El león viral pinchado

Por Germán Mangione*

El fracaso del acto impulsado por Milei en Gerli, pleno territorio conurbano, y la caída en las encuestas de las últimas semanas puso en duda el sostenimiento del fenómeno libertario en el tiempo y el espacio, e hizo estallar la interna del partido. ¿Es solo un tropezón? ¿Es el principio del fin del fenómeno mediático? En la nota aportamos algunas ideas en torno al fenómeno que empieza a desinflarse.

La cancha de El Porvenir fue el escenario de la primera convocatoria de campaña de Milei de cara hacia el 2023. Y no arranco bien. Poca convocatoria que no es fácilmente explicable ni por el frío ni por el supuesto boicot policial que algunos seguidores de La Libertad Avanza sindicaban como bloqueo a supuestos contingentes de seguidores que no pudieron llegar.

La muestra más cabal del impacto del fracaso fue la feroz interna que siguió a la actividad y se desarrolló en todo su esplendor en el terreno que mejor funciona el partido libertario: las redes sociales.

El fenómeno libertario tiene entre sus características haber sabido aprovechar la lógica y el impulso de las redes sociales. Entender algunos parámetros que permiten penetrar la coraza de las nuevas generaciones ante la política. En forma y contenido, pero sobre todo captar la atención de algunos sectores apuntando a destacarse como se destacan la mayoría de los fenómenos virales de los últimos tiempos: siendo bizarro.

En la lógica de las redes sociales, en constante disputa por la atención de los públicos, lo distinto, lo extraño, lo llamativo son características que cualquier persona, personaje o suceso, que quiera sobresalir del montón tiene que poseer. Y Milei lo entendió y lo aprovecho.

Fuera de esa lógica no tiene mucho sentido político parte del recorrido del “león” libertario. Los trajes de super héroe, los gritos, el show montado, los insultos, etc. Lo importante es sobresalir y viralizarse. El impacto. Por eso en ambientes más “institucionales” suele aparecer descolocado y poco efectivo. Esta construido sobre la otra lógica.

Claro que no es solo un fenómeno de redes sociales, sino que está apoyado fuertemente en una aparición constante en los medios tradicionales, algo que le aportan las clases dominantes criollas con el fin no de que llegue finalmente a la presidencia, pero sí de correr el arco de los debates políticos más a la derecha y hacer que personajes como Larreta parezcan de centro.

Y es también un catalizador del enojo y el descreimiento en una clase política que no resuelve los problemas más urgentes, desde hace tiempo. Bronca que, hay que decirlo, también es un combustible perfecto para el funcionamiento de la viralización. La indignación y el odio, suelen ser un motor mucho más potente que otros sentimientos que se expresan en las redes.

Pero más allá del apoyo mediático o la bronca popular, la construcción central de la comunicación y la política de Milei está teñida de la lógica de los fenómenos virales que logran captar la atención de miles en base a esa mezcla entre lo extraño, lo nuevo y lo distinto.

Sin embargo esa misma lógica de las redes sociales, de los fenómenos virales, que llevan rápidamente a la cima a un personaje tiene otra cara: la caída estrepitosa cuando el público se aburre y pierde el interés. Cuando lo llamativo deja de serlo, y con la fórmula que hasta ayer servía, deja de hacerlo.

¿Y ahora? El riego que corre Milei quedo al desnudo la semana pasada con el debate de la venta de órganos. Ante la pérdida de interés de su público se ve empujado a llevar siempre un paso más allá su show político.  Pero claro, no todo vale en la carrera por mantenerse en la cresta de la ola.

El mismo público que le exige más como condición para seguir prestando atención, es el que también le marca con la caída en las encuestas que hay límites. Va cayendo preso de su propia construcción.

Si bien en los fenómenos políticos, y en su devenir, se cruzan multiplicidad de causalidades si nos concentramos en el fenómeno comunicacional y su impacto en redes sociales el gran “meme” libertario parece haber tocado su techo y comenzar a quedar en desuso.

Por supuesto que como toda “moda” de redes, queda siempre un núcleo duro que lo reivindica como inoxidable, pero es claro que la política no se hace con ese núcleo sino con el público intermedio que oscila entre diferentes ideas y que es el destinatario final de las políticas de captación de la atención.

El fenómeno montado sobre la bronca, y un discurso superficial, pierde peso con el correr del tiempo y parece ir quedándose sin nafta de cara a las presidenciales. Pero además del problema temporal, el acto en el conurbano muestra los límites físicos de un fenómeno que es sobre todo mediático, sin un sostén territorial que resulta indispensable para el desarrollo de cualquier proyecto político.

El desafío libertario parece ser a esta altura como seguir existiendo, más allá de sus núcleos duros, mientras de fondo suena la música de los africanos del ataúd que preanuncian que el fenómeno político que venía a revolucionar la casta puede terminar olvidado como como el negro de Whatsapp.

*Editor de Revista Lanzallamas