Es la Soberanía, y es ahora

Por Germán Mangione

Algunos conceptos políticos tienen su momento, como transversalidad o globalización. Otros en cambio tienen vigencia más allá de las coyunturas. Y la diferencia radica en su capacidad para definir los ambientes políticos, las mecánicas de desarrollo de los vínculos entre los diferentes actores de la sociedad, sus relaciones de poder, etc.

El caso del concepto de soberanía se encuadra, según entiende quien escribe, entre los segundos, los de vigencia permanente, pero con la particularidad de que los apologetas de cierta modernidad política superficial han intentado anclarlo en la historia, como un debate del pasado.

«Atrasan 100 años», dice un comentaristas de redes sociales ante el reclamo de soberanía.

Sin embargo, la soberanía, terca y con la prepotencia de su propio peso, resurge en cada debate profundo, en cada discusión política que intenta pensar los destinos sociales más allá del momento, de la coyuntura social o del mero análisis de personajes.

Según estas ideas que quieren imponer la arcaicidad de discutir temas desde un enfoque soberano, el mundo ha cambiado y hoy tal cosa no tiene demasiado sentido pues dicen, no hay ya discusiones sobre los derechos de las naciones y sus pueblos a definir sus destinos y el de sus recursos como la de antaño, sino que en un mundo globalizado e interrelacionado los debates políticos son otros.

Tendríamos que pensar acá, detenernos un poco a consensuar, de qué hablamos cuando hablamos de soberanía, y más específicamente que significa esta idea para pensar una nación.

Y explicado sencilla y coloquialmente la soberanía nacional es sencillamente, ejercer el poder de decisión sobre las políticas a llevar adelante en un país, teniendo el control de los recursos que ese país y su pueblo producen. Decidir, es la palabra clave.

Es cierto, hay que reconocerlo, que durante mucho tiempo los ideólogos de la globalización lograron imponer la idea de que el debate desde la lógica de los intereses nacionales ya no tenía mucho sentido. Sin embargo, la realidad siempre es más potente que las ideas, y se impone implacable en el andar de la historia.

En un par de años, desde el inicio de la pandemia primero y la invasión rusa a Ucrania con la consiguiente crisis inflacionaria mundial de los alimentos, pusieron sobre la mesa, sin eufemismos, la necesidad de contar los porotos propios.

¿Con que recursos contamos para enfrentar y resolver las necesidades que imponen la crisis sanitaria o la crisis alimentaria? ¿Quiénes deciden qué hacemos con lo que tenemos?

ES EL IMPERIALISMO

La llegada del COVID 19, con el cierre de fronteras y la preocupación por el estado de los sistemas sanitarios y de desarrollo sanitario de capa país rompió, a poco de andar, la idea de que el mundo está compuesto por países sin fronteras ni intereses propios, que intercambian libre y justamente lo que cada uno necesita.

Los países centrales concentraron las vacunas y los recursos económicos y brindaron sus avances técnicos a cambio de prebendas económicas en otros ámbitos. El viejo Vladimir Lenin volvió  a asomar su rostro adusto para decir: se los dije.

Como hizo a comienzos de siglo pasado cuando advirtió que esta etapa del capitalismo tenía como esencia el imperialismo. Nada de andar creyendo eso de un club de naciones amigas en igualdad de condiciones. Países imperialistas y países oprimidos, así funciona la cosa desde entonces y cada tanto la realidad nos lo recuerda crudamente.

Los países oprimidos como la Argentina intentaron fortalecer con lo que tuvieran a mano sus sistemas sanitarios y después reordenar un poco su economía para asistir a sus ciudadanos y ciudadanas tras las consecuencias económicas del encierro.

Y ahí reapareció, casi sin que lo llamen, el concepto de soberanía. La disputa por las vacunas puso de manifiesto la necesidad de contar con recursos y desarrollos propios.

¿Quién maneja el sistema científico en el país? ¿Al servicio de qué desarrollos están los miles de científicos y científicas que formamos con dineros públicos? ¿Quién maneja los laboratorios y el sistema de producción de medicamentos?

En el caso de los recursos económicos para enfrentar el freno abrupto de la actividad económica no fue muy distinto al de las vacunas. Quedó en evidencia la necesidad de reformas fiscales que redistribuyan las ganancias concentradas (impuesto a las grandes fortunas) de aquellos que siguieron ganando, e incluso ganaron más que sin que existiera una pandemia, pero también hizo su aparición un debate más profundo: la falta de control del Estado de las palancas clave de la economía cuando su pueblo lo necesita.

Mientras las comunidades del gran Rosario se debatían entre la caída de la actividad y la búsqueda de recursos sanitarios en sistemas totalmente colapsados, en la misma región las grandes agroexportadoras que comercian la producción agraria monopolizada por grandes terratenientes comenzaban a tener números records por encima de los que tuvieron en los últimos 20 años. Los trabajadores que envían al exterior la producción fueron declarados esenciales y siguieron trabajando como si la pandemia no existiese en esas zonas de frontera que son los puertos sobre el Paraná.

De nuevo se imponía la discusión sobre quién maneja nuestra producción y nuestro comercio exterior, ¿Qué poder de definición tiene la argentina sobre eso? ¿Es lícito que la actividad económica que produce 3 de cada 4  dólares que entra al país esté en manos de unos pocos dueños de la tierra y de empresas en su mayoría extranjera para su comercialización? ¿No debe, aunque sea participar el Estado en una porción para poder definir algo?  La esencia del debate sobre la posible estatización de Vicentin, tuvo ese espíritu, y fue posible (por lo menos debatirlo, pero no concretarlo) gracias a las discusiones que abrió una crisis sanitaria y económica inaudita en la modernidad.

ES LA COMIDA

Por eso a muchos nos queda una sensación amarga tras el retroceso del gobierno de Alberto Fernández en la idea de recuperar aunque sea una porción de nuestro comercio exterior para disponer de los recursos necesarios para enfrentar lo que pasó y lo que viene.

Porque lo que viene es aún peor. En la actualidad la inflación y sobre todo el precio de los combustibles y los alimentos también tensiona la misma idea. La de poder decidir.

Mientras en Argentina avanzan las cifras facturación de cosechas record, con precios internacionales inauditos (mayor facturación en 20 años es uno de los títulos más repetidos en todos los últimos recuentos de exportaciones de cada mes del año por los especialistas de la agroindustria), paralelamente crecen las cifras de la pobreza con una inflación galopante que van quitando del plato de cada vez más argentinos y argentinas los alimentos necesarios para no ser pobre o indigente.

Pero esto no es un problema argentino. O por lo menos no lo es exclusivamente. EEUU y Europa enfrentan números inflacionarios, mucho menores que argentina, pero crecientes. Números que llevaron al diario inglés The Economist a titular “La catástrofe alimentaria que se avecina” y al gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, quien advirtió sobre aumentos “apocalípticos” de los precios de los alimentos a nivel mundial y reconoció que está “indefenso” ante el aumento de la inflación a medida que la economía del país se ve golpeada por la guerra en Ucrania.

Según refleja una encuesta entre más de 2.000 británicos, una de cada cuatro personas se salta las comidas por las preocupaciones sobre el aumento del costo de vida. Otras piden dinero prestado o han dejado salidas para llegar a fin de mes. Un gran número de personas también han apagado la calefacción para reducir las facturas de energía.

La invasión rusa a Ucrania, que por un lado también noqueó a la idea de que las naciones no defienden sus propios intereses a como dé lugar, incluso con una invasión al mejor estilo del siglo pasado, por otro lado esta tensionando la economía mundial aumentando los dos recursos claves para la sobrevivencia humana: la comida y la energía.

ES AHORA

La soberanía es un concepto vigente y necesario para pensar el futuro. No solo para pensarlo, sino que va demostrando la urgencia de hacerlo. Es ahora. Y es ahora, porque ante la magnitud de los sufrimientos que este mundo nos promete, y en el lugar que nos tienen reservado como ciudadanos de un país oprimido, puede ser ahora o nunca.

Por eso surgen a lo largo y ancho del país movimientos en defensa de lo nuestro, en defensa del Paraná para que no vuelva a ser entregado a manos extranjeras como los últimos 25 años beneficiando a unos pocos monopolios y quitándoles ese recurso a los y las argentinos y argentinas. O la pelea por el litio y su producción nacional, por el ambiente y su defensa contra los que lo destruyen en beneficio propio como en el tema petróleo en Mar del Plata o en la quema de los Humedales del delta del Paraná.

Por eso miles se movilizan en cada plaza y en cada ciudad del país para rechazar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. ¿Existe alguna perdida mayor de soberanía para una nación que tener que acordar con un organismo financiero internacional dirigido por las grandes potencias cada acción a llevar adelante y cada decisión política importante a tomar sobre el rumbo del país? ¿Qué puede ser mayor muestra de pérdida de soberanía que tener que privilegiar al pago de una deuda cuyo origen beneficio solo a unos pocos, en vez de utilizar esos recursos para el desarrollo y para cubrir las necesidades de las mayorías? La memoria colectiva no es zonza y tiene fresco que ningún proyecto soberano es posible con el gendarme del mundo sentado en la vereda de casa decidiendo por nosotros y nosotras.

Resurge en este marco la necesidad de tomar decisiones propias que a lo largo de nuestra historia han demostrado acercarnos algunos pasos hacia un proyecto de felicidad colectiva. Recomponer la industria nacional para fabricar nuestras cosas, para recuperar el tejido social pedido que nos contenga, pero sobre todo para recuperar el trabajo en manos propias hoy entregado a las grandes potencias a las que les compramos como hace 100 años las manufacturas mientras nos “especializamos” en extraer materias primas.

Pero para eso hace falta….si, soberanía. La pelea por la soberanía como guía rectora no solo no es un debate del pasado, sino que se transforma en el debate indispensable para orientar y alcanzar un futuro promisorio.

Poder definir hacia donde van las rentas y la producción que realizamos, para que plan, para que camino, para que rumbo orientamos este barco en el que estamos, es la pieza basal de cualquier sueño de país que incluya a las mayorías. Y ya no alcanza con discutir como distribuimos lo poco que nos dejan discutir.

Es necesario tener soberanía sobre como protegemos el mercado interno, como impulsamos una política orientada a la industrialización que permita recuperar los puestos de trabajo perdidos, y como al fin y al cabo, decidimos sobre nuestro futuro y dejan de decidir los mismos de siempre.

Y es por eso que además el concepto de soberanía tiene una potencia que muchos otros conceptos que tanto queremos, como justicia o libertad, han perdido en manos de la usurpación de las minorías y sus propuestas políticas que las utilizan para sus propios fines. Porque la soberanía implica todo esto que venimos diciendo y, por tanto, les es muy costoso el proceso de vaciamiento de sentido para su apropiación.

Es con soberanía, y es ahora.

Penal para vicentin

Por Germán Mangione*

Este lunes la Fiscalía de Delitos Complejos de Rosario imputó a directivos de Vicentin y de Renova (la empresa en común entre la santafesina y la multinacional Glencore, ahora Viterra) por administración fraudulenta por pedido de la empresa de granos Commodities (grupo Grassi).

Foto: Rodrigo Miró

La corredora denuncia haber enviado granos a Renova que luego fueron transferidos a Vicentin sin la autorización de Commodities.

Pero esta no es la primera imputación que reciben los directivos de la empresa, ya en octubre del año pasado varios directores fueron imputados por delitos de defraudación y estafa.

Desde el comienzo del proceso, que tiene a la empresa a la cerealera del norte provincial como protagonista, los directivos de la misma tuvieron dos objetivos: que las actuaciones legales se queden en Reconquista y que no traspase el fuero comercial para caer en el de las responsabilidades penales.

El primer objetivo pudieron lograrlo solo en el fuero comercial con la puesta del concurso en manos del juez de Reconquista Fabian Lorenzini, que a lo largo de todo el proceso ha demostrado una indulgencia y una permisividad con los directivos de la empresa, digna de explicaciones y reproches, confirmando las sospechas de los productores y acreedores financieros de Vicentin que querían que la causa se tramite en Rosario.

El segundo, el intento de que no se siga curso a investigaciones penales, no tuvo mucho vuelo por lo grosero de las maniobras para estafar a miles de productores, engañar a bancos internacionales y operar en complicidad con el macrismo contra el Banco Nación que llevaron adelante los hoy imputados directivos de la empresa del norte provincial.

Por eso es que casi desde el comienzo del proceso de concurso preventivo en paralelo se fueron bifurcando causas penales con imputaciones a los directivos de la empresa, muchos de los cuales a pesar de estar imputados siguen al frente de la misma gracias a la indulgencia de Lorenzini.

Quizás porque esa estrategia de mantener todo en casa y en el marco de “negocios fallidos” por el supuesto “stress financiero” falló es que esta semana se los podía ver a más de una docena de ellos (directivos de la empresa) muy ofuscados en los tribunales rosarinos en el marco de la imputación por presuntos delitos de estafa y defraudación contra la corredora Commodities.

Tan enojados como para insultar al colega periodista Rodrigo Miró, de Radio Si y Rosario Plus,  por una foto. «¿Por qué no le sacas una foto a la c…http://losricosdeargentina.com.ar/ de tu hermana?», le grito Daniel Buyatti, directivo de la empresa de apellido ilustre en la provincia, en una muestra de impunidad dolida.

Una impunidad de la que disfrutaron durante años, no solo en su pago chico en el norte provincial donde son amos y señores, sino en la provincia en general donde funcionarios de todos los rangos y colores les rindieron pleitesía hasta los últimos momentos previos a la consumación de la estafa.

En la audiencia de este lunes la imputación recayó sobre dieciséis personas Cristian y Máximo Padoan; Pedro, Roberto y Sergio Vicentin; Roberto y Javier Gazze; Omar Scarell; Daniel Buyatti; Yanina Boschi; Martín Colombo; Miguel Vallaza; Alberto Macua; Daniel Pájaro y Sergio Gancberg. Los últimos dos directivos solo de Renova a diferencia de los anteriores que integraban además el directorio de Vicentín, y sobre los cuales ya pesaba una imputación desde octubre del año pasado por la cual el lunes se extendieron las medidas cautelares de entonces: caución por un monto de 10 millones de dólares, la prohibición de salida del  país y la fijación de un domicilio.

Para los nuevos imputados, los directivos Renova, el fiscal solicitó una caución por 421 mil dólares, pero no fue admitida por el juez que solo determino la prohibición para salir del país junto a la fijación de un domicilio.

Ser y parecer

En octubre del año pasado el fiscal Miguel Moreno de la Unidad de Delitos Económicos del Ministerio Público de Santa Fe pidió la prisión preventiva para cinco de los 15 ejecutivos imputados de la cerealera.

Tras la denuncia de la corredora de grano Grassi, los bancos extranjeros Corporación Financiera Internacional del Grupo Banco Mundial (IFC), el Banco de Desarrollo controlado por el Estado holandés (FMO), ING, Rabobank, Natixis y Credit Agricole,  y el Banco Macro el fiscal los acusó de haber confeccionado y utilizado balances contables anuales y trimestrales, correspondientes a los períodos 2017 y 2018, para difundir información económica-financiera falsa de la compañía y así alterar su verdadero pasivo.

Ocultaban las deudas, que arrastraban desde mucho tiempo atrás, para seguir pareciendo la empresa prospera, y confiable, merecedora de créditos internacionales y de la confianza de los productores que dejaban sus granos en manos de Vicentin sin cobrar un peso en el momento por el sistema de “precios a fijar”.

Toda la pantomima y el ocultamiento volaron por los aires cuando apareció (después de muchas dilaciones) el balance 2019 de la empresa. Según este en tan solo tres meses la compañía pasó de exhibir una posición en granos de u$s 455 millones a u$s 30 millones. Al mismo tiempo, la deuda comercial en ese período pasó de u$s 32 a u$s 571 millones. Moreno concluye que no hay dudas que los balances de 2017 y 2018 se hicieron con datos adulterados.

El Banco Macro denuncia una estafa con dicho mecanismo. Para conseguir préstamos mostraron los estados contables a 2018. Donde la empresa no solo funcionaba bien (según los papeles) sino que tenía proyecciones de crecimiento. Recordemos que la agroexportadora con sede en Avellandeda llego a ser la 6º exportadora del país. Consiguió créditos del Macro por 508 millones de pesos; y a los dos meses se declaró en “stress financiero”. Evidentemente ocultaron la realidad económica de la empresa, sabiendo que no iban a poder cumplir los compromisos que estaban tomando.

Por este hecho quedaron imputados Alberto Macua y Miguel Vallaza.

El triángulo de Vicentin donde desaparece la plata.

También se denunció una maniobra de triangulación por la cual algunos de los créditos solicitados por Vicentin SAIC (la empresa madre) fueron a parar a empresas del grupo Vicentin (como el frigorífico Friar S.A), para luego del stress financiero argumentar que esas eran empresas diferentes y dejarlas fuera del concurso.

Con este caso se puso en evidencia un entramado de sociedades offshore y empresas fantasma alejadas de todo control estatal que permitió una cantidad de operaciones financieras que ayudaron a concretar la estafa. Un entramado que no es exclusivo de la empresa local, y que hoy se cuestiona solo por lo grosero de la estafa pero que utilizan la gran mayoría de las empresas que hoy manejan nuestro comercio exterior.

Este manejo generó incluso una denuncia contra Vicentín Paraguay. Según el abogado un grupo de acreedores, Mariano Moyano “es muy llamativo el flujo financiero entre Vicentin Paraguay, Nacadie SA Uruguay y Nacadie SA Panamá. Vimos un flujo financiero muy elevado que realmente entendemos es un manejo financiero para no ingresar el flujo de dinero a la argentina”.

La denuncia describe el ocultamiento de «transacciones que pudieran beneficiar a los acreedores», «desprendimiento de activos en venta a otras jurisdicciones en el período de sospecha», «constitución de sociedades en el extranjero en fecha reciente, que serían utilizadas como vehículos para el desvío de fondos para provecho particular de los accionistas».

Además de la denuncia judicial el caso Vicentin en Paraguay tiene abierta una investigación parlamentaria en el país vecino.

Otra de las denuncias al respecto la hizo el banco internacional ING, argumentando que directores de Vicentin terminaron cediendo al fondo de inversión BAF acciones de FRIAR en medio del concurso de quiebra, a través de empresas fantasma en Uruguay.

El Frigorífico Friar s.a.fue comprado por Vicentin en 2004 y luego “vendido” a los holdings uruguayos Nacadie y Vicentin Family Group, conservando solo el 0.4%. Esto les permitió a sus propietarios transferir casi la totalidad de la firma en agosto de 2020, a pesar de las restricciones impuestas por la causa judicial. Con esta maniobra sacaron del concurso preventivo a Friar.

El banco denuncia que le prestaron a la empresa de los Padoan para prefinanciar exportaciones (en base a balances falsos) y la empresa se los envía a Friar, para poco tiempo después decir que no es más su empresa y sacarla del concurso.

Por este hecho volvió a ser imputado Miguel Vallaza y junto con él Javier Gazze, por el delito de estafa.

Estafar al estado.

El juez federal Julián Ercolini y el fiscal Gerardo Pollicita llevan adelante una causa en la que están implicados directivos de la empresas y funcionarios macristas del Banco Nación que hoy reclama recuperar los más de U$S 300 millones de deuda que mantiene el grupo empresario santafesino por créditos otorgados a ritmo vertiginoso en las semanas previas a la consumación de la estafa.

Por su parte la Unidad de Información Financiera (UIF), se presentó  como querellante en la causa de los créditos del Banco Nación (el principal acreedor individual del concurso) por sospechas de posible comisión del delito de lavado de activos por parte de Vicentín y su red de empresas off shore.

Pero no solo estafaron al Estado en sociedad con el macrismo en el Banco Nación sino que en agosto de 2020 la Afip denunció penalmente a la empresa por la utilización de facturas apócrifas para acceder a reintegros de IVA por exportaciones.

La maniobra fraudulenta  fue detectada durante una fiscalización realizada por la AFIP sobre los reintegros de IVA por exportaciones de granos que fueron solicitados por la cerealera entre 2016 y 2019. Utilizaban, registraban y presentaban facturas truchas millonarias generadas por 54 presuntos proveedores por una suma que asciende hasta los 111,6 millones de pesos.

¿Será justicia?

El caso Vicentin no es solo el caso de una empresa o un grupo empresario, sino que es la más cruda radiografía del entramado mafioso de nuestro comercio exterior. Y  por sobre todo el caso (¿era?) una oportunidad. Una oportunidad para desmontar el andamiaje de estafas al Estado construido desde hace años en nuestro comercio exterior por las grandes multinacionales agroexportadoras y sus socios locales y la oportunidad de que Argentina asome aunque sea un poquito en el sector por el cual ingresan 2 de cada tres dólares que llegan al país.

Todos los mecanismos financieros y contables para estafar al Estado, sumados la falta de control, ni participa del comercio exterior, más a un sistema internacional que propicia estas estafas con el enjambre de paraísos fiscales, se transforman en el caldo de cultivo para este tipo de estafas como la que hoy padecen miles de productores y el Banco Nación a manos de Vicentín, pero que se generalizan en todo el complejo.

Pero no solo la empresa en cuestión está empeñada en mantener al Estado fuera de la discusión, y que esto sea simplemente un diferendo comercial, sino que quienes hoy manejan nuestro comercio exterior también así lo quieren. Y es que así no solo ocultan su participación en estas maniobras, y el entramado que también usufructúan, sino que pueden seguir haciéndolas como si nada pasara.

La oferta de que actualmente hace la cerealera, que busca generar consenso entre los acreedores, tiene como salida la virtual venta de los principales activos de la empresa a su socia internacional Viterra (ex Glencore) y a ACA. Aún más extranjerización y concentración de nuestro comercio de granos,  y la posibilidad de que los directivos estafadores sigan recibiendo parte de las ganancias por ser acreedores de la empresa, sin responder todavía donde están los más de mil millones de dólares que desaparecieron en diciembre de 2019.

El Estado argentino, con la marcha atrás en el proyecto de expropiación, dejó atrás también toda posibilidad de un final a favor de los intereses nacionales. Da toda la sensación que aposto a la vía judicial, para evitar la confrontación política. Dejó todo en manos de esa misma justicia que hoy denuncia como parcial, empresarial y antipopular.

Por este camino no solo se estará consumando una de las mayores estafas comerciales de la historia moderna argentina, y sentando un precedente catastrófico para pensar un país más justo, sino que se habrá perdido una de las más fabulosas posibilidades de recuperar algún control sobre una de las palancas claves de nuestra economía en pos de un proyecto de desarrollo de la Argentina.

*Editor de Revista Lanzallamas

Rosario: ¿De cuna de la bandera a capital de la entrega?

Por Germán Mangione

Ayer en Rosario funcionarios nacionales y provinciales se reunieron con las principales entidades del empresariado agrario e industrial de la provincia de Santa Fe para “dar explicaciones” sobre el rumbo que tomarán las negociaciones por la nueva concesión del Paraná. Pocas veces se ve tan claro el andamiaje de subordinación de la política al poder real como en la foto, y los dichos, que quedaron del encuentro

Cuna de la bandera

La ciudad de Rosario ha sido en nuestra historia protagonista de grandes capítulos en la construcción de nuestra soberanía y en la creación del cuerpo fundamental de las ideas de la nación.

El 27 de febrero de 1812,  cuando Manuel Belgrano inauguró en las costas de la actual ciudad de Rosario una nueva batería, a la que llamó Independencia, formó a sus tropas frente a una bandera que había cosido doña María Catalina Echeverría, una vecina de Rosario.

Belgrano ordenó a sus oficiales y soldados jurarle fidelidad diciendo «Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad.».

La respuesta que obtuvo desde el primer triunvirato asentado en Buenos Aires fue el pedido de “reparación de tamaño desorden (la jura de la bandera)”. El Triunvirato, y sobre todo su secretario, Bernardino Rivadavia, estaba preocupado en no disgustar a Gran Bretaña, ahora aliada de España con ideas sobre independencia y soberanía.

¿Capital de la entrega?

Hoy, 210 años después, Rosario vuelve a ser protagonista del destino del país y es acá donde se desarrolla una nueva batalla por la orientación de nuestros destinos como nación, una similar a la de aquellos años,  que opone dos conceptos y dos intereses contrarios: patria o colonia.

El protagonismo de nuestra región tiene, como en aquel momento, un fundamento económico. Es aquí, en la zona, donde se asientan los principales puertos y empresas multinacionales que hoy tienen en su poder la porción del comercio exterior más importante del país. Por los puertos del gran Rosario, llamados del Up River, sale el 80% de la producción agroindustrial argentina que representa más de la mitad de todo lo que exporta el país.

Y es sobre esa base que cimentan su poder e intentan a través de sus órganos e instituciones orientar las políticas del país hacia sus propios intereses.

Pocas veces en la historia reciente asistimos a actos de coloniaje tan claros como los que estamos viviendo en el marco de la discusión del destino de la administración y control de nuestro río Paraná.

Sin ningún velo (o ya con muy pocos) de soberanía política funcionarios nacionales y provinciales se desvelan por ver quien se muestra más disciplinado, quien es el alumno más aplicado, de los designios de las oligarquías locales y sus socios extranjeros.

“Lo felicito. Estuvo muy bien. Dijo lo que tenía que decir y tiene todo nuestro apoyo”, aseguran los medios locales que le dijo el presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, Miguel Simioni, al ministro de Producción de Santa Fe, Daniel Costamagna, mientras se retiraba de la reunión que ayer tuvieron empresarios y funcionarios provinciales con los funcionarios nacionales a cargo del flamante Ente de Gestión y Control de la Hidrovía.

La felicitación tenía que ver con que el ministro hizo propia la postura y los reclamos de los hombres de la Bolsa de Comercio rechazando la posibilidad de que el estado reduzca el diferencial de retenciones que pagan hoy las aceiteras multinacionales agroexportadoras y que les permite embolsar millones de dólares mensuales. Un subsidio que hoy hacen indirectamente los productores a las empresas que procesan la soja.

Postura que por otra parte esta semana compartió el mismo gobernador Omar Perotti en sus redes sociales.

Pero eso no es todo. El episodio además se da en el marco de una reunión que deja cada vez más al descubierto una cuestión mucho más lacerante de la soberanía nacional, la posible nueva entrega de nuestro río Paraná a manos privadas y extranjeras, como piden los sectores agroexportadores y de la gran producción agraria agrupados en la Bolsa de Comercio de Rosario.

Y se da en Rosario porque es el lugar elegido para ser la sede del Ente Nacional de Control y Gestión de la Vía Navegable, presidido por Ariel Sujarchuk, que será el encargado de elaborar y lanzar el pliego para la licitación larga de la Hidrovía, que se espera esté listo hacia fin de este año

La reunión de ayer, en la que el ministro Costamagna fue palmeado por el poder real de la provincia, tenía como objetivo que los funcionarios del nuevo ente informen sobre la marcha de las gestiones para la constitución del organismo y que de precisiones sobre cómo será la licitación que decidirá el destino del Paraná, y así de gran parte de la economía Argentina, los próximos 25 o 30 años.

Además de los funcionarios que fueron a “dar explicaciones”,· de la reunión participaron los representantes de la Bolsa de Comercio de Rosario, la Bolsa de Comercio de Santa Fe y la Federación de Industriales de Santa Fe.

Según las notas de prensa Ariel Sujarchuk presidente del Ente “se mostró abierto al diálogo prometiendo estar bien cerca de los intereses de todos los actores”

Ante esto nos preguntamos: ¿Se puede estar bien cerca de los intereses de actores como los que representa la Bolsa de Comercio de Rosario y Santa Fe y a la vez estar cerca de los intereses de la patria y de las grandes mayorías?

En la misma semana que ante el mínimo intento del Gobierno Nacional de capturar, con un cambio impositivo, parte de las ganancias extraordinarias y con récord históricos que están teniendo (y que van a ir teniendo en aumento por la situación mundial) estos sectores, son las mismas entidades las que se niegan rotundamente y amenazan con hacer peligrar la estabilidad laboral en el polo aceitero más grande del mundo ubicado en la zona.

En la misma semana que el gobierno plantea la necesidad de ponerle freno a la inflación, que va sumiendo a millones de argentinos y argentinas bajo la línea de la pobreza cuando no de la indigencia, desacoplando los precios internacionales de los del consumo interno para que las ganancias de esos monopolios exportadores no sea lo único que importe a la hora de ponerle precio al plato de comida local.

En la misma semana los funcionarios nacionales y provinciales hablan de estar cerca de “todos los intereses”.

Es hora de que estén cerca de los intereses de las mayorías, que en temas como las retenciones o la concesión del Paraná, son contrapuestos con los de las entidades que representan a los terratenientes y los agroexportadores.

No alcanza con que la sede “del debate” del destino del Paraná, y de nuestra soberanía sea Rosario, o que las oficinas estén acá y no en Buenos Aires, si el camino elegido va a ser la entrega. O se está con los intereses de la patria y de las mayorías o se está con los intereses de las minorías y los de afuera.

Porque si siguen el camino que vienen transitando solo estarán transformando a la cuna de la bandera en la capital de la entrega.

Y si esto sucede nosotros, los que sentimos la patria bien adentro, los que entendemos que lo principal son los intereses de las mayorías y que vemos en nuestra zona con indignación como las cosechas récord y ganancias récord de unos pocos conviven con la pobreza y la desocupación récord, seguiremos organizándonos y luchando para transformar a Rosario y todo Santa Fe en la capital de la lucha por la recuperación de nuestra soberanía.

Porque como escribió Bernardo de Monteagudo, secretario de San Martín y pluma de la Revolución de Mayo: “sería un insulto a la dignidad del pueblo americano, el probar que debemos ser independientes: este es un principio sancionado por la naturaleza, y reconocido solemnemente por el gen consejo de las naciones imparciales. El único problema que ahora se ventila es, si convenga declararnos independientes, es decir, si convenga declarar que estamos en la justa posesión de nuestros derechos. Antes de todo es preciso suponer, que esta declaración sea cual fuese el modo y las circunstancias en que se haga, jamás puede ser contraria a derecho, porque no hace sino expresar el mismo en que se funda” Mártir o Libre, domingo 29 de marzo de 1812.

*Germán Mangione: Editor de revista Lanzallamas y miembro del Foro por la Recuperación del Paraná

Foto: Rosario3.com