre el pueblo argentino.

Figura Nº3:

Reflexiones finales

Producto de la restructuración del capitalismo en la década del 70 el capital financiero se convirtió en el sector hegemónico que motoriza la acumulación de capital. Para los países dependientes y periféricos como el nuestro, esto implicó un duro proceso de disciplinamiento económico, del cual las dictaduras fueron protagonistas principales, para imponer sobre nuestro pueblo un modelo de acumulación de capital centrado en recursos primarios y de valorización financiera. Como consecuencia se abandonó el modelo de desarrollo industrial y se destruyó la capacidad del Estado para motorizar la demanda imponiendo en los hechos una deflación del ingreso de las grandes mayorías populares y una enorme pérdida de derechos de los trabajadores.

El FMI jugó un papel predominante en ser el impulsor del nuevo régimen de regulación que el capital financiero necesitaba, imponiendo sobre las periferias las políticas neoliberales de desregulación financiera y apertura comercial. Este crecimiento de flujos internacionales de bienes, servicios y capitales volvió extremadamente vulnerables a la economía de países como Argentina que quedaron a merced de los vaivenes del capital financiero.

El sistema de deuda internacional es inmoral por los costos crecientes que impone a los países más débiles y endeudados. Esta inmoralidad se acrecienta en el escenario actual marcado por la pandemia de la Covid-19 y la profunda recesión económica que atraviesa el mundo. Es en este contexto que FMI aprieta más el estrangulamiento sobre las economías en vías de desarrollo mediante el cobro de tasas y sobretasas que encarecen el costo de endeudarse.

El gobierno de Argentina tiene la oportunidad de encabezar una cruzada internacional formando un club de deudores para denunciar este tipo de abusos por parte del FMI. Sin embargo, el gobierno adoptó la estrategia de renegociar en soledad para conseguir en el mejor de los casos alargar la cadena de la dependencia y aumentar el peso de los grilletes sobre una sociedad empobrecida que no está dispuesta a aceptar un nuevo ajuste.

Fuentes:

Eurodad, (2021) A Guide to IMF Surcharges en https://www.eurodad.org/a_guide_to_imf_surcharges

Gallagher, K (2016) The China Triangle: Latin America’s China Boom and the Fate of the Washington Consensus, Oxford University press

*Luciano Moretti es Licenciado en Ciencia Política. Doctorando en Estudios Sociales. Universidad Nacional del Litoral.